David Roas: Invasión

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David Roas, Invasión, Páginas de espuma, 2018

 

Adictivo.

Engancha esta Invasión que escribe Roas: después de Distorsiones y Bienvenidos a Incaland sigue siendo un referente en el cuento fantástica el ensayista catalán: divierte, subvierte y pervierte: es divertido comprobar que lo escrito con calidad nos haga sonreír y que las situaciones creadas con imaginación puedan rebosar de ironía; subvierte el orden que él mismo nos presenta desde la normalidad -también desde la extrañeza- y pervierte la lectura que tranquilamente necesitamos hacer: nuestra capacidad lectora tiembla ante una página, una frase, una escena.

Irrupción

Irrumpe en la normalidad, una extrañeza plagada de unas bellísimas descripciones, justas, medidas: la experiencia de Roas es única para recrear una ambientación creíble -primera persona, lugares que poco a poco nos van siendo familiares, vivencias de profesores y alumnado…- unos diálogos contados y mínimamente marcados en la página lo que nos hace sentir que todo es un compacto bloque literario, sin una interrupción concreta, con una interrupción en el orden, eso sí, que nos hemos creado nosotros.

Roas incomoda, su literatura también: incomoda porque busca el límite de lo real (ensayo) o límites de la fantasía, pero desde un extremo que sigue el lector incómodo, las frases se tornan precisas, los personajes comienzan a enrarecerse y cómo no, las acciones son fundamentalmente las que nos llevan de la mano hasta los finales sorprendentes, tranquilos, abruptos.

El título del libro, como los de las partes, podemos ir poco a poco encontrándolos entre los cuentos que conforman el volumen: además de las autorreferencias (oh, dios, la 201: pensaba yo, al menos no hay una llama… pero sí un koala), los homenajes a Lovecraft o Poe se huelen, se sienten y se viven.

La literatura de Roas se nutre, como todas las literaturas decentes y memorables, de otras: las referencias potentes de Byron, Polidori o Mary Shelley conforman un singular fresco en “Agua oscura”, a mi entender una de las mejores excepciones a la normalidad que Roas nos ofrece.

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Otros imprescindibles que no olvidaremos (lo memorable, recordamos): “Destino”, ejemplo de microrrelato de final espectacular, que fluye naturalmente en esos márgenes que busca el personaje y el escritor nos “introduce en vena” con seis párrafos, explicando lo justo, decidiendo omitir otras perfecciones en aras de lo imperfecto (ese piso 13, no deja más que una habitación, la 201, claro): y es que toda autorreferencia es una asunción de los miedos personales. Así, los personajes (esas primeras personas, esos yo que pululan por el libro intentando ser “normales”) prefieren homenajear a la literatura (comer papeles, ser actores, escribir sueños…), ser uno con quien lee: como lectores no nos resistimos, apenas nos dejamos llevar por unas frases, hemos caído en las redes literarias de Roas.

“Amor de madre” me ha dejado sin palabras: es un claro ejemplo de lo que Roas persigue. El relato aguanto dos, tres y no sé cuántas lecturas. Es único. Enorme. Colosal. Punto.

Termino riéndome de la vida con este libro y de eso se trata también: preocuparnos hasta la risa, y eso lo consigue Roas con una calidad nueva: “Mitos omitiéndose” es, desde el título, de una belleza arrebatadora.

Leed Invasión, maditísimas criaturas. Al menos cuando suceda, moriréis en plenitud de agobio, con una sonrisa, habiendo contemplado mundo y personajes que nos preocupan hasta formar divertidas y delicadas piezas literarias.

 

 

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David Roas: Invasión

Arturo F. Garrudo: Nasciturus

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Arturo F. GarrudoNasciturus, Ediciones Senoicide, 2018.

 

A riesgo de, en perjuicio o beneficio de. Comentarios sobre Nasciturus.

Explosiva mezcla de micros y relatos que F. Garrudo nos propone.

Disentir parece que está pasado de moda, pero si se hace qué menos que sea con literatura ya que de un libro tratamos de hablar. Lo acomodado se da por hecho.

En los últimos tiempos se ha puesto de moda tener personas como mascotas.

Y así empezamos a acompañar, si podemos, al autor del libro: multitud de personajes y situaciones, con música de trasfondo (que no de fondo) de la derrota, la vileza y horror puro.

Ismael de la Puerta escribe, entre otras cosas que “la gran variedad de voces, personajes y tramas […] buscan confundir al lector[…] Este libro no propone un itinerario sino una forma de andar…”. Y la reflexión es auténtica: la perdición en la que nos encontramos es total, pero no impuesta: la apertura es enorme, el desasosiego mayúsculo.

Antonio Arjona, otra lúcida criatura que comenta algo sobre estos cuentos dice: “Los personajes […] luchan hasta el desencanto, la desdicha o la muerte… “; ni más ni menos: se percibe una tremenda soledad, un destino abocado a la desdicha y una asunción del final que nos deja sin palabras.

Nasciturus, quien no ha nacido, quien vendrá y aún no ha llegado es un libro duro, incómodo y pleno de lecturas: premeditadamente, el autor nos muestra lo que normalmente no queremos contemplar: tanto en el otro como en nosotros mismos. Desde el título pues nos planteamos, que, perfecto: un cuento lleva ese título, pero qué cuento. Es el autor, o quienes lo lean, o quienes no lean nada, o su lectora, quienes vana a florecer tras conocer o no este libro. Sin pretensiones autoriales, sentimos algo al leerlo, un temblor, una rasgadura que nos acomete.

Decenas de notas acompañan mi ejemplar; algunas son las siguientes.

1. La estructura y el tono

No digo más que lo que se ve: cuatro partes, de diferente extensión, tanto por el número de textos como por el propio volumen de la narración. La última parte es, después de lo contemplado tras la lectura de lo anterior, un disfrute: una recopilación de grandes éxitos del libro y quién mejor para hacerlo que el autor, que nos refresca la memoria y nos hace colocar media sonrisa -otra vez- tras su Literatura exprés, Los Siete cuentos aritméticos y su Nasciturus, las tres partes centrales del libro.

2. Sin esperanza posible

Capitalismo, odio y sensación de egoísmo general. Eso es la literatura que encontramos en una primera lectura de los textos de F. Garrudo: fábulas tristes, asesinatos que conducen a la risa y negocios que contaminan nuestras buenas formas, maneras o palabras.

La barbarie y la destrucción del diálogo son partes indisolubles a los personajes: el hombre, la mujer, son trasuntos de la muerte que nos espera, ya sea en forma de suicidio, asedio corporal o malas disposiciones ante la vida que nos toca trasegar.

3. Crítica sin descanso

El deporte, las costumbres, la sociedad. Que es como decir hoy, todo. El deporte porque sus protagonistas son los héroes de nuestra época (capital, esfuerzo, publicidad, público desinformado pero pasional, niños,as, vuelta al capital), las mentiras y las medias verdades, la política y el amor, la poca paz entre vecinos, el pedir perdón por la vergüenza ajena… Y cómo no, todo edulcorado con la santa compañía de quienes nos hablan, cantan o escriben. De artistas y banqueros. Damien Hirst, Mickey Mouse o Stevenson: todo puede ser, si la levedad y el orgullo hacen mella en las palabras que condecoramos para recitar lo que tenemos que contar.

4. Ironía, sexo, locura. Números.

Si los siete relatos de la segunda parte nos muestran que es posible crear mundo nuevos y divertidos, los de la tercera parte están plagados de sarcasmo y crudeza, de sexo enrarecido, homenajes y digresiones.

Los números de la segunda parte conforman una especie de mundo al cual la normalidad en esa extrañeza no hace ascos: agentes sociales presumen, viven, ríen y mueren: de hecho, las metamorfosis son llamativas por lo que esas muertes no son tan dramáticas ya que los referentes quedan y hasta aprovechan su situación para ser mejores (egoístas, pétreos, opacos).

El sexo es otra novela dentro de la historia: de la ternura al apasionamiento y atravesando la espada que el bdsm (mental) puede aportar a nuestra mente o carne: ya digo que es mi lectura. Seguro que habrá quien se sienta espectacular y deseoso y deseante al leer cómo F. Garrudo nos inspira para mantener relaciones sexuales -según sus personajes, claro-: yo me siento mudo, maltrecho, verdadero.

Y la locura, el fin de nuestro mundo (que es el mundo, digan lo que digan, muera quien muera) y temblores en las manos cuando comprobamos que nos han vendido, traicionado, esquilmado. La locura es un interesante espacio que el autor toma como propio en algunos relatos.

5. Algunos textos de antología: Muchos, pero me permito destacar cinco, por si alguien se anima a echar un primer vistazo al libro: después ya no hay otra que leerlo, por curiosidad, no estar de acuerdo o llevar la contraria a los personajes, que no al autor:

Monocracia

Exaltación del apocalipsis

El ciclo de la fecundidad

Recuerdo en blanco y negro

Bakary y el pianista.

 

En mi opinión está todo en estos cinco textos: desde el otro hasta nosotros, desde el miedo y egolatría que nos marcan hasta la suavidad de la lírica que F. Garrudo acaricia. Porque no todo lo que nos cuenta es un dolor magistral: también sabe utilizar la palabra para reventar de placer nuestra capacidad estética.

 

Leed, leed, malditas criaturas, este Nasciturus.

 

Arturo F. Garrudo
Del Bel Air Café Bar Granada. El autor.
Arturo F. Garrudo: Nasciturus

Juan Soto Ivars, Crímenes del futuro

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Juan Soto IvarsCrímenes del futuro, Barcelona, Candaya, 2018.

 

Con el paso de los años, las democracias languidecían víctimas de la corrupción de la casta política.

¿Se puede ser injusto al nacer? ¿Podemos pretender arreglar el mundo desde nuestra posición sin contar con el azar, la sociedad y el orden establecido? ¿Sirve de algo siquiera la idea de organizar el caos que por definición encontramos cuando somos conscientes de dónde estamos?

Preguntas que sugiere el libro de Soto Ivars. Más que afirmaciones, interrogantes también sobre la propia función de la novela: ese género que es ficción pero no tanto, el género de géneros que sirva a la crítica social actualizada; conocemos el constante uso de personajes femeninos o esas extremadas voces de alrededor -una en concreto- que nos interpela a lectores, personajes y a sí mismo, parece: el autor se opone a su propia función, cuestionándose lo dicho y el espacio de lo nombrado, sabiendo desde dónde escribe siempre pero replanteando dicho lugar con alteraciones como los flashbacks, la memoria de los personajes femeninos y la utilización de ciertos tópicos que fragmentan el yo masculino e impregnan el yo femenino; como si quien dijera fuera el extraño o la extraña y no a quién se dirige ese mensaje.

Ya digo que son impresiones tras la lectura y la revisión del libro: notas hacia una mejor comprensión de una novela, formada por tres libros donde el papel de la mujer -de las mujeres: opiniones, historias, recuerdos y fragmentariamente felices momentos-, es indiscutible.

¿Quién cuenta la historia? ¿Quién la continúa? Y ¿quién la cierra?

Pensar que alguna de estas tres preguntas es fácil, quizá nos lleve a equívocos. Pero la última, si nos atreviéramos a responder a alguna, sería la más digna de todas -la respuesta, no la pregunta, que es como otra cualquiera-: esta novela la cierra el posterior trabajo de recreación de lector; las construcciones en las pistas que da Soto Ivars pero no completas que ha de realizar la lectora. Hemos de acompañar el cierre de esta función con aplausos, por el arte, y con suspiros mentales, por el trabajo que nos toca hacer tras la lectura; nadie dijo que el trabajo lector fuera fácil, para eso creo que ya está la tele, y en concreto ciertos aspectos de ella, ciertos programas que podemos matizar cuando queramos no pensar, desconectar y olvidarnos hasta de nuestro cuerpo, nuestra mente y perder la empatía totalmente: ahí están las páginas y vídeos, sin entrar en la deep web, que nos reventarán expectativas y sensibilidades medias.

De todas maneras, el libro contiene bellezas como el cante y su expresión ya que la literatura y la música se dan la mano: el libro está lleno de coplas y canciones, de citas musicales que reverberan más allá de la lectura primera, como si el autor nos quisiera guiar de otro modo, algo más dulce que sus premonitorias visiones sobre cómo se nos va a quedar el patio que ya estamos viviendo, o tenemos sensación de vivir algunos días: corrupción en todos los ámbitos y moralistas que hacen de la corrupción un traje a medida para vestir en cualquier ocasión y llamarnos estúpidos.

Lo que quiero señalar es que la violencia está por todas partes. Controlarla es imposible.

Facciones, política, revoluciones y guerra.

Olvido, feminismo y posesivos.

Tarea difícil catalogar este libro pero así ha de ser con lo que se sale y permanece al margen de lo esperado: nos mueve y saca de la zona de comodidad y a veces, nos indignamos con quien narra y las más, con lo narrado: la pasividad, el esfuerzo por denigrar la memoria de quien se empeña en que no haya movimiento: la vida misma pero hecha literatura.

Arden los templos de tal manera que el amor se diluye entre odios de caverna y sensaciones de aproximación a la muerte de toda estirpe que al cariño le tuviera pasión y deseo: qué crítica del poderoso, de los medios de comunicación; que descreimiento de todo, Soto Ivars, personajes del narrador, lecturas poliédricas que el libro ofrece.

Juan Soto Ivars parece hablarnos al oído, recomendándonos prudencia y espectáculo: veremos que los milagros se producen para ser terriblemente olvidados. Como la justicia o el amor. Como la infancia y el sosiego.

Lean este libro: lean, lean malditas criaturas acomodadas estos Crímenes del futuro.

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Juan Soto Ivars, Crímenes del futuro

Álex Chico y Un final para Benjamin Walter

 

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Álex Chico, Un final para Benjamin Walter, Barcelona, Candaya, 2017.

Con alegría inmensa terminamos este libro; con pena profunda. Se acaba una aventura espléndida, un morir y renacer a la par: Álex Chico ha conseguido escribir un libro impresionante, de prosa limpia y clara, de contrastes oscuros y brillos azabaches. Un interesante ejemplar de esos que se ocultan entre otros que hacen que nos preguntemos si es novela, ensayo, libro de viajes, crítica literaria o filosofía.

Este final es un inicio para conocer a Walter benjamin, Portbou y todo lo que rodea la muerte de este pensador, su vida, sus compañías y reflexiones.

El libro es delicado, salvaje en su originalidad y nebuloso como pocos. Mucho parece dudar Chico, mucho sabe y demuestra con una herramienta esencial en su prosa: el material seleccionado es bueno, la disposición por parte del autor es perfecta y el léxico que requiere algo así -un medio ensayo reflexivo novelado…- es dominado y bruñido por las manos de un muy buen escritor.

1-Quiero conocer todo lo que escribió Walter Benjamin: si no se consigue crear expectación, no hay nada. Chico tiene una gran sensibilidad y no precisa de aspavientos retóricos. Sí hay retórica, por supuesto: Chico es un escritor que domina el arte y así se nota apenas rasquemos la superficie. Pero es que hasta dicha superficie es interesante.

 2-Quiero conocer todo lo que ha escrito Chico. Es decir, ya es uno de mis escritores actuales. Chico tiene poesía, ensayo, ficción… Practica la crítica, escribe artículos, forma parte de la revista Quimera…

3-Las referencias que utiliza el autor son muchas y variadas: recuerda a Arendt, Bufalino, Clébert, Kertész, Levi, Sebald, Kafka… Por citar unas pocas. Personas que son en sí personajes cuyas vidas llaman la atención, historias de historias y literatura que nos lleva y transporta a otros lugares y tiempos.

4-Narrar el pasado para superarlo. Superar el pasado hablando, escribiendo, narrando. Un cuento ayuda a cualquiera a sentirse mejor si está escrito con la verdad o verosimilitud que la historia puede aportar. Las ausencias cobran forma, las metamorfosis que nos hace contemplar el autor en los lugares visitados cobran vida y justificamos el espacio y el tiempo a medida que avanzamos la lectura de este vigoroso y dúctil libro.

Una sensación de clandestinidad que se filtra en cada uno de los rincones, en cada una de las calles y vías, como si todo formara parte de una terrible amenaza. Como si, en lugar de simples viajeros, fuéramos prófugos que intentan huir de un gran ejército que lleva tiempo siguiéndonos los pasos.

5-No se es consciente quizá, al escribir algo de esta categoría, pero es un libro de paz, de arreglo personal, de tranquilidad suprema. La capacidad para transmitir no resta el lirismo de algunas imágenes de Chico, y esa parte profundamente lírica de su visión nos contagia armonía, sencillez, paz de espíritu. Es difícil de explicar con palabras lo que tan bien provoca el autor en el ánimo del lector.

6-Es un libro plagado de contrastes: la armonía con la brutalidad, las fronteras con los brazos abiertos: la historia contada por los vencedores y los vencidos recitando retazos de esa misma historia, con el respeto de la memoria y la obligada referencia a la memoria. Dignos seres, indignas personas… todos se dan cita en las páginas que va montando Álex Chico como si fuera un puzle que le ha tocado armar, en vez de haberlo decidido.

7-Capítulos XIX y XL, por diferentes razones, imprescindibles.

8-Las interferencias que logra con sus pensamientos son francamente notables: la historia que investiga el narrador, cumplen una misión otra: el autor es capaz de reflexionar sobre el totalitarismo, la literatura, el exilio, la educación y el futuro. Y el pasado que nos espera si lo descubrimos, casi peor que su hermano ficticio, el mañana. Ficticio hasta que nos devora, claro.

9-Sílvia Monferrer. Vaya personaje. Qué vida. Qué aventura. Qué caminos toma a veces nuestra existencia.

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¿De verdad confías en la literatura como un medio para rectificar el pasado?

 

Un libro repleto de literatura, de insinuaciones, de vacíos que se unen a ausencias y estas, como no podía ser de otra manera, nos recogen y arrullan, nos abrazan y atenazan, nos acarician y nos dejan con ganas de más.

De más Walter Benjamin. De más Álex Chico.

 

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Álex Chico y Un final para Benjamin Walter

Carne de carnaval de David Monthiel

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David Monthiel, Carne de carnaval, El Paseo Editorial, Sevilla, 2017.

 

Una novela del carnaval, sobre el carnaval, para el carnaval, por el carnaval.

El carnaval de Cádiz reflejado en una historia de trama deliciosa y clásica -la novela negra bien escrita no tiene por qué ser repetitiva- con un detective guasón, melancólico y cargado de memoria, una ambientación de las que hay que vivir pero muy bien contada y cómo no, anécdotas, chirigotas y vivencias gaditanas, todo aderezado con un leguaje particular y una filosofía muy “del sur del sur”.

Este año que El equipo A ha ganado en la modalidad de cuartetos, reivindicando un personaje (“el Trinchera”) a “don Antonio” Martínez Ares, el niño de Santa María, y otro, (“el Gadita” ) a su tierra, Cádiz y sus tópicos, con la frasecita de: ¿que no te gusta…? ¡Tú no eres de Cádiz! (cuarteto del Morera), es también digno de reconocer una novela como esta de David Monthiel, autor de poemarios y un libro de cuentos, y que ya tiene en marcha la casi publicación de la segunda novela protagonizada por el detective Bechiarelli, amante de las coplas carnavaleras y porreta sempiternamente melancólico de su tierra y sus años, sus gentes y amigos.

A pesar de la miseria y las fatiguitas, la ciudad también albergaba una calidez y una alegría que nunca sería derrotada.

Obviamente, me limitaré a decir por qué esta novela merece la pena y no a contar nada de la trama:

1-Por acercarse al sur del sur. Nunca es tarde si la picha es buena (como cantaban Las viudas de los bisabuelos…). Cái es mucho Cái y un respeto de sardinas por favor, para la Tacita de Plata y su provincia. De ahí salieron pibitos como Alberti o Quiñones; ahora los Serrano Cueto, y están afincados poetas y escritores como Javier Vela (madrileño que se ocupa de la Fundación Carlos Edmundo de Ory, que lleva el nombre de un pedazo poeta de allí también). Sus obras avalan lo que digo. Buena tierra artística donde vieron el amanecer Camarón, Paco de Lucía, Chano Lobato… entre otros y otras, los Delinqüentes, Sara Baras…

2-Porque David Monthiel controla los recursos del género que toca, organiza los elementos para sorprendernos como lectores y además, ajusta un exquisito vocabulario gaditano al argumento que nos quiere contar: no hay líos, despistes ni olvidos. Todo está medido, ajustado y perfectamente estructurado, para hacernos disfrutar de una rocambolesca época de carnaval en Cádiz.

3-Me gusta la organización del libro: por ahí dejo una foto. Nos presenta el contenido y los personajes. La estructura del libro es como la actuación de un grupo en el Teatro Falla: presentación, pasodobles (tanguillo si es coro), cuplés y popurrí (estos tres elementos dan vida a las tres partes del libro) y cierra como no podía ser de otra manera, el Carnaval chiquito.

Después hay referencias -docenas de ellas, para que no digamos “no entiendo” y nos conteste alguno: ¡Tú no eres de Cádiz!- donde se aclaran cánticos, estribillos, personajes y lugares populares de Cádiz y su geografía carnavalesca o física.

Un inventario de peñas y bares. Y claro, agradecimientos populares.

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4-La geografía de Cádiz: si conocemos la ciudad, iremos paseando de una plaza a otra (De plaza en plaza, como los palomos de El Yuyu, a quien sinceramente, echo mucho de menos en estas páginas), renombraremos barrios y volveremos a la Caleta. Es un placer dejarse guiar por Bechiarelli y sus pasos, el destino que Monthiel le otorga y los caminos insospechadamente gaditanos que nos regala el escritor.

5-Ya hablamos del lenguaje típicamente gaditano,las expresiones de Cái, Cái y su escritura y ortografía: un goce para la vista y el oído, tener a mano un adaluz tan puro, tan noble y tan bien utilizado por estos personajes que no fingen lo que no son, que son lo que nos muestran y que poco a poco se hacen un huequito en nuestro corazón y nuestra fonética.

6-Las exagraciones, hipérboles y demás gaditanadas: geniales soportes para entender los matices que tenemos en ciertas partes de Andalucía para corroborar o afirmar lo que contamos; somo exagerados pero además, en Cádiz (Málaga, Cádiz…) cierto toque de ironía, condimenta esa exageración, es más líquida que en Graná (la malafollá es la gracia seca, estropajosa, que hay que sacudirse a carcajadas porque si no, se queda pegada y horada como un ácido), es salada, chistosa, se deja acompañar, es diferente.

7-Y esto nos lleva a la crítica: no todo es maravilla en Cádiz, nos advierte Bechiarelli. Claro que no. EL paro, la miseria, la mentira… como en cualquier sitio castigado -pero aquí más- por el olvido, la denigración y la envidia, gaditanas y gaditanos sufren con desesperación el engaño de políticos y paisanos, gente que intenta sobrevivir y otra que intenta vivir a costa de los demás.

Y en este punto es muy interesante la novela de Monthiel porque juega a dar guerra y lo consigue. Critica a las corporaciones gaditanas, al carnaval, a los autores del mismo, a sus acompañantes, al futuro que ya está aquí, a las autoridades y a los/las gaditas. Mucha valentía y salvajes argumentos pero con respeto, distancia y autocrítica (esa gran novela del carnaval, escrita e imposible de escribirse).

Ternura por aquellas mujeres tan hermosas, tanto como en cualquier otro lugar, pero con una sal escondida y una piel balsamizada por los vientos fríos que le incitaban a soñar con una patria desnuda bajo el cobertor.

Es un poner de cómo describe sentimientos Monthiel. Un lujo; perlas por todo el libro sin perder agilidad ni viveza. Y quedaría por decir algo de las referencias musicales, literarias y culturales que atraviesan el libro, desde las referencias citadas y explicaciones hasta títulos de libros y de discos escondidos y hallados entre los títulos que encontraremos de los capítulos o subcapítulos.

Un prodigio de carnaval y de Cádiz, así que lean este libro, alégrense la vista y los sentidos, con los colores, sabores y aromas de la fiesta más divertida del sur del sur, y su relato no desmerece nada en la pluma de este escritor.

Monthiel -gritémoslo- “¡sí es de Cádiz!”

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Carne de carnaval de David Monthiel