‘Los defectos de la anestesia’ de Ernesto Ortega, en Enkuadres.

Ernesto Ortega, Los defectos de la anestesia, Enkuadres, 2019.

El microrrelato se ha afianzado durante los últimos años con figuras y prácticas ilustres como podemos ver, por ejemplo, con la proliferación de antologías, estudios y reseñas sobre el mismo.

Uno de esos nombres es Ernesto Ortega que con ‘Los defectos de la anestesia’ se ha colado entre los finalistas del Setenil de este año 2020. Quizá eso sea lo de menos, que se lo lleve o no: más allá de lo personal y económico, el relumbrón que aporta un premio así, el verdadero premio es que quienes leen podamos conocer o reconocer a un autor como este, que no se disipe su obra en el tráfago y la bruma de la montaña de libros que se publican en España o tenemos por leer en nuestras estanterías.

En su libro anterior, ‘Microenciclopedia ilustrada del amor y el desamor’, publicada en Talentura, ya se notaba algo, la maestría imagino, que destacaba en los micros de este autor: la presencia de Manu Espada, entre otros escritores y referencias, entre sus páginas -Espada es otro microrrelatista, que además publicó un manual de herramientas del género muy útil- me llamó la atención y es que Dios los cría y ya sabemos qué hacen ellos.

Ernesto Ortega domina esas herramientas y armas retóricas del micro, ya queda dicho. Después, hay que saber precisar el uso, matizar las historias con literatura, aportar imaginación y conseguir emocionar a quien abre el libro con intención de leerlo. Y también, lo digo ya, prueba superada.

Desde la primera página -en realidad, desde el mismo título-, Ortega juega como un niño, disfruta de esto que es la literatura y no olvida que la calidad del juego es lo importante no lo vacío del mismo, la risa fácil o la complacencia del chiste cómodo: mantiene la tensión necesaria, concluye de manera extraordinaria los micros al saber lo importante que es el final de los mismos y nos da las pinceladas justas en otros para que nos creamos que estamos leyendo a un clásico. Nos reverberan palabras, nos recuerdan a otras, el estilo se mezcla con el de alguna figura literaria que ronda nuestra cabeza… Y eso se llama trabajo, nula improvisación o al menos, apariencia de que esa naturalidad tiene mucho de organización detrás, entre bambalinas. ¿Hemos de recordar que escribir es una solitaria acción que procura llegar con su resultado a una colectividad lectora?

Hay un ‘Consentimiento de lectura’ al principio del libro: para que sepamos que si se acepta la lectura, el autor, los narradores, las que cuentan, no tendrán responsabilidad alguna y esto, más allá de ser una divertida entrada a un libro que desde el título presume de ‘defectos’, tiene otra lectura que me atrae muchísimo: somos responsables cuando leemos de lo que leemos y de cómo lo leemos. Aunque después perviva el silencio, el angustioso e incomprensible despertar de esa ficción o, por qué no, el abandono del libro por falta de empatía. Que también es una posibilidad, nos dice el autor.

No quiero destripar los micros: solo nombro los temas que toca -algunos- Ortega. El repaso de mitos, la crítica al machismo, la maldad, la extrañeza y la metaliteratura están presentes. El libro está plagado de guiños literarios, concreciones espeluznantes, preocupaciones que provocan miedo y mucha técnica que oculta el autor con habilidad y maestría: historias que avanzan al revés, el manejo del tiempo y la fabulación, la diseminación-recolección, la historia que se deja abierta o cerrada con la última frase, la metamorfosis total de quien protagoniza la acción (pura) del micro (no puedo dejar de citar el antológico “Adaptación”), el aviso de que cuantas más lecturas, menos dificultad tendremos para interpretar micros o cualquier tipo de discurso (es decir, menos seremos engañados, más aprenderemos y más libres y felices seremos)…

En fin, un gran libro, entretenido, diverso, divertido y literario. Y los “defectos” duran gracias a la anestesia orteguiana: el escritor consigue fijar en nuestra memoria algunos textos, gracias a la delicada manera de hacer avanzar la historia, al material léxico elegido y sobre todo, por el tratamiento que le impone, aderezándolo con una naturalidad que es envidiable.

Esos defectos, que son los mismos que descubrimos sobre nuestra personalidad, cuando nos los ofrece Ernesto Ortega de manera literaria, y que aceptamos con una sonrisa al disfrutar unos textos tan pulidos, tan bien escritos y con tanto cariño y amor hacia la literatura.

‘Los defectos de la anestesia’ de Ernesto Ortega, en Enkuadres.