Tomasito en Granada

En el Boogaclub, Bendito. Y Tomasito.

Una mezcla impredecible, un directo rotundo: BENDITO sea haberlos conocido. De Málaga directos a la gloria, o a Graná. Rock, rumba, reggae… ciertamente este grupo lo absorbe todo.

Y entró Tomasito: no digo nada nuevo si el compás, si el ritmo, ni siquiera puedo decir que entienda lo que hace Tomás Moreno Romero, Tomasito, pero engancha. Engancha como los músicos que lleva. Ellos son el soporte vital que el maestro del arte consigue a su lado. Fundamentales.

Tomasito es puro ritmo. Aclaremos términos: Tomasito es fuego, las llamas lo engrandecen. Son buenas piras, conociendo lo que la Inquisición exige.

‘Ciudadano gitano’. Ahí es nada: recoge lo mejor. Y como dice en directo: hay temas que son de los noventa, “no los podéis encontrar en internet… todavía”.

Se mueve, quiere escaparse mientras canta, es un hombre con reptiles en las entrañas… es un arte, indefinible a veces, en movimiento. El sonido de los zapatos, las palmas, el bajo, las guitarras, los golpes de la batera… y cómo marca la batera dónde están los ciclos, las palmas, los silencios, y cómo nos ha movido él a todos y todas… Tomasito…

Repaso de coplas, repaso de éxitos noventeros que no lo fueron hasta ahora que parecen más que dignos: ‘África’, por ejemplo. O ‘Bandolero’. Pero vamos a lo que vamos: el homenaje, como él dice que le gustó a Rosendo con ‘Agradecido’, eh, no tiene precio; o su ‘Back in black’ de AC/DC.

Aquí ha entrado con ‘Al abandono’, nos puso más de pie de lo que estábamos. Y redondeaba las coplas con el grupo como quería: ‘Oh mare’, ‘Quema quema’, ‘Soy un limón’ o ‘La cacerola’. Con los primeros compases de ‘Camino del hoyo’ parece que los dioses nos dijeran: “sí, esperpentos: resucitad y moveos, carajo”.

Tomás Moreno es virtud y economía del lenguaje artístico: en el escenario -el que le pongan, lo hemos visto más de una vez- sabe moverse y lo fundamental: sabe mover a los granaínos como a los malagueños y presumo, a los y a las de más allá.

Es una alegría.Rebosa felicidad, la transmite: y eso es muy importante. Se lo pasa en grande y hace que quienes lo escuchen vivan agradablemente la comodidad. Sus músicos son una maravilla para los oídos y qué más. Suena a que cobro pero coño,  si quiere alguien pasarlo bien y Tomasito pasa por su ciudad: de verdad, no lo duden.

Hay cosas que pasan una o dos veces en la vida.

No digo que Tomasito sea una de ellas.

Pero ahí lo dejo.

Por si acaso.

 

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Tomasito en Granada

Tabletom, Roberto y los hermanos Ramírez

Volví a La Tranca; parece que ha pasado una puta eternidad desde que Pedro aliviara mi ignorancia preguntándome si no sabía cómo se llama popularmente la Plaza de San Pedro y si no conocía al del busto que allí habían colocado los del ayuntamiento de la capital malaguita.

De guateque.net

 Roberto González (Rockberto o Tabletom como lo llamaba Jesús Quintero en alguna entrevista) era un figura de la música y de la vida. Los hermanos Ramírez lo sabían y como ellos mismos cuentan, en La música contada, se conocieron en un camping a través de un inglés, la búsqueda de un guitarra y el glam de la época de por medio: mejor que yo lo cuentan los protagonistas.

De flickr.com

 Hace unos quince años (o algo más) conocí a un tío por internet: no, tranquilidad, no hubo sexo. Este muchacho se llamaba Kami y supo de un concierto de Tabletom en Granada, al que yo iba a asistir y estaba emocionado porque no conocía al grupo y era la primera vez que vería a Roberto y los Ramírez en acción: Kami me preguntó que dónde era el concierto. Yo contesté que en Graná. Ni corto ni perezoso me preguntó la hora del directo y me dijo que un poco antes me llamaría para ir juntos. Acojone total de primeras. De segundas, Kami apareció, me entregó un paquetito y me dijo”esto es para ti, puto payaso” (no por nada sino porque yo en aquella época y hoy incluso, tengo el correo electrónico de uno que parece que trabaja en un circo) y abriendo el regalito y mirándolo sorprendido, vi que se trataba del Vivitos y coleando (de 1996, por la discográfica Cambaya): le di un abrazo a este tío desconocido agradeciéndole el gesto y nos fuimos a la Sala Príncipe, en el Realejo. Por el camino me dijo que no me iba a hablar mucho durante el concierto, que se sabía las letras de Tabletom y que iba a cantar como un poseso.

Contraportada del Vivitos y coleando, de Amazon

 Entendí a Kami cuando empezó el directo: la sicodelia, el humo, los Ramírez tocando, la envoltura de los canutos y por supuesto, cuando Roberto abrió la boca. Impresionante pensé. En ese momento conocía -luego me enteré que era de Tabletom- el Agila de Extremo donde versionaban el “Me estoy quitando” (con el trabajito que me está costando).

De sangrespanola.wordpress.com

 A partir de ese momento, alguna vez más -dos veces más, una en Marbella y otra en Málaga si mi memoria no es uno de esos túneles y túneles de humaredas-  volví a contemplar la magia de este grupo en directo: grupo malaguita donde los haya que le canta al “Pescaíto frito“, capaz de hacer una “Cazuela de rock” con ingredientes necesarios como la melancolía, la memoria y el buen humor o de unos simples “genarios” (como cantaban los Mártires del compás) conseguir con la mejor música posible un “Reggae de las macetas”.

Me reí con Roberto y disfruté la música de los Ramírez. Echo de menos saber que Roberto está vivo, pero sus cds siguen ahí, esperando a que la gente joven o no tanto, descubra la chispa de un grupo que acompaña la soledad que vivimos magníficamente. Tienen una potencia y una delicadeza espectaculares. Como muestra, la canción del “Vampiro“, en el 92, canal sur (…y me arrojo con valor, salgo volando…), cuyo final es una declaración de intenciones, la rapidez, la vida, el bullir de las venas en esa batería y Roberto “escondido en un portal…y vigilando” “¡sí.. a ti!

                                                           De kosovision.blogspot.com

 Absolutamente recomendable este grupo. Se disfruta con grabaciones de estudio y se maravilla uno con los directos que consiguieron.

 Otra cosita buena más de Málaga.

Tabletom, Roberto y los hermanos Ramírez

Yann Tiersen, Francia y Amélie

De elfanzine.tv

Hace poco hablaba con unos amigos en El Zocalillo, sobre poesía, música y cine. Obviamente, apareció Tiersen en la conversación, motivada por bandas sonoras, versos y textos que tengo dedicados a este compositor francés nacido en 1970.

Los últimos diez o doce años han sido el punto de eclosión de la música de Tiersen. Puede que no guste su música al cien por cien, pero sí es reconocible el estilo por los valses que utiliza, los acordeones, el piano y el violín, de los que extrae melodías que personalmente me resultan agradables, y algunas, verdaderas ensoñaciones musicales.

La discografía, que podemos encontrar en wikipedia y que manejamos es la siguiente:

La valse des monstres (1995)

Rue des cascades (1996)

Le phare (1997)

Tout est calme (1999)

L’absente (2001)

Yann Tiersen & Shannon Wright (2004)

Les retrouvailles (2005)

Dust Lane (2010)

Skyline (2011)

The Lighthouse (2013)

Infinity (2014)

Poco a poco iré desglosando hasta 2005 que son los años que mejor conozco, y animaré a escuchar o conocer a este compositor.

Tiersen es conocido por la banda sonora de Amélie, película francesa nombrada y conocida por casi todos los cinéfilos, como una de esas películas preparadas para que las insignificancias de la realidad, las casualidades, los etéreos momentos entre dos personas, cuajen en la pantalla y sea una película “bonita”, y reconocible por los temas de Tiersen. Tendría que volver a verla para recordar algo mejor. Aunque la crítica que Juan Bonilla realiza en La plaza del mundo, es la última referencia que tengo.

Otras bandas sonoras, como la de Good by, Lenin, o trabajos conjuntos, directos y documentales sobre su obra, también nos dan una idea del alcance y el interés que este francés ha suscitado en los últimos años.

De los directos que escuché más en su momento y que me siguen pareciendo una obra de arte por cómo está realizado -mezcla de voces, amigos y piezas musicales, algún homenaje a David Bowie…- es Black session, disco que recomiendo encarecidamente disfrutar si disponemos de una hora para relajarnos y vivir una experiencia maravillosa.

En su página oficial ya citada podemos encontrar un enlace a youtube que merece la pena, al menos para adentrarse en lo que realiza Tiersen.

Un músico interesante que nos hará sentirnos acompañados, mimados, felices.

Continuaremos.

Concert secret de Yann Tiersen
De http://livestream.yanntiersen.com/

Yann Tiersen, Francia y Amélie

Nick Cave: 20.000 días en la tierra

Iain Forsith y Jane Pollard: 20,000 Days on Earth, 2014.

Esto es una recomendación seria a toda persona interesada en el proceso de creación: es interesantísimo oír a este compositor hablar de la metamorfosis que siente al subirse a un escenario, de cómo utiliza la memoria para crear piezas que se complementan y construyen un “mundo propio” e ir conformando ficción alrededor de historias en las que aparecen preocupaciones que todos podemos sentir (ser invadidos por ellas).

Es entretenido el documental, que en algunos momentos se convierte en biografía, en mescolanza de géneros -bio musical, personal- que utilizan el hilo conductor del viaje: cuando Cave coge el coche para ir a las múltiples citas que tiene -para ir a ver a Warren Ellis, visitar el archivo con sus “recuerdos”…- en el asiento de atrás o en el del copiloto, aparecen personajes de su pasado, músicos que abandonaron sus grupos -Grinderman, Bad Seeds- resultando una expectativa cumplida para el público, que no sabe quién aparecerá, pero que se teme otra de esas conversaciones geniales, con preguntas mordaces y respuestas sinceras que documentan el trasiego mental que NIck Cave tiene en su cabeza.

La vitalidad que desprende este músico es impresionante: hace un tiempo leí Y el asno vio al ángel y me deslumbro; no hace mucho escuché a los Bad Seeds y me comentaron que tenía otra banda, los Grinderman (los vi hace unos años en Madrid, y parecían treintañeros recién nominados a los Emmy, tenían más marcha que todos los que estábamos absortos contemplándolos y después no podíamos parar de bailar… y conseguían sonidos espectaculares): escribe, compone, toca… Y tiene tiempo para dormir. El ingenio que desprenden sus declaraciones, la modestia adquirida con los años (era un bastardo pedante o similar dice de sí mismo cuando quería crear una fundación en su memoria, o un museo, o la confesión de que cuando era joven, quería triunfar en la música, y veía los discos de los demás músicos y los envidiaba) y el carácter -oscuro, preocupado, neurótico- difícil que posee, lo convierten en un irresistible personaje para cualquiera que quiera aprender algo de la música que pasará al futuro, mientras la bazofia de la repetición, el cloqueo de los voceadores autómatas y el chunda chunda de los mediocres, pasará -de moda- para olvidarse en el puro fango del olvido.

Un placer escuchar a Nick Cave. Me releeré el libro del asno y diré algo por si alguien se anima a leerlo, porque merece la pena dar a conocer un libro así, además de por supuesto la música de este productivo artista.

Nick Cave: 20.000 días en la tierra