¡Adoro Nueva York! I love this town! Jajajajajajaa….

-¿Quiénes son ustedes?

Los Cazafantasmas.

De unsordovenezolano.blogspot.com

Ivan Reitman dirige en 1984 una película inolvidable, The Ghohstbusters, escrita por Harold Ramis y Dan Aykroyd.

El humor que destila, la ambientación lograda y la extraña pareja que forman Bill Murray y Sigourney Weaver hacen el resto. Y la música, por supuesto.

Contaban hace poco que 1984 fue un año glorioso para el cine americano, pues se habían producido películas en un año tan bueno que no se volvería a repetir en la historia de Hollywood: La mujer de rojo, Indiana Jones y el templo maldito, Pesadilla en Elm Street o Dune son algunos de los ejemplos. Blade runner es de un par de años antes.

En España, hay desastres musicales y cinematográficos en los años 80, desde luego: muertos que reviven porque no fueron bien olvidados, pero también tenemos grupos como Pabellón psiquiátrico, Los toreros muertos, Loquillo, el primer Sabina… y películas como Los santos inocentes, La vaquilla, Mujeres al borde…, Amanece que no es poco, Arrebato, El bosque animado, El crack…

Es difícil hacer cine bueno, como componer una buena canción o escribir un buen libro. Se trata de conjugar público y saber, o de olvidar uno de los dos en favor del otro: muchas veces nos equivocamos al elegir una obra de arte y nos dejamos llevar por los críticos, esos seres que se pasan la vida diciendo cómo hemos de contemplar la belleza: muchas veces no caemos en la cuenta de que están comprados y al servicio de algo mucho más miserable: los intereses personales.

Últimamente leo muchas gilipolleces acerca de que no hay que conocer las reglas, de que lo antiguo está muerto y me da mucha pena de que algunos sean polvo dentro de unos años. Pero se lo están “currando”: están peleando para ser moda, y como tal, efímeros. Leo mucha escoria -ya lo decía Fresán hace poco también: “Se lee y se escribe más, dicen las estadísticas, pero es más mierda: la gente lee y escribe sobre ella, facilitado por artilugios electrónicos: la sublimación de la tontería”.-

Así que esto es un homenaje, pequeño y sin ambiciones, a la categoría intelectual de algunos creadores.

Un pequeñito homenaje a películas que, de formato aparentemente sencillo, como Los cazafantasmas, nos hacen pasar un rato ameno, nos divierten y nos dejan con una sonrisa en la cara, recordando por qué queríamos verlas de nuevo. por cierto, ya comentaré algo de Los goonies, otra de mi época: Willy el tuerto, como Darth Vader, no me abandona por las noches. Qué le vamos a hacer.

De http://www.cinepremiere.com.mx

No sé cuándo, pero volveré. (Terminator es de los 80 también, por cierto, de 1984, concretamente)

Y volviendo a Aykroyd y Rick Moranis:

De giphy.com

-¿Sabe, señor Tulli? Es usted un individuo muy afortunado…

-Lo sé…

-Ha sido partícipe del mayor transimpacto interdimensional desde el de Tunguska en 1909…

-Qué bien me ha sentado…

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The twilight zone: the film: los años 80 y la memoria.

Landis, Spielberg, Dante y Miller. Cuatro directores para cuatro historias y un prólogo.

Dimensión desconocida o En los límites de la realidad de 1983.

Sinceramente, me atraen este tipo de películas. Me recuerdan mi infancia y si no soy del todo injusto, algún episodio de los cuatro está hasta bien contado (Spielberg no es moco de pavo, y la historia de los nazis-Ku-kux-Klan-judíos es llamativa). Dicha historia es un cuento con moraleja, pero el desarrollo del cambio que sufre el personaje no permite casi ni reflexionar.

La segunda historia es la emoción en estado puro: la edad, el deseo de rejuvenecer, el juego. La infancia perdida llevada a la pantalla de la mano de Spielberg, como él sabe hacerlo: un guión sobrio, sin lujos, pero directo y con los medios que tenían entonces: interpretación, emoción y actuaciones medidas.

Y Tas, el diablo de Tasmania, cuyos cabreos eternos aparecen en el tercer capítulo, donde un niño aparentemente bueno, tiene el poder de conseguir todo lo que desea. Kathleen Quinlan, en el papel de una profesora, será la encargada de “controlar” al nene. Conejos, dibujos animados, machadas y derivados de una sociedad enrarecida, como los ajustes que hacemos al televisor si no funciona, como no darnos cuenta de que esos ajustes habría que hacérselos a la sociedad, no al aparato que la retransmite.

Recuerdo -y no recuerdo nada- 64 kas de negra potencia en una consola para que Tas se cabreara con todo el mundo -en aquel mundo amarillo y marrón, divertidísimo-, donde todos los aparatos e ingenios preparados para hacer daño y escapar después, eran de la marca Acme. Ya digo, los recuerdos te asaltan y como diría Panero nos acorralan y son jauría en las noches oscuras del ama, o son coronas de espinas que llevamos eternamente.

Y el repaso estadístico -la memoria- para conjurar lo que vendrá, e intentar mediar en el ataque de pánico que asalta las defensas del raciocinio: primera y joven fotógrafa, criaturas que hablan a través de otros y recorren zonas imposibles…

Creedence Clearwater sonando, recordando a Rodrigo Fresán que recuerda a Rod Serlick. Despegamos:

“Hay una quinta dimensión…

The twilight zone: the film: los años 80 y la memoria.