Antología de poemas (propuesta)

                                                   

 

Conversación

Los muertos pocas veces libertad
alcanzáis a tener, pero la noche
que regresáis es vuestra,
vuestra completamente.

Amada mía, remordimiento mío,
la nuit c’est toi cuando estoy solo
y vuelves tú, comienzas
en tus retratos a reconocerme.

¿Qué daño me recuerda tu sonrisa?
¿Y cuál dureza mía está en tus ojos?
¿Me tranquilizas porque estuve cerca
de ti en algún momento?

La parte de tu muerte que me doy,
la parte de tu muerte que yo puse
de mi cosecha, cómo poder pagártela…
Ni la parte de vida que tuvimos juntos.

Cómo poder saber que has perdonado,
conmigo sola en el lugar del crimen?
Cómo poder dormir, mientras que tú tiritas
en el rincón más triste de mi cuarto?

Jaime Gil de Biedma


Larga es la ausencia

               La sombra siempre y luz sin la luz mía

                                                                 Herrera

Tu soledad, Abril, todo lo llena.
Colma de luz la espuma y la corriente.
Aurora niña con su sol reciente.
Toro en golpe de mar como mi pena.

La soledad del corazón resuena
desierto ya como un reloj viviente,
como un reloj que late porque siente
la marcha de tu pie sobre la arena.

Y así vas caminando sangre adentro,
sangre hacia arriba, hacia el primer encuentro,
sangre hacia ayer en la memoria mía;

¡ay, corazón, donde me pisas tanto!,
¡qué soledad sin ti, cierva de llanto!
qué soledad de luz buscando el día.

Luis Rosales


En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

                                                  Blas de Otero 


   El dibujo en el agua

Bien sabes que estos años pasarán,
que todo acabará en literatura:
la imagen de las noches, la leyenda
de la triunfante juventud y las ciudades
vividas como cuerpos.

Que estos años
pasarán ya lo sabes, pues son tuyos
como una posesión de nieve y niebla,
como es del mar la bruma o es del aire
el color de la tarde fugitivo:
pertenencias de nadie y de la nada
surgidas, que hacia la nada van:
ni el mismo mar, ni el aire, ni esa bruma,
ni un crepúsculo igual verán tus ojos.

Un dibujo en el agua es la memoria,
y en sus ondas se expresa el cadáver del tiempo.

Tú harás ese dibujo.

Y de repente
tendrás la sombra muerta
del tiempo junto a ti.

                          Felipe Benítez Reyes


         Lamento del vampiro

No vuelvas amada sensación, no vuelvas
frágil tacto tierno de tu piel,
altivez suave de tus pechos, detenidos en el aire de pronto,
no vuelvas piernas abiertas, derramados muslos,
dorada arena, rubio terciopelo de lujo,
íntimo musgo húmedo en mis manos,
mordidos labios ocultos, ácido aroma.
No vuelvas nubes de pestañas flotando,
pálida frente y azul imposible de tus ojos,
con la luz despintada que aún recuerdo
y la empapada llamarada de tu lengua.
No vuelvas vestida de ti misma y de ti misma desnuda
y veinte años resbalando en tu espalda
como un agua desbordada en la noche.
No vuelvas más amada sensación, juventud de la dicha en breves sílabas,
en letras tartamudas y el idioma implacable de tu cuerpo.
No vuelvas, mientras escapo del espejo del tiempo,
de la amortajada claridad de otro día
y recuerdo el grito de tu sangre y su fiesta escarlata,
cuando solo, más solo que mi nombre borrado,
siento cómo crecen otra vez mis colmillos.

                                                      Juan Luis Panero


Los gigantes de hielo

Han vuelto los Gigantes de Hielo a visitarme.
No en sueños. A la luz del día. Con los yelmos
relucientes y el rostro selvático y maligno.
Tenía tanto miedo que no supe decirles
que te habías marchado. Lo registraron todo,
maldiciendo la hora en que Dios creó el mundo,
jurando por los dientes del Lobo y por las fauces
del Dragón, escupiendo terribles amenazas,
blasfemando y rompiendo los libros y los discos.
Al ver que tú no estabas se fueron, no sin antes
anunciar que darían con tu nuevo escondite
y serías su esclava hasta el fin de los tiempos.
Donde estés, amor mío, no les abras la puerta.
Aunque se hagan pasar por hombres de mi guardia
y afirmen que soy yo quien los envía.

                                                        Luis Alberto de Cuenca


Transmutador, artífice, hechicero,

de fuego y furia manantial bravío,

impune violador del albedrío,

fabulador de empeños, buhonero.

Chamán, bonzo tornado en misionero

de trampamagia y traficar sombrío,

mago  y derviche, nigromante umbrío,

zahorí, sanador y curandero.

Un temblor entre azogues transfigura

el reflejo que encanta y encadena.

Tu aroma es mi deseo sin cordura.

Cáliz repleto de ambrosía plena,

negror mistificado en alba pura,

círculo donde aguarda la condena.

Esperanza Clavera Pizarro


  Poema final

A Mari Paz Muros y Juan Carlos Lazúen

Dejó un cuadro, un puñal y un soneto.
                                    Manuel Machado

Si mañana no vivo, si mañana
queda inmóvil la luz en mi ventana
sin mi apresuramiento y mi figura,
sabed que algún soneto os he dejado
y que, cruzando del olvido el vado,
salvé de tantos cuadros la hermosura.

El puñal me lo llevo entre los dientes
porque morder las frases más mordientes
es caridad, si no cautela humana.
¿Qué os dejo? Mi palabra agradecida
y nada más. Si acaso, una manzana

que en vuestras bocas suene a fresco fruto.
Iré a otra luz. La luz no guarda luto
por quien la amó en el arte y en la vida.

Antonio Carvajal


  A DON LUIS DE GÓNGORA

¿Qué firme arquitectura se levanta
del paisaje, si urgente de belleza,
ordenada, y penetra en la certeza
del aire, sin furor y la suplanta?

Las líneas graves van. Mas de su planta
brota la curva, comba su justeza
en la cima, y respeta la corteza
intacta, cárcel para pompa tanta.

El alto cielo luces meditadas
reparte en ritmos de ponientes cultos,
que sumos logran su mandato recto.

Sus matices sin iris las moradas
del aire rinden al vibrar, ocultos,
y el acorde total clama perfecto.

Vicente Aleixandre


NO ES PROPIO DEL POETA SER ESCLAVO DEL MITO

Perderé con mi astucia las llaves de la ciencia,

me olvidaré de esquemas, consejo, aprendizajes;

por desiertos y mares vagará mi propósito.

Sólo es válido hoy perderse en la aventura,

hacer del riesgo un hábito culpable y abusivo.

Dejad que la metáfora se construya a sí misma,

que los dioses devoren a sus hijos.

Sólo es libre el poema que rompe la atadura.

La locura profética alimenta los naufragios.

Así poseerás el cetro y la guirnalda,

harán de ti un mendigo expuesto a las miradas.

Tu imagen servirá para el culto y la venta,

pues la cultura engaña a sus acólitos.

No es mi intención crear el arte de la nada,

otros vendrán que sepan deshonrar a los ídolos.

Orientaré mi lucha a romper las cadenas.

No es propio del poeta ser esclavo del mito,

si la leyenda existe es por su pluma excelsa.

No creo en las princesas ni en los cisnes apáticos;

confesaré mi amor a la desdicha.

Porque vivir en vilo tiene escalas de ascesis,

pasiones encontradas al hedor de la sangre.

Preguntad a mi sombra por su dolor secreto.

Si en la conquista pierdo mi bagaje,

daré por bienvenida mi desnuda pobreza.

Sólo es libre el poeta que a su honra se asocia.

Narzeo Antino


Siento morir mi cuerpo poco a poco

en la vida que llevo cada instante.

Mi vida es una muerte hacia delante

y un eterno nacer donde me agoto.

El dolor de mis miembros vacilantes

se refugia en el aire en que me escondo,

y a mis recuerdos vuelven desde el fondo

donde acabo y resurjo los errantes

pasos no dados ante mí resuenan.

Mi cuerpo se aproxima hacia su todo;

hacia su origen marcho. Cuando muera

quisiera ver los mares desde el fondo.

Hasta entonces, iré por donde quiera

mientras siento acabarme poco a poco.

Pablo del Águila


El azar y la costumbre

Puesto que imaginé que nunca acabaría

aquel rumor callado de la dicha,

las tardes sin medida del domingo,

las noches solitarias como un juego,

hoy acepto el exilio que me impones,

dueña tú del azar, de la costumbre.

José Gutiérrez


    ELLA

               Puedo hablar del viento en las cañadas,

               del viento en las ramas de los olivos

               y de las nubes altas, prendidas en un cielo celeste.


Puedo hablar del mosto dorado de este otoño

               que guarda en sí el aroma y el sabor

               de esta tierra salvaje y hermosa

               -tierra de toros bravos y pájaros extraños-.


Puedo hablaros de algunas mariposas

               que, zagueras de la primavera última,

               giran aún entre las encinas,

               y de los valladares de piedras

               silentes bajo la tormenta.

               Todos me entenderíais.


Mas si os hablase de ella,

               de María Teresa, que une en su interior

               la arrogancia y la dulzura del viento,

               el fuego del mosto recién pisado,

               la belleza indefinible de las mariposas,

la firmeza de las antiguas piedras

y la emoción de todos los otoños

y de las primaveras todas…,

¿quién de vosotros me creería?

Fernando de Villena


 No eras tú quien sufría.

No existías. No eras nada.

Sólo ibas en busca

de tu alma perdida,

para que liberase

tu cuerpo secuestrado.

Nadie te conocía.

Ninguno reparaba

en la sed y en el hambre,

que mutaba tu esencia

en llaga dolorosa…

Algo acechaba

tu furtiva presencia.

Notaste su reflejo

metálico en la luna,

que bañaba tu cuerpo

de nocturno cinabrio.

Pretendían dar caza

a la carne que huía,

alborotando ciervos

bajo el alba acuciante.

Tú pudiste escapar

antes de que la sangre

manchara el arco

luminoso del alba.

Carmelo Sánchez Muros


Me tienes en tus manos
y me lees lo mismo que un libro.
Sabes lo que yo ignoro
y me dices las cosas que no me digo.
Me aprendo en ti más que en mi mismo.
Eres como un milagro de todas horas,
como un dolor sin sitio.
Si no fueras mujer fueras mi amigo.
A veces quiero hablarte de mujeres
que a un lado tuyo persigo.
Eres como el perdón
y yo soy como tu hijo.
¿Qué buenos ojos tienes cuando estás conmigo?
¡Qué distante te haces y qué ausente
cuando a la soledad te sacrifico!
Dulce como tu nombre, como un higo,
me esperas en tu amor hasta que arribo.
Tú eres como mi casa,
eres como mi muerte, amor mío.

Jaime Sabines 


El remordimiento

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

Jorge Luis Borges


     Amor y terror

en fin: a

vuestras manos, mi vida

no sé en fin qué

si no es a vuestras manos: para

qué sólo en mí. para

saber en mí. para

saber en mí: cuánto

corta la espada en un

rendido.

Leónidas Lamborghini


Leerás una y otra vez,

Mejorándolos (o quizá no), los antiguos

Libros. Contemplarás

Las infinitas telas

De unos pocos.

Llenarán tus días

Unos músicos, unas mujeres bellas,

El mar y los crepúsculos

Y lejanas estrellas.

Amarás otros perros.

Bendecirás a tus dioses

Por el don de la bebida.

Cada mañana, en el espejo,

Verás la derrota.

José María Álvarez


       ABRAZO

Mi vida, no; las vidas,
mis generaciones,
mis estrellas todas,
las futuras memorias
donde estemos,
mi sangre con deleite
y un blanco olvido
de ceguera y de beso.

Manuel Altolaguirre


Avinguda del Marqués de L’Argentera

Al verme se apartó de sus amigas
y rodeando mi cuello con sus brazos
les dijo alegremente: -«Quiero a este hombre».

Los demás me miraron con envidia.
Es muy linda en verdad y entró en mi cuarto.
Llegué tarde al trabajo al otro día.

Después no se movió ya de mi casa.
Descubrí que son bellas las estrellas
y me gustó algún tiempo. Pero pronto
olvidé que hay estrellas en la noche.

Ahora su amor me oprime como un peso.
No puedo ya salir con mis amigos.
No puedo ya sonreír a las muchachas.
No puedo ni beber un solo trago.

Es mala esta mujer. De verdad mala.
Tan mala como linda. Si la dejo
me matará, lo sé. Lo sé de veras.

Mis amigos se ríen. Yo estoy triste
pues no logro apartarla de mi lado.
Ojalá no me amase o se muriese.

                                   José María Fonollosa


Casida de la alta madrugada

Cuando te acuerdes de mi cuerpo
y no puedas dormir
y te levantes medio desnuda
y camines a tientas por tus habitaciones
borracha de estupor y de rabia

en algún lugar de la Tierra
yo andaré insomne por algún pasillo
careciendo de ti toda la noche
oyéndote ulular muy lejos y escribiendo
estos versos degenerados.

Félix Grande


Mi reino vivirá mientras
estén verdes mis recuerdos.
Cómo se pueden venir
nuestras murallas al suelo.
Cómo se puede no hablar
de todo aquello.
El viento no escucha. No
escuchan las piedras, pero
hay que hablar, comunicar,
con las piedras, con el viento.

Hay que no sentirse solo.
Compañía presta el eco.
El atormentado grita
su amargura en el desierto.
Hay que desendemoniarse,
liberarse de su peso.
Quien no responde, parece
que nos entiende,
como las piedras o el viento.

Se exprime así el alma. Así
se libra de su veneno.
Descansa, comunicando
con las piedras, con el viento.

       José Hierro


El don de la poesía

Repliégate en tus versos aunque fueren

escasos los lectores. No renuncies

al don de la poesía, que engañosas

son las palabras que a emoción no incitan.

Acepta tu retiro, pues los hombres

en soledad se asumen y descubren

cuánta fragilidad hay en sus hombros,

cuánta belleza inunda su mirada.

Enrique Morón


    Soneto de la dulce queja

Tengo miedo a perder la maravilla
de tus ojos de estatua y el acento
que de noche me pone en la mejilla
la solitaria rosa de tu aliento.

Tengo pena de ser en esta orilla
tronco sin ramas; y lo que más siento
es no tener la flor, pulpa o arcilla,
para el gusano de mi sufrimiento.

Si tú eres el tesoro oculto mío,
si eres mi cruz y mi dolor mojado,
si soy el perro de tu señorío,

no me dejes perder lo que he ganado
y decora las aguas de tu río
con hojas de mi otoño enajenado.

Federico García Lorca


  La copla

Hasta que el pueblo las canta,
las coplas, coplas no son,
y cuando las canta el pueblo,
ya nadie sabe el autor.

Tal es la gloria, Guillén,
de los que escriben cantares:
oír decir a la gente
que no los ha escrito nadie.

Procura tú que tus coplas
vayan al pueblo a parar,
aunque dejen de ser tuyas
para ser de los demás.

Que, al fundir el corazón
en el alma popular,
lo que se pierde de nombre
se gana de eternidad.

Manuel Machado


           Consiento

Debo morir. Y sin embargo, nada
muere, porque nada
tiene fe suficiente
para poder morir.
No muere el día,
pasa;
ni una rosa,
se apaga;
resbala el sol, no muere.
Sólo yo que he tocado
el sol, la rosa, el día.
y he creído,
soy capaz de morir.

                     José Ángel Valente

   


  Un español habla de su tierra 

Las playas, parameras
Al rubio sol durmiendo,
Los oteros, las vegas
En paz, a solas, lejos;Los castillos, ermitas,
Cortijos y conventos,
La vida con la historia,
Tan dulces al recuerdo,Ellos, los vencedores
Caínes sempiternos,
De todo me arrancaron.
Me dejan el destierro.Una mano divina
Tu tierra alzó en mi cuerpo
y allí la voz dispuso
Que hablase tu silencio.

Contigo solo estaba,
En ti sola creyendo;
Pensar tu nombre ahora
Envenena mis sueños.

Amargos son los días
De la vida, viviendo
Sólo una larga espera
A fuerza de recuerdos.

Un día, tú ya libre
De la mentira de ellos,
Me buscarás. Entonces
¿Qué ha de decir un muerto?

Luis Cernuda

Menos tu vientre,
todo es confuso.
Menos tu vientre,
todo es futuro
fugaz, pasado
baldío, turbio.
Menos tu vientre,
todo es oculto.
Menos tu vientre,
todo inseguro,
todo postrero,
polvo sin mundo.
Menos tu vientre,
todo es oscuro.
Menos tu vientre
claro y profundo.

                  Miguel Hernández


              Raro asunto

Raro asunto la vida: yo que pude
nacer en 1529,
o en Pittsburg o archiduque, yo que pude
ser Chesterton o un bonzo, haber nacido
gallego y d’Ors y todas estas cosas.
Raro asunto
que entre la muchedumbre de los siglos,
que existiendo la China innumerable,
y Bosnia, y las cruzadas, y los incas,
fuese a tocarme a mí precisamente
este trabajo amargo de ser yo.

Miguel d’Ors


¿Dónde está la fruta
para nosotros los débiles?
Caen las naranjas
siempre en otras manos
¿por nuestra culpa, madre,
todos esos gajos desprendidos?
Redobla la sangre
en los huertos de abajo
y hay cascadas amarillas
en los bosques de arriba
¡No hay culpa,
sólo hay herida!
Cristales antibalas los de nuestras gafas ¡guerras hay en todos nuestros ojos!
¡Porque no sabemos mirar,
porque no sabemos mirar
como miráis las madres!
¿Es la fiebre del egoísmo
lo que atenaza nuestros corazones?
¿Hay todavía en nosotros
una espiga de trigo?
Traen los cielos una hoz de tormenta
traen los ciervos la despedida
¡Fuertes son los que aman a los débiles!
¡Débiles somos los amados por los fuertes!
¡Y la única misión
es salvar a las madres!

(para mi madre 23 diciembre 1992 –manuscrito–)

Pedro Casariego Córdoba


                                                     Propósito

                                                                       A Carlos Castilla

                                            Cabalgar hacia el ocaso
                                            como señores de la guerra,
                                            con la espada del silencio
                                            y el rigor indiferente
                                            de quien ya se sabe muerto.

                                                                        Antonio Blanco


                                                       Tierra y cielo

Yo soy azul y sobre ti me tiendo

dulcemente curvado sobre tu vientre inmóvil.

hago caer sobre tu carne el viento,

trotes de luz y desterradas nieblas

que estallan en mis nervios desbocados.

Deslizo en ti la escarcha,

sudor de carne obre su existencia

tendida bajo mí como un barbecho.

Juan J. León


Blancanieves se despide de los siete enanos

Prometo escribiros, pañuelos que se pierden en el horizonte, risas que palidecen, rostros que caen sin peso sobre la hierba húmeda, donde las arañas tejen ahora sus azules telas. En la casa del bosque crujen, de noche, las viejas maderas, el viento agita raídos cortinajes, entra sólo la luna a través de las grietas. Los espejos silenciosos, ahora, qué grotescos, envenenados peines, manzanas, maleficios, qué olor a cerrado, ahora, qué grotescos. Os echaré de menos, nunca os olvidaré. Pañuelos que se pierden en el horizonte. A lo lejos se oyen golpes secos, uno tras otro los árboles se derrumban. Está en venta el jardín de los cerezos.

Leopoldo María Panero

Un comentario en “Antología de poemas (propuesta)

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