The twilight zone: the film: los años 80 y la memoria.

Landis, Spielberg, Dante y Miller. Cuatro directores para cuatro historias y un prólogo.

Dimensión desconocida o En los límites de la realidad de 1983.

Sinceramente, me atraen este tipo de películas. Me recuerdan mi infancia y si no soy del todo injusto, algún episodio de los cuatro está hasta bien contado (Spielberg no es moco de pavo, y la historia de los nazis-Ku-kux-Klan-judíos es llamativa). Dicha historia es un cuento con moraleja, pero el desarrollo del cambio que sufre el personaje no permite casi ni reflexionar.

La segunda historia es la emoción en estado puro: la edad, el deseo de rejuvenecer, el juego. La infancia perdida llevada a la pantalla de la mano de Spielberg, como él sabe hacerlo: un guión sobrio, sin lujos, pero directo y con los medios que tenían entonces: interpretación, emoción y actuaciones medidas.

Y Tas, el diablo de Tasmania, cuyos cabreos eternos aparecen en el tercer capítulo, donde un niño aparentemente bueno, tiene el poder de conseguir todo lo que desea. Kathleen Quinlan, en el papel de una profesora, será la encargada de “controlar” al nene. Conejos, dibujos animados, machadas y derivados de una sociedad enrarecida, como los ajustes que hacemos al televisor si no funciona, como no darnos cuenta de que esos ajustes habría que hacérselos a la sociedad, no al aparato que la retransmite.

Recuerdo -y no recuerdo nada- 64 kas de negra potencia en una consola para que Tas se cabreara con todo el mundo -en aquel mundo amarillo y marrón, divertidísimo-, donde todos los aparatos e ingenios preparados para hacer daño y escapar después, eran de la marca Acme. Ya digo, los recuerdos te asaltan y como diría Panero nos acorralan y son jauría en las noches oscuras del ama, o son coronas de espinas que llevamos eternamente.

Y el repaso estadístico -la memoria- para conjurar lo que vendrá, e intentar mediar en el ataque de pánico que asalta las defensas del raciocinio: primera y joven fotógrafa, criaturas que hablan a través de otros y recorren zonas imposibles…

Creedence Clearwater sonando, recordando a Rodrigo Fresán que recuerda a Rod Serlick. Despegamos:

“Hay una quinta dimensión…

The twilight zone: the film: los años 80 y la memoria.