Avelina Lésper

De contextodedurango.com.mx

 

Encuentro en la red una entrevista a Avelina Lésper.

La leo, medito, la releo y sé que tiene razón. No hay más.

 Busco su blog y encuentro algo más (aparte de su crítica al arte VIP, mirar, sonrisa, extrañarse, amén) que a Duchamp, Warhol y algunos contemporáneos no hace bien. Es de extrañar que esta mujer, con un discurso claro, conciso y sin la pretensión de defender unas ideas más o menos -digamos- dirigidas sobre algo tan difícil -¿?- como el arte, no esté en todas las redes sociales, televisiones… y dando conferencias en colegios y universidades.

 Es de extrañar que nadie me haya hablado de ella, de sus opiniones (ya sabéis, de lo loca que está, de cuánta razón lleva o de que no entiende nada sobre arte contemporáneo… algo). Está claro que no es una cualquiera, que opina con fundamentos y razona intentando equilibrar lo que ha estudiado y contemplado como arte -lo que perdura- con lo que puebla hoy los museos.

 De literatura, por si alguien se anima. Sobre el Quijote, las traducciones y Trapiello.

 La entrevista no tiene desperdicio; ni fallas. Es preocupante. Es de hace una semana más o menos y se la hizo Samuel Bossini para ABC Color de Paraguay. Hay que leerla. Es para pensar.

 Después, releerla.

 Como interesado en el arte, me atrae todo el tipo de crítica que pueda hacerme reflexionar, y si de paso aprendo -crezco- me parece una crítica mejorada, perdurable, a la que podré volver cuando tenga dudas. Nadie es gurú, pero los profesionales del arte -profesores, escritores, poetas, críticos, lectores…- que trabajan diariamente merecen mi respeto.

 A la vez, tengo presente a quienes farfullan “este es crítico porque no puede ser otra cosa”. Pero respecto a esta afirmación, pienso que unos trabajan mejor que otros y estos, observan mejor que los creadores: por supuesto, en literatura existen monstruos como Eliot u Octavio Paz, por poner dos ejemplos. O Valente.

 Ya digo -me digo- ¿no me emocionaré a veces demasiado rápido cuando contemplo obras de arte? Y bueno, claro: me respondo que sí. Me gusta repasar artistas de todas las épocas, y es tanta la información que el archivo es inabarcable. Algo así como la literatura: la vida. Es decir, si lo que nos venden como arte, últimamente, no lo es… ¿de qué depende que un artista u otro sea mejor valorado, de qué que esta o aquella pintora o artista venda cuadros que valgan millones de euros?

 Lésper pone en su página varios ejemplos: La cama de Tracey Emin, los puntos de Hirst y otros. Su teoría es aplicable a la literatura, pienso.

 ¿Cuánto hay de impostura en la literatura hoy día? Mucho, me respondo.

 ¿Y cuánto de verdad? ¿Cuánto de verdad hay hoy en el negocio de la literatura, o acaso no son cuestión de dinero algunas operaciones  (extra)literarias que vemos a menudo?

 Concesiones de premios, publicaciones inconcebibles…

 Sigo pensando en el miedo a nombrar o criticar públicamente a esos literatos de poca monta: también en la valentía de Lésper.

 Existieron La fiera literaria y Addison de Witt en la red pero ya no están.

 Y también recuerdo que alguien decía por ahí, que con la cantidad de libros buenos para recomendar, reseñar o releer… ¿a qué viene perder el tiempo hablando de algo que no te gusta por su falta de calidad?

 Pero Lésper está ahí. Tampoco lo olvido.

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Avelina Lésper