Kafka, Kafka…

Bellísima cubierta de la edición de Impedimenta (de su web)

 Leyendo Un médico rural, por ejemplo, uno se siente solo, vacío, meditabundo.

 Leyendo a Kafka, uno se siente un lector desprotegido que insiste en buscar más: no se sabe qué ni para qué, es de suponer que por placer, el placer lector de poder decirte a ti mismo: ¿de qué (horrórgoris, odradek, grisquefe) me está hablando este hombre? ¿por qué reacciona así este personaje? ¿por qué no se extraña el otro del comentario del primero que ha sido cuanto menos impertinente? ¿no sería normal defender la postura que…?

 Es decir, preguntas: preguntas sobre la condición humana, las reacciones y los sentimientos que damos por sentado y que ya a principios del siglo XX, K. supo tan bien trasladar al papel, reventando todo tipo de normalidad social.

 En extraños ambientes y conciencias nos moveremos, pero merece la pena: no entenderemos quizá a algún personaje que espera y espera en lugar de activar la parte racional hacia fuera, y no retirarse a los aposentos más profundos del yo, donde arde el hogar de la conciencia privada y meditar allí en la soledad más íntima, sin que nadie -el otro, el lector- pueda tomar partido, jugar una mano, hacer trampas…-.

 Los padres están enrarecidos, las mujeres sufren el yugo masculino, los hombres buscan sin fortuna y los soldados son unas bestias carnívoras al igual que sus caballos.

 Hay que leer a Kafka, releer La metamorfosis supongo, dos o tres veces más.

 Los relatos breves son angustiosos porque no sabemos ni el principio, ni si va a cambiar algo cuando pase, traspase, escape o termine de hablar el protagonista, aunque mucho me temo que la protagonista es más la situación donde K. coloca a ese hombre o mujer, que ellos mismos.

 Deseando estoy continuar con su lectura pero me temo que sucederá como con Onetti y algún otro (Foster Wallace me viene a la cabeza y no se mueve y Pynchon, claro) cuyos libros disemino por el bien neuronal que mi intelecto parece poseer. he de espaciar ciertas lecturas, que sodomizan la capacidad de aguante que poseo, a la vez que siembran unas urnas de receptividad que recogen curiosidad, tráfago de personajes conocidos, recuerdos sobre otros libros y demás ralea genial que son capaces algunos escritores de compartir con únicamente la palabra. Envidiable.

 No me extraña que sea una referencia del siglo XX. Su obra indica de manera cristalina las preocupaciones que nos atañen hoy y que mañana estaremos intentando resolver.

 Es imprescindible conocer algo de la obra de Kafka, acercarse a ella con la sorpresa que causa el miedo a no entender todo el mensaje emitido.

 A leerlo ya quien no se haya animado antes: estos cuentos dan para mucho y siempre podremos volver a Samsa, siempre nos quedará ese insecto entrañable en el que algunos, sin pesar ni arrepentimiento, nos hemos convertido para soportar ciertos sectores sociales que nos tocaron (sobre)vivir.

 Ánimo y a disfrutarlo que no es para menos: fue un genio duradero, alguien que a veces no creía en su obra pero que en ocasiones nos demuestra que el trabajo literario ha de ir a contracorriente , incluso con el pensamiento de su propio autor, sus referencias, sus lecturas.

 Un ejemplo de lo que supone Kafka. Y otro que me acaba de regalar Luis Castellón, de Robert Crumb:

Kafka (rústica)
Edición de La cúpula

 Leed, leed -odradeks queridos- a Kafka, paladeadlo, sentid sus profundas congojas y tranformadlas en reflexiones.

O no.

Kafka, Kafka…