Insomnio I: Conozco a Cúrato

Aparece por la izquierda que es como decir malos augurios, entrañas levantadas, descubiertos venenos en los filamentos pulmonares de la noche. Su porte es digno de los reyes muertos, su caballo es la luz de la velocidad cansada, su azabache melena recoge los vientos de los abandonados.

En sus manos un báculo y una criatura.

Desmonta y me observa cíclope y dantesco: o busca amor o requiere miedo. Me inclino por lo segundo cuando alza el labio superior, sección derecha y en la oscura pasión que nos convoca a ambos -a él la aterrorizada máscara que llevo puesta, a mí, las correrías cerebrales que me permito algunas noches-: me habla desde inmemoriales recovecos de gargantas conquistadas a sangre, fuego y espada.

-Escribirás -dice en la penumbra- mi biografía en cantares que repetirá el pueblo. Quizá te salves de que te devore el corazón: me llaman también Olvido, y así recordarán a mi estirpe.

Si existe un infierno de ojeras que nos somete, es una humareda que aromatiza nuestros músculos con la envidia. Cúrato vuelve a montar y me apunta con un deforme dedo.

-Me recordarán si a ti te recuerdan.

Oigo una risa estertórea: no sé si crujir de huesos o amanecer.

Y aparece Beksinski.

Insomnio I: Conozco a Cúrato

Zdzisław Beksiński: el pintor de reinos olvidados.

Beksinski

Beksinski (24 de Febrero 1929, Sanok, Polonia – 21 de Febrero de 2005, Varsovia, Polonia) es uno de esos artistas preocupantes, de esas preocupaciones del arte que algunos tenemos -y tendremos- pendientes por ahí.

Tomo la foto del artista de un interesante sitio.

Mi amigo Luis Castellón Quesada, tejemanejes aparte en una página de Polonia -no hay nada como ir a la fuente-, me consiguió uno de los libros más bellos que he visto sobre un artista, y la verdad, es que he tenido la suerte de ver algunos ejemplares bellísimos, ediciones cuidadas de artistas que acompañan a escritores y viceversa, antiguos volúmenes con grabados de maestros…

Zdzisław Beksiński 1929–2005, libro de Wieslaw Banach
Zdzisław Beksiński 1929–2005, libro de Wieslaw Banach

Valdemar, que ilumina con oscuros brillos las mentes de sus lectores, tuvo el acierto de publicar la obra completa de H. P. Lovecraft, en dos volúmenes (la prosa de ficción): me quedé sobrecogido cuando vi las cubiertas, ilustradas con sendas pinturas de Beksinski. Qué envidia de editorial.

Desde entonces, lo último antes y lo primero después, he ido conociendo poco a poco la obra de este artista, y me acompaña en mis días, como Durero, Velázquez, Bacon, Clarke, Beardsley, Brueghel, El Bosco, y otros que no nombro porque olvido o porque aún no los conozco.

Invito, como hacen ya otros muchos, a quien no lo conozca, a asomarse al abismo que propone este pintor: hay oníricos dilemas, paisajes de terror y entrañas de la vida misma. Esto en una primera impresión: después vienen las preguntas, las dudas sobre el estado mental, las comparaciones con algún cuento de Lovecraft, pasajes de Brian Lumley o desatinos carnales que podemos ver en alguna película de, sin ir muy lejos, Rob Zombie.

Dicen que esto es la posmodernidad. La verdad es que el nombre es lo de menos. Los artistas nos avisan, sigo pensando, de lo que fue y también de lo que será.

Animo a contemplar los desolados paisajes que Beksinski consigue con ese color tierra; las perspectivas equiparables al descubrimiento de nuestra pequeñez en el mundo; su mirada sobre el amor y lo que significa una fusión carnal como puede ser un abrazo, plasmado de elegante manera con una depurada técnica.

Mucha información en la red, como siempre: dejo aquí otro enlace; el de la magnífica página realizada por Belvedere Gallery.

Volveré a Beksinski, claro.

Zdzisław Beksiński: el pintor de reinos olvidados.