Los insignes, (o no tanto) de David Pérez Vega

David Pérez Vega, Los insignes, Sloper, 2015.

Qué felicidad se esconde en estas páginas: la cara de, lo dice todo

Si es que al final, de eso se trata: de reírnos de nosotros mismos.

David Pérez Vega es poeta y novelista y alguna que otra cosa más, y se le nota. Ferocísima y dulce crítica la que hace al mundo de la cultura, centrada en la escritura de poemas, en el mundo de la lírica actual y pasado porque como diría Javier Krahe, cualquier tiempo pasado fue anterior.

Un poeta verdadero, o así se siente él, entabla comunicación y amistad con Kim Jong-un. Y esta es la premisa para repasar unos tiempos grises y oscurísimos sobre nuestra concepción de lo que es la literatura, y como decía antes, la cultura en general, plagada de pobreza crítica, mucho ayuntamiento carnal y primate (de primos/as) e intereses extraliterarios.

Y con un fino sentido del humor que provoca a quienes leemos esta novela, maravillosamente estructura entre una inverosímil relación, el buen carácter de un dictador y las penalidades de un poeta exquisitamente poco atractivo, pero preparado, leído y con ganas de triunfar como el que más, merecedor de coronas y laureles que no llegan pero que nos suenan.

La facilidad que Pérez Vega tiene de componer un drama es apabullante, la verdad. Nos -me- invade raudamente la vergüenza al reconocer ajenas formas y reacciones propias en esto de escribir. Y una envidia poco sana al reconocer a un buen novelista que es capaz de transportarnos al otro lado de mí mismo, es decir, reconozco la calidad de lo intentado, que llega a ser un triunfo de la aparente sencillez y pocas ínfulas que el escritor tiene, comparado con el narrador, el protagonista de la historia y su compañero de fatigas.

Muy recomendable lectura para quienes quiera saber de qué va la película lírica que nos obligan a ver en el cine de la actualidad cultural. Y me atrevo a decir que el arco de edad para leer estas páginas es muy elástico, algo que no es fácil de hacer si tenemos en cuenta que lo que quiere comunicar Pérez Vega es una desazón que podemos sentir desde tempranas edades -cuando vemos que la suerte en premio o publicaciones de nuestro amigo avanzan, como avanzan sus visitas al despacho de, o la casa de, pero no sus calidad de sus versos- o ya mayorcitos si lo que queremos es tomárnoslo como una radiografía divertidísima de lo que nos esperará cuando crezcamos. Más de un/a artista se sentirá reconocido/a.

Y es que somos “unos artistas, todos”, como decía un amigo de Cádiz: o como decimos en Granada, que “hay más Lorcas que panes” y no leemos a Federico. En fin, Bolaño, los poetas chinos y españoles, poetas hispanoamericanas, la decadencia y un pasacalles surrealista de editores, hacedoras de versos, supuestos escritores y otros seres del sinvivir poético que componen un mosaico que despierta simpatía y pena, miradas crueles y sensatas, paradojas entre el bien y el mal y las eternas preguntas que nos hacemos todos los días, algunas como las siguientes:

-¿vendería yo, poeta puro que no me vendo -ni vendo veinte ejemplares de mi último poemario- vendería yo, pregunto, clamo al cielo, a mi madre por un premio literario? Mejor no contestamos.

-¿recomendaría a mi amigo si es mejor que yo a una editora que me propone publicar un par de poemas en una revista extranjera?

-¿se contribuye desde las editoriales a forzar un tipo de lectura para mantener a flote una empresa?

-¿es la autoedición digna y sabemos qué hacemos al mencionar a JRJ o a Lorca?

-¿puede alguien contar con tanta gracia la desaparición de Kafka de la historia de la literatura?

-¿la corrupción moral es inherente al ser humano; al español y al mundo de la economía, la cultura…? ¿en cualquier ámbito está normaliza la corruptela?

-¿dudamos sobre la limpieza de los premios?

-¿sinceramente es para tanto escribir libros?

A leer, malditos seres hermosos que disfrutáis con la lectura: horas de diversión y reflexiones os aguardan tras la carita feliz del amado y supremo líder.

Y no, no sabemos quiénes serán esos insignes de los que nos habla el señor Pérez Vega. La risa nos impide hablar a veces.

Gran frase de contraportada
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Los insignes, (o no tanto) de David Pérez Vega

Juan Soto Ivars, Crímenes del futuro

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Juan Soto IvarsCrímenes del futuro, Barcelona, Candaya, 2018.

 

Con el paso de los años, las democracias languidecían víctimas de la corrupción de la casta política.

¿Se puede ser injusto al nacer? ¿Podemos pretender arreglar el mundo desde nuestra posición sin contar con el azar, la sociedad y el orden establecido? ¿Sirve de algo siquiera la idea de organizar el caos que por definición encontramos cuando somos conscientes de dónde estamos?

Preguntas que sugiere el libro de Soto Ivars. Más que afirmaciones, interrogantes también sobre la propia función de la novela: ese género que es ficción pero no tanto, el género de géneros que sirva a la crítica social actualizada; conocemos el constante uso de personajes femeninos o esas extremadas voces de alrededor -una en concreto- que nos interpela a lectores, personajes y a sí mismo, parece: el autor se opone a su propia función, cuestionándose lo dicho y el espacio de lo nombrado, sabiendo desde dónde escribe siempre pero replanteando dicho lugar con alteraciones como los flashbacks, la memoria de los personajes femeninos y la utilización de ciertos tópicos que fragmentan el yo masculino e impregnan el yo femenino; como si quien dijera fuera el extraño o la extraña y no a quién se dirige ese mensaje.

Ya digo que son impresiones tras la lectura y la revisión del libro: notas hacia una mejor comprensión de una novela, formada por tres libros donde el papel de la mujer -de las mujeres: opiniones, historias, recuerdos y fragmentariamente felices momentos-, es indiscutible.

¿Quién cuenta la historia? ¿Quién la continúa? Y ¿quién la cierra?

Pensar que alguna de estas tres preguntas es fácil, quizá nos lleve a equívocos. Pero la última, si nos atreviéramos a responder a alguna, sería la más digna de todas -la respuesta, no la pregunta, que es como otra cualquiera-: esta novela la cierra el posterior trabajo de recreación de lector; las construcciones en las pistas que da Soto Ivars pero no completas que ha de realizar la lectora. Hemos de acompañar el cierre de esta función con aplausos, por el arte, y con suspiros mentales, por el trabajo que nos toca hacer tras la lectura; nadie dijo que el trabajo lector fuera fácil, para eso creo que ya está la tele, y en concreto ciertos aspectos de ella, ciertos programas que podemos matizar cuando queramos no pensar, desconectar y olvidarnos hasta de nuestro cuerpo, nuestra mente y perder la empatía totalmente: ahí están las páginas y vídeos, sin entrar en la deep web, que nos reventarán expectativas y sensibilidades medias.

De todas maneras, el libro contiene bellezas como el cante y su expresión ya que la literatura y la música se dan la mano: el libro está lleno de coplas y canciones, de citas musicales que reverberan más allá de la lectura primera, como si el autor nos quisiera guiar de otro modo, algo más dulce que sus premonitorias visiones sobre cómo se nos va a quedar el patio que ya estamos viviendo, o tenemos sensación de vivir algunos días: corrupción en todos los ámbitos y moralistas que hacen de la corrupción un traje a medida para vestir en cualquier ocasión y llamarnos estúpidos.

Lo que quiero señalar es que la violencia está por todas partes. Controlarla es imposible.

Facciones, política, revoluciones y guerra.

Olvido, feminismo y posesivos.

Tarea difícil catalogar este libro pero así ha de ser con lo que se sale y permanece al margen de lo esperado: nos mueve y saca de la zona de comodidad y a veces, nos indignamos con quien narra y las más, con lo narrado: la pasividad, el esfuerzo por denigrar la memoria de quien se empeña en que no haya movimiento: la vida misma pero hecha literatura.

Arden los templos de tal manera que el amor se diluye entre odios de caverna y sensaciones de aproximación a la muerte de toda estirpe que al cariño le tuviera pasión y deseo: qué crítica del poderoso, de los medios de comunicación; que descreimiento de todo, Soto Ivars, personajes del narrador, lecturas poliédricas que el libro ofrece.

Juan Soto Ivars parece hablarnos al oído, recomendándonos prudencia y espectáculo: veremos que los milagros se producen para ser terriblemente olvidados. Como la justicia o el amor. Como la infancia y el sosiego.

Lean este libro: lean, lean malditas criaturas acomodadas estos Crímenes del futuro.

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Juan Soto Ivars, Crímenes del futuro

Álex Chico y Un final para Benjamin Walter

 

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Álex Chico, Un final para Benjamin Walter, Barcelona, Candaya, 2017.

Con alegría inmensa terminamos este libro; con pena profunda. Se acaba una aventura espléndida, un morir y renacer a la par: Álex Chico ha conseguido escribir un libro impresionante, de prosa limpia y clara, de contrastes oscuros y brillos azabaches. Un interesante ejemplar de esos que se ocultan entre otros que hacen que nos preguntemos si es novela, ensayo, libro de viajes, crítica literaria o filosofía.

Este final es un inicio para conocer a Walter benjamin, Portbou y todo lo que rodea la muerte de este pensador, su vida, sus compañías y reflexiones.

El libro es delicado, salvaje en su originalidad y nebuloso como pocos. Mucho parece dudar Chico, mucho sabe y demuestra con una herramienta esencial en su prosa: el material seleccionado es bueno, la disposición por parte del autor es perfecta y el léxico que requiere algo así -un medio ensayo reflexivo novelado…- es dominado y bruñido por las manos de un muy buen escritor.

1-Quiero conocer todo lo que escribió Walter Benjamin: si no se consigue crear expectación, no hay nada. Chico tiene una gran sensibilidad y no precisa de aspavientos retóricos. Sí hay retórica, por supuesto: Chico es un escritor que domina el arte y así se nota apenas rasquemos la superficie. Pero es que hasta dicha superficie es interesante.

 2-Quiero conocer todo lo que ha escrito Chico. Es decir, ya es uno de mis escritores actuales. Chico tiene poesía, ensayo, ficción… Practica la crítica, escribe artículos, forma parte de la revista Quimera…

3-Las referencias que utiliza el autor son muchas y variadas: recuerda a Arendt, Bufalino, Clébert, Kertész, Levi, Sebald, Kafka… Por citar unas pocas. Personas que son en sí personajes cuyas vidas llaman la atención, historias de historias y literatura que nos lleva y transporta a otros lugares y tiempos.

4-Narrar el pasado para superarlo. Superar el pasado hablando, escribiendo, narrando. Un cuento ayuda a cualquiera a sentirse mejor si está escrito con la verdad o verosimilitud que la historia puede aportar. Las ausencias cobran forma, las metamorfosis que nos hace contemplar el autor en los lugares visitados cobran vida y justificamos el espacio y el tiempo a medida que avanzamos la lectura de este vigoroso y dúctil libro.

Una sensación de clandestinidad que se filtra en cada uno de los rincones, en cada una de las calles y vías, como si todo formara parte de una terrible amenaza. Como si, en lugar de simples viajeros, fuéramos prófugos que intentan huir de un gran ejército que lleva tiempo siguiéndonos los pasos.

5-No se es consciente quizá, al escribir algo de esta categoría, pero es un libro de paz, de arreglo personal, de tranquilidad suprema. La capacidad para transmitir no resta el lirismo de algunas imágenes de Chico, y esa parte profundamente lírica de su visión nos contagia armonía, sencillez, paz de espíritu. Es difícil de explicar con palabras lo que tan bien provoca el autor en el ánimo del lector.

6-Es un libro plagado de contrastes: la armonía con la brutalidad, las fronteras con los brazos abiertos: la historia contada por los vencedores y los vencidos recitando retazos de esa misma historia, con el respeto de la memoria y la obligada referencia a la memoria. Dignos seres, indignas personas… todos se dan cita en las páginas que va montando Álex Chico como si fuera un puzle que le ha tocado armar, en vez de haberlo decidido.

7-Capítulos XIX y XL, por diferentes razones, imprescindibles.

8-Las interferencias que logra con sus pensamientos son francamente notables: la historia que investiga el narrador, cumplen una misión otra: el autor es capaz de reflexionar sobre el totalitarismo, la literatura, el exilio, la educación y el futuro. Y el pasado que nos espera si lo descubrimos, casi peor que su hermano ficticio, el mañana. Ficticio hasta que nos devora, claro.

9-Sílvia Monferrer. Vaya personaje. Qué vida. Qué aventura. Qué caminos toma a veces nuestra existencia.

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¿De verdad confías en la literatura como un medio para rectificar el pasado?

 

Un libro repleto de literatura, de insinuaciones, de vacíos que se unen a ausencias y estas, como no podía ser de otra manera, nos recogen y arrullan, nos abrazan y atenazan, nos acarician y nos dejan con ganas de más.

De más Walter Benjamin. De más Álex Chico.

 

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Álex Chico y Un final para Benjamin Walter

Carne de carnaval de David Monthiel

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David Monthiel, Carne de carnaval, El Paseo Editorial, Sevilla, 2017.

 

Una novela del carnaval, sobre el carnaval, para el carnaval, por el carnaval.

El carnaval de Cádiz reflejado en una historia de trama deliciosa y clásica -la novela negra bien escrita no tiene por qué ser repetitiva- con un detective guasón, melancólico y cargado de memoria, una ambientación de las que hay que vivir pero muy bien contada y cómo no, anécdotas, chirigotas y vivencias gaditanas, todo aderezado con un leguaje particular y una filosofía muy “del sur del sur”.

Este año que El equipo A ha ganado en la modalidad de cuartetos, reivindicando un personaje (“el Trinchera”) a “don Antonio” Martínez Ares, el niño de Santa María, y otro, (“el Gadita” ) a su tierra, Cádiz y sus tópicos, con la frasecita de: ¿que no te gusta…? ¡Tú no eres de Cádiz! (cuarteto del Morera), es también digno de reconocer una novela como esta de David Monthiel, autor de poemarios y un libro de cuentos, y que ya tiene en marcha la casi publicación de la segunda novela protagonizada por el detective Bechiarelli, amante de las coplas carnavaleras y porreta sempiternamente melancólico de su tierra y sus años, sus gentes y amigos.

A pesar de la miseria y las fatiguitas, la ciudad también albergaba una calidez y una alegría que nunca sería derrotada.

Obviamente, me limitaré a decir por qué esta novela merece la pena y no a contar nada de la trama:

1-Por acercarse al sur del sur. Nunca es tarde si la picha es buena (como cantaban Las viudas de los bisabuelos…). Cái es mucho Cái y un respeto de sardinas por favor, para la Tacita de Plata y su provincia. De ahí salieron pibitos como Alberti o Quiñones; ahora los Serrano Cueto, y están afincados poetas y escritores como Javier Vela (madrileño que se ocupa de la Fundación Carlos Edmundo de Ory, que lleva el nombre de un pedazo poeta de allí también). Sus obras avalan lo que digo. Buena tierra artística donde vieron el amanecer Camarón, Paco de Lucía, Chano Lobato… entre otros y otras, los Delinqüentes, Sara Baras…

2-Porque David Monthiel controla los recursos del género que toca, organiza los elementos para sorprendernos como lectores y además, ajusta un exquisito vocabulario gaditano al argumento que nos quiere contar: no hay líos, despistes ni olvidos. Todo está medido, ajustado y perfectamente estructurado, para hacernos disfrutar de una rocambolesca época de carnaval en Cádiz.

3-Me gusta la organización del libro: por ahí dejo una foto. Nos presenta el contenido y los personajes. La estructura del libro es como la actuación de un grupo en el Teatro Falla: presentación, pasodobles (tanguillo si es coro), cuplés y popurrí (estos tres elementos dan vida a las tres partes del libro) y cierra como no podía ser de otra manera, el Carnaval chiquito.

Después hay referencias -docenas de ellas, para que no digamos “no entiendo” y nos conteste alguno: ¡Tú no eres de Cádiz!- donde se aclaran cánticos, estribillos, personajes y lugares populares de Cádiz y su geografía carnavalesca o física.

Un inventario de peñas y bares. Y claro, agradecimientos populares.

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4-La geografía de Cádiz: si conocemos la ciudad, iremos paseando de una plaza a otra (De plaza en plaza, como los palomos de El Yuyu, a quien sinceramente, echo mucho de menos en estas páginas), renombraremos barrios y volveremos a la Caleta. Es un placer dejarse guiar por Bechiarelli y sus pasos, el destino que Monthiel le otorga y los caminos insospechadamente gaditanos que nos regala el escritor.

5-Ya hablamos del lenguaje típicamente gaditano,las expresiones de Cái, Cái y su escritura y ortografía: un goce para la vista y el oído, tener a mano un adaluz tan puro, tan noble y tan bien utilizado por estos personajes que no fingen lo que no son, que son lo que nos muestran y que poco a poco se hacen un huequito en nuestro corazón y nuestra fonética.

6-Las exagraciones, hipérboles y demás gaditanadas: geniales soportes para entender los matices que tenemos en ciertas partes de Andalucía para corroborar o afirmar lo que contamos; somo exagerados pero además, en Cádiz (Málaga, Cádiz…) cierto toque de ironía, condimenta esa exageración, es más líquida que en Graná (la malafollá es la gracia seca, estropajosa, que hay que sacudirse a carcajadas porque si no, se queda pegada y horada como un ácido), es salada, chistosa, se deja acompañar, es diferente.

7-Y esto nos lleva a la crítica: no todo es maravilla en Cádiz, nos advierte Bechiarelli. Claro que no. EL paro, la miseria, la mentira… como en cualquier sitio castigado -pero aquí más- por el olvido, la denigración y la envidia, gaditanas y gaditanos sufren con desesperación el engaño de políticos y paisanos, gente que intenta sobrevivir y otra que intenta vivir a costa de los demás.

Y en este punto es muy interesante la novela de Monthiel porque juega a dar guerra y lo consigue. Critica a las corporaciones gaditanas, al carnaval, a los autores del mismo, a sus acompañantes, al futuro que ya está aquí, a las autoridades y a los/las gaditas. Mucha valentía y salvajes argumentos pero con respeto, distancia y autocrítica (esa gran novela del carnaval, escrita e imposible de escribirse).

Ternura por aquellas mujeres tan hermosas, tanto como en cualquier otro lugar, pero con una sal escondida y una piel balsamizada por los vientos fríos que le incitaban a soñar con una patria desnuda bajo el cobertor.

Es un poner de cómo describe sentimientos Monthiel. Un lujo; perlas por todo el libro sin perder agilidad ni viveza. Y quedaría por decir algo de las referencias musicales, literarias y culturales que atraviesan el libro, desde las referencias citadas y explicaciones hasta títulos de libros y de discos escondidos y hallados entre los títulos que encontraremos de los capítulos o subcapítulos.

Un prodigio de carnaval y de Cádiz, así que lean este libro, alégrense la vista y los sentidos, con los colores, sabores y aromas de la fiesta más divertida del sur del sur, y su relato no desmerece nada en la pluma de este escritor.

Monthiel -gritémoslo- “¡sí es de Cádiz!”

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Carne de carnaval de David Monthiel

No cantaremos en tierra de extraños, de Ernesto Pérez Zúñiga

Ernesto Pérez Zúñiga, No cantaremos en tierra de extraños, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2016

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Algunas notas sobre la lectura (o posibles lecturas) de esta espléndida novela.

1. La estructura de la novela, que la tiene y la posee y nos posee: soy muy de estructura y disfruto de la misma, no estando obsesionada con encontrarla sino al notar que el escritor o escritora, saben hacia dónde van, cómo quieren continuar y que quiere resaltar al final. Y Pérez Zúñiga piensa lo que escribe y ejecuta una excelente tarea de ficción que parece real y viceversa. Las cuatro partes son cuatro por algo y ya lo iremos descubriendo a lo largo de la deliciosa lectura.

2. Sutil e inteligente: el escritor confirma que menos es más y que las insinuaciones son las hijas naturales de todo buen discurso literario. Nos deja que a placer recorramos las sendas de los y las protagonistas, no nos da “todo mascado” y se agradece que a los lectores nos traten como adultos de vez en cuando, así que, grazie mille por regalarnos una magnífica historia sin condescendencias o reparos a un posible lector medio o enrarecimientos derivados del bien quedar y el escribir para todos.

3. La historia desde el principio es cautivadora: una aventura propuesta por un loco y otro loco que lo sigue por beneficio propio y… bueno, recuerda mucho a la famosa frase de Star Wars, esa de “¿Quién es más loco, el loco, o el loco que sigue al loco?” , porque es locura querer recuperar el pasado, ser decente y todo lo que encontraremos bello, ideal, real y temible en la novela, preñada de sorpresas y giros.

El marco es la España de la posguerra y dos personajes que se internan en el país donde podían matarte si no pertenecías al régimen o había sospechas de que que renqueabas.

4. Los temas: la miseria, la verdad y la mentira, el rencor y el odio, el amor y sobre todo, el constante uso de la memoria, el recuerdo y la nostalgia. Nada nuevo, ya ven, pero precisamente ahí es donde demuestra un escritor si la solvencia de su escritura es capaz de conmovernos, no con temas nuevos, sino con los elementos de siempre, renovados y capaces de hacer saltar en pedazos nuestras expectativas.

5. El mundo onírico: creo que merecería una reseña aparte los sueños que aparecen descritos en la novela. Puro goce, pura necesidad, el carnaval de los sentidos. No digo más: disfrútenlos porque las epifanías son para ello.

6. Mucha maestría en las transiciones de escenas y sobre todo, de personas: de la tercera a la primera y viceversa, el autor nos lleva adonde quiere y cuando quiere, sin brusquedades ni partes que nos desorienten.

7. La sensibilidad y elegancia vs lo tremendo: no es fácil desprender ternura en una narración que trata sobre años tan duros y de tanta miseria, hambre y desesperación.

Sobre todo el silencio. El gris. El miedo.

Y además hasta dónde se llega por alimentar a la familia: impresionantes insinuaciones que nos dejarán con la boca abierta, porque lo “no dicho” por Pérez Zúñiga es mucho, es un coto muy amplio: un espacio que podemos rellenar nosotros y así, el autor nos convierte en protagonistas directos de la obra. Impactante resultado, ciertamente, el logrado por las artes narrativas.

8. Interesantes paralelismos como el de la vida, pasión y muerte de Cristo. Un escritor con un olfato así, no duda en recurrir a la historia sagrada de nuestra cultura para proteger del vacío a sus personajes aportándoles más consistencia en nuestra memoria.

O el que se mantiene con el cine durante toda la historia.

O con Hamlet; o con Manrique: pura literatura.

En fin, hay mucho que decir: estos comentarios son, como siempre, para animar a la lectura de este gran libro.

Leamos: ya que No cantaremos en tierra de extraños, que al menos la lectura sea familiar y que Pérez Zúñiga sea uno de nuestros novelistas de cabecera.

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No cantaremos en tierra de extraños, de Ernesto Pérez Zúñiga