Siempre soy cualquiera: a propósito de ‘Esta bruma insensata’ de Vila-Matas

Enrique Vila-Matas, Esta bruma insensata, Seix Barral, 2019.

Contar algo a estas alturas de Vila-Matas es casi una imprudencia. Decir algo original porque ya sabemos que el escritor es capaz, como decía Fresán, de hacer que sus obsesiones pasen a ser nuestras desde el momento en que abrimos el libro, leemos la primera frase del artista citador –ya hay que tener confianza en que todo sea normal, para que haya un citador que sea artista- y descubramos que lo anormal es lo que no entra entre páginas y párrafos cuyas líneas expresan la amable concupiscencia de la literatura.

Porque de lo que se trata, entre florestas que no existen y fuego fatuos de Barcelona y provincia, es de insinuar que la lectura es tan importante para la formación de personas e individuales pensamientos que siempre estará la literatura: qué importa quién y cómo y cuándo y por qué.

La literatura sobrepasa al arcipreste de Hita o a Cervantes. O no se habría escrito nada sin citarlos.

Santa Teresa habló de la confianza y la fe viva y que la gloria del mundo es vana: nada más cerca, al leer a Vila-Matas, a veces. Nada más lejana de su impostura. La grandeza de la literatura es confirmar que otros mundos son posibles, que la fe existe en Pynchon y qué, preguntamos, si Pynchon no existe pero alguien creó lo que leemos, ¿no es así como formamos mitologías y héroes y heroínas y nos colocamos en la posición del otro como lectores al comprobar que la experiencia lectora es una, personal e indiscutible para probar que entendemos la historia, que somos parte de ella y que al final, si hubiera solo uno, podemos compartir el trofeo?

Pero qué trofeo, parece contarnos Enrique Vila-Matas. ¿Hay algún premio en comprender que nuestra historia o la de otras personas sobreviene gracias a la invención, la memoria y que la ficción compone y desentona esa memoria y esas invenciones que tanto bien nos hicieron?

Vila-Matas estructura una ficción desde cero. Al menos nadie soporta, por gusto literario, la presión de componer un agónico y bellísimo canto a uno de los escritores más invisibles pero presentes del momento como lo hace el catalán.

Vila-Matas sigue, como siempre que abrimos al azar una página cualquiera de sus libros, provocando la curiosidad, las ganas de leer, el sentimiento de querer seguir leyendo por si alguna vez se le ocurre a alguien escribir —y ya aventuro, que la osadía se convertirá, como casi siempre en humildad—  que se plantee la laboriosidad de ser escritor, el encuentro con la más experimental serendipia y tener la capacidad de oh, sí, trasladarlo a lenguaje literario, con las precisas herramientas y de verdad, de verdad, creernos absolutamente que Vila-Matas no existe, que siempre ha sido traducido por otra gente, que, en definitiva, llegan manuscritos de Nueva York a Barcelona, vía, cómo no, Layetana, Florencia, Manhattan…

Importa algo si ‘Esta bruma insensata’ es una más, de las vilamateces geniales…

Siempre soy cualquiera: a propósito de ‘Esta bruma insensata’ de Vila-Matas

La entreplanta, Nicholson Baker, La navaja suiza

Nicholson Baker, La entreplanta, traducción de Ce Santiago, Madrid, La navaja suiza, 2018.

Este será un libro muy especial para quien se anime a leerlo. Así que no me limitaré a hablar únicamente de lo que es, una novela, sino de la edición y la traducción y el prólogo.

Digo que es una novela por acotar: es mucho más, pero para empezar con orden y concierto, empezaremos por la edición: La navaja suiza, sus integrantes, tienen un gusto exquisito y es un placer tener un libro de la editorial en las manos. Cubierta y contracubierta ilustradas, a dos colores —alguno más hay intermedio— al igual que entre el título y el autor: negro y verde predominan sobre los grises. Además, tras las páginas de cortesía y una falsa guarda verde, en realidad es una hoja, ya que no llega a ser guarda, pero parece acompañar perfectamente el diseño del libro, por el color. Y justo antes la portada, Laura Moreno realiza una magnífica ilustración del autor -parte izquierda del rostro- que se repite al final -parte derecha de la faz- sin ser el mismo gesto.

Así que ya tenemos algo bastante importante y aún no hemos entrado en materia: ¿o sí? Por supuesto: tan importante es la estructura externa de un libro como la interna, lo agradable y gustoso que es disfrutar de la vista, el tacto… que hacen que lleguemos a aspirar las cubiertas del libro, y nos preparemos para su lectura, es fundamental como entrada a esta joya.

Esta edición de ‘La entreplanta’ de Nicholson Baker, viene precedida por ‘And yes I said yes I will Yes. Siete notas sobre La entreplanta’ de Patricio Pron, casi nada. La frase, nos recuerda este autor es la que dice Molly Bloom en el Ulises, y despierta el afán por la disposición que hemos de tener para enfrentarnos al arte, en este caso, la literatura. Es muy potente esta parte escrita por Pron, como no podía ser de otra manera y da una lección magistral sobre cómo introducir un libro sin reventarlo. Es mejor leerlo, claro, pero apunto algunos temas que siempre me han interesado: el argumento, la forma, la conciencia que se contradice a sí misma, la obra literaria como tal ¿qué necesita para serlo?, la crítica literaria y su trato a Nicholson Baker, en fin, un conjunto de cuestiones fundamentales que Pron acerca a nuestros ojos.

La novela. Ah sí, la novela: la novela, ese artefacto narrativo donde prima todo lo narrativo, acción, reflexión -aunque parezca que me contradigo-, diálogos… se ha hablado tanto y escrito más sobre el género, que no hay nada como un libro parecido a este para desmentir todo, divertirse de lo lindo y asombrarse -creo que es lo más destacable de su lectura- cuando el autor se plantea algo. Porque es un planteamiento de planteamientos el libro: dudas, preguntas, aseveraciones para ser cuestionadas, negadas o vueltas del revés. De hecho, muchas de las sorpresas que el libro tiene reservadas para quien lo lea, es la historia de la evolución moderna que más o menos habremos vivido todo el mundo. La aparición de cosas, objetos, enseres… y las actitudes que acompañan a esas cosas, diferentes, totales, parciales… que hemos tenido o no, serán los puntos fuertes con los que Baker no deja de hacerse/nos preguntas. Cómo ha cambiado todo, desde una melancolía a ratos irónica y siempre lúcida, con esa conciencia que se contradice -que ya advertía Pron- y que, oh, sorpresa, nos añade información como quien no quiere en las notas a pie de página -otro punto fuerte según el escritor que introduce la obra-.

El detalle por el detalle, la minuciosidad con la que Baker nos coge de la mano y después nos suelta y somos, quienes lo leemos, quienes queremos seguir de la mano de ese guía, para no perdernos, hasta que descubrimos que no importa, no importa la trama, el argumento, porque lo realmente sagrado es la palabra. Encontramos analepsis (flashbacks orgullosos de serlo) que nos llevan a un tiempo que inmediatamente se utiliza para hablarnos del presente, compara ambos momentos y decir si la cosa ha mejorado (la Historia, nuestra historia, cualquier tipo de historia paralela o circundante al objeto o a lo que se le venga a la cabeza al protagonista) o ha empeorado, si nos hemos dado cuenta de su mejoría o su empeoramiento y todo esto, con una cantidad de detalles, como decía, que forman por sí solos el estilo del autor, al menos en esta obra.

El papel, el plástico, el medio ambiente. Las tiendas, el instituto, los hogares. Está todo porque de todo se puede escribir al tener esa mirada: la mirada curiosa que observa, fotografía, decide escribirlo a través de un discurso literario y llega la conciencia y promueve descargas en forma de recuerdos, o aprovechar la sabiduría y los hechos actuales del narrador.

Si nos fijamos, por decir algo apasionante pero no necesario para disfrutar la historia [(¿qué historia? -diría alguien-)] es esto mismo que he tratado de reflejar, sin conseguirlo, porque no es una nota a pie de página el primer signo, el corchete, que he utilizado: en algunas partes, Baker es capaz de inaugurar un segundo nivel, que a su vez tiene un tercero, que se completa con un cuarto nivel narrativo. Y se entiende. Ya digo, algo sorprendente y que exige ser celebrado, pues nos hunde o eleva en diferentes lugares, para extraer pepitas de oro literarias y regalárnoslas.

Tengo decenas de notas. Creo que mejor leer este libro, es una aventura, una apuesta y una alegría. Un personaje, definido por un pensamiento recurrente del que nos hace partícipes (quiere pensar más, y mejor) no es para abandonarlo a su suerte.

Termino felicitando a Ce Santiago -gesto que no creo que le haga falta, pues sabe qué ha hecho, qué ha conseguido: pero es impresionante-: no soy experto en traducción pero las palabras que coloca el traductor al final de la novela, son precisas, hermosas y de enamorado. Enamorado del arte, la literatura y el compromiso con los lectores y lectoras que se acerquen al libro.

Me quedo con lo de que al acabar la traducción, Ce Santiago tuvo “agujetas mentales”.

Qué grande.

La entreplanta, Nicholson Baker, La navaja suiza

Entrevista a Agustín Márquez: sobre su novela ‘La última vez que fue ayer’, en Candaya.

De conversación amable y carácter conciliador, las ideas muy claras sobre lo que se nos ha venido encima, Agustín Márquez es y noes, como él mismo dice en la entrevista, muchas cosas: escribidor, ingeniero de telecomunicaciones, creador junto a otras dos amistades literarias la Editorial La Navaja Suiza…

Cuando iba a salir esta novela, en Candaya tuvieron que “fabricar” más ejemplares antes de la primera presentación porque lo había vendido todo. Su novela ‘La última vez que fue ayer’ es literariamente de una potencia salvaje a ratos, divertida y tierna: el barrio manda y los personajes crecen, viven y aman en él, como buenamente pueden.

-Agustín, muchísimas gracias por aceptar esta especie de entrevista. ¿Te parece empezar contando quién eres y a qué te dedicas?

Ahora mismo soy y no soy muchas cosas, tal vez demasiadas. Soy ingeniero de telecomunicaciones, y a ello me dedico. Por otra parte, soy uno de los editores de La Navaja Suiza, un proyecto que comenzamos hace dos años y medio, en el que vamos publicando basado en nuestros gustos lectores, por eso publicamos tanto en castellano como traducciones. Y por último, de momento no me atrevo a decir que soy escritor, al menos por ahora, prefiero decir, como dice mi sobrino, que soy escribidor. Por supuesto, esto que digo ser no está en orden de importancia.

-Cuéntame cómo se da el paso a dedicarse a las letras, tener un blog, fundar una editorial, publicar una novela… ¿qué te queda por hacer?

Me quedan por hacer muchas cosas, casi todas. Esta es la suerte que tenemos, que podemos hacer innumerables cosas e interesantes. Pero por no salirme por la tangente, lo que ahora mismo me queda por hacer, o más bien, lo que quiero hacer es dar continuidad a mis proyectos de letras, tanto al de escritura como al de edición.

-Alberto Olmos en Zenda hace poco te ha realizado una entrevista en la que comenta la tardía publicación de tu primera novela, respecto a las edades y formación de otras figuras literarias: es importante leer, formarse, conocer… ¿no te da la sensación de que la prisa y la fama acompañan demasiado a la literatura última?

Lo de la fama… creo que es un error hacer algo, ya sea escribir u cualquier otra actividad, pensando en la fama. Sobre las prisas, estoy de acuerdo contigo, hoy en día no solo pasa con la literatura, ocurre con todo, tenemos prisa, aunque si preguntásemos a las personas que para qué tienen prisa posiblemente no sabrían que contestar. Y no me refiero a las prisas para coger al autobús. Vivimos en un momento en el que a la gente les parece que esperan demasiado tiempo para que se caliente una Nespresso, o que ver un anuncio de treinta segundos de Youtube es algo inaceptable, cuando antiguamente nos tragábamos sí o sí entre cinco y diez minutos de anuncios. Esto que puede parecer una tontería, creo que afecta, y bastante, a la paciencia. Estamos aprendiendo que todo ha de ser inmediato, y si no es inmediato no es bueno. Creo que hemos pasado del utilitarismo al inmediatismo, es decir, es bueno porque es inmediato.

-Te lo decía también porque hay diferentes técnicas, perspectivas… en tu novela: y eso es algo que es premeditado, no por obra del espíritu santo o la inspiración (tan de moda también).

Posiblemente los genios tengan esa inspiración, pero los que no lo somos tenemos que echarle a lo que hacemos pasión y perseverancia. No veo que haya otra forma de conseguir algo.

-En la presentación de Granada, Alejandro Pedregosa y tú matizasteis que a pesar de ser una novela de barrio, con sus toques sociales, no solo es una novela social.

No está escrita con la pretensión de una novela social, sin ser esto ni bueno ni malo. Ahora bien, como la acción ocurre en un espacio y un tiempo en el que los cambios sociales fueron importantes, los temas sociales atraviesan la novela.

-La novela adquiere tintes duros de vez en cuando. La vida es así y te acercas al realismo pero el tratamiento es diferente, ya que utilizas el humor, la distorsión… ¿se acerca uno mejor a la verdad mediante la ironía y la hipérbole?

He intentado acércame a la realidad tal y como la recuerdo. Es decir, en la vida no existe la tristeza o la alegría de forma continuada, hay momentos alegres que a veces se ven interrumpidos por momentos tristes, y viceversa. Eso es lo que he intentado plasmar en la novela, esos momentos que considero auténticos.

-El anonimato de los personajes es fundamental durante la historia: ¿puedes contarnos algo más sobre tu intención al no nombrar a quienes desfilan por ese barrio?

La intención está relacionada con la idea subterránea, que es la del progreso. Si algo nos ha traído el progreso es la cosificación de las personas y la personificación de las cosas. Por eso, las personas no tienen nombre (incluso Yessi al principio era Chica A, pero decidí ponerle un apodo para que no pudiese haber confusión entre Chico A y Chica A), y los únicos que tienen nombres son el perro y el pez.

-Me interesó mucho escucharte hablar sobre el progreso: los barrios cambian, las personas mutan pero el futuro ¿es como nos lo imaginábamos?

Sería hipócrita decir que el progreso no ha traído cosas positivas; sin embargo, tampoco creo que el progreso sea la panacea, es decir, el progreso ha dejado en la cuneta a muchas personas que no han sabido amoldarse a la velocidad a la que el progreso avanza. Esto se deja entrever en un momento de la novela donde dice: «El barrio continúa progre- sando, como si el progreso fuese una máquina de apartar nieve, avanza a velocidad constante sin importar la nieve que se queda a los lados».

El arranque la historia promete…

-La educación es otro tema que apuntas mediante varios ejemplos en el libro: ¿podemos ser optimistas y pensar que leer, formarnos… nos puede ayudar a sobrevivir? ¿Está tan equivocada la gente que solo piensa en hacer negocio, que también aparece en varias partes del relato –para sobrevivir-, y ganar más y más dinero –por codicia o hábito?

Siempre he pensado que he sido (o soy) muy idealista con el tema de la lectura y la formación, pero cada vez estoy más convencido de que no es idealismo, sino que lo que pienso es así, es decir, leer nos hace ser menos manejables, menos moldeables, al menos, nos permite darnos cuenta, poco o mucho, de lo que están haciendo con nosotros. A veces en los medios o en los discursos de los políticos lanzan alguna frase a modo de titular que parece decir algo y en realidad no están aportando información, pero no nos damos cuenta. Creo que leer nos permite leer entre líneas y darnos cuenta de estos asuntos. Como digo, leer al menos nos sirve para ser conscientes de que nos están engañando.

-La religión en España es un tema candente que aparece y desaparece. Hay otras tendencias que amalgaman a los habitantes de una zona o una barriada. ¿El poder condiciona que nos juntemos, que tengamos reuniones y discutamos sobre posibilidades de mejora o son los condicionantes tan fuertes que al final no sirve para nada? Pienso en el 15M, sus consecuencias y los resultados de hoy.

El capitalismo es el poder de hoy en día y se enfoca en el individuo y no en el grupo. El capitalismo no podría sobrevivir sin las individualidades. Siempre cuento que en el bloque de vecinos donde crecí había una máquina taladradora para todo el bloque. Ahora eso ya no es posible, porque el capitalismo necesita que cada uno tengamos nuestra máquina, si no, el capitalismo no se sostiene.

-Todo lo que cuentas, en mi opinión, está convertido al lenguaje literario: utilizas metáforas, imágenes, descripciones divertidísimas… pero no dejas de comunicar en ningún momento. ¿Qué referentes tienes para construir tu discurso literario sin apartarte de la comunicación?

Me gusta mucho Ángel Gabilondo, el filósofo. Como político no puedo opinar mucho sobre él, pero como comunicador me parece excelente y para mí es un referente.

-Nos ofreces un compendio de ‘El perfume’ parece: ¿puedes decirnos por qué es tan importante el olfato en las vivencias de los personajes?

Creo que tengo un trauma con el olfato, y eso hace que este sentido sea muy importante para mí, fundamental, por eso introduje ese trauma en el narrador de la novela. Aparte, el olfato me hace rememorar situaciones que no consigo con otros sentidos. El olfato es un sentido muy intenso, para lo bueno y para lo malo.

-Esa deshumanización que en algunos momentos muestras, mediante el olvido, los cambios de los lugares y las metamorfosis personales… ¿crees que ha concluido o está en proceso? Pensaba en Boris Vian cuando animaba objetos y el punto de vista cambia de la persona al objeto: ¿el supuesto progreso nos permite la contradicción de conceder más importancia a las cosas que a las personas?

Pues de momento creo que vamos a más, así que no creo que haya concluido. Cuándo concluirá, espero que pronto.

Contraportada

-Añade si quieres algo más, Agustín, como si tienes futuros proyectos tanto de La navaja suiza, tu editorial o si hay algo ya rondando en tu mente como autor.

Como autor ando metido en un segundo proyecto, que tenía más o menos centrado, pero ahora se me ha metido un narrador en medio que va a cambiar un poco el texto. Esto es algo que me gusta mucho, para mí es lo bonito de escribir, cuando el propio texto vuelque tus ideas.

Sobre La Navaja Suiza, en septiembre publicamos la primera novela de William H. Gass, La suerte de Omensetter. Nunca he dicho de nuestros textos que sean obras maestras, más que nada porque tengo mucho respeto a utilizar este apelativo sobre cualquier texto, se utiliza demasiado a la ligera; pero en el caso de La suerte de Omensetter, tengo que decir que es una auténtica obra maestra.

En octubre vamos a publicar a una autora novel de nacionalidad ecuatoriana, Natalia G. Freire. Su novela tiene por título Nuestra piel muerta. Es una obra breve, pero tiene embrujo y unas imágenes vívidas que te dejan poso. En cuanto la leímos los tres tuvimos claro que queríamos publicarla.

-Gracias por tu tiempo, Agustín, y muchísimo ánimo con lo que te propongas.

Entrevista a Agustín Márquez: sobre su novela ‘La última vez que fue ayer’, en Candaya.

Los insignes, (o no tanto) de David Pérez Vega

David Pérez Vega, Los insignes, Sloper, 2015.

Qué felicidad se esconde en estas páginas: la cara de, lo dice todo

Si es que al final, de eso se trata: de reírnos de nosotros mismos.

David Pérez Vega es poeta y novelista y alguna que otra cosa más, y se le nota. Ferocísima y dulce crítica la que hace al mundo de la cultura, centrada en la escritura de poemas, en el mundo de la lírica actual y pasado porque como diría Javier Krahe, cualquier tiempo pasado fue anterior.

Un poeta verdadero, o así se siente él, entabla comunicación y amistad con Kim Jong-un. Y esta es la premisa para repasar unos tiempos grises y oscurísimos sobre nuestra concepción de lo que es la literatura, y como decía antes, la cultura en general, plagada de pobreza crítica, mucho ayuntamiento carnal y primate (de primos/as) e intereses extraliterarios.

Y con un fino sentido del humor que provoca a quienes leemos esta novela, maravillosamente estructura entre una inverosímil relación, el buen carácter de un dictador y las penalidades de un poeta exquisitamente poco atractivo, pero preparado, leído y con ganas de triunfar como el que más, merecedor de coronas y laureles que no llegan pero que nos suenan.

La facilidad que Pérez Vega tiene de componer un drama es apabullante, la verdad. Nos -me- invade raudamente la vergüenza al reconocer ajenas formas y reacciones propias en esto de escribir. Y una envidia poco sana al reconocer a un buen novelista que es capaz de transportarnos al otro lado de mí mismo, es decir, reconozco la calidad de lo intentado, que llega a ser un triunfo de la aparente sencillez y pocas ínfulas que el escritor tiene, comparado con el narrador, el protagonista de la historia y su compañero de fatigas.

Muy recomendable lectura para quienes quiera saber de qué va la película lírica que nos obligan a ver en el cine de la actualidad cultural. Y me atrevo a decir que el arco de edad para leer estas páginas es muy elástico, algo que no es fácil de hacer si tenemos en cuenta que lo que quiere comunicar Pérez Vega es una desazón que podemos sentir desde tempranas edades -cuando vemos que la suerte en premio o publicaciones de nuestro amigo avanzan, como avanzan sus visitas al despacho de, o la casa de, pero no sus calidad de sus versos- o ya mayorcitos si lo que queremos es tomárnoslo como una radiografía divertidísima de lo que nos esperará cuando crezcamos. Más de un/a artista se sentirá reconocido/a.

Y es que somos “unos artistas, todos”, como decía un amigo de Cádiz: o como decimos en Granada, que “hay más Lorcas que panes” y no leemos a Federico. En fin, Bolaño, los poetas chinos y españoles, poetas hispanoamericanas, la decadencia y un pasacalles surrealista de editores, hacedoras de versos, supuestos escritores y otros seres del sinvivir poético que componen un mosaico que despierta simpatía y pena, miradas crueles y sensatas, paradojas entre el bien y el mal y las eternas preguntas que nos hacemos todos los días, algunas como las siguientes:

-¿vendería yo, poeta puro que no me vendo -ni vendo veinte ejemplares de mi último poemario- vendería yo, pregunto, clamo al cielo, a mi madre por un premio literario? Mejor no contestamos.

-¿recomendaría a mi amigo si es mejor que yo a una editora que me propone publicar un par de poemas en una revista extranjera?

-¿se contribuye desde las editoriales a forzar un tipo de lectura para mantener a flote una empresa?

-¿es la autoedición digna y sabemos qué hacemos al mencionar a JRJ o a Lorca?

-¿puede alguien contar con tanta gracia la desaparición de Kafka de la historia de la literatura?

-¿la corrupción moral es inherente al ser humano; al español y al mundo de la economía, la cultura…? ¿en cualquier ámbito está normaliza la corruptela?

-¿dudamos sobre la limpieza de los premios?

-¿sinceramente es para tanto escribir libros?

A leer, malditos seres hermosos que disfrutáis con la lectura: horas de diversión y reflexiones os aguardan tras la carita feliz del amado y supremo líder.

Y no, no sabemos quiénes serán esos insignes de los que nos habla el señor Pérez Vega. La risa nos impide hablar a veces.

Gran frase de contraportada
Los insignes, (o no tanto) de David Pérez Vega

Juan Soto Ivars, Crímenes del futuro

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Juan Soto IvarsCrímenes del futuro, Barcelona, Candaya, 2018.

 

Con el paso de los años, las democracias languidecían víctimas de la corrupción de la casta política.

¿Se puede ser injusto al nacer? ¿Podemos pretender arreglar el mundo desde nuestra posición sin contar con el azar, la sociedad y el orden establecido? ¿Sirve de algo siquiera la idea de organizar el caos que por definición encontramos cuando somos conscientes de dónde estamos?

Preguntas que sugiere el libro de Soto Ivars. Más que afirmaciones, interrogantes también sobre la propia función de la novela: ese género que es ficción pero no tanto, el género de géneros que sirva a la crítica social actualizada; conocemos el constante uso de personajes femeninos o esas extremadas voces de alrededor -una en concreto- que nos interpela a lectores, personajes y a sí mismo, parece: el autor se opone a su propia función, cuestionándose lo dicho y el espacio de lo nombrado, sabiendo desde dónde escribe siempre pero replanteando dicho lugar con alteraciones como los flashbacks, la memoria de los personajes femeninos y la utilización de ciertos tópicos que fragmentan el yo masculino e impregnan el yo femenino; como si quien dijera fuera el extraño o la extraña y no a quién se dirige ese mensaje.

Ya digo que son impresiones tras la lectura y la revisión del libro: notas hacia una mejor comprensión de una novela, formada por tres libros donde el papel de la mujer -de las mujeres: opiniones, historias, recuerdos y fragmentariamente felices momentos-, es indiscutible.

¿Quién cuenta la historia? ¿Quién la continúa? Y ¿quién la cierra?

Pensar que alguna de estas tres preguntas es fácil, quizá nos lleve a equívocos. Pero la última, si nos atreviéramos a responder a alguna, sería la más digna de todas -la respuesta, no la pregunta, que es como otra cualquiera-: esta novela la cierra el posterior trabajo de recreación de lector; las construcciones en las pistas que da Soto Ivars pero no completas que ha de realizar la lectora. Hemos de acompañar el cierre de esta función con aplausos, por el arte, y con suspiros mentales, por el trabajo que nos toca hacer tras la lectura; nadie dijo que el trabajo lector fuera fácil, para eso creo que ya está la tele, y en concreto ciertos aspectos de ella, ciertos programas que podemos matizar cuando queramos no pensar, desconectar y olvidarnos hasta de nuestro cuerpo, nuestra mente y perder la empatía totalmente: ahí están las páginas y vídeos, sin entrar en la deep web, que nos reventarán expectativas y sensibilidades medias.

De todas maneras, el libro contiene bellezas como el cante y su expresión ya que la literatura y la música se dan la mano: el libro está lleno de coplas y canciones, de citas musicales que reverberan más allá de la lectura primera, como si el autor nos quisiera guiar de otro modo, algo más dulce que sus premonitorias visiones sobre cómo se nos va a quedar el patio que ya estamos viviendo, o tenemos sensación de vivir algunos días: corrupción en todos los ámbitos y moralistas que hacen de la corrupción un traje a medida para vestir en cualquier ocasión y llamarnos estúpidos.

Lo que quiero señalar es que la violencia está por todas partes. Controlarla es imposible.

Facciones, política, revoluciones y guerra.

Olvido, feminismo y posesivos.

Tarea difícil catalogar este libro pero así ha de ser con lo que se sale y permanece al margen de lo esperado: nos mueve y saca de la zona de comodidad y a veces, nos indignamos con quien narra y las más, con lo narrado: la pasividad, el esfuerzo por denigrar la memoria de quien se empeña en que no haya movimiento: la vida misma pero hecha literatura.

Arden los templos de tal manera que el amor se diluye entre odios de caverna y sensaciones de aproximación a la muerte de toda estirpe que al cariño le tuviera pasión y deseo: qué crítica del poderoso, de los medios de comunicación; que descreimiento de todo, Soto Ivars, personajes del narrador, lecturas poliédricas que el libro ofrece.

Juan Soto Ivars parece hablarnos al oído, recomendándonos prudencia y espectáculo: veremos que los milagros se producen para ser terriblemente olvidados. Como la justicia o el amor. Como la infancia y el sosiego.

Lean este libro: lean, lean malditas criaturas acomodadas estos Crímenes del futuro.

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Juan Soto Ivars, Crímenes del futuro