Un viaje solo para hombres: Raúl Ariza

Raúl Ariza, Un viaje solo para hombres, Barcelona, Versátil, 2017.

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Digamos que contamos en la primera página de una novela el argumento principal de la misma, la trama, los personajes, el futuro de la historia: convirtamos todo el libro en una gran anticipación y aceptemos el reto de, además, no aburrir a quien se adentre en el libro.

Pues eso consigue Ariza en 190 páginas tan ágiles como literarias, un envidiable libro, una envidiable retórica y un pulso narrativo que no decae en ningún momento.

Para los amantes de las buenas novelas, desde luego, esta se encontrará entre las que antes devoren. Lo tiene todo: literatura, testimonio, ficción, su “mijita” de metaliteratura y la auténtica droga que Ariza “cocina” en su trastienda mental y novelística: el interés, la curiosidad, las ganas de conocer al héroe o antihéroe, a las heroínas -que no hay pocas- a los falsarios que aprovechan los mass-media para constatar al cien por cien que la mediocridad ha llegado invadiendo hasta la privacidad de la muerte.

Estoy tentado a escribir que la realidad de esta historia… y sé que me equivoco; o que la ficción de la noticia… y me equivoco también.

Por ponernos en antecedentes y hablar algo de los pocos artificios que maneja el autor y exhibe -porque posee muchos y hermosos, pero no se notan: esa es la buena literatura-, Ariza nos cuenta que un amigo suyo, Jorge Canal, quería escribir la historia de un hombre sobre el que nos cuenta en la primera página que acaban de detener por asesinar a su esposa y secuestrar a su hijo. Así. Primera página. Y Ariza está ahí, es el autor, o el coautor; en fin, ficción sobre la ficción, audaz, veloz, detallista, entretenida.

Los recuerdos de Capote. Los de Milan Kundera. Las citas que el autor nos obsequia. El mundo que aparece, los mundos que desaparecen: parece que Ariza no quiere hablarnos de nada y no deja de hacerlo, pues las múltiples referencias al cine, la propia literatura, la música, la arquitectura, las noticias y los medios, el machismo, la psicología y el psicoanálisis, las relaciones personales… todo entra en el libro y todo sale de la cabeza pensante del autor, a través de personajes que se van definiendo por sus acciones y palabras, mediante unas descripciones hermosísimas que entonan una melodía de la transparencia hacia la visualización de lugares, personas o sentimientos.

Cómo describe los ojos, su color: un ejemplo es el verde nazarí que consigue.

Cómo nos recrea el físico de la algunas mujeres, la turgencia de los pechos femeninos haciéndonos recordar a Fellini.

…viste de blanco, con una falda corta por la que asoman unas piernas casi eternas que, ante los impúdicos ojos de Jorge, brillan bendecidas por las últimas luces de la tarde que entran por el ventanal del vagón…

El erotismo, las pulsiones, los celos y toda una gama deseosa y deseante de elementos que atraviesan pechos y frentes de los personajes, tanto masculinos como femeninos.

…y las ganas de un encuentro que tenía un mucho de buenos deseos y un todo de carne y sudores…

¿Por qué los son importante los personajes femeninos en esta novela de Ariza? Porque son los que aguantan una buena parte de la trama: todas las mujeres que aparecen son duras, resistentes al destino, de metal afilado para rajar la carne del otro si hace falta y si por casualidad, el otro olvida hasta dónde se puede llegar, es decir, si el respeto sufre lo más mínimo.

Cómo nos cabrea al recitar de memoria la letanía de los hombres asesinos de mujeres que no empatizan ni con el aire que respiran.

Y cómo nos maravilla la delimitación tan perfecta que realiza el escritor del tema: sabe qué, cuándo y como contarnos para convencernos, como decíamos antes, con su pizquita de magia retórica que solo veremos los que seamos como algún personaje o nos obsesione extraer detalles para compartir y animar a los demás a que lean este libro, encuéntrenlo y compartan la historia, relean, busquen e investiguen.

Es el libro de cuya lectura no se arrepentirán.

Contiene decenas de pasajes memorables y temas para no olvidar: no hoy: nunca. Como el respeto entre las personas. Como lo miserables que podemos llegar a ser.

Es un gran viaje el planteado por el escritor y quizá de difícil andadura y aceptación para algunos. Ellas nos lo harán entender rápido. O forman parte de nuestra vida con todas las consecuencias o nuestros errores nos llevarán a un mal camino. Muy malo. Pésimo. De pesadilla. Y viceversa: nosotros también tenemos que estar ahí. Parece obvio pero ya sabemos las estadísticas de mujeres asesinadas por hombre en estos primeros meses de 2017 en España.

Para esto, cómo no, para recordarnos quiénes somos y lo que mejoraremos o no, sirve la literatura. La buena literatura. Como por ejemplo, un dos tres, responda otra vez: Un viaje solo para hombres de Raúl Ariza.

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Un viaje solo para hombres: Raúl Ariza

Tomasito en Granada

En el Boogaclub, Bendito. Y Tomasito.

Una mezcla impredecible, un directo rotundo: BENDITO sea haberlos conocido. De Málaga directos a la gloria, o a Graná. Rock, rumba, reggae… ciertamente este grupo lo absorbe todo.

Y entró Tomasito: no digo nada nuevo si el compás, si el ritmo, ni siquiera puedo decir que entienda lo que hace Tomás Moreno Romero, Tomasito, pero engancha. Engancha como los músicos que lleva. Ellos son el soporte vital que el maestro del arte consigue a su lado. Fundamentales.

Tomasito es puro ritmo. Aclaremos términos: Tomasito es fuego, las llamas lo engrandecen. Son buenas piras, conociendo lo que la Inquisición exige.

‘Ciudadano gitano’. Ahí es nada: recoge lo mejor. Y como dice en directo: hay temas que son de los noventa, “no los podéis encontrar en internet… todavía”.

Se mueve, quiere escaparse mientras canta, es un hombre con reptiles en las entrañas… es un arte, indefinible a veces, en movimiento. El sonido de los zapatos, las palmas, el bajo, las guitarras, los golpes de la batera… y cómo marca la batera dónde están los ciclos, las palmas, los silencios, y cómo nos ha movido él a todos y todas… Tomasito…

Repaso de coplas, repaso de éxitos noventeros que no lo fueron hasta ahora que parecen más que dignos: ‘África’, por ejemplo. O ‘Bandolero’. Pero vamos a lo que vamos: el homenaje, como él dice que le gustó a Rosendo con ‘Agradecido’, eh, no tiene precio; o su ‘Back in black’ de AC/DC.

Aquí ha entrado con ‘Al abandono’, nos puso más de pie de lo que estábamos. Y redondeaba las coplas con el grupo como quería: ‘Oh mare’, ‘Quema quema’, ‘Soy un limón’ o ‘La cacerola’. Con los primeros compases de ‘Camino del hoyo’ parece que los dioses nos dijeran: “sí, esperpentos: resucitad y moveos, carajo”.

Tomás Moreno es virtud y economía del lenguaje artístico: en el escenario -el que le pongan, lo hemos visto más de una vez- sabe moverse y lo fundamental: sabe mover a los granaínos como a los malagueños y presumo, a los y a las de más allá.

Es una alegría.Rebosa felicidad, la transmite: y eso es muy importante. Se lo pasa en grande y hace que quienes lo escuchen vivan agradablemente la comodidad. Sus músicos son una maravilla para los oídos y qué más. Suena a que cobro pero coño,  si quiere alguien pasarlo bien y Tomasito pasa por su ciudad: de verdad, no lo duden.

Hay cosas que pasan una o dos veces en la vida.

No digo que Tomasito sea una de ellas.

Pero ahí lo dejo.

Por si acaso.

 

Tomasito en Granada

Snail Bounce: potencia musical

Por si todavía no los conocéis: mañana lunes vuelven a tocar en Planta Baja, el mítico pub de Granada (resurgido cual ave Fénix) tras hacerlo ayer sábado en Bora-Bora.

Los Snail Bounce suenan cada vez mejor, consiguen una potencia efectiva y además, las canciones nos transportan, nos hacen sentir otro ambiente, otros lugares, son imaginativas y dios, qué batería, Sergio.

Ver en acción a Nino con su bajo es una gozada tanto visual como auditiva: se entiende a la perfección con la guitarra que Jose acaricia como si no hubiera un mañana al igual que Fernando pone la voz y también toca.

La verdad es que cada vez que los veo me gustan más. Ahí dejo unas fotillos: por ahí habrá documentos audiovisuales mejores porque ayer -como siempre- mucha gente grabó y fotografió a estos cuatro prendas musicales.

Snail Bounce: potencia musical

El Ávila II: una segunda casa en Granada.

Sé que es una obviedad para quien me conozca un poco, decir que me gustan los bares, las tascas, las tabernas, los tugurios, los garitos…

Hace ya años, conocí el Bar Ávila donde se citaba uno de los mejores grupos de poetas de Granada, a quienes tuve la suerte de conocer y mantengo todavía en la nómina de amistades: entre ellos se encuentran los poetas Enrique Morón, y Fernando de Villena, estuvo el entrañable Juan J. León y también el novelista Gregorio Morales o el editor de Port Royal Ángel Moyano, José Ortega Torres, José Gutiérrez, José Rienda… el mago Miguel Aparicio o el librero y anticuario Ignacio Martín Villena… en fin, hubo más, como hoy los hay pero cito con los que más me relacioné yo.

Por aquel entonces, hace ya veinte años, Juanmi no trabajaba allí, pero unos años después sí. Yo conocía a sus padres pero era joven y tímido el que escribe y era un saludo simple el que cruzábamos.

Hoy, Juanmi lleva el bar Ávila II, sigue poniendo el mejor jamón asado de Granada -como sus padres- y es un personaje a tener en cuenta: sincero, claro y directo, como le toques mucho la moral te mandará adonde picó el pollo en un abrir y cerrar de ojos. Ah, y la nueva generación, su hermano Fernando aparece de vez en cuando, cuando se escapa del Ávila para tratar de sosegar los encendidos ánimos de los clientes que colapsan el Ávila II.

Pero esto -carácter o gentío- que no amilane al personal: el otro día, precisamente hablábamos de la malafollá granaína y realmente Juanmi -cara simpática, currante como el que más y metralleta de chistes andante- no cuadra en las esquinas de este nuestro tópico: como tampoco quienes le echan una mano, Gonzalo y Emilio, Emilio y Gonzalo que son como los serviciales y divertidos lugartenientes del jefe, los que organizan y a quienes os tenéis que camelar para que os busquen una mesa si no conocéis a Juanmi o está -como es costumbre- ocupado. Aunque nadie os asegura que estos lugartenientes estén descansando u os puedan guardar mesa ya que si no llegáis pronto -a la una a mediodía, a las ocho por la tarde…- tendréis que estar en una mesa alta, en la barra o en segunda o tercera fila, que la verdad, para lo que nos vamos a encontrar, tampoco es mala opción.

Todo escrito desde el cariño. Se nota, ya, que diría aquella. Se me ve el plumero que diría aquel. Y la verdad, a mucha honra: me siento cómodo en este sitio, en compañía, solo, a horas intempestivas o en su justo momento. Así te tratan cuando te conocen, así los tratas cuando los conoces

Una tapa de jamón asado, otra de rejos (patas fritas de calamar) con guarnición de col (cuyo secreto es su sabor), la carne en salsa o la ensaladilla rusa… ricos platos y populares. Las croquetas de cabrales, por ejemplo, son una delicia si nos gusta de vez en cuando saborear algo cremoso y como sabemos, intenso. De la cocina se encargan Serafín y Nono, que si uno tiene nombre de ángel, el otro de Papa noveno y es que este símil religioso me sirve para ilustrar la baba que se me cae cuando diez o quince minutos antes de llegar al Ávila II, pienso en los celestiales manjares que me van a poner debajo de las barbas estos profesionales de la cocina.

Entre cervezas y tintos -o copas si ya es la hora- conocemos gente, música -sesiones privée, para qué nos vamos a engañar, que DJ Kinki muy de cuando en cuando perpetra-, historias extrañas y contadas con gracejo y además, nos podemos reír y quedar con amigos o amigas si estamos por el centro de Granada, ya que el bar se encuentra en la calle San Isidro: es una calle pararela a la de El Corte Inglés y la calle San Antón. Muy cerca, a dos minutos, por si alguien quisiera conocer el germen, está el Ávila también.

En fin, una selección de cervezas granadinas y de vinos de diferentes procedencias, amén de otras tapas por supuesto como comprobaremos en la carta, seguro que levantan expectación entre quienes no lo conozcan, asienten la certeza de los que probaron y no diga nada nuevo para los habituales del local.

Pero era una cuestión de honor y justicia decir -escribir- todo esto.

Y obviamente, está dedicado al Ávila y a Juanmi y Priscila (y a Emma), los ya nombrados (Gonzalo, Emilio, Nono y Serafín) y a los hermanos cuatreros Carlos y Andrés; a Elena y Hugo, mujer y niño del segundo cuatrero y claro, a Alejandro.

Ea.

El Ávila II: una segunda casa en Granada.

La vuelta al día de Hipólito G. Navarro

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La vuelta al día, Hipólito G. Navarro, Madrid, Páginas de espuma, 2016.

Es cierto lo que escriben de Hipólito G. Navarro: es de los mejores relatistas que se puede echar uno a la cara.

Había leído algunos cuentos suyos en antologías y me habían atraído, tanto por la técnica (o técnicas) como por los temas, las variedad de tono, el humor y cómo no, la imaginación y el uso de la memoria.

Este último volumen imprime en el lector, como saben hacer los mejores, los sentimientos de placer y pena: y es que el placer se va reduciendo conforme avanzamos en su lectura pues la pena de acabarlo nos embarga sabiendo que oh, sí, llega el fin cada vez más rápido. Pero gracias a la sabiduría del escritor, llegamos a la conclusión de que tendrá -seguro- una doble lectura.

Los cuentos y microcuentos que componen esta obra están muy logrados y trabajados: el mismo autor nos cuenta en el prólogo de dónde surgen, cuánto le llevó conseguirlos y cómo el editor le animó a darlos a imprenta. Una experiencia lectora de todos los colores: invención, supuesta autobiografía con una primera y terceras personas totalmente controladas, una ambientación verosímil y un puñado de personajes que retozarán cómodos en nuestra cálida memoria.

El último volumen de relatos de Navarro provoca tanto placer al devorarlo con fruición lectora, como pena al ir leyendo las últimas piezas y saber que hasta cuándo y por qué y cuánto falta para que llegue el siguiente libro de Hipólito G. Navarro y…

Un cuentista ya consolidado no necesita elogios gratuitos así que me conformaré con animar a la lectura del libro proporcionando unos cuantos ejemplos del buen hacer literario del onubense por si algún lector quiere leerlos: aunque mejor haría lo propio con el libro de Navarro.

Antes del que me mencionaré a continuación, hay varios relatos que por sí solos ya merecen la pena: pero en el conjunto hay uno, Los artistas cautivos, en el que podemos encontrar una técnica y un compendio de opiniones sobre el arte y la literatura que junto con la trama nunca olvidada, pueden hacernos disfrutar bastante. Quizá esa tercera parte sea la que más me ha llegado, además del último cuento “La poda y la tala de los árboles frutales” y el emotivo y precioso juego doble de “Tantas veces huérfano” y “Rifa” que me ha prendido en el corazón, emocionándome ambos -por lo que ya sabrá el lector cuando los aborde- como pocos relatos.

Qué gran verdad esa de los relatistas de que la síntesis y la elipsis son dos armas fundamentales, herramientas preciosas en la construcción de tramas e historias. Diría que este libro es un ejemplo de lo que todo buen cuentista ha de hacer, pero no creo que nadie pueda copiar a Navarro, como nadie puede imitar a Fresán o Vila-Matas o cualquier otro reputado escritor de ficciones más o menos cortas de hoy, ni de ayer. Se pueden copiar pero nunca, ya sabemos, será el mismo aroma de la copia que el que desprende el original.

Es muy atractiva la propuesta de Navarro, la verdad. El uso continuado de la memoria, los recuerdos que se entreveran con el presente -como el jamón de su tierra, Jabugo, Cortegana, Aroche… y toda la zona de los pueblos serranos de Aracena hasta Rosal, y de ahí el salto luso, con su geografía tan esplendente y su verde tan rotundamente esmeralda- y adquieren tonalidades melancólicas unas vetas mientras que otras se defienden de la tristeza del paso del tiempo con una alegría arrebatadora, enarbolando la bandera de un buen humor que se siente sincero y una ironía que trata de remedar los malos tragos infantiles o la desazón de la adolescencia y sus puñales amorosos.

El humor le lleva a escribir a Navarro, sobre la castidad de una monja de avanzada edad: ‘de las ansias por romper una doncellez digamos ya gran reserva por aquel entonces’ o la crítica sutil a la España de entonces cuando relata:

‘…a un tipo desgraciado le han robado un vehículo movido por tracción animal, un carro…’

… o en otro cuento dice que hay ‘un profesor nuevo que luce un bigote en la nuca de una cabeza bien brillante’.

Para terminar, no olvidaré el placer estético que sin duda provoca la cuarta parte del libro: el teatro -antes la música tiene otro cuento exquisito- y la observación como metáfora del ascenso y descenso vital, social… y el sexo, la pintura y la invención, como parte integrante de las ansias de vivir y perdurar que, al fin y al cabo, sea a través de los hijos o la literatura o el arte, o sin más, la memoria, es de lo que se trata.

Este libro, La vuelta al día, en el que los delicados y elegantes homenajes a los maestros que Navarro, como Borges -‘exhausta galería’- o Cortázar -desde el título- respeta y admira, es un libro memorable. Y por eso hay que leerlo, recomendarlo y hacerlo llegar por ahí, a los lectores y lectoras que quedan, que alguno habrá.

¡Lean, pues, malditos y malditas, lean a Hipólito G. Navarro!

La vuelta al día de Hipólito G. Navarro