Vergüenza: Raif Badaui comienza a recibir los 1000 latigazos en Arabia Saudí

No digo más. Que paren ya. Que entiendan que hay diferentes modos de pensamiento. Que no tiene por qué gustarnos la diferencia. Que no necesitamos alinearnos con el enemigo para comprender la heterodoxia: que la podemos contemplar sin degustarla.

Que liberen a Raif de esta tortura. Por que sólo pide que lo diferente se haga un hueco.

El título de este blog se hace cada vez más grave, porque además de no saber, no entiendo nada.

Pero nada de nada.

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Vergüenza: Raif Badaui comienza a recibir los 1000 latigazos en Arabia Saudí

Y lo que faltaba: el Papa de Roma, justifica la violencia

Y es que todo tiene un límite.

Eso dice Francisco en un avión, ante los periodistas: que todo tiene un límite. Pone como ejemplo al doctor Gasparri (grande amico): si este hombre insulta a la madre del Papa, puede esperar una respuesta violenta.

Charlie Hebdo no insultó a la madre de nadie.

Charlie Hebdo se ríe de la fanática condición del hombre: ese mismo hombre que vestido de blanco y elegido por las más altas instancias del poder macroeconómico que pulula por el Vaticano -y fuera de él-, ese imperio económico-inmobiliario-artístico que nos venden como el centro de la religión católica, y que no es más que otro monumento al poder, se dedica tras la figura de Francisco, como buen ente cristiano, a justificar las religiones que atentan contra la vida humana, recordándonos cuántas guerras por religión hemos tenido: pero no matiza cuándo fue la última, cuántos murieron, si hemos superado nuestra necedad por pelearnos por una idea, un concepto tan difuso como la fe, o si los cristianos curas pederastas no merecen la muerte pura y dura por los atroces hechos que a veces cometen.

Charlie Hebdo tiene que seguir publicando porque el mundo se gana a medida que adquirimos libertades individuales. Qué “hartura” de fe, religiones, credos y misas. Qué hartazgo de esperar lo que viene sin disfrutar lo que está sobreviniendo. Qué cansancio de hipócritas dirigiéndose, a paso aguardentoso y contando mentalmente las rentas, domingo tras domingo a lucir palmito.

Qué les importa a las autoridades eclesiásticas la fe. Qué les importa a los papas, cardenales, arzobispos y demás ralea religiosa esa gente que cree, que creía.

Para qué empezar un monólogo diciendo “creo que no se puede reaccionar de forma violenta PERO…” Qué pero. Dónde la otra mejilla. Dónde la libertad verdadera, dónde la expresión, dónde nuestra superación de obsesiones, rituales y sentires difusos que tantos muertos costaron a la religión que profesa hoy Occidente.

Ni ateo ni agnóstico ni nada de nada. La violencia es el último refugio del innoble. El estertor de la razón. No se justifica aunque haya voluntad de arreglar disfunciones, problemas, diferencias.

Si somos diferentes, hay que educar, enseñar, ilustrar. Las fantasías, mitologías, divinidades… pueden ser defendidas, desde la paz más absoluta, desde la mas agria polémica verbal si se quiere, pero sin tocar al otro.

La tolerancia es la realidad del futuro de la raza humana, qué duda cabe.

Pero nos podemos reír de todo. Es la capacidad que tenemos los seres humanos para superar egocentrismos derivados de nuestra propia inseguridad, la que nos puede conducir a la soledad, a la frustración: al miedo.

La presencia femenina, la homosexualidad, la cultura, la familia, la pederastia, el matrimonio y el amor y las parejas fuera de él, el discurso eclesiástico, la vanidad de los poderosos representantes del poder eclesiástico, el franquismo y la religión en España, los abusos de poder cometidos en otras épocas para que no se vuelvan a repetir. Revisar estos conceptos es la próxima tarea de las religiones, al menos, de la católica.

No justificar la violencia encubriendo una crítica a la libertad de expresión. La ley del mundo, del nuestro al menos, está estipulada por tribunales, defensas, alegatos, sentencias y penas.

La palabra, que decía y usaba el gran jefe del de blanco, hace más de dos mil años ya. La palabra y su uso. En sus más variadas formas. El arte, el cómic, los dibujos.

La expresión humana.

Ahí dejo esto del genial Jimmy Margulies.

Y lo que faltaba: el Papa de Roma, justifica la violencia

Un film serbio: del horror a la pederastia.

Srdjan Spasojevic, Srpski film, (A serbian film, Una película serbia), 2010.

El rodaje de una snuff-movie, siempre ha llamado mi atención, ya que la crítica de las películas realizadas sobre este estilo, lleva implícita la marca del poder económico, ya que las cintas no están al alcance de todos los bolsillos. Pero esto puede llevarnos a una reflexión: se ha democratizado, con el uso de internet, el acceso a la información -todo tipo de búsquedas, como luego comentaré-.

Es una excusa, dirán algunos, para poder contemplar imágenes violentas, sangre y situaciones poco recomendables mentalmente. Y estoy de acuerdo.

Recuerdo, sin orden ni concierto, algunas películas como Holocausto caníbal, Tesis, Saló y otras tantas. Digamos que la primera impactó visualmente por algunas escenas y se salvaba la idea gracias a la ferocísima crítica al hombre blanco. La de Amenábar estaba bien desarrollada y mostraba que había mercado y la de Pasolini es una cuenta pendiente con la historia, con el horror, con la decadencia que vivimos.

Entre otras cosas, en internet, podemos encontrar historias macabras referentes a necrofilia, pederastia y esclavismo sexual: nada nuevo dirán los entendidos en sadismo, masoquismo o pornografía dura. Y estoy de acuerdo. Hoy, es un recuerdo del límite hasta donde el hombre es capaz de llegar: contemplamos lejos el abismo y nos acercamos lenta, parsimoniosamente, como aquel Sam Neill de ojos desencajados llegaba a la puerta abisal recreada por el escritor de historias de terror Sutter Cane (Jürgen Prochnow, en un papel alucinante y esquizoide) de donde iban a salir todas y cada una de las pesadillas que pintara Bekzinski, que escribiera Lovecraft, que soñara cualquier persona una mala noche inolvidable.

Extraño, reflexiono a veces, que la gente quiera buscar, entrar, visitar la llamada deep web, esa siniestra hermana de la web que podemos contemplar el resto de los mortales. Algunos de los peores vídeos que he contemplado en mi vida están a disposición del que los busque en youtube; algunas descripciones de escenas violentas, sádicas y nada recomendables para el que todavía tenga fe en la raza humana, se encuentran en blogs dedicados al sado, a las imágenes gore… mediante palabras concretas en el buscador de google.

Creo que habría que revisar conceptos como crueldad, libertad y deseo.

Esta película de imágenes impactantes y relaciones laborales y familiares nada normales, me sirve de excusa intelectual para reflexionar sobre preocupantes gustos.

Las filias -al igual que las fobias- siguen siendo impulsos incontrolables por parte de quien las padece. Es decir, si a alguien le gusta tener sexo con animales -problemas mentales aparte, que pueden ser discutidos- o gusta de disfrutar tacones, lencería, brazos enyesados, muñones o maquillajes… quién es nadie para decir nada, si no hace daño al otro.

Lo que no entiendo, lo que no soy capaz de asumir, es la pederastia. No hablo de una relación de dos chicos, dos chicas, de 18 años y de 16, por ejemplo. No hablo de la mujer que se enamora de un chico joven, ni viceversa: intento dejar a un lado los tópicos “naturales”, esos que conforman la historia del machismo y feminismo: qué bien por el hombre, qué mal por la mujer… Intento descifrar el enigma que cada pareja homo, hetero, bi… propone. Pero pienso que si esa pareja, con respeto y códigos bilaterales de entendimiento, se acepta como es, yo qué pinto en todo eso. Hay cosas que no entiendo y otras que sí: nadie puede tener mi nivel de comprensión, por educación, formación, vivencias, lugar, familia… al igual que los demás, tienen otros parámetros de vida, por supuesto: no hay que buscar quién está equivocado, quién lleva una mejor vida, quién es sano o cuerdo… sino intentar entender que la diferencia es la característica principal en asuntos de amor, de sexo, de gustos, de colores, de arte… El límite está en la violación, el abuso, la imposición de la fuerza.

No entiendo la pederastia porque el juego no es justo, la seducción es inexistente o unilateral, el abuso es mayúsculo y las consecuencias devastadoras para la víctima (a estas alturas, quién duda de que algo en la cabeza del pederasta no conecta bien). No entiendo la pederastia porque se esconde tras amenazas, falacias, máscaras, nombres falsos, edades inventadas, fotos de expectativas mentirosas… y esto, por hablar de lo visto en noticias sobre redes, internet, archivos encontrados por la policía… sin nombrar las atrocidades cometidas con bebés, como algún caso de extremo terror que conocimos en España.

Hay algo en la red de mujeres pederastas pero la verdad es que siempre salen noticias donde son hombres los que abusan de menores. Creo que la ley marca los trece años del menor para ser abuso sexual, habla de personas privadas del sentido y por supuesto sobre las personas con minusvalías psíquicas.

Hace poco vi la obra terrible de Luis Urquiza: Obediencia perfecta.

Hace poco volvía a ver el documental de Jarecki, Capturing the Friedmans (2003).

Hace poco, pude contemplar Mea maxima culpa. Silencio en la casa de Dios (2013) de Alex Gibney.

Tres ejemplos donde la religión y la enseñanza están presentes. Tres ejemplos de lo que vivimos hoy día, sin buscar demasiado, sin perder el norte sobre lo que el hombre es capaz de hacer.

El turismo sexual, el esclavismo, la violencia de género, la explotación infantil. Hay donde elegir para seguir preocupado.

Creo que empecé hablando de la película de Spasojevic. Lo que no recuerdo es que la haya recomendado. Como película de ficción, tiene que ser vista con tranquilidad.

Pero cómo pedir tranquilidad a un público concienciado de que en cualquier momento la trama puede llevarnos a remover nuestras conciencias.

Cómo pedir a unos padres que no piensen en la pena de muerte.

Cómo entender que cambien de parroquia a un cura culpable de pederastia sin más consecuencias. Algunos sí han sido condenados.

Pedofilia en la iglesia

Un film serbio: del horror a la pederastia.