Tentaciones en Granada: La Picatería

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 Carlos Córdoba es un currante nato: lleva un puesto doble (Puesto 32-33, si mal no recuerdo ) muy especial, en el Mercado de San Agustín de Granada: en pleno centro de la ciudad, a cinco minutos de la Catedral o la Universidad de Derecho.

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 Lo que hace el sitio de Carlos peculiar no es el color, el aroma, o la variedad de productos que ofrece, que también, sino el carácter de Carlos: lo simpático, trabajador y agradable que puede llegar a ser. Mantener una conversación con él es un rato divertido y afable que promueven las ganas de hacer cosas, inventar mejoras, aprender de la vida.

 ¿Qué hay de beber en La Picatería?

Vermouth, sin lugar a dudas: un riquísimo y especiado elixir de la vida, tono de rubí intenso, sabor a cielo y aroma a gloria. Preparado por el mismo Carlos, con receta de familia y trastocado por su buen hacer gastronómico, inventivo e imaginativo. Terminado en barrica que le aporta tonalidades y matices que celebran -soy testigo- gente venida de fuera.

 También podemos pedir un Palo cortao o degustar el sabor granadino -uno de ellos- de la cerveza: Alhambra con y sin alcohol, la 1925 o la Mezquita, un placer que pocos olvidarán por el color y el sabor profundo de esta cerveza medio negra, medio rubia: tostada.

 Las tapas que que podemos disfrutar van desde las mejores y diferentes aceitunas, hasta las alcaparras, las anchoas, los pimientitos rellenos de queso o paté (exquisitamente tentadores), alcachofas… De todo para picar y no quedarse con el gusanillo.

 Carlos y su mujer, también venden aceite, el propio vermouth o todo género como decía de aceitunas y demás: también podemos llevarnos el sifón y tendremos una bebida casera en nuestra propia casa, preparándonos a nuestro antojo el rico líquido macerado.WP_20160127_13_55_05_Pro

 Ya digo, un placer para los sentidos, el lugar, el dueño, el ambiente.  Lo incluyo en la categoría de bares, pero es bastante más que un bar, ya que el toque de tienda que tiene, de servicio cara al público, le da el sabor de antigüedad, mientras las tertulias de los clientes se encienden, Carlos apaga la sed y el hambre de los mismos.

 Gracias a Carlos, su buena disposición y su buen hacer, he redescubierto el Mercado de San Agustín, ubicado en un privilegiado sitio de la ciudad.

 Animo a visitarlo porque como cualquier mercado, siempre merece la pena: no olviden pasarse -y quedarse un buen ratito- por las Tentaciones de Carlos Córdoba.

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Tentaciones en Granada: La Picatería

La tranca: tapeo, música y buena gente.

Después de años sin recorrer el centro de Málaga, ciudad que ha crecido bastante en los últimos tiempos, medio perdido y con sed de mar, Los toreros muertos en los oídos y un sol de justicia intentando atentar contra mis ojos protegidos por gafas de sol, el jueves recalé, tras atravesar la Plaza de San Pedro de Alcántara, en un bar por el que había pasado antes, de esos que te dices… ummm, alguna vez tengo que probar… y ese fue el día.

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 Un barra en ele, una esquinita muy agradable a la izquierda nada más entrar y un par de barriles en las dos puertas donde se puede conversar fumando para los viciosos del humo.

 En la barra se exhiben las tapas que preparan Teo y compañía como tortillas de acelgas, albóndigas o ensaladillas. También preparan diferentes tostas o podemos pedir los montaditos, de lomo con pimiento (La Tranca) o de pata asada: este último es una jugosa maravilla cuyo toque de mayonesa le procura la sabrosa chispa a un bocado que no se olvidará fácilmente. Dejo abajo la carta para conocer la variedad gastronómica que tienen.

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 La clientela, del barrio o gente que trabaja cerca o que aparece especialmente a pasarlo bien, en un ambiente agradable, con un camarero como Pedro -nombro a los que conocí y que gentilmente me permitieron masacrar el lugar a fotos y preguntas-, solícito y amable, que nos explicará lo mejor del bar, qué tapas podemos  disfrutar, los horarios y los “miércoles sabineros”.

 Porque dejo para el final de mi elogio, las paredes del local y la música: lo más llamativo es la historia de la música española que allí se expone: carátulas de discos de todo cantante que se haya preciado, popular, payo, gitano, folclóricas… de todo. En lo más alto, tras Rafaella Carrá, Julio Iglesias, la Jurado a lo Bowie (…) o Manolo Escobar, esta gente, la gente de La Tranca, le tiene reservado el cielo de sus paredes al grandísimo Rafael: ya digo, sorpresa y casi veneración, un respeto que embarga la médula, aderezado con una Cruzcampo, escuchando de pronto a los Delinqüentes y contemplando la esquina derecha, donde Bambino, -otro vermouth, por favor- abre camino a Pata Negra y Lole y Manuel que “abrazan” al impresionante Camarón en un tributo de altarcito pagano, de los mejores que podemos encontrar para corroborar que el flamenco, la rumba y el guitarreo, forman parte insustituible de la música española, de nuestra cultura y de la cultura de los bares que se precien de ser auténticos.

 Y no puedo olvidar el vermouth que -un par de veces- me sirvió Pedro: de tonelete y rico de sabor, sin sifón -porque quise probarlo solo-, hará las delicias de los gaznates de cualquier bebedor que se deje caer por allí a la hora del aperitivo.

 Un buen garito ya digo: frente a las Antigüedades el Martinete, podemos escuchar desde carnavales y pitos de caña a Martirio, desde un tango a unas bulerias. Tan pronto escuchamos “Precaución, amigo conductor…” como al señor Kiko Veneno “atrapado por el Blues de Memphis” y como este, nos quedamos sin poder salir, embebidos en lo español de una música que puede gustar más o menos, pero al ser reconocible -nada de guanchiflai ni franchigüeil- hace que la mente la siga, los pies se muevan, el corazón lata acompasadamente, de pura alegría.

 Así que ya sabéis: si tenéis tiempo y queréis ver cómo os hacen la cuenta en la barra de madera, delante de vuestros ojos y a lo antiguo, con una tiza, id a la Calle Carretería: beberéis y comeréis de lujo -probad el caldo de pintarroja- escuchando una música cojonuda, alegre, variada.

 Si coincidís con Pedro y Teo, dadle un beso de parte de un granaíno que echó un par de horas en ese garito tan especial. Y si están trabajando otros compañeros, imagino que serán también simpáticos y atentos, así que entrad, contemplad…

 Y rápidamente escuchad la música, pediros algo de beber y degustad la comida.

La tranca: tapeo, música y buena gente.