Villa Diodati. La cuna del monstruo, Editorial Adeshoras.

VV. AA., Villa Diodati. La cuna del monstruo, Editorial Adeshoras, 2016

Esta antología es muy interesante desde el punto de vista artístico: los textos pueden ser leídos desde los tres bloques en que se organiza todo el conjunto y las ilustraciones pueden ser contempladas como elementos que completan, asisten o dialogan con dichos textos.

Es una apuesta bellísima de Adeshoras: desde la cubierta y contracubierta, Lola Castillo se encarga de “coser” ambas partes con un dibujo maravilloso de un hilo que si bien empieza (o termina) en una aguja que desprende una gran gota de sangre, termina (o empieza) en la casa de los sueños, la flamante mansión del terror, aquella a la que quien haya leído sobre el mito ha viajado aunque únicamente sea (y de qué manera) como aquel Randolph Carter de Lovecraft: Villa Diodati espera que abramos sus puertas, conozcamos estas historias y vislumbremos la imaginación de quien ha puesto en juego sus trazos para terminar construyendo una nueva casa, una nueva mansión de relatos, un nuevo Frankenstein hecho de retazos literarios y visuales.

Sugeriré algunas de las maravillas literarias y comentaré por qué este libro es imprescindible en las bibliotecas de amantes de uno de los monstruos más queridos y solitarios del mndo como es el creado por Mary Shelley.

Como todos los libros curiosos y de calidad, ya despertó interés y dejo aquí un par de reseñas que encontré por ahí, alguna más completa que la mía, ya que está dedicada a todos y cada uno de los cuentos:

-la de Julio Jurado en Zasmadrid es muy potente y extensa y comenta cada cuento con apasionamiento y deliberado interés por la literatura.

-la de Libros de Cíbola es muy recomendable, ya que se habla de varios textos y los puntos de vista son diferentes a la anterior.

Esto, estas referencias que dejo, no son ni pretenden ser tan minuciosas: me limitaré a nombrar algunos textos, y disfrutar de ilustraciones y comparaciones que vienen a mi mente.

Susana Noeda, a quien le agradezco la disposición, me mandó este libro a petición personal: le dije que Frankenstein y la ilustración, y me contestó con una rapidez inusitada. He necesitado un tiempo, por varios motivos, para realizar estas anotaciones: en una libreta y en el propio libro llevaba muchas cosas apuntadas, algunos datos, otros recuerdos sobre ilustraciones y me faltaba la búsqueda por internet de quienes ilustran la obra y no conocía y que desde ya, admiro por su trabajo.

En fin, que esto es personal: comentaré todas las ilustraciones -como el acierto de la cubierta y contra, que me parecieron una fascinación laberíntica, ya que parece no acabar nunca de construirse esa casa, así como, pensaba yo, el monstruo nunca deja de aprender, y claro: ha de aprender también eso, que es un monstruo dependiendo de los ojos que lo miran, no una criatura más- y algunos textos.

Olgoso, Shua, Cost, Mendoza, Zapata, Roas: no voy a contar el cuento, no voy a destrozar la trama o las explicaciones, no copio lo que ya cuentan mejor que yo: son pistas para saber qué hace cada quién con su elección personal: no están en su totalidad, pero a quienes elijo son -en mi opinión- muy representativos.

Primer acto: La cuna del monstruo

Olgoso practica el arte y la belleza: en su cuento, ‘Villa Diodati’ no es un lugar, no es una casa, al menos no es solamente algo inanimado sino que puede tener conciencia y memoria. Dos partes fundamentales para que el granadino pueda escribir al margen de la historia oficial del mito y la reunión de esas figuras jóvenes y alocadas -alguna más que otra- que allí forjaron algunos de los textos que perduran hoy día y son una de las bases de la literatura fantástica y de terror. Olgoso medita sobre la propia fantasía, el hastío y la literatura y sutilmente, mediante reiteraciones, nos introduce en el desconocido juego de ser quienes miramos a las criaturas que habitan la casa. Así, la arquitectura aparece para hermanarse con la pintura, la escultura y la más impredecible de las bellezas: la propia naturaleza. Ironía, melancolía y la metaliteratura de manera elegante nos llevarán a convivir a latitudes distantes, a otros tiempos. Un texto, nunca mejor dicho, antológico, en el más puro estilo de Olgoso: sorprendente, sutil, de atmósfera evanescente y literario.

Norberto Fuentes, en ‘Permutación de Villa Diodati’ realiza una potente edificación y de múltiples sugerencias: su ilustración es de las más hermosas, pero cuál no lo es. Me contengo de subir una imagen que tengo en mi móvil para despertar interés, no sé si se logrará. Podemos perdernos en los matices de esos ramajes, por otro lado desquiciantes espectros naturales, bosquejos de líneas inacabadas que confluyen en un perezoso cielo no iluminado del todo. Inspiradora ilustración, ciertamente.

Ana María Shua, la dama del micro, escribe en esta ocasión un texto de varias páginas, preciso y suculento: preciso en lenguaje, como siempre y suculento en la narración de la trágica vida de Mary Shelley. El texto se puede convertir en alegato con ese poder que Shua parece sacarse de la manga literaria que tan bien maneja: los cambios de puntos de vista, de narradora, de opinión parece incluso, nos dejan sin respiración con la última frase del texto, que dice así: no, no la escribo, ya dije que nada de contar lo contado, y no sé si estoy cumpliendo al cien por cien.

Y llegamos a Soledad Velasco: su ilustración, ‘Mary Shelley’ es brutal: así, sin paliativos. Por el contenido, por los referentes y las múltiples conexiones. Aquí sí dejo un par de fotos, una de la ilustración de Velasco y otra de Harry Clarke a quien me acerco bastantes veces para disfrutar su obra: el estilo, las implicaciones religiosas de creación y muerte, casi divinas, los detalles que esconde esta imagen tan misteriosa con esa M. S. tan altiva y sencilla, creando o descreando para volver a empezar, más que creando y destruyendo que es lo menos interesante, porque ¿qué artista destruye pudiendo volver a re-crear? Qué maravilla, la verdad, de ilustración.

De Soledad Velasco
De Harry Clarke

Lola Castillo expresa en ‘La cicatriz’ la tremenda pena y soledad de la criatura: le bastan unas cuantas líneas para insinuar a la memoria de dónde venimos con el arte de quien conoce que una sugerencia impregna más nuestras emociones que lo obvio y poco interpretable.

‘Le rémoleur’ de Alfonso Cost, es en mi opinión, uno de los textos más poéticos del libro: Cost practica desde el léxico a la trama un empedrado de constantes preciosismos que nos guían, bajo un manto de melancólicas precisiones, al lugar donde la música y el misterio confluyen en lo que podemos llamar inconsciencia. Técnicamente, el relato es una maravilla, así como la ilustración para el mismo que Carlos Arrabal consigue: definido, moviéndose en la quietud, recordamos en ese ser, otras criaturas que aguardan en nuestra imaginación para ser descubiertas si nos atrevemos, que en realidad, es como funciona tras la lectura, el relato de Cost. Grande y enigmática conjunción de artes.

En ‘El invierno suizo de la señorita Shelley’, Zapata, un escritor por el que siento especial predilección -como por Olgoso- consigue dos realidades, un único texto ensamblado como homenaje a la criatura, que se especifica en un arrebatado -pero tranquilo, como Zapata sabe hacerlo- texto plagado de recursos técnicos y artísticos, como el elemento metaliterario, que, si no descubrimos, disfrutaremos igual pero que si lo vislumbramos, comprenderemos que la literatura es fondo, forma, metáfora y símbolo de algunas de las partes más ocultas del ser.

Interludio

‘El Romanticismo: tormenta y rebelión’, de Inés Mendoza es uno de los textos más claros y hermosos sobre lo que el capital ha conseguido frente al arte o los lenguajes más revolucionarios. Hay que leerlo unas cuantas veces. Muchas. Y repetirlo para quien se acerque contándonos milongas sobre el posible efecto de la literatura como ente muerto o niña sacrificada en el altar de la posmodernidad. Una defensa sosegada del feminismo que culmina con el tremendo impacto visual de Anamurna (Ana Vázquez Adán) y su ‘Episotomía’: natural, desgarrador, provocativo, suturante y suturado grito de rebeldía que acompaña a la perfección el pequeño ensayo anterior.

Segundo acto: El monstruo sigue vivo

Sabiendo que Lola Castillo organiza la costura sentimental de personajes en sus ilustraciones, ‘El sueño de la razón’ deslumbra por el hilo previsto, pero nuevamente sorprende la ilustradora con los contrastes y el punto de vista que nos ofrece para participar. negro sobre blanco, blanco sobre negro, visualización del interior, opacidad en lo exterior.

Soledad Velasco nos ofrece un retato de espaldas que sera creado en directo, como si la pluma escribiera el retrato y la que ilustra escribiera sobre nuestra imaginación: la parte femenina, la infancia, lo joven y primoroso destacando en lo enorme, lo inacabado, lo que está en proceso.

El ‘Nosferatu’ de Carlos Arrabal me sirve para romper la linealidad de estos comentarios: inolvidables criaturas los vampiros también, presentes junto a Polidor i y sus amigos, parece fundirse con un estado de maldad natural que hace pensar en el aprovechamiento de los mínimos motivos que sirven a un artista para hacer desfilar ante nuestros ojos, seres de todo tipo y calaña.

Norberto Fuentes nos presenta a los protagonistas de la historia ‘En familia’: es un alarde de creatividad, un conjunto de materiales que parece decirnos lo intercambiable que es el buen gusto, es decir, si algo funciona, puede y debe ofrecer varios puntos de vista y relecturas (o re-visionados). Gran ilustración final, que permite contemplar lo más parecido a diferentes técnicas que se amoldan perfectamente al relato de Frankenstein.

He dejado para el final a David Roas: en ‘Agua oscura’, uno de los maestros teóricos de lo fantástico hace gala de su sabiduría, revisando irónicamente el mito, la técnica, el arte y la memoria. Es un proceso de disfrute lector -imaginamos que no menos escritor- el desarrollo de un cuento en el que el teatro, la escritura, la interpretación y la contemplación están presentes: Roas consigue atraparnos en el mundo que vive el protagonista a quien acompañamos en su descubrimiento de lector o espectador, frente al terror de la escritura o el teatro. Magistral, divertido, triste y por momentos apabullante de literario.

Lo dicho: gracias a Susana Noeda por hacerme partícipe de un libro así y quien quiera pasar más de un rato disfrutando arte del bueno, que consiga el libro: volveremos a él una y otra vez.

Villa Diodati. La cuna del monstruo, Editorial Adeshoras.

Entrevista a Agustín Márquez: sobre su novela ‘La última vez que fue ayer’, en Candaya.

De conversación amable y carácter conciliador, las ideas muy claras sobre lo que se nos ha venido encima, Agustín Márquez es y noes, como él mismo dice en la entrevista, muchas cosas: escribidor, ingeniero de telecomunicaciones, creador junto a otras dos amistades literarias la Editorial La Navaja Suiza…

Cuando iba a salir esta novela, en Candaya tuvieron que “fabricar” más ejemplares antes de la primera presentación porque lo había vendido todo. Su novela ‘La última vez que fue ayer’ es literariamente de una potencia salvaje a ratos, divertida y tierna: el barrio manda y los personajes crecen, viven y aman en él, como buenamente pueden.

-Agustín, muchísimas gracias por aceptar esta especie de entrevista. ¿Te parece empezar contando quién eres y a qué te dedicas?

Ahora mismo soy y no soy muchas cosas, tal vez demasiadas. Soy ingeniero de telecomunicaciones, y a ello me dedico. Por otra parte, soy uno de los editores de La Navaja Suiza, un proyecto que comenzamos hace dos años y medio, en el que vamos publicando basado en nuestros gustos lectores, por eso publicamos tanto en castellano como traducciones. Y por último, de momento no me atrevo a decir que soy escritor, al menos por ahora, prefiero decir, como dice mi sobrino, que soy escribidor. Por supuesto, esto que digo ser no está en orden de importancia.

-Cuéntame cómo se da el paso a dedicarse a las letras, tener un blog, fundar una editorial, publicar una novela… ¿qué te queda por hacer?

Me quedan por hacer muchas cosas, casi todas. Esta es la suerte que tenemos, que podemos hacer innumerables cosas e interesantes. Pero por no salirme por la tangente, lo que ahora mismo me queda por hacer, o más bien, lo que quiero hacer es dar continuidad a mis proyectos de letras, tanto al de escritura como al de edición.

-Alberto Olmos en Zenda hace poco te ha realizado una entrevista en la que comenta la tardía publicación de tu primera novela, respecto a las edades y formación de otras figuras literarias: es importante leer, formarse, conocer… ¿no te da la sensación de que la prisa y la fama acompañan demasiado a la literatura última?

Lo de la fama… creo que es un error hacer algo, ya sea escribir u cualquier otra actividad, pensando en la fama. Sobre las prisas, estoy de acuerdo contigo, hoy en día no solo pasa con la literatura, ocurre con todo, tenemos prisa, aunque si preguntásemos a las personas que para qué tienen prisa posiblemente no sabrían que contestar. Y no me refiero a las prisas para coger al autobús. Vivimos en un momento en el que a la gente les parece que esperan demasiado tiempo para que se caliente una Nespresso, o que ver un anuncio de treinta segundos de Youtube es algo inaceptable, cuando antiguamente nos tragábamos sí o sí entre cinco y diez minutos de anuncios. Esto que puede parecer una tontería, creo que afecta, y bastante, a la paciencia. Estamos aprendiendo que todo ha de ser inmediato, y si no es inmediato no es bueno. Creo que hemos pasado del utilitarismo al inmediatismo, es decir, es bueno porque es inmediato.

-Te lo decía también porque hay diferentes técnicas, perspectivas… en tu novela: y eso es algo que es premeditado, no por obra del espíritu santo o la inspiración (tan de moda también).

Posiblemente los genios tengan esa inspiración, pero los que no lo somos tenemos que echarle a lo que hacemos pasión y perseverancia. No veo que haya otra forma de conseguir algo.

-En la presentación de Granada, Alejandro Pedregosa y tú matizasteis que a pesar de ser una novela de barrio, con sus toques sociales, no solo es una novela social.

No está escrita con la pretensión de una novela social, sin ser esto ni bueno ni malo. Ahora bien, como la acción ocurre en un espacio y un tiempo en el que los cambios sociales fueron importantes, los temas sociales atraviesan la novela.

-La novela adquiere tintes duros de vez en cuando. La vida es así y te acercas al realismo pero el tratamiento es diferente, ya que utilizas el humor, la distorsión… ¿se acerca uno mejor a la verdad mediante la ironía y la hipérbole?

He intentado acércame a la realidad tal y como la recuerdo. Es decir, en la vida no existe la tristeza o la alegría de forma continuada, hay momentos alegres que a veces se ven interrumpidos por momentos tristes, y viceversa. Eso es lo que he intentado plasmar en la novela, esos momentos que considero auténticos.

-El anonimato de los personajes es fundamental durante la historia: ¿puedes contarnos algo más sobre tu intención al no nombrar a quienes desfilan por ese barrio?

La intención está relacionada con la idea subterránea, que es la del progreso. Si algo nos ha traído el progreso es la cosificación de las personas y la personificación de las cosas. Por eso, las personas no tienen nombre (incluso Yessi al principio era Chica A, pero decidí ponerle un apodo para que no pudiese haber confusión entre Chico A y Chica A), y los únicos que tienen nombres son el perro y el pez.

-Me interesó mucho escucharte hablar sobre el progreso: los barrios cambian, las personas mutan pero el futuro ¿es como nos lo imaginábamos?

Sería hipócrita decir que el progreso no ha traído cosas positivas; sin embargo, tampoco creo que el progreso sea la panacea, es decir, el progreso ha dejado en la cuneta a muchas personas que no han sabido amoldarse a la velocidad a la que el progreso avanza. Esto se deja entrever en un momento de la novela donde dice: «El barrio continúa progre- sando, como si el progreso fuese una máquina de apartar nieve, avanza a velocidad constante sin importar la nieve que se queda a los lados».

El arranque la historia promete…

-La educación es otro tema que apuntas mediante varios ejemplos en el libro: ¿podemos ser optimistas y pensar que leer, formarnos… nos puede ayudar a sobrevivir? ¿Está tan equivocada la gente que solo piensa en hacer negocio, que también aparece en varias partes del relato –para sobrevivir-, y ganar más y más dinero –por codicia o hábito?

Siempre he pensado que he sido (o soy) muy idealista con el tema de la lectura y la formación, pero cada vez estoy más convencido de que no es idealismo, sino que lo que pienso es así, es decir, leer nos hace ser menos manejables, menos moldeables, al menos, nos permite darnos cuenta, poco o mucho, de lo que están haciendo con nosotros. A veces en los medios o en los discursos de los políticos lanzan alguna frase a modo de titular que parece decir algo y en realidad no están aportando información, pero no nos damos cuenta. Creo que leer nos permite leer entre líneas y darnos cuenta de estos asuntos. Como digo, leer al menos nos sirve para ser conscientes de que nos están engañando.

-La religión en España es un tema candente que aparece y desaparece. Hay otras tendencias que amalgaman a los habitantes de una zona o una barriada. ¿El poder condiciona que nos juntemos, que tengamos reuniones y discutamos sobre posibilidades de mejora o son los condicionantes tan fuertes que al final no sirve para nada? Pienso en el 15M, sus consecuencias y los resultados de hoy.

El capitalismo es el poder de hoy en día y se enfoca en el individuo y no en el grupo. El capitalismo no podría sobrevivir sin las individualidades. Siempre cuento que en el bloque de vecinos donde crecí había una máquina taladradora para todo el bloque. Ahora eso ya no es posible, porque el capitalismo necesita que cada uno tengamos nuestra máquina, si no, el capitalismo no se sostiene.

-Todo lo que cuentas, en mi opinión, está convertido al lenguaje literario: utilizas metáforas, imágenes, descripciones divertidísimas… pero no dejas de comunicar en ningún momento. ¿Qué referentes tienes para construir tu discurso literario sin apartarte de la comunicación?

Me gusta mucho Ángel Gabilondo, el filósofo. Como político no puedo opinar mucho sobre él, pero como comunicador me parece excelente y para mí es un referente.

-Nos ofreces un compendio de ‘El perfume’ parece: ¿puedes decirnos por qué es tan importante el olfato en las vivencias de los personajes?

Creo que tengo un trauma con el olfato, y eso hace que este sentido sea muy importante para mí, fundamental, por eso introduje ese trauma en el narrador de la novela. Aparte, el olfato me hace rememorar situaciones que no consigo con otros sentidos. El olfato es un sentido muy intenso, para lo bueno y para lo malo.

-Esa deshumanización que en algunos momentos muestras, mediante el olvido, los cambios de los lugares y las metamorfosis personales… ¿crees que ha concluido o está en proceso? Pensaba en Boris Vian cuando animaba objetos y el punto de vista cambia de la persona al objeto: ¿el supuesto progreso nos permite la contradicción de conceder más importancia a las cosas que a las personas?

Pues de momento creo que vamos a más, así que no creo que haya concluido. Cuándo concluirá, espero que pronto.

Contraportada

-Añade si quieres algo más, Agustín, como si tienes futuros proyectos tanto de La navaja suiza, tu editorial o si hay algo ya rondando en tu mente como autor.

Como autor ando metido en un segundo proyecto, que tenía más o menos centrado, pero ahora se me ha metido un narrador en medio que va a cambiar un poco el texto. Esto es algo que me gusta mucho, para mí es lo bonito de escribir, cuando el propio texto vuelque tus ideas.

Sobre La Navaja Suiza, en septiembre publicamos la primera novela de William H. Gass, La suerte de Omensetter. Nunca he dicho de nuestros textos que sean obras maestras, más que nada porque tengo mucho respeto a utilizar este apelativo sobre cualquier texto, se utiliza demasiado a la ligera; pero en el caso de La suerte de Omensetter, tengo que decir que es una auténtica obra maestra.

En octubre vamos a publicar a una autora novel de nacionalidad ecuatoriana, Natalia G. Freire. Su novela tiene por título Nuestra piel muerta. Es una obra breve, pero tiene embrujo y unas imágenes vívidas que te dejan poso. En cuanto la leímos los tres tuvimos claro que queríamos publicarla.

-Gracias por tu tiempo, Agustín, y muchísimo ánimo con lo que te propongas.

Entrevista a Agustín Márquez: sobre su novela ‘La última vez que fue ayer’, en Candaya.

Entrevista a Patricia Esteban Erlés (A propósito de ‘Fondo de armario’, Editorial Contraseña).

Patricia Esteban Erlés, foto de Josián Pastor

Patricia Esteban Erlés nace en Zaragoza en 1972, es profesora y escritora: ha tocado el cuento, el microrrelato y la novela y en los tres géneros ha conocido las mieles del triunfo. Su última obra, una apuesta de Editorial COntraseña, se titula ‘Fondo de armario’, lleva una pedazo de ilustración de cubierta de Elisa Arguilé y es un hermoso libro donde se recogen algunas de las columnas que publica en el Heraldo de Aragón, donde como veremos, habla de todo lo que le gusta, detesta, apasiona o sorprende: feminismo, educación, literatura, defensa de los animales, violación de los derechos humanos, arte, música, cine… parece que nada escapa al interés de una mujer preocupada por lo que le rodea, consciente de la situación actual y el mundo en el que vivimos y con muchísimas ganas de transmitirle a su alumnado recursos y herramientas para pensar por sí mismo y defenderse ante el mundo que llega.

-Querida Patricia: vaya ‘Fondo de armario’ que tienes: no hay mejor presentación que la contraportada de tu libro, en la que escribes que ciertos ropajes, estilos, tonos y armas se repiten.

Muchas gracias, Juan. Es un texto el de la contraportada que define lo que puede encontrarse dentro del libro antes de abrir el armario que en realidad es. Se me ha dado la posibilidad desde Contraseña de elegir las prendas que quería mostrar a modo casi de manifiesto personal. Lo que pienso, lo que siento, lo que percibo al mirar a mi alrededor. Hay “ropa” que me define como ser social, como individua que vive en un determinado tiempo y en ocasiones se rebela contra lo que ocurre o aplaude a determinados héroes de lo cotidiano porque muestran justamente la actitud vital que más admiro: la rebeldía justificada. También prendas más personales, que tienen que ver con mis gustos, mi admiración hacia determinados hombres y mujeres que han ido conformando una mitología íntima para mí. Me alegra que te guste.

-El Heraldo de Aragón es el medio en el que escribes. Las personas que lo leen: estarán contentas contigo, ¿no?

Habrá de todo, imagino, creo que los lectores y lectoras de periódicos  vamos encontrando en ellos aquellas voces que sentimos próximas. La columna de opinión es un espacio que te permite mostrarte en una versión exprés de ti misma, son muy poquitos caracteres pero procuro que cada texto sea significativo, que me represente. Me pasa con frecuencia que en charlas o en las ferias del libro se acerquen personas a las que no conozco para saludarme y hacerme saber que me leen cada semana. Esa fidelidad es conmovedora y reconfortante, porque realmente quien escribe no sabe nunca si hay alguien al otro lado hasta que ese público lector te comenta que está ahí, que a veces recorta una columna para uso y disfrute propio o, en el caso de colegas profesores, la llevan a clase y la comentan con sus estudiantes. Siempre defiendo que la literatura es diálogo. Cuando conversas de esta forma con tus lectores y lectoras, si tu voz llega aún más lejos gracias a que difunden el racimo de palabras que cabe en ese espacio quincenal del que dispongo en Heraldo, me siento plenamente satisfecha.

-Editorial Contraseña ha creado una belleza de libro con ilustración de portada de Elisa Arguilé. Cuenta lo que quieras de esa híbrida y maravillosa criatura cérvida con tacones.

Así es. Elisa Arguilé es una talentosa creadora aragonesa que en cada una de sus obras es capaz de crear una red de sentido a partir de una ilustración. Es habitual en las cubiertas de Contraseña encontrar su trabajo, que siempre encierra un pequeño enigma, una clave que debes desentrañar. En el caso de mi gacela, Elisa reflejó claramente la importancia que tiene en el interior del libro la figura del frágil, del personaje vulnerable, de aquel o aquella que puede convertirse en víctima, en “presa” de predadores varios. Esa gacela que mira al frente es cualquier indefenso, cualquier mujer, niño o niña, cualquier animal maltratado en este país supuestamente desarrollado pero que todavía no ha encontrado, o no ha aceptado que necesita, mecanismos para controlar y penalizar la violencia que se ejerce sobre colectivos que aún, y es lamentable decirlo, necesitan protección. Pero creo que además esa pequeña gacela mira desde la confianza y la resistencia, mira plantado cara a quienes se acercan al  libro, casi como en una toma de postura, casi interrogándoles. “¿Qué vas a hacer ante esto, cómo vas a actuar ante lo que se te cuenta en estas páginas?”, me da la sensación que pregunta. Me gustaría mucho que cada persona que lee Fondo de armario fuera capaz de responder de alguna forma a esta gacela preguntona. Por otro lado, esa naturaleza híbrida, esa apariencia a medio camino entre el animal y la mujer puede explicarse también. La falda estrecha, los tacones altos, son los impedimentos que no dejan a cualquiera de esas víctimas sociales echar a correr, librarse de sus verdugos, escapar ilesa. Es una obligación moral de todos y todas, creo, facilitar instrumentos de defensa a quienes los necesitan tanto, en lugar de ponerles trabas. 

Como comentábamos hay temas que te preocupan y eres capaz de inflamar dulcemente tu voz en algunos pero en otros no: ¿cuál es el límite de la columnista?

Supongo que en ocasiones me puede la pasión del momento, la cercanía de una noticia, su impacto emocional, lo que me lleva a escribir como desahogo. Entonces la columna es alguien que me escucha y al que le puedo contar mi rabia, mi tristeza, el dolor que causa el abuso del indefenso, el asco que me produce la injusticia tolerada, normalizada por la sociedad, compuesta por ciudadanos respetables y no azotados por esas situaciones, que, me incluyo, tantas veces nos limitamos a encogernos de hombros. Otras veces he descubierto que el mejor tono para escribir es una aparente frialdad, la distancia que te permite mirar y contar sin que se interpongan filtros. De alguna forma cuando redacto una columna entran en juego diferentes parámetros, el tema, el tono, yo misma, que se van combinando y dan diferentes resultados.

-Imaginabas mundos, infancias, amores y adolescencias: ¿tenías fe en tu escritura al empezar a publicar? ¿Hay actos de fe en esto de escribir, es trabajo, inspiración…?

Tenía unas interminables ganas de contar. Mi afición favorita siempre ha sido que me cuenten y contar. No hay nada más placentero para mí que sentarme y dejar que la escritura fluya hacia alguna parte que casi siempre desconoces. Y desde luego cuando alguien me relata una gran historia, un cuento acerca de su vida, una anécdota que quizás le parece trivial, siempre ando a la caza de detalles, de personajes, de tramas. Más que fe yo lo llamaría una circunstancia necesaria, algo sin lo que mi vida sería desde luego mucho más aburrida.  Publicar es un escalón que subes después, cuando querías escribir y has escrito. Nunca me lo he planteado como objetivo central, es algo que se dio, que ha sucedido y que me ayuda a seguir, porque el diálogo que entiendo es la literatura se completa cuando encuentras a un lector al otro lado de tu libro. Sin el trabajo previo, sin la angustia, el bloqueo, la historia que se te despista o se esconde, sin la ilusión, la fiebre que te invade cuando sabes que ya la tienes, que es tuya, escribir sería menos divertido, menos apasionante, menos adictivo. Pero es necesaria también esa revelación que ocurre a veces, ese leer una palabra o ver a un desconocido en un café haciendo un gesto, mantener una conversación telefónica, que hace que sepas que ahí está alguien que merece ser contado. Y junto a todo ello, la suerte, la dosis exacta de fortuna o azar que hace que a un libro le vaya bien en ese camino que empieza cuando tú entregas las pruebas corregidas al editor y te separas de él. 

-Las mujeres siempre, las niñas, las actrices, las escritoras, las protagonistas femeninas.

Sí, pero si supieras que ni siquiera hay una voluntad consciente de hablar de ellas en exclusiva. Me ocurre que desde hace años leo, sin habérmelo planteado como tarea, a muchas más autoras que autores. Y que seguramente en sus universos encuentro puntos en común, lugares interesantes que analizo mientras disfruto de la lectura. Por otro lado, me salen al paso infinidad de casos reales protagonizados por mujeres que viven situaciones extremas, que mueren a manos de un agresor, o que mueren metafóricamente como creadoras porque no se les da el prestigio, la zona iluminada que merecerían. De esta forma lo no intencionado y la repulsa, la tendencia natural que me lleva a hablar de ellas, junto con la protesta hacia cualquier violencia ejercida sobre la mujer simplemente por serlo, es lo que hace que predomine como asunto nuclear de mis columnas, pero también de mi novela o mis cuentos.

-Una de las maravillas que cualquiera puede encontrar en los textos son el par principio-final: abres y cierras como una auténtica maestra del interés, la curiosidad y el informar. ¿Quiénes son tus referentes en estas enormes reflexiones breves?

Quizás ese interés por el principio y el final eficaces  tenga que ver con mi filiación al microcuento, que es un género que no puede permitirse desperdiciar ni una conjunción. El efecto que produce el inicio y la conclusión en una historia que avanza contra el tiempo y el espacio es parecido al que busca producir cada una de mis columnas. Una frase de arranque que haga que el lector decida quedarse contigo las líneas que siguen. Un final de viaje que le  lleve a pensar que valió la pena. Yo dispongo de 1750 caracteres y ahí debe estar contenido todo lo que quiero contar. Podría decirte que hay muchos autores de microrrelatos que parecen partir del mismo angustioso límite, por lo brillante que es su capacidad de síntesis que no tiene nada que ver con la simplicidad, sino con la sugerencia, con la sustancia narrativa oculta, con el misterio de la elipsis que el lector es el encargado de resolver. Cuando lees un texto hiperbreve hay muchas palabras que no se han dicho y sin embargo están. Cuando acabo una columna quiero pensar que dejo al lector completando el sentido por su cuenta. En ese sentido, me valdría cualquiera de los grandes nombres del género, como Arreola por ejemplo, para responder a tu pregunta acerca de referentes. Ya en el medio propiamente periodístico podría nombrarte a autoras muy interesantes, como Leila Guerriero, que en sus crónicas hibrida muy bien la autobiografía con la actualidad, contando historias muy breves que tiran de ti desde el título, o en Aragón Cristina Grande, una gran autora de relato que usa la sutileza, el final abierto, como reclamo, e Irene Vallejo, que mezcla pasado y presente en unos textos adictivos en los que un ejemplo del mundo clásico sirve para establecer un paralelismo con algún asunto contemporáneo. Ambas son columnistas en Heraldo y unas maestras en el arte de agarrarte de las solapas y arrastrarte al interior de sus textos.

-Hay una posición clara respecto a la belleza impostada. Tu énfasis es terrible en pos de la naturalidad, el envejecimiento sin operaciones recauchutadas… ¿hay alguna manera de contar una vejez digna?

Deberíamos encontrarla si no partiéramos de la idea de que lo mejor de la vida ha pasado y de que en la última etapa no puede darse una evolución, no hay proyectos, emociones, vida que merece la pena disfrutar. El problema parte de ese culto a la juventud como época gloriosa, de esa simplificación del valor de alguien por su aspecto físico, la tersura de la piel o la belleza de un cuerpo. Pareciera que nada memorable ni enriquecedor puede ocurrir cuando ese periodo acaba y el mundo del espectáculo es un ejemplo claro que yo trato en mis columnas, muy gráfico, pero no el único. Resulta difícil en el caso de la mujer conseguir un papel protagonista a una determinada edad. Da la sensación de que las actrices estén condenadas a desaparecer del mapa cuando envejecen, de que la vida de una mujer madura o directamente anciana no puede resultar de interés. Y eso lleva, en el cine pero también fuera de él, a intentar que la juventud sea más larga, que la vejez no llegue nunca a golpe de bisturí. Admiro la belleza de las arrugas que no ocultó Audrey Hepburn, por ejemplo, su dignidad al afrontar el paso del tiempo. Continuó siendo hermosa y atesoraba toda una vida de experiencia, pero ellas, en general,  lo tienen más difícil que sus compañeros, que siguen encontrando su hueco en los repartos, papeles interesantes, como los que protagonizó Paul Newman en la recta final de su vida. El hombre técnicamente más guapo del mundo del cine pudo despedirse de su profesión como un actor formidable. Ninguna edad de la vida del ser humano es poco interesante, nos concierne el paso del tiempo como tema, como asunto filosófico y artístico. No tiene sentido hacer como que no ocurre, como que no envejecemos del mismo modo que una vez crecimos y otra maduramos. Ese veto a la vejez se proyecta a la vida de las mujeres en todos los ámbitos y no debería suceder.

M.M es un texto sobre una fascinante mujer como fue Marilyn Monroe que también fascina a Esteban Erlés. Casualidad que otra mujer sobre la que escribe y a quien admira muchísimo sea María Moliner, cuyas iniciales son las mismas que las de la actriz.

-Te lo preguntaba porque para tratar cualquier tema, recurres a la palabra y sus recovecos, su enseñanza como profesora, su práctica como ficción ya que eres cuentista, y hasta llegar a este libro en que la usas para opinar y posicionarte en ciertas latitudes, crees que es la mejor de las armas que poseemos como animales racionales.

Sin dudarlo. La palabra es el arma más eficaz con la que contamos, para ordenar nuestro mundo interior, para expresarlo, para protestar, para reivindicar, para gustar, para atacar, para ser. Siempre les digo a mis alumnos y mis alumnas que pensamos con palabras, que las necesitan para muchos más cometidos de los que creen, que deben aprender a valerse de ellas para defenderse, para matizar, para negar o afirmar, para argumentar. Cada acto de nuestra vida es puro verbo. No tenemos por qué desperdiciar o infravalorar ese tesoro que es el lenguaje.

-La defensa de los animales que no hablan como nosotros pero se comunican. Algo que se nota al leer tu libro: ¿somos conscientes de lo que puede aportar un perro, un gato respecto al daño que se le hace a un caballo porque no gana una carrera?

Creo que los animales son nuestros compañeros de vida. Se les trata muchas veces como objetos, como instrumentos y eso me cuesta soportarlo. Yo los veo como secundarios de lujo, como vidas que acompañan las nuestras. No confiaría nunca en alguien que maltrata a un animal porque esa vileza revela un fondo siniestro, una crueldad gratuita, extensiva a otros seres. Querría en especial que en nuestro país se empezara a tomar en serio que la cobardía y la maldad del maltrato animal merece penas estrictas y todo un proceso de reeducación en el respeto. Mi galgo aún tiembla de miedo en la calle, cuando ve a un hombre con algo en la mano. Ese terror se lo ha producido alguien porque sí, porque seguramente no es capaz de sentir algo al mirar a los ojos a un perro, porque necesitará tal vez sentir que en algún lugar, con alguien, es el amo de la situación. Me parece intolerable, miserable, que se mire a otro lado, que no se detecte la gravedad del problema que padecemos en España, lo atrasados que estamos en algo tan elemental como el respeto a cualquier criatura. Me avergüenza que se llame espectáculo a una matanza lenta y perversa de un becerro, que se llame tradición a las corridas de toros o a la matanza de cerdos. Me aterra el nivel de perversidad, la ingeniería del mal que se aplica en mataderos, en granjas. Y hay pocas cosas tan espantosas como el final que espera a miles de galgos al final de la temporada de caza.

-Querría saber tu opinión sobre las redes sociales. ¿Cómo llevas lo de que cualquiera pueda hablar sobre cualquier tema? ¿Es democracia, tiranía o el bienestar que pretenden desmontar unos sectores, tan defendido por otros?

Creo que internet ha concedido un terreno de libertad inaudita que muchas veces se utiliza mal, para dañar, para atormentar, para abusar de otros. El insulto, la difusión de imágenes privadas, los bulos… Hay todo un repertorio de conductas inaceptables que devienen de esa falta de límites, de la facilidad con la que accedemos a un mundo dentro de nuestro mundo, muy poderoso, útil tantas veces y productivo si se suman fuerzas. Pero este poder  infinito tiene la contraprestación de una impunidad también infinita.

Una de las columnas más tremendas escritas por la autora donde narra la historia de un caballo que no llegó
primero a la meta.

-¿Qué te sugieren plataformas como youtube, liveleaks…?

Apenas las conozco, la verdad, la primera en todo caso para escuchar música de fondo mientras trabajo. No soy adicta a ningún youtuber ni consigue interesarme demasiado. Observo con curiosidad los efectos que despiertan en las nuevas generaciones, quizás porque logran empatizar con esa necesidad de ser visto, fotografiado, a tiempo real. Casi todo el mundo parece tener algo fundamental que decir, que enseñar, que compartir, con una cámara delante. Creo que muchas veces eso convierte la información en trivial, se le concede un espacio insólito a actos banales de la vida, a rituales cotidianos. No soy lo suficientemente “voyeur” para hacerme adepta de ese nuevo canal de comunicación que casi entiendo más como mera exhibición, la mayoría de las veces.

-Es importante, porque escribes sobre algunos medios, como si te fuera la vida en ello, por lo que dicen y sobre todo, por cómo lo dicen. ¿Seguimos pensando que lo que se cuenta es más importante que cómo se cuenta?

Creo que los medios están pervirtiendo en muchas ocasiones su función. Hay intereses que hacen que la información sea un instrumento de poder y que se “photosopee” a voluntad lo que se cuenta y cómo se cuenta. Esto deja al espectador, al lector, al usuario de internet, en una indefensión e incertidumbre absoluta. Muchas veces no sabemos cuál es la verdad, o qué parte de ella se muestra o se oculta. Ya en un plano lingüístico, el maltrato que sufre la palabra en beneficio de esta dictadura de la imagen como explicación autosuficiente me parece preocupante. Titulares ambiguos, faltas ortográficas sangrantes, inexactitudes… Todo vale con tal de ser el primero que lanza la bomba informativa.

-Metámonos en honduras si no lo estamos ya: ¿feminazis, feministas o “yo no soy ni feminista ni machista” como alguien de la clase política quiere darnos a entender?

Soy feminista porque creo que no se puede dejar de serlo en un mundo donde cada derecho, cada libertad, no se da por supuesta, sino que ha habido que  conquistarla (y así seguirá siendo, me temo), enfrentándose a una oposición frontal por parte de un sistema que se ha basado en el desequilibrio entre los sexos para monopolizar el poder. Cada vez que hablo con una amiga, con una compañera, acerca de episodios en los que hemos sufrido el  machismo de alguna manera me doy cuenta de hasta qué punto es algo general, algo que nos ha afectado en asuntos tan simples como los juegos infantiles, la ropa que usamos, las palabras que empleamos y las que nos son vedadas, las conductas que mantenemos con miembros del sexo opuesto, la concepción del amor, la maternidad, el trabajo… Y podría seguir. Vivimos en un mundo en el que se nos concedió un lugar secundario cuando somos tan primordiales, tan protagonistas, como el varón. Y no debemos permitir que se nos haga creer lo contrario.

-Hay una lucha desde tus escritos por enseñar sin dogmatismos: expones casos de violaciones, abusos y maltratos. ¿Cómo es que no se impone la lógica de una vez en ciertos temas? En el 8M uno de los lemas era “El patriarcado me da patriarcadas”. ¿Cómo no ponerse de acuerdo en algo básico como es la violencia machista? Hablo de partidos políticos, claro.

Creo que todos y todas hemos recibido una educación patriarcal de la que cuesta librarse. O de la que no interesa librarse, porque de esta forma se hace perpetuo un modo de entender las relaciones humanas basado en el poder de unos sobre otras. Y hay partidos que presumen de su visión tradicional, que rechazan frontalmente que existe un problema llamado violencia de género, así, con toda su desvergüenza del mundo.

-No puedo terminar esta sarta de preguntas que tan amablemente contestas sin decir que las metáforas, las imágenes y los símiles, acompañan las descripciones y las situaciones que comentas: ¿es la literatura el camino, o al menos tu camino para defender, atacar o compartir?

La literatura es una de las grandes felicidades de mi vida. Creo que es primordial entender que contar la realidad no tiene por qué implicar descuido en la forma, ni un desdén de la belleza formal. A mí me atrapa el ropaje en que está envuelta una historia, su textura verbal, igual que el propio fondo, que el asunto del que habla. Defiendo que eso se puede hacer en periodismo, ofrecer un contenido usando una metáfora, cuidando los adjetivos, la tensión de la prosa, haciendo que suene bien incluso un mensaje meramente informativo. Sin perder de vista la claridad, la necesidad de que se entienda, pero sin caer en la simpleza o la incorrección.

-‘Silencio de mujer’ es la hermosa pieza narrativa que abre el libro: con tu permiso recomiendo emocionado ‘Nagore’, ‘Bowie’, ‘Casa de muñecas’ y ‘Follarse a alguien’. Sin olvidar ‘La dama de los monstruos’ en la que hablas de Diane Arbus. Como ves, esto no ha terminado: ¿qué textos son los que más te han elogiado y cuáles son tus preferidos –si es que puedes elegir entre tantas criaturitas?

A mí me gusta mucho M.M, la semblanza que escribí sobre uno de mis mitos más queridos, Marilyn Monroe. Me gusta el repaso a datos de su vida que siempre me han estremecido y que reflejan que nunca dejó de ser una criatura desvalida, una niña de orfanato a la que nadie se llevaba a casa, una joven despampanante en un mundo en el que se obvió su inteligencia, su sensibilidad y talento, una mujer deseada pero nunca amada del todo que murió sola, aferrada a un teléfono. Capote, uno de mis escritores favoritos, escribió un cuento sobre ella con una ternura casi paradójica en un mal bicho como él que me sirvió de modelo. Hay otras muchas columnas que me gustan, como la dedicada a María Moliner, que demostró cómo una mujer es capaz hasta de construir un diccionario ella solita, sentada en su jardín, con toda la paciencia y la ambición de saber del mundo. Me gustan aquellas en las que denuncio el silencio como arma mortífera que nos ha anulado durante siglos, que ha opacado nuestra sensibilidad, nuestra capacidad de trabajo, nuestras inquietudes, nuestra creación. Esas me parecen, sin duda, las más necesarias.

“Las palabras casi siempre cuentan una historia…” frase inicial de la autora
para la contraportada.

-Homenajeas a mujeres capaces, criaturas hermosas y elegantes damas del celuloide; nombras atroces actos cometidos contra vosotras y matizas frustraciones de algunas por los sometimientos de la época y el poder masculino que les tocó vivir. Le pegas duro a los violadores, a la ignominia de no aprender o al desprecio de la cultura y la lectura, criticas a los maltratadores de animales y no dejas de acordarte de Mary Shelley, los monstruos, lo horripilante, la belleza, la literatura como discurso sutil de la memoria para no repetir ciertas abominaciones…  ¿qué es lo que no le interesa a Patricia Esteban Erlés?

Pienso que casi todo puede interesarme, hacer que surjan preguntas, búsqueda de respuestas. Cuando un tema tiene que ver con el ser humano siempre encuentro un aspecto que me parece atractivo, sugerente. Todo lo bueno y lo malo, la suma de luz y sombras que somos me atrae. Prefiero creer que somos más luminosos que oscuros, pero en el mal, en la perversidad, encuentro un ingrediente que nos define, que es parte de nosotros mismos. Que es necesario admitir hasta para combatirlo. Podría decirte que no me interesa el fútbol, pero si pienso en un partido contado por Valdano, que casi convertía en literatura la retransmisión de una jugada,  eso ya no sería cierto. Si me planteo la pregunta de qué tiene ese juego para resultar tan trascendente me encuentro sin más interesada en ello, en su potencia colectiva, en su parecido con la guerra, en su capacidad para calmar dolores o preocupaciones y convertirse en el centro de la vida de mucha gente. Así que cualquier día me ves hablando de un mundial.

-Disculpa si ha sido más larga esta entrevista de lo normal: muchos son tus intereses y aprovechando que has sido tan amable, quería compartir con quien lea esto, las curiosidades que surgen de mi lectura. Gracias eternas.

-Gracias a ti, siempre, por tu lectura tan detallada y las preguntas que me han hecho pensar tanto en el porqué de algunas cosas.

Entrevista a Patricia Esteban Erlés (A propósito de ‘Fondo de armario’, Editorial Contraseña).

Ni por favor ni por favora. Cómo hablar con lenguaje inclusivo sin que se note (demasiado): María Martín Barranco, en Catarata.

María Martín Barranco, Ni por favor ni por favora. Como hablar con lenguaje inclusivo sin que se note (demasiado), Catarata, 2019.

Escribe el prólogo a un libro tan especial, tan ácido, Coral Herrera, que dice: “…hablar de forma inclusiva es muy sencillo, y no hace falta sacarse un doctorado. Basta con alternar el femenino con el masculino, utilizar términos que engloben a hombres y mujeres, visibilizar el uso patriarcal de la lengua y activar la imaginación para crear nuevos conceptos.”

Por una cuestión formalmente imaginativa, empecemos por el final: Martín Barranco sabe que la teoría no sirve para nada sin unos cuantos supuestos prácticos. Y eso nos regala al final del libro: el último capítulo (‘Lenguaje inclusivo: Manual de uso práctico’) es una joyita para quien lea este libro: yo lo leí, lo leo, como si no conociera el resto, y qué gozada, señores -y digo bien-, que alguien escriba así. Pero ya digo, escribo, afirmo: sigamos el orden establecido por el índice, qué importa.

El final de un libro así no existe.

Quienes se acerquen a esta lectura descubrirán influencias, autoras, escritores, salvedades y confirmaciones que normalmente no nos planteamos. Tampoco esperemos trampas: no hay nada que influya en el lenguaje directo, no hay imposiciones que denieguen el uso de una u otra manera de hablar. Hay, más bien, algo gustoso a quienes estamos acostumbrados a seguir órdenes: no hay ni una. No hay subidas de tono, maneras disformes, desencuentros más allá de la realidad.

Lo que sí hay, y ay, decía aquel, es mucho, mucho de humor. Ya que nos acostumbran a hablar, a comportarnos y a ser, por lo menos, veamos que podemos reírnos de nosotros, de nuestras formas y sobre todo, cómo no, de nuestras palabras.

Porque al nombrar el mundo nombramos a quienes lo habitan. Personas, ya sabéis. Ni más ni menos.

Ni “todos y todas” o “todas y todas”: no va este libro de nombrar a “los miembros y las miembras”. El despiste es disipado, ejemplo tras ejemplo por Martín Barranco. Y no toma uno u otro libro: coge el DLE (Diccionario de la Lengua Española).

Y bueno: si “el feminismo ha pretendido la emancipación colectiva de las mujeres y el reconocimiento de su estatus como sujetos de derecho” es normal que la lengua, lo que nombra y supuestamente nos diferencia o iguala, sea analizada en esta obra.

Decía que María Martín coge -y no lo suelta- el DLE, porque es una de las herramientas más potentes que tenemos. Nuestro diccionario, nuestras definiciones. Cierto es que nunca nos enseñaron la asimetría de trato y que el masculino genérico sirviera para justificar tantas cosas, pero entendemos a la primera -si nos ponemos, como ha hecho la autora y lo comparte con- que hay un sesgo machista con varios ejemplos: “¿Sabías que, por ejemplo, el DLE tiene más de ciento cincuenta sinónimos de la palabra puta y solo dos de puto ?”

Es obvio que mi lectura es sesgada. No quiero contar lo que dice el libro: ya lo cuenta Martín Barranco, y mejor que yo. Y para qué engañarnos: no tengo tanta imaginación a ratos. Me dejo llevar por el vocabulario que es ideología, que es denigrante, que es, al fin y al cabo -ya lo veo así- un arma que al usarla daña, alegra, funciona, reverdece, obliga.

Lo que más me interesa compartir y creo que es fundamental de la lectura, es su tono conciliador, rebelde, comedido, guerrero. El tono de un libro importante. Y este lo es. Nos da claves que nuestras cabezas tienen. Nos comparte informaciones que quizá, no tenemos. A mí, personalmente, me abre otros caminos, me pervierte la rutina, me encumbra en mi miseria de hombre. Y perdonad, es enorme la sensación de caer desde ahí. Este libro, estas palabras, lo hacen. Y me ha fascinado.

Me fascina que me busquen, que me digan, que me provoquen salir de fiesta al abismo. Y que además sea mediante la deconstrucción de falsedades, es decir, dar datos de manipulaciones del lenguaje, de descripciones de palabras, de significados que no llegan a más porque eso es lo estipulado… Espectacular.

Y punto, no tengo tampoco más que escribir. El libro es para leerlo.

Cuando nos demos cuenta de que esta literatura es necesaria porque comparte normalidades, porque transmite feminismos naturales y además nos salen a cuenta, empezaremos a sentir que las letras, las palabras, las frases y demás, no son gritos ni demasías, espectros vitales de este u otro partido político.

El feminismo es esencial, desde la lengua hasta el cuerpo. Primero hay que saber qué significa feminismo. Después, lenguaje inclusivo, cuerpo, identidades…

Empecemos con ‘Ni por favor ni por favora’. María Martín Barranco sabe que hablamos como hablamos y que a veces, dejamos de lado en las conversaciones a una gran parte de quienes pueden escucharnos. Y para ello, empezamos por el final del libro, como hice yo. O no. Qué importa.

Leamos este libro sabiendo que compartir algo, corregir otras cosas y decidir hacer visibles otras, no conlleva la muerte de algo.

Quizá su metamorfosis.

Y qué mejor que cambiar a tiempo, ¿no? Se agradece.

Se pretende algo de esto desde esta animación a la lectura: ¿está escrita en lenguaje inclusivo esta mínima colección de ideas?

Ya digo, metamorfosis. Work in progress.

Ni por favor ni por favora. Cómo hablar con lenguaje inclusivo sin que se note (demasiado): María Martín Barranco, en Catarata.

Penumbra, Esther Peñas

Penumbra, Esther Peñas, Devenir, 2011.



Cada libro es un aventurarse, luminosa, oscuramente, hacia un destino por conocer.

Esther Peñas lo sabe y en esa sabiduría radica la perfección jamás hallada mas siempre buscada, ansiada.

Peñas consigue hacer poemas con conceptos básicos pero olvidados: la belleza consiste en aplicar el día a día, la piel, los labios, el húmedo afecto de unas manos que acarician, empujan, sostienen, alientan.

Penumbra es la historia de la luz y la oscuridad, hermanas queridas y odiadas a partes iguales por la conciencia lúcida que a veces se oscurece por el alrededor y la historia: leer es un ejercicio de responsabilidad que parte de la escritura responsable, consciente, autónoma de una persona que ejerce el poder que cada palabra otorga: Peñas selecciona con mimo el léxico, aplica su rigor amoroso al contexto y nos hace visitar prados yermos o páramos frondosos. Su guía es excelente: el amor, el desamor a veces; la luz, la oscura semblanza del rostro que no tenemos: una odisea sin nombra pues nos deja libertad suficiente para reconocernos o no mirar el espejo por miedo a nosotros mismos, a no oír los cantos de sirenas por temor a qué nos dirán, a cómo nos nombrarán y cómo no, a obviar labios que pueden nombrarnos, haciéndonos así partícipes de una verdad incognoscible: nuestro verdadera mirada.

La ascensión hacia la luz, la caída ante la oscuridad.

El libro está perfectamente divido en dos pico de interés, siendo la parte central al que nos sirve de alas angélicas para poder admirar el verdadero fulgor con el que cierra la poeta este libro. Son páginas de fuego líquido, lava en estado puro y emocional, contrastes de amor y odio, de comprensión y terror: todo lo abarca el brillo de la vida.

Decir algo obvio antes de continuar: espléndido prólogo de Lostalé. bellísimo elogio a la poesía de Peñas, que no merece menos y el prologuista es otro afortunado de la palabra como sabemos quienes hemos leído sus poemas.

Umbra, Vislumbre, Resplandor, Opaco, Fulgor. Cinco partes como cinco soles: que ciegan o son ciegos, porque todo recoge el verso de Peñas que ella amaestra con diamantina claridad o pétrea y robusta oscuridad.

Elementos que nos suenan como ese eco que atraviesa el poemario serían los pasos, que resuenan desde el amor al desamor, desde esa amistad y honor y sentidos homenajes al estupor ante la maravilla y lo terrible del mundo. Andar, como diría el maestro Machado.

Tantísimo despierta este libro que el estupor, la melancolía y el dolor en diferentes grados (para lo que no duda la artista de la palabra en jugar con la tipografía), frente al silencio que ocupa a veces nuestro diario devenir, frente a no nombra por impotencia o elección, termina preguntando, con la osadía que el valor de saberse invoca: “¿Quién dijo miedo?”.

Libro decididamente bello, hermosamente valiente y de unas relecturas muy potentes, fogonazos de brillos lindos, limpios y -dios, cómo se hace eso- honestos, sinceros, límpidos de alma (con lo que esto quiera significar).

Hay presencias titánicas,

envolventes como arrugas de elefante

que hacen que lo bueno se perpetúe

aunque sea un instante,

un segundo, un parpadeo de tiempo

cuyo fruto resulta infinito.

Hay seres fascinantes

que se rebosan en cada gesto

y nos inundan;

personas

cuyo efecto es permanente.

Su ánimo auténtico,

hercúleo,

obstinado en bondad,

su hechura templada,

como un patrón a medida alzada que nos encaja,

su corazón discreto

los delata.

hacen posible que uno no se rinda

ante el desastre

y sostienen el cuerpo.

Sin embargo

coinciden en fragilidad,

convienen en no sentirse legítimos,

se pierden, se desangran

e ignoran cómo pedir auxilio.

Débiles ante sí mismos,

nos rescatan del asombro

porque existen,

se atestiguan en lo que son,

mas concuerdan en destruirse.

Sé de algunas de estas naturalezas,

las reconozco.

Te vi antes,

creí en ti siempre.

Hoy te tengo.

No te me alejes.

Me he permitido transcribirlo entero porque este texto es de una belleza arrolladora.

Y para terminar: un poemario como este es feminista. Convendría que alguien con mejor preparación, desarrollara una lectura así.

Gran libro. Y terrible, como todos los libros hermosos.

A leer a Esther Peñas.

Penumbra, Esther Peñas