Cualquier cosa que esto quiera decir: sobre Chejfec y su Teoría del ascensor

Sergio Chejfec,, Teoría del ascensor, Madrid, Jekyll & Jill, 2016.

(Lo que sigue son las pocas cosas que logro rescatar de una historia que conozco.)

Hay escritores que recuerdan a otros, que nos trasladan a otras propuestas y consiguen que expandamos nuestras expectativas lectoras, reflexivas, literarias.

Sergio Chejfec es un privilegio lector.

Es la expansión de la conciencia lectora en nuestras manos: tomo ‘Teoría del ascensor’ y abra por donde abra el libro, sus ensayos son diferentes y uno, diversos y unitarios, sencillos y complejos. Con razón afirma Vila-Matas en la contraportada que es “adicto a Chejfec”. Conociendo la literatura que propone el autor de ‘Bartleby y compañía’, tanto en sus cuentos y novelas como los ensayos -expansivos, regresivos, múltiples, plenos de referencias y autorreferencias-, por ejemplo, de ‘Impón tu suerte’, el tejer y destejer referencias, crónicas, prólogos, arte, literatura… lo multidisciplinar es marca de la casa vilamatesca. Y Chejfec, en un afán personal por abarcar varios temas, termina por abarcarlo todo: el dibujo, la pintura, la arquitectura, la descripción de (posibles) ciudades, los libros y la poesía, los narradores, las poetas, el universo mínimo de un paisaje tan enorme como su palabra y las metáforas que utiliza.

Da un poco de vértigo enfrentarse a un libro de Sergio Chejfec: el detalle nimio y aparentemente líquido se coagula en una visión, el rastro de tradición al recoger elogios justificados a otros artistas, el replantearse su pensamiento por si estuviera equivocado, ante la lectura de versos, poemas o novelas.

“Desprecio lo claro y lo explícito”, escribe en referencia a la ciudad, a la literatura: al todo que compone nuestro mirar, añadiría yo. Deja algo anonadado este tipo de literatura hipnótica: hablaba antes del detalle pero no es únicamente eso lo que hace que crezca por momentos mi admiración por Chejfec: es, cómo decirlo, esa fijación que tiene el escritor por alimentar la realidad con su lenguaje. Todo está ahí, pero no lo vemos, parece decirnos: por eso hay que practicar una literatura total, sin aspavientos ni intenciones de cerrar el círculo. Más bien, diría yo, Chejfec quiere ampliar nuestra visión de todos y cada uno de los temas que toca, maneja, sugiere.

Como una de esas sustancias psicoactivas que permite ver y vernos, nos contemplamos contemplando lo escrito por Chejfec como si fuera algo totalmente nuevo.

La literatura investiga problemas de revelación: pero lo mas misterioso de todo es que no la muestra, no la descubre. La verdadera literatura, parece decir, insinúa pero no desvela, dejándonos la maravillosa sensación de ser nosotros quienes descubrimos al asesino tras las cortinas, la oculta estrella tras las nubes, el deseo que no soporta más estar atrapado en el cuerpo deseante.

Hacer de lo estético una presencia sacra.

Es un libro enorme, extenso por lo que propone y profundo por cómo lo dispone. Un ejemplo sería las reflexiones sobre Barreto y su historia literaria, que es de antología.

La sensación es que hay mucho más: todo lo que no dice, escribe Chejfec y que hemos de componer los lectores. Como si la libertad otorgada nos supiera a poco, queremos más, sin darnos cuenta de que nos ha ofrecido lo más preciado que un escritor tiene: su desnudez ante la diversidad cultural que el mundo revela para él. Es un compromiso tanto para sí mismo, de honestas funciones investigadoras, como para quienes lo leemos, ya que decidimos en un momento prestar atención a algo que ni nos habíamos planteado que pudiera tener conexiones, poniéndonos en marcha mentalmente, o físicamente ya que leemos y buscamos informaciones, libros… que completen lo que el autor ha dejado en el aire.

No podía dejar de pensar en ‘Manual del distraído’ de Alejandro Rossi, del que guardo un magnífico recuerdo y multitud de notas.

Cualquier cosa que esto quiera decir.

Cualquier cosa que esto quiera decir: sobre Chejfec y su Teoría del ascensor

‘Herido leve’ de Eloy Tizón

Eloy Tizón, Herido leve, Madrid, Páginas de espuma, 2019

Referirse a Eloy Tizón, nombrarlo como artista, meditar sobre su papel en la literatura como lector, comentarista de textos ajenos, engrandecer textos y alentar el pacto entre lector y escritor, convertir la actividad lectora en mejor acción cada día.

Eso trataré de escribir, profundizando en la importante misión que alguien con una resonancia cultural bastante brillante posee: una responsabilidad de guía, a mi juicio, de corresponsable en los libros que recomienda en ‘Herido leve’, una especie de historia literaria alternativa, jugosa y diversa, pero sin esa pretensión de canonizar nada y dejar inmóvil el patio clásico de la literatura española o universal. El trabajo en este libro de Tizón me recuerda mucho a lo que Claudio Guillén postulaba sobre la tarea del comparatista (‘Entre lo uno y lo diverso’ es una maravilla altamente recomendable): Tizón no teoriza demasiado y es impresión mía pero enlazo el ingente trabajo de aquel, a la belleza con que este logra plasmar sus impresiones al comparar libros diferentes cuyas vibraciones hacen que, por medio de un hilo conductor aparentemente tenue, lleguen a buen puerto a la vez, sin perder la frescura crítica y resguardando las diferencias y características que hacen propias a cada autora, a cada libro, al autor mencionado por Eloy Tizón.

El lector ofrece una multitud de ejemplos, algunos de los cuales conoceremos o habremos incluso releído. Otros no. El libro se divide en ocho partes, y da la sensación de que nuestro escritor pretende pergeñar una extensa biografía literario-lectora. Sus impresiones, recuerdos, multiplicidades lectoras, reconocimientos y sugerencias brillan como destellos sabios y atractivos, en ningún momentos impertinentes o aburridos y esto, ya es bastante en un libro de reseñas de casi seiscientas páginas. Así que la diversión, la sorpresa y el amor por la literatura están presentes en todo el volumen, siendo algunas reseñas espectaculares ejercicios de teoría, ficción, imágenes sorprendentes o verdaderas lecciones de historia literaria.

No desgranaré el libro por completo: pero auguro que en unos años se hará, o al menos, partes de él, porque al ir haciendo calas pequeñas, descubriremos que esos pequeños agujeros que había en el estudio de algún autor, Eloy Tizón los rellena con el platino del cariño por ciertas expresiones y el oro del dominio técnico de la repetición de las ideas fundamentales, el dogmatismo indetectable que utiliza al nombrar sus convicciones de manera franca y plausible. Se convierte el libro en un dechado de lagunas cálidas donde nos sumergimos sin miedo a la incomprensión, a estar equivocados en nuestras lecturas: parecemos más libres de elegir -o no- esos libros que Tizón se demora primorosamente en acariciar con palabras de brujo literario, pero sin trucos baratos, con los mejores recursos de la alta literatura mágica de nuestro tiempo: la claridad, la profundidad, un comedimiento inaudito y una ejemplar falta de arrogancia.

Solo por estas razones, pensé, he de escribir algo sobre Herido leve: todo esto -no soy tan inocente de pensar lo contrario-, no sorprenderá a nadie que conozca la obra de Tizón, ni a él mismo. Los elogios a su obra son legión, como sus lectores. Pero quizá sirva utilizar ciertas herramientas tizonianas para entender sus escritos mejor o disfrutar de su pensamiento literario para conocer sus pócimas secretas, sus pases maravillosos que hipnotizan y que nos hacen leer página tras página sin darnos cuenta de que además de entretenernos, muestra saberes y los comparte con nosotros.

Así que he decidido dar unas cuantas pistas de lo que vamos a encontrar en este libro: podrían ser más, pero ya digo que son mis divagaciones en torno a un libro cuya riqueza es la sugerencia, por lo que a otra persona, le inspirará otras reflexiones, quizá más serias y rigurosas. Pero también podrían ser menos, qué importa. Si algo saco en claro de lo que -y cómo lo- escribe Tizón, es que importa poco tener todo claro sobre la literatura: es recomendable dejar un amplio margen para suposiciones, nuevas disquisiciones e ir poniendo en claro de a poquito férreas y rígidas convicciones intocables. ¿Es la vida así? parece preguntarse Tizón. Nos puede gustar Boris Vian, pero no por eso dejaremos de reconocer el magisterio de Artaud en algunos frentes; podemos idolatrar a Stendhal y no olvidarnos de Hoffmann. En fin, múltiples posibilidades, apertura mental y nada de quemas organizadas. Incluso cuando Tizón escribe una crítica deja un regusto amable en el paladar lector. Y eso ya tiene mérito. Lo que a continuación viene son impresiones después de acabar el libro: una pena, sí; releeremos los cuentos y buscaremos las novelas de este autor, qué vamos a hacer.

1-No perdamos la infancia. Las lecturas de nuestros años mozos y adolescencia marcarán sin duda nuestra memoria plena de recuerdos primerizos: superamos unos encontronazos literarios. Otros nos marcan de por vida.

2-Encontraremos en estas páginas terremotos de sensaciones sobre diversas autoras -por ejemplo, Lispector- que nos harán comprender que la emoción es fundamental al compartir ficciones. Esto es ficción, la crítica de Eloy Tizón, pues no ha de ser de otra manera el contar su experiencia lectora, tan diferente de todas las demás. Lo único es que su experiencia emite juicios más válidos que los de otras personas. Es lo que se llama un experto, como los hay en otros ámbitos, en el derecho o la medicina, y no vamos por ahí interpretando las leyes o sanando enfermos (bueno, algunos sí van por ahí, reventando la mesa con la maza de su opinión o conocen al dedillo la fórmula magistral para ayudar a un gobierno y sus expertos en cómo curar una pandemia; mundial; con dos cojones. Pero esto es otra historia). Así que la emoción, la formación y el conocer los recursos de contar, concluyamos, es importante en la escritura. Emocionar, enganchar y saber cómo hacer ambas cosas, hablando en plata, es cosa de la escritura verdadera. Algo así.

3-Los libros se acaban, pero no se agotan. Como este de Tizón al que volveré unas cuantas veces, por su bibliografía y teoría literaria sin querer ejercer de crítico. Por sus consejos como lector profesional que extrae el jugo literario de las novelas que comenta con total libertad.

4-Tizón no elude las vulgaridades de algunos autores: hay una frase atribuida a Flaubert que dejaré que quien se acerque al libro descubra, una comparación con un cigarro, maravillosa: las biografías de los autores -siempre recuerdo la frase de L. M. Panero- tienen su interés y aunque ya sabemos que no depende la creación del entorno, únicamente, es curioso comprobar ciertos datos de la vida de quienes maquinan historias y relatos extraños, fijados en un punto, desconectados de la realidad en algún sentido y en otros absolutamente dependientes de ella.

5-Somos relatos en medio de otros relatos, todos somos ficciones. No hay más preguntas, señoría: soberbias frases.

6-“Solo nos queda una cosa que hacer por nuestros mayores: escribir bien”. Schwob. Y Tizón cumple. Nos encontramos ante un despliegue de medios retórico que parecen naturales, imágenes de desbordante sensualidad, y sí, metáforas que contienen el sabor añejo y los materiales tradicionales tamizados por esa modernidad tan post que vivimos hoy día, según algunos. No pierde frescura el texto firmado en los años noventa. Por algo será.

7-La ejemplar selección, sin seguir modas, de autores y autoras: hay una gran cantidad de escritoras en estas páginas. Desde hace mucho, lo cual es llamativo y dice mucho de las amplias miras que el autor posee. Y aunque parezca una perogrullada, conozco “intelectuales” que atraviesan esa fase de misoginia, porque sí, querida lecturalia, como en todos sitios, entre ellas también existen malas escritoras que reciben reconocimientos: ya, ya sabemos que hasta hace poco eran ellos solamente quienes recibían los mismos reconocimientos, siendo igual de malos: así se reparte algo el pastel: cada quien sabe cómo escribe, cuál es su calidad, y cuál es la de quien tiene al lado. Y también hay escritoras buenas, y muy buenas. Y excelentes. Vaya, como entre los hombres. En fin, debates aparte de coraje macho: un gran acierto que personalmente, en medio de la vorágine de clásicos y falta de lecturas, me viene bien para conocer mujeres que no conocía y ya tengo ganas de leer.

8-Entre las muchas notas que decoran mi ejemplar de ‘Herido leve’, señalo “qué belleza”: Toda biblioteca es un trabajo de amor. Los libros se merecen (o no), como el mar o la risa.

Por frases como esta, analicémosla con afecto, es Tizón un peligro para la deshonesta capacidad de engañarnos que tenemos. No dice una “acción”, dice un “trabajo”. De amor. Algo que cuesta, un esfuerzo que culmina en un orgasmo y una felicidad. O eso leo yo. porque nos merecemos esas historias como el mar -el todo azul, la dicha marina, la sal que cura, el oleaje que somete y la vida del pez- o esa marca de primates diferenciados y felices que es la risa, y que ya condenara el venerable Jorge ante Guillermo de Baskerville. Nos lo merecemos: ambas potencias, ambas geometrías perfectas -el mar, la risa-. O no. Qué carga de profundidad ese llamamiento sin palabras a herejes que no sientan el amor por los libros. Parece decir que sufrirán las consecuencias de su rebelión ante la cultura. O no.

9-Los rusos, los diarios de Tolstoi, el recordarnos la historia. Siempre que leo sobre la muerte provocada por fascistas y comunistas del siglo pasado, pienso en las dictaduras, los refugiados y en los campos de concentración. (Recuerdo la visita a Sachsenhausen. Recuerdo lo que una mujer alemana nos dijo cuando le pregunté -imbécilmente, sin vocabulario en inglés apenas- si estaba bien para visitarlo: “No —nos dijo en un inglés totalmente comprensible—: no está bien, pero tenéis que verlo”. Lamentable contemplar como un turista los hornos para niños. Lamentable enterarse de que años después del final de la guerra, utilizaran estos con los mismos fines que los nazis, pero con su gente).

La historia no se olvida, o no debiera de olvidarse. Tizón lo sabe.

10-Definiciones posibles de literatura, sucedáneos y modernuras: podremos estar de acuerdo o no, pero es divertidísimo comprobar cómo toca la tecla Tizón y acierta en la melodía de los tiempos. Somos tan modernos que a veces no dejamos pasar una novedad a costa de los clásicos.

11-La literatura fantástica. Sus hallazgos, sus límites. Después, recordar a Roas, por ejemplo, o echarle un vistazo a sus cuentos. Leer la teoría de Todorov, lo que piensa sobre lo neofantástico Alazraki… Un mundo, ya digo, la dispersión organizada que imprime Tizón en estos formidables minicompendios de insinuaciones, veladuras y artificios literarios. Nos conduce ante unas cuantas puertas y nos impele a abrirlas todas, disipa el miedo, fomenta la curiosidad: más no se puede hacer.

12-La felicidad del lector. Miguel Arnas, novelista catalán, hace poco me hablaba de lo mismo: el disfrute de la lectura. Si no hay divertimento, hay que dejar ese libro. Y de nuevo, Tizón lo sabe, y sabe que en la variedad está el gusto, la alegría y no hay un monocorde sentido en este libro por lo que nos hará sonreír cuando impregne de literatura la reseña que leamos. Disfrute estético.

13-Conoceremos los best-sellers, su atractivo, su calidad y por qué leerlos o no. ¿Es la lectura siempre recomendable? Me ciño a los que decían Faemino y Cansado sobre la asistencia a sus espectáculos: “mejor estar aquí que delinquiendo”.

14-Poe y el cuento moderno: no me canso de leer sobre la relación, las implicaciones y los esfuerzos del americano por superar el cuento tradicional. Tizón lo explica a las mil maravillas. Sus reflexiones sobre el cuento en general, en los artículos inéditos que este libro contiene, son oro puro. También la lista de cuentistas jóvenes que da: una lista de la que a mí, conociendo algunos nombres que ahí aparecen, sin menospreciar a nadie pero ensalzando en mi humilde opinión a dos que he leído, Daniel Monedero y Juan Gómez Bárcena son espectaculares o al menos realizan el tipo de espectáculo que a mí me gusta ahora: me enfadan, sorprenden, sojuzgan y maravillan: hablo de ‘Manual de jardinería (para gente sin jardín)’ y ‘Los que duermen’. Para cuentistas y lectores con el interés de leer cada vez mejor.

Porque de eso se trata: de comprender que leyendo cada vez mejor, seremos más libres, nos impondrán menos y podremos ser más felices y vivir con mayor autonomía.

Tengo más notas, pero, como diría un amigo argentino “che, dejate algo para los demás, boludo…”

‘Herido leve’ de Eloy Tizón

Cervantes y las Novelas ejemplares

Edición de Harry Sieber para Cátedra

¿Por qué leer las Novelas ejemplares de Cervantes hoy?

Buenas tardes: soy Juan Peregrina, filólogo y lector, y principalmente por eso estoy aquí: por una suerte de enfermedad espero que contagiosa, cuyos virus me encantaría inocularles sutilmente esta tarde: la enfermedad de la lectura, creo que la compartimos quienes estamos aquí, como Paco Gil Craviotto, muy buen escritor y lector a quien agradezco la invitación de esta tarde para poder participar en este ciclo cervantino. Y por supuesto, agradezco a todas y todos ustedes, su presencia en esta tarde granadina.

Y de Cervantes vamos a hablar, de sus Novelas ejemplares, de lo ejemplares o no que son y lo novelas o cuentos que son y de por qué hay que en mi opinión, leerlas hoy. Intentaré ser ameno y entretenido, no abundaré en datos y será esto más bien, una animación a la lectura de las Novelas que un furibundo ensayo especializado. De todas maneras, no soy cervantista ni pretendo imitar a ninguno: es importante la época, la religión, el contexto histórico y el papel de España en esos momentos en el mundo, por supuesto, pero desde mi humilde opinión, creo que eso vendrá más adelante ya que lo primero es un acercamiento a las Novelas ejemplares, a sus temas, su literatura y sus picos de interés. Cómo creaba la magia de la literatura Cervantes y qué pienso yo que puede atraerles a ustedes para que lean La gitanilla o Rinconete y Cortadillo, para que le echen un vistazo a El licenciado Vidriera o les fascine los diálogos de El coloquio de los perros.

Realizaré una introducción, hablaré de las Novelas ejemplares y de por qué creo que tenemos que disfrutarlas y terminaré con una conclusión: este será el esquema de mi charla y después si quiere alguien comentar algo, estaría muy bien debatir ideas diferentes o puntos de vista más sabios, que seguro que habrá, que los míos.

La Novelas ejemplares se escribieron a finales del siglo XVI y principios del siglo XVII publicándose en 1613, bajo el reinado de Felipe III que aún habría de durar 8 años más, medio siglo después del final del Concilio de Trento (1545-1563) y en pleno auge católico con la Contrarreforma. Quizá la época, el Barroco, el lenguaje, los temas o su tratamiento nos “echen para atrás”, como puede pasarnos con cualquier escritor “antiguo”: pasa con Góngora, puede pasar con Lope o Gracián. Pero para superar ese primer temor, para no arredrarnos y poder disfrutar de los libros de cualquier autor, tenemos la suerte de no ser coetáneos de él, es decir, si alguien publica hoy un libro y no lo entendemos, como no nos pongamos en contacto con el autor o leamos alguna reseña crítica seguiremos perdidos porque además, y es lo principal, no tenemos el factor tiempo a nuestro favor, no sabemos si ese texto resistirá el paso del tiempo, de lectoras y lectores, de críticos y críticas. Repito: las Novelas ejemplares fueron publicadas en 1613. Imagínense ustedes las ediciones comentadas y anotadas que existen, e imaginen por qué las hay, por qué las tenemos a nuestra disposición y si las habría si estas Novelas ejemplares hubieran pasado sin pena ni gloria por el arduo camino de más de cuatrocientos años.

Así que antes de hablar un poco de lo que van a encontrar en las Novelas, sin desvelar, por supuesto el final, les recomendaré a algunos especialistas y algunas ediciones que pueden encontrar fácilmente en librerías y que les harán la lectura más agradable. Incluso pueden buscar guías didácticas para los más pequeños.

El libro de ‘Sentido y forma’ de Casalduero está muy bien escrito y contiene información de valor para quien quiera adentrarse aún más. Existen multitud de estudios como los de Américo Castro, Lapesa, Luis Rosales o Rodríguez Marín entre los españoles –son algunos- y entre los hispanistas extranjeros como Spitzer, Forcione o Lowe.

Harry Sieber realiza la edición para la editorial Cátedra, una de las más accesibles, Lorenzo Hernáiz para Santillana, la de Clásicos Castalia es de Avalle-Arce o la de Austral de los especialistas Florencio Sevilla Arroyo y Antonio Rey Hazas.

Yo, que soy un amante de la ilustración, les recomiendo la edición de Anaya, con un par de cuentos: Rinconete y Cortadillo y La ilustre fregona, con ilustraciones de Enrique Flores y adaptación de Emilio Fontanilla Debesa.

Y estos son solo algunos de los apoyos que pueden encontrar: ya les decía antes que por falta de ayuda no es: hay que aprovechar que estudiosos inteligentes hayan invertido tantas horas de su vida en un tema para podamos ahora disfrutar de una lectura más clara, sencilla y gustosa.

Entrando en materia, las novelas ejemplares son once, aunque la última está dividida en dos, y algunas veces leemos u oímos que son doce: de hecho hay ediciones que incluyen el relato La tía fingida, cuya autoría se discute desde finales del siglo XVIII, no poniéndose de acuerdo críticos que apoyan esta teoría como Gallardo con los que no, como Avalle-Arce. Polémicas aparte, me centraré en el corpus de textos clásico de las once novelas, recordando de nuevo que la última está dividida en dos.

La gitanilla

Esta deliciosa novelita es la historia de una gitana muy joven, inteligente, decorosa y de la que se enamora un noble gracias a sus palabras, gestos y modos. Lo que quisiera comentar es que es la primera novela de cinco que componen las once, en la que Cervantes utiliza lo femenino para titular: la mujer es muy importante para Cervantes y así queda demostrado en La gitanilla, La española inglesa, La ilustre fregona, Las dos doncellas o La señora Cornelia. Desde los títulos, el buen escritor nos da pistas sobre lo que vamos  a encontrarnos en la historia. Además de aventuras, el mundo de los gitanos está muy presente con sus tradiciones, pasados, vocabulario y enseñanzas de la calle. Quizá lo más llamativo para los protagonistas masculinos de la historia, sea la belleza de la gitana, a lo que ella replica en verso:

En esta empresa amorosa

donde entretengo,

por mayor ventura tengo

ser honesta que hermosa.

Porque esta es una de las características que Cervantes expone también: las mujeres de sus relatos serán hermosísimas, pero también y casi lo primero honestas, virtuosas, es decir, moralmente intachables, ya que como dicen los especialistas, la belleza física renacentista se convierte en el Barroco en belleza moral.

Encontramos en esta historia poemas, canciones, trama y una descripción de Preciosa –de nuevo el nombre es fundamental-, que se equipara a la Poesía: casta, bella, discreta, aguda… Así abre Cervantes el volumen de sus Novelas ejemplares, con una magnífica historia que nos llevará a conocer a una protagonista femenina espectacular, dispuesta, sin miedo, de una valentía que deja asombrados a los hombres con los que se va cruzando.

El amante liberal

Cervantes vivió el cautiverio, la cultura árabe y se formó como especialista en armas y letras, dos mundos entre los que algunos de sus personajes se encuentran. Volvemos a ver la importancia del título: la liberalidad de un amante y qué mayor característica de liberal que dejar que el amor vuele en pos de lo que él considera adecuado: esta novela plagada de aventuras atraerá a lectoras y lectores que gusten de viajes, secuestros y rescates, ya que Cervantes consigue transmitirnos con escenas exteriores, una serie de momentos en los que la interioridad de los protagonistas combatirá con lo de fuera.

Las intrigas de la propia aventura se enriquecen gracias a la imaginación de Cervantes, a quien le gustan las metamorfosis y los cambios: los nombres serán otro elemento que irá cambiando en algunos personajes, ya sea por su bien, o por no ser conocido en algunos ambientes, ambientes esto que Cervantes pintará con una paleta de colores especial, funcionando los claroscuros. Estudiosos como Casalduero inciden en algo en lo que Cervantes también es el primero en ir más allá -como en otras cuestiones-: en esta novela, el protagonista se convierte gracias al esfuerzo del escritor, en héroe, pero no en el héroe clásico que lucha contra las adversidades de fuera, enemigos, monstruos o ejércitos, sino en el héroe moderno, aquel que tiene que asumir con decisión, arrojo y valentía, la lucha más fiera jamás hallada: la lucha consigo mismo que será la que de veras le sirva al hombre moderno, el aguantarse y vivir día a día: ya que hemos llegado a darnos cuenta de que somos el centro de todo, las personas han de superar sus miedos y servirse a sí mismos de lo aprendido, para utilizarlo en su beneficio y compartirlo en tiempos de necesidades con los demás.

Rinconete y Cortadillo

La novela picaresca siempre ha estado presente en la literatura española desde nuestro Lazarillo, que como se sabe, es una pequeña pero hermosa y perfecta novela. Los pícaros son gente que se busca la vida y que aprende a base de palos, disgustos y requiebros del destino, encarnado normalmente por personajes mayores, más sabios y astutos que el o los protagonistas.

Sevilla es el marco de la novela, y sus dos protagonistas también mudarán el nombre, las actitudes y sus esperanzas de vida tras conocer al rey de reyes entre los ladrones y chusma del lugar: el gran Monipodio, personaje donde los haya. Nada más por conocer a Monipodio, dónde vive y quiénes son sus acompañantes, la novela ya merece la pena. Creo que se nota que esta es una de las piezas que más me gustan: el ambiente, el lenguaje, las explicaciones que podemos encontrar tras la lectura, todo lo lumpen siempre me ha atraído: la definición de lumpen es aquel tipo de clase que no tiene conciencia de la existencia de ellas, las clases. Esto es muy personal: en la novela de Cervantes, de hecho, no sucede como en las picarescas ya que los muchachos, Rinconete y Cortadillo, están como dirían en Cádiz, “aprendidos”: ni siquiera tienen que pasar prueba alguna o pasarlo mal como novatos para ser reconocidos como miembros del grupo de malhechores que irán cometiendo fechorías por las calles de Sevilla. El humor que impone el escritor desde el propio lenguaje nos llevará a recorrer callejuelas y callejones cruzándonos con sus miembros o los más insospechados visitantes de la ciudad.

Notaremos la falta de confianza por haber sufrido, y precisamente ese sufrimiento de los que viven o malviven en la calle, nos llevará a contemplar la mentira, el desengaño y la palabra en discursos de una bestial sinrazón. Viviremos el maltrato masculino a una mujer, y sentiremos lo que hoy sentimos cuando ella misma defiende su situación, aunque en la narración de Cervantes el ambiente y los personajes son tan bajos que casi vemos normal esa pobre y patética situación. En fin, hay mucho más pero se lo dejo a ustedes por si, como pretendo, les he generado el suficiente interés a través de mi pasión por esta novela para que lean tranquilamente y disfruten: desde el lenguaje utilizado hasta la trama, ya les digo, es una interesante maravilla la que consigue Cervantes.

La española inglesa

De nuevo desde el título y como sucede a menudo, el autor nos da un contraste: una española de Inglaterra o viceversa (igual pasará en La ilustre fregona). Y de nuevo la mujer es la protagonista desde el título. Lo más interesante en esta historia de amor, aparte de los viajes y aventuras, es la transformación que sufre la protagonista. Recordemos cuántas transformaciones hay a lo largo de la historia de la literatura y por qué no decirlo, algunas de las mejores están en las Metamorfosis de Ovidio, como ya sabemos, aunque la diferencia estriba en que los dioses de aquel, son las personas de este: me refiero a que Cervantes, ateniéndose a la verosimilitud, elige personas como protagonistas, y lógicamente al escoger así, la trama va a viajar por diferentes derroteros tanto en nuestra imaginación y capacidad lectoras como por supuesto en la creación cervantina.

Hablaba de Ovidio porque algunos críticos muy agudos han perfilado las escenas donde aparenta ser pintor Cervantes, y dibuja un Marte, el dios de la guerra, que de bello parecía Venus, la diosa del amor. Cervantes es capaz de todo, y la sorpresa que nos deparan los ambientes extranjeros, las ciudades ajenas y su colorido, no lo es menos que cuando nos perfila un rostro, un cuerpo, una persona. Es muy grande Cervantes describiéndonos física y moralmente a sus personajes: de hecho, como veremos, es capaz de hacer de una casa -en El celoso extremeño-, un personaje.

Hay peregrinaciones, viajes religiosos, viajes interiores, cambios de actitudes, metas de la virtud como el matrimonio –que es un elemento elaborado siempre por Cervantes en sus narraciones- y el problema religioso que sacudía por entonces a España, intentando reunir esa realidad material con la esperada realidad espiritual.

El licenciado vidriera

Sin duda es una de las piezas más divertidas y profundas del conjunto o al menos, así lo pienso yo: un licenciado que se cree de cristal y tiene varios nombres, según el estado en el que lo encontremos: sano, loco y curado. Si cree que es de cristal, la monomanía está asegurada, el trance para encontrar la felicidad también y el conjunto de personajes que acompañan a este loco querido hará lo imposible por entender de qué habla, de dónde le llega la sabiduría y cómo es capaz de afrontar un problema tan grande –ser de vidrio- y a la vez tener tantísima consciencia de ser especial y sabio y de que socialmente es una de las piezas claves para que funcione su alrededor, pues da puntos de vista diferentes pero juiciosos y acertados; esta novela nos sirve para diferenciar al loco del cuerdo, al recto del hipócrita y sobre todo, algo fundamental: reconocer que hay muchas ideas diferentes, muchos espacios diversos y que debemos respetarlos. El pensamiento único, el fascismo, el extremismo del color que sea ha de ser combatido, y más hoy que algunos piensan que lo nuevo es extremista y no miran ni ven que a veces, los antiguos, los de siempre, son más radicales pues fomentan el miedo a lo novedoso que quizá es mejor. Así que fíjense cuánto surge tras leer la novela de El licenciado Vidriera. Todos los personajes socialmente vivos aparecen en la narración y para todos tiene Vidriera algo que decir: reparte sin medida, ya que la única medida es la de su mente, su juicio, su sensatez. Sus dichos populares cargados de ironía pueden ser actuales, nos dejan intranquilos, nos preocupan. Parece que nos vemos reflejados en sus palabras que son como una torrentera. Todo el conocimiento es expuesto para nosotros, como una forma de epifanía: encontrar el conocimiento es la vida y la muerte, es un renacer con palabras.

También hay una mención exquisita al vino: el vino como cultura y acompañante popular de las personas, de la sociedad: es decir, ya tenemos otro elemento para disfrutar aún más de estas páginas que conocemos bien en países como Francia, Italia o España, ya que los caldos son sentidos como patrimonio de cada cultura y de esto, sabemos bastante, de bebida y gastronomía, del buen beber y buen yantar: qué decir de la cocina mediterránea y las viñas de nuestro país, la diferencia del norte, el sur, el este y el oeste: Ribeiros, Riberas, Valdepeñas, Riojas… qué decir. Tiene multitud de atractivos el cuento, culturales y sociales.

La fuerza de la sangre

Un título así de sugerente encierra una familia, un acto cruel y una reparación. Los especialistas, como no podía ser menos hablan del pecado y su perdón. Es normal que de Cervantes se escriba tanto pues tienen tanta potencia sus historias, están tan llenas de equívocos y nombres cambiados, de decepciones y alegrías que no puede ser menos estudiada que otras obras. Contiene la primera escena, solo para despertar su interés ahora que me escuchan, un encuentro bestial: entre lobos y ovejas, entre el negro y el blanco, entre los que al principio se comportan mal y los que siempre son buenos. Los contrastes y oposiciones son fundamentales en la narrativa cervantina.

Otro detalle que aparece en varias novelas es el “viaje a Italia”: viaje cultural, de aprendizaje o simplemente para expandir fronteras personales y mentales. Italia es madre, padre e hija. Es un país donde todo puede ser porque todo estuvo, está y estará: es principio, medio y fin. Las maravillas, las construcciones, la Universidad y el conocimiento, la filosofía, la cultura, los mitos, el saber… Cervantes no podía obviar un país así pues complementa lo genial que tiene el escritor, sus lecturas de autores italianos, sus influencias y la renovación de las letras españolas, el arte de narrar. No olvidemos las novelas de Boccaccio como La fiammetta, por ejemplo, o ese espléndido conjunto de relatos que es el Decamerón.

Por supuesto, la belleza, el matrimonio y elementos importantes para que la trama se solucione, coexisten de manera natural y con el gracejo que Cervantes imponía a sus escritos, haciendo de los personajes criaturas verosímiles para quien lea la historia.

El celoso extremeño

El título es masculino, pero las protagonistas son nuevamente ellas: la mujer que quiere y ansía la libertad –fíjense en el título-, sus cuidadoras y su cubículo: la casa. Cervantes dota a la vivienda de tal vida que se convierte en espacio y personaje. De hecho al leer esta entretenidísima historia, de amena trama y personajes tan bien caracterizados, nos somete el narrador con su pluma, ya que no podemos dejar de leer qué va a suceder con esa chica tan joven y tan casada con un hombre tan mayor. Y obviamente, sucede lo que tiene que suceder, pero antes, para dejar que ustedes lo descubran advertiré que como Cervantes, puedo estar haciendo ficción: he dicho que “sucede lo que tiene que suceder” pero únicamente ustedes pueden descubrir el final, y leyendo esas páginas atravesarán conciertos nocturnos delicadísimos, conocerán a un negro aficionado al sonido y unas ayudantes enamoradas del otro, porque el otro, el único, el amante futuro, la idea de lo que puede venir parece que siempre es más adecuada a pensar que lo mejor es lo que tenemos al lado.

Ya digo: de un caso patológico que se vislumbra desde el título y lo podemos contemplar hasta la última página, Cervantes comete, perpetra una historia atrevida, valiente y diáfana, que entenderemos perfectamente y disfrutaremos como si nos la estuviera contando alguien de nuestros días, ya que hay temas universales como el matrimonio entre dos personas de muy diferente edad, sea por los motivos que sean, o el delirio celotípico, provenga del sexo que provenga y quería de nuevo romper o más bien machacar esa lanza que a veces se convierte en cuchillo para las mujeres y acaban con veinte o más puñaladas en su cuerpo: tengo el deber de ser desde estas palabras justo: antes decía que Cervantes respeta a la mujer, desde sus tramas hasta las palabras que emplea para contarlas. Leerlo también nos ayuda a comprender que las mujeres son personas que sienten, padecen y eligen. Igual que los hombres. Hoy no lo entendemos y si seguimos así, las estadísticas de asesinatos de mujeres este año en España, se disparará como los años anteriores ya lo hicieron. Ahí lo dejo. La literatura puede enseñar, educar y ojalá salvar. Respetemos a la mujer como nos respetamos a nosotros mismos. No es ni fácil ni difícil, ya digo: se trata de ser justo. Que nos respeten y respetemos. Seguimos adelante.

La ilustre fregona

Volvemos a contemplar a una mujer en el título, y además, un título en contraposición perfecta: alguien, una mujer que limpia y sobresale porque es ilustre: lo ilustre es de nivel superior, así que una primera impresión nos desconcierta y llama poderosamente la atención: en esto, el escritor ha de ser raudo, inteligente y excepcional, pues cuántas novelas desde el propio título, no nos dicen nada de nada. Reconocemos a Cervantes como uno de los maestros colocando títulos entonces.

Podemos encontrar en esta historia un dramatismo continuado y una acción que no podemos dejar de leer. Como en otras ocasiones Cervantes echa mano de la poesía, su género preferido y por el que quiso ser recordado, y nos explica la diferencia, sutil y poderosa entre la poesía culta y la popular, en una especie de duelo lírico, una escena hermosa de enfrentamiento entre dos maneras de pensar que personalmente creo que se da hoy y que podemos encontrar en cualquier momento si hablamos o escuchamos a gente que se dedica a esto. Recordemos, ya que estamos en Granada, a Lorca cómo no. El propio Federico compuso el Romancero gitano y también los exquisitos Sonetos del amor oscuro: desde el nombre -qué importancia tienen los nombres esta tarde-, se sabe que el romance es popular y el soneto culto: aunque sea únicamente la forma y después quienes escriban elijan uno u otro tema. Poetas de la claridad y la oscuridad, poetas de colores; lectores que prefieren textos cristalinos o más azabaches. Hay de todo y es lo que Cervantes nos ofrece y nos matiza: disfrutemos de todos los palos, como en el flamenco, conozcámoslos por lo menos y luego dilucidemos y elijamos, ya que somos libres cuanto más conocimiento tengamos de las cosas, la literatura, el cine, la política, las relaciones sociales…

La belleza y la virtud serán dos características que estarán presentes en este relato: la unión de lo bello y lo virtuoso, desde el personaje femenino hasta las diferentes situaciones familiares y sociales que se precipitan en el relato, y las soluciones que se nos ofrecen con una imaginación tremenda por parte del escritor, harán que nos maravillemos con esta historia.

Las dos doncellas

Las mujeres vuelven a ser protagonistas: ahora se travisten, se visten de hombre para lograr la consecución de sus deseos, que no son otros que saber la verdad. Hay peleas, luchas y heridas desgarradoras. Cervantes utiliza inteligentemente toda la materia narrativa de la que tiene conocimiento mezclando, dividiendo y asumiendo riesgos. El placer de encontrar todo ese magma así de fantástico es comparar la realidad y la imaginación y ponerlas al servicio de la literatura y la lectura, aprovechando los recursos que se tienen. Si sn tienes todos como el caso que nos ocupa, imaginen lo que se puede conseguir. Los desafíos, la falta de reconocimiento entre familiares y sobre todo, las tragedias salvadas por una intercesión a tiempo… componen un mosaico de lucidez extrema.

Una de las ideas que mejor nos comunica Cervantes es que la mujer es autónoma en el amor, y que no puede ser seducida contra su voluntad. Es digno de mención: en la época y hoy día. Cuántas historias leemos, noticias conocemos y en fin, comentarios que se convierten en trágicos sucesos en contra de lo que esperamos que sería lo ideal: compartir la libertad que el hombre tiene, y que debiera tener la mujer, como insinuábamos antes.

La mirada primera, el enamoramiento con la sonrisa de las pupilas aparece y ciertamente mantiene una deferencia Cervantes con el respeto, la vivacidad y el orgullo de reconocer la belleza y sentirla como propia, asumiendo que si la otra persona nos acepta, la felicidad plena nos acompañará durante toda la vida. El privilegio de un alma enamorada comienza por la vista, continúa por las palabras y puede concluir con la narración del hecho, ya pura acción narrativa para atraer desde el mismo contenido y despertar nuestra curiosidad lectora.

También contemplaremos la virtud en no criticar la debilidad humana, porque los poderosos de verdad, los héroes y discretos, no abusan neciamente de las murmuraciones, algo que solo está al alcance de los débiles y pusilánimes como expresan los que más saben de esta novela.

La señora Cornelia

Volvemos a las intrigas, a Italia, la religión y ciertos valores trascendentales como la generosidad, el valor y la nobleza: desde enfrentamientos con espadas hasta unos maquiavélicos planes que se descubrirán poco a poco, iremos conociendo la belleza de la protagonista: y de nuevo, una mujer como protagonista, con el atractivo que suma a lo ya dicho sobre la postura que mantiene Cervantes respecto a las mujeres, el amor, los hombres y sobre todo las relaciones que se conforman entre unas y otros.

Las equivocaciones nos llevan a contemplar una rápida acción tras otra que nos moverá de lugares, consiguiendo que tras esos movimientos y gracias a los diálogos conozcamos a personajes que averiguarán el valor humanista de país italiano y el valor de la astucia y la habilidad. De hecho, es preferible la maña a la fuerza y Cervantes lo demuestra en el mismo relato con las palabras: consigue desplazar la acción al juego de palabras, al ingenio que su inteligencia le procura. Es la época del pensamiento enlazado y la fascinante elaboración de textos con dominio intelectual, asociaciones de palabras y conceptos que sorprendan la capacidad mental del lector.

Es curioso que la misma novela despierte tanto interés dispar entre los críticos: unos dicen que es la novela con menos interés y más superficial de las que escribiera nuestro admirado Cervantes, como afirma Miguel Ángel Tejeiro, de la Universidad de Extremadura. Otros afirman que está sorprendentemente bien hecha. Ya sabemos que hay opiniones diferentes sobre un mismo trabajo, y personalmente creo que así ha de ser: en esta misma sala seguro que hay dos o más opiniones enfrentadas sobre esta novela u otras del propio Cervantes.

Sí me gustaría citar a este especialista, porque el final de su artículo ‘La trágica comedia de La señora Cornelia’ me parece revelador de la modernidad de Cervantes, tanto en el tratamiento de la obra como por los temas que toca, admira y defiende. Dice Tejeiro:

“En el fondo, los personajes de la novela cervantina son personajes de condición noble a quienes se les obliga a mantener intactos los valores de una sociedad ideal en la que Cervantes todavía parece creer: el amor a través del matrimonio sincero, el honor como defensa de la intimidad, y la solidaridad entre los individuos sin mirar su sexo ni su lugar de nacimiento, una actitud que sin duda le sigue convirtiendo en un autor moderno”.

El casamiento engañoso y El coloquio de los perros

De una historia de amores y desamores, de engaños y malos pensamientos llegamos al final de la composición cervantina con un placer inenarrable: el más perfecto cuento, el más metaliterario, el más divertido sin duda es el repaso que hacen Cipión y Berganza de sus vidas, ordenadas, caóticas…

El principio -la primera historia-, es el de un mentiroso que quiere engañar a otra mentirosa: es decir, el engaño no puede ser consumado, pero la ficción se impone. La buena vida, la mentira, el amor y el desparpajo son elementos de exhibición y disfrute lector.

Uno de los personajes se inventa una historia y vamos leyéndola a la par que el otro la lee: construimos mientras se construye y eso es un logro de quien escribe, que inventa a un escritor que inventa a su vez un sueño o pesadilla lúcida de dos perros que dialogan sobre la vida y la muerte, la sociedad del momento, el amor, la brujería, las falsedades del estado y los poderosos, y que ellos, los perros, al comunicarlas, se maravillan de su propia capacidad de hablar. Es magnífica como pieza narrativa, como gran ejemplo de metaliteratura o literatura que habla de sí misma, de sus armas retóricas: la retórica clásica que tan bien maneja Cervantes mantenía la inventio, la dispositio y la elocutio (y memoria y actio) como herramientas puras del discurso literario. Es decir: recoger, ordenar y mostrar, para quien lea con agradecimiento el discurso así construido: unos perros que hablan ya son sorprendentes pero lo más sorprendente y maravilloso, como ellos mismo mantienen, es que razonen casi mejor que los humanos y den rienda suelta a la crítica social, como sin querer criticar, pues durante todo el diálogo no están conformes con la murmuración, ya que a Cervantes no le apasiona la crítica por la crítica, de ahí “ejemplares” las novelas, y no tanto, me explico: no es que se pueda sacar enseñanzas de ellas, pero sí podemos recorrer ciertas ideas que nos ponen en aviso de lo que pasaba, pasa y pasará. Y además, cómo no, asistimos a la fundación de las novelas cortas modernas. Este cuento es un compendio de lo que realmente el libro entero de Cervantes supone: un conjunto exquisito de propuestas literarias y vitales, pues cada una tiene lo que tiene este cuento: un mundo absoluto de inteligencia, respeto y literatura, que en definitiva es lo que matizan estos perros inolvidables en su discurso, ya decía, ordenado, caótico, memorable.

Así que llegamos a la conclusión, que como siempre será personal y no pretende más que señalar el acierto del gran genio que fue Cervantes: su afán por superar la novela que se hacía entonces fue recompensado porque logró que el público aceptara su obra, además de saber que estaba cambiando el panorama narrativo en España e incluso el europeo. No son tan ejemplares las novelas como él mismo dice: sí son nuevas, los planteamientos son novedosos, el trenzado de ellas también, así como los puntos de vista, las tramas y la manera de exponer los hechos, y también la metaliteratura que ya practicara en su obra magna y que sin duda es uno de los elementos más divertidos y atractivos de estas exquisitas e inteligentes novelas. El léxico utilizado por Miguel de Cervantes es digno de reseñar, porque es rico, inquieto, polifónico, excelso y además, comprensible.

Ya lo dije antes: no dejemos de lado a los clásicos: son nuestras fuentes de donde beber la sabiduría antigua, la literatura e historia de donde venimos: hoy, en la era de internet, tenemos muchísima información, podemos buscar las palabras o conceptos que no entendamos, algo de la época y la religión y un poquito de nuestra historia. La vida es un continuo aprendizaje y Cervantes enseña bastante de todo e incluso puede servirnos su trabajo para que trabajemos en nuestros proyectos literarios personales. No olvidemos que tenemos guías, ediciones comentadas, artículos y libros sobre los grandes autores, y qué decir de Cervantes: los y las cervantistas están ahí, no los obviemos, qué mejor que aprender de quienes más saben del maestro.

Lean las ‘Novelas ejemplares’ y descubrirán valores modernos, actitudes solidarias y defensa de lo femenino entre otras cosas: respeto por los diferentes y una apuesta por el amor verdadero como si fuera a llegar el Apocalipsis y tuviéramos que amar a la otra persona sin medida. Son un gozo para los sentidos estas novelas, un privilegio el poder leerlas en nuestra lengua, la española, que tan bien usaban Garcilaso, Góngora, Lope, Quevedo y cómo no, Cervantes, entre otros escritores españoles reconocidos y de los que mejor guardamos memoria: los estudiamos, los leemos, los apreciamos e incluso a quienes nos dedicamos a esto, influyen, ayudan y provocan, por qué no decirlo, envidia: envidia por el trabajo constante que dedicaban a su obra, por el afán de ensalzar nuestra lengua, enriqueciéndola con temas controvertidos o estructuras narrativas o poéticas nuevas. Ayer mismo, hablando con el escritor Carlos de la Fé, me recordaba lo que decía Antonio Carvajal sobre Cervantes: “si queréis leer buena poesía, leed el Persiles”. También recuerdo las tertulias y entrañables conversaciones que he tenido con otros amigos escritores como Enrique Morón y Fernando de Villena: en especial recuerdo que este último me ha insistido en que no olvide a Cervantes en mi lista de lecturas, y constantemente cuando sale el tema, se deshace en elogios al referirse al escritor nacido en Alcalá de Henares, un 29 de septiembre de 1547,  y que muriera en Madrid, el 22 de abril de 1616, legándonos lo que ha sido una herencia escritora que ya es patrimonio de España y de la humanidad entera.

Termino deseándoles que lean y que sean felices haciéndolo, al menos tanto como yo al preparar esta intervención: sigo creyendo que la lectura y la literatura, al igual que el sexo, el alcohol y ciertas drogas pueden salvarnos, en ocasiones, de nosotros mismos, de nosotras mismas. Y necesitamos desesperadamente ayuda, porque estamos muy perdidos, somos cada vez más asesinos de mujeres y estamos cada vez más desquiciados y más fascistas y menos críticos.

Ojalá la lectura alumbrara en sus corazones un punto de crítica, una luz de transformación, una llamarada de comprensión hacia el diferente.

Muchísimas gracias por su atención y lean, lean, lean.

Cervantes y las Novelas ejemplares

Joaquin Phoenix. I’m still here.

I’m still here, Casey Affleck, 2010

El plano secuencia con que Casey Affleck remata esta delirante tortura visual no tiene desperdicio. En general, el film completo es una maravilla porque bajo la técnica del falso documental, contemplamos cómo un actor se reinterpreta a sí mismo.

La excusa de dejar el cine y su mundo, sirve para que Affleck y Phoenix tomen 2008 y 2009 como años del apocalipsis personal del segundo. Una apuesta por el hip hop, la incomprensión de los medios y una película -Two lovers- recién estrenada. BUM: “dejo esto” parece querer decir el actor, pero no puede, lo dice a medias, entre porros, putas, rayas de coca y un carácter de mierda (hay escatología también, como no podía ser de otra manera).

Pienso en otras películas de Phoenix: Inherent vice o The master, con esa otra bestia parda que es Philip Seymour Hoffman, en la que nuestro Joaquin interpreta a un Popeye horrendo, un marinero alcohólico que se bebe hasta los preparos de los motores si pueden ir mezclados con alcohol y hacen mucho daño en el estómago, en el cerebro y la conciencia.

Invento que Phoenix en un gran actor porque me recuerda a Paul Newman, a quien le tengo fe en todos sus papeles; Mastroianni cuando lo dirige Fellini, Jack Nicholson -con quien comparte el papel del desequilibrado enemigo del murciélago-.

Fantástico el desquicie que se palpa en esta película, con los pelos asquerosos y la obesidad a pleno rendimiento, desmitificando al hombre que está en la cumbre, haciéndolo llorar y descender hasta lamer las llamas de su propio infierno. Es ese último plano el que me hace pensar, delirar.

Tras descubrirse como un despojo, tremendo con los amigos, irresponsable en su vida cotidiana, violento, irracional y sometido a los instintos, Joaquin Phoenix va en busca del exorcismo final: viaja a Panamá -o donde sea- en busca de verde, agua y paz. Esas aguas que atraviesa en ese plano final son el umbral de la vida, de la regeneración: son más importantes las partes que no se ven, es decir, lo que cubre cada vez más el agua, pies, piernas, cintura, que lo que contemplamos: una espalda fofa y un contorno facial barbadísimo. Los pasos, el caminar -con todo lo que podemos imaginar por debajo del horizonte líquido- es lo fundamental: el regreso al agua, si del agua partimos, será la gran metáfora de la existencia.

Importa poco que no sea un documental verdadero. Es verosímil que es lo que cuenta en lo que se cuenta, sea cual sea el lenguaje utilizado para contar.

La ficción de Joaquin Phoenix es preocupante. Casi tanto como nuestra realidad.

Joaquin Phoenix. I’m still here.

Baricco y Novecento: un cuento memorable.

Alessandro Baricco, Novecento, Barcelona, Anagrama, 1999

Entre picos, palas y azadones, como dicen que dijo el Gran Capitán (“por picos, palas y azadones, cien millones de ducados”) este libro tiene 70 páginas mal contadas: y es que en tan breve espacio, un monólogo escrito para un actor, sirve para que Alessandro Baricco exhiba un derroche de imaginación, toneladas de ternura y una gran historia contada con ironía, distanciamiento y elegancia. Qué personaje se saca de la manga il signore Baricco. Qué inteligencia y simpatía propaga(n) el personaje y por extensión, su autor. Que no es Baricco, o sí, qué importa. Que desaparece, o está presente, qué más da: no nos da tiempo a buscarlo. La magia de la brevedad, las elipsis y los sobrentendidos juegan papeles cruciales y nos despreocupa tanto la autoría del texto como la verosimilitud de la trama.

Esta historia es un cuento hermosísimo, de una factura impecable del que Baricco nos muestra el escenario, personajes, principio, desarrollo y resolución. El conflicto externo e interno del personaje, su origen, sus amistades, sus fobias, filias y folias: su piano.

Y como de pasada nos habla del sacrificio de la música, que le pone banda sonora a otro sacrificio imparable, inabarcable, muy triste y real, nada de ficción y sus trucos: la inmigración, la vida nómada, la distancia del hogar y las muertes que aparecen en mares y tierras.

El azar y el destino provocarán que las reflexiones sobre conceptos que no teníamos muy meditados surjan en la lectura de esta breve historia: Baricco no necesita mucho espacio, mucha palabrería para contarnos metamorfosis, decepciones y alegrías del personaje.

Novecento es una historia fabulosa. Es un cuento preciosista sobre la amistad. No hay posible desperdicio, el léxico está perfectamente seleccionado para que funciona a la primera. Pero también a la segunda y tercera lectura, es simbólico, metafórico.

Es una tragedia de fondo existencial, una maravilla de la brevedad y un espectáculo imaginístico compuesto de fantasía y recuerdos ya que a veces “para salvarte, no hay nada más”.

Es la historia de una enorme desposesión, de un desgarrador encuentro con la vida.

Es una posible explicación de que todas las historias necesitan un final y de la libertad que nos conceden los creadores para que lo elijamos quienes leemos. Un agradecido homenaje a la escritura y la lectura.

Es una de esas cosas que es mejor no pensarlas, porque si no puedes acabar volviéndote loco. Como cuando se cae un cuadro. Cuando despiertas una mañana y ya no la amas. Cuando abres el periódico y lees que ha estallado la guerra. Cuando ves un tren y piensas tengo que largarme de aquí. Cuando te miras en el espejo y te das cuenta de que eres viejo. Cuando, en mitad del océano, Novecento levantó la mirada de su plato y me dijo…

Baricco y Novecento: un cuento memorable.