La peste escarlata, Jack London

Jack London, La peste escarlata, Libros del Rorro Rojo, 2012

A Scafati lo descubrí en esta misma editorial, con la Narración de Arthur Gordon Pyn de Poe. Maravillado por el arte del argentino descubrí que ha ilustrado a Orwell, Stevenson, Bradbury, Melville, Piglia… la lista es enorme, de calidad y Zorro Rojo tiene gran parte de la obra publicada en su catálogo.

Jack London, del que algunos dicen que tampoco es tan buen escritor, entretiene y pone sobre la mesa una de las preocupaciones que últimamente, con la realidad y la ciencia-ficción de la mano -digamos que una imagen vale más que mil palabras: recordemos a Trump diciendo tras haberse contagiado que “ha aprendido mucho del virus” (será de lo único que extrajo sabiduría)-: qué pasaría si asolara el mundo un plaga.

Detalle de capitular ilustrada

La narración de London junto a las ilustraciones de Scafati, hacen del libro un bellísimo objeto: la historia atrapa, las ilustraciones seducen: la lectura se convierte en nuevo placer, como ya sabemos. El rojo, el negro, lo amarillo y ocres, juegan un papel fundamental: el apocalipsis vestirá esos colores, la dama de negro, la sangre y el fuego colaboran activamente en nuestro séquito de neuronas enfocadas hacia el fin del mundo y el orgullo del hombre se impone: encontramos a Eva y la culpa, el papel de la mujer inactivo por el hombre, la vanidad materialista, el egoísmo que nos lleva a situaciones evitables… un mundo en poco menos de cien páginas que convierten esta novela corta, al menos para mí, en una de esas obras a la que volveré para repasar cómo se denigra a las personas a la vez que el lenguaje resulta herido.

Porque 2073 no resulta tan diferente, tan lejano: la juventud es cruel, no quiere la vejez y corrompe la lengua. Los viejos serán quienes hablen correcta y concretamente; los jóvenes impulsan su desasosiego rápido, malhablando, generalizando actuaciones. Cuando el viejo está intentando informar a los jóvenes, se contagia de su impureza lingüística, como si el virus inocularar malas lenguas en su corazón, y, milagro: cuando vuelve a su soledad, la lengua se limpia a sí misma, y es muy interesante agrupar soledad y pureza en la lengua como si limpiar incorrecciones necesitara de un ser solitario. Igual resulta en la literatura: cuántas veces quienes escribe se contagian de esa facilidad por servir al resto. Cuánta limpieza es necesaria para poder contar matices, colores, esquinas, detalles como el mechón de pelo que le cae a esa persona que nos fascina mirar de reojo.

Son muy interesantes las ilustraciones de las personas, los escorzos, las telas

Otro de los temas que toca London de manera elegante, entre descripciones imposibles de un mundo derruido, es la identidad: antes, se era alguien, ahora se han perdido referencias, no somos nada en una plaga más que un cuerpo que puede corromperse con la acción carnívora de la muerte.

Quiero destacar los soliloquios del viejo: son los que enmarcan, dentro del silencio, tan ignorante de algún personaje como interesado de otro, engloban y revisten de literatura los ambientes, las descripciones y la historia que poco a poco vamos conociendo, el pasado, la esperanza o no de un futuro mejor, el desastre total.

Encontramos tribus, crítica a la sobreabundancia que tuvimos antaño, la vida misma: así, en plena decadencia, decíamos que el lenguaje -viva el mal, viva el capital- se adapta a los tiempos, muta, se fracciona, rompe, tensa… dando lugar al mejor virus que poseemos, ya que la lengua se rebaja si es necesario para ser entendida: si Shakespeare dota a la lengua inglesa de todos los recursos retóricos para ser una de las mejores, en un momento dado, despojaremos el armazón de la misma para poder dar órdenes, entender las que nos son dadas, encomendarnos a la caza que será lo que nos mantenga en pie.

Si la lectura puede salvarnos, el eterno retorno habrá de ser conocido: el esclavismo, la avricia y el rigor de la muerte.

Desde luego que hay mejores escritores que London. Y mucho peores también.

La solvencia de esta historia, cuya estructura está condenada a ser repetida por su efectividad -y ya ha sido (re-)hecha hasta la saciedad posteriormente, es indiscutible: alguien cuenta qué paso a quienes hoy siguen vivos. No inventa el flashback London, pero sí lo utiliza bien.

Viendo hace unos días, por enésima vez Guerra Mundial Z, virus y muertos, me fascinó de nuevo la gigantesca metáfora del peligro de la religión que encierra la película en la escena donde Brad Pitt -el salvador (lo escribo sin cachondeo) -llega a Israel -¡!- rodeada de muros, a salvo de la epidemia, y comienzan a dar gracias a Dios miles de personas, cantando, gritando y desastre y cierre y fin de fiestas y fundido en negro: por favor vayan saliendo de la tierra para volver a ella, si es que alguien no ha vuelto ya con esa mala cara que arrastran los pobreticos Lázaros que, por cierto, en esta película corren que se las pelan: y en el derbi de hoy… 14 días después 1- George A. Romero 0 (“muy igualado, Matías, muy igualado hasta que la velocidad se impuso y…”).

Y todo esto para animar a leer a London, como si hiciera falta. En fin.

A doble página y protagonista que se mantiene en pie, como puede
La peste escarlata, Jack London

Chambers, Caruso y El rey de amarillo

WP_20160606_18_59_42_Pro
El rey de amarillo, Libros del zorro rojo.

El rey de amarillo, Robert W. Chambers, Libros del zorro rojo, 2015.

Ilustraciones de Santiago Caruso.

Traducción de Marcial Souto.

Chambers es preocupante.

Aunque también lo es Caruso.

Es de imaginar que por eso el segundo ilustra -y de qué manera- lo que cuenta el primero.

Chambers es de la cuerda literaria de Lovecraft, o viceversa: es quien insinúa lo que Lovecraft después escribirá, matizará sin descanso y posteriormente abrirá puertas a escritores tan grandes como Brian Lumley.

Es un poner: es mi poner.

Volviendo a Chambers, los cuatro relatos seleccionados por Libros del Zorro rojo son:

La máscara

El reparador de reputaciones

En el patio del dragón

El signo amarillo

 

Cuatro cuentos que nos enseñan que la chispa es más potente que el fuego, la caricia que el estertor, la elegancia que las hueras alharacas.

Un libro nombrado, unos personajes obsesivos, unas situaciones oníricas… y ¡pam! cuatro relatos inolvidables. Me leeré la edición completa de diez relatos porque promete ser divertida la experiencia.

Y los títulos. El segundo es digno de mención: El reparador de reputaciones. Lo dicho: un gato (¿nos suena?), un loco, un embaucador extraño y enrarecido, un cargadísimo ambiente opresivo… ingredientes de primera, con unas bellísimas descripciones y los fieles  retratos psicológicos que no pasan de moda.

 

WP_20160606_19_01_02_Pro
Solapas con las vidas de escritor e ilustrador.

no es el primero de los trabajos de Caruso ni será el último, pero nunca había tenido nada de este artista. Una belleza recorre todo lo que inventa el argentino; una extrañeza impregna nuestra visión, un arte elevado al nivel de lo humanamente incognoscible, o eso al menos da la sensación.

Es un acierto haber elegido a Caruso ya que motiva ver la obra y releer los cuentos: los detalles, el motivo del amarillo, las expresiones dolorosas, la cubierta… Libros del zorro rojo sabe desde hace tiempo lo que quiere y cómo lo quiere.

WP_20160606_19_02_45_Pro
El amarillo es un motivo que acompaña durante la lectura.

 

Los espejos, las deformaciones, esa imaginación que es peor que la realidad… La conjugación de lo que cuenta Chambers, traducido por Souto e ilustrado por Caruso, conforma un objeto hermoso, digno de una editorial, agradable para el lector e imprescindible para el amante de los libros de calidad, las historias de terror cósmico y locura y dedicado a quien quiera descifrar lo que la pintura, la literatura y el mundo tienen en común.

WP_20160606_19_03_20_Pro
La inventiva de Caruso es apabullante.

Ese misterioso Rey de amarillo -libro, dios, personaje…-, las Híades, Carcosa o Hastur…

Velados lugares, sombras de sombras, leves fulgores de la oscuridad más absoluta.

Noches de placer asegurado leyendo y contemplando. Un lujo de libro.

 

WP_20160606_19_03_50_Pro
El despliegue técnico es impresionante, así como los recursos: vemos los rostros de los protagonistas pero no del principal personaje.

 

Chambers, Caruso y El rey de amarillo

Avelina Lésper

De contextodedurango.com.mx

 

Encuentro en la red una entrevista a Avelina Lésper.

La leo, medito, la releo y sé que tiene razón. No hay más.

 Busco su blog y encuentro algo más (aparte de su crítica al arte VIP, mirar, sonrisa, extrañarse, amén) que a Duchamp, Warhol y algunos contemporáneos no hace bien. Es de extrañar que esta mujer, con un discurso claro, conciso y sin la pretensión de defender unas ideas más o menos -digamos- dirigidas sobre algo tan difícil -¿?- como el arte, no esté en todas las redes sociales, televisiones… y dando conferencias en colegios y universidades.

 Es de extrañar que nadie me haya hablado de ella, de sus opiniones (ya sabéis, de lo loca que está, de cuánta razón lleva o de que no entiende nada sobre arte contemporáneo… algo). Está claro que no es una cualquiera, que opina con fundamentos y razona intentando equilibrar lo que ha estudiado y contemplado como arte -lo que perdura- con lo que puebla hoy los museos.

 De literatura, por si alguien se anima. Sobre el Quijote, las traducciones y Trapiello.

 La entrevista no tiene desperdicio; ni fallas. Es preocupante. Es de hace una semana más o menos y se la hizo Samuel Bossini para ABC Color de Paraguay. Hay que leerla. Es para pensar.

 Después, releerla.

 Como interesado en el arte, me atrae todo el tipo de crítica que pueda hacerme reflexionar, y si de paso aprendo -crezco- me parece una crítica mejorada, perdurable, a la que podré volver cuando tenga dudas. Nadie es gurú, pero los profesionales del arte -profesores, escritores, poetas, críticos, lectores…- que trabajan diariamente merecen mi respeto.

 A la vez, tengo presente a quienes farfullan “este es crítico porque no puede ser otra cosa”. Pero respecto a esta afirmación, pienso que unos trabajan mejor que otros y estos, observan mejor que los creadores: por supuesto, en literatura existen monstruos como Eliot u Octavio Paz, por poner dos ejemplos. O Valente.

 Ya digo -me digo- ¿no me emocionaré a veces demasiado rápido cuando contemplo obras de arte? Y bueno, claro: me respondo que sí. Me gusta repasar artistas de todas las épocas, y es tanta la información que el archivo es inabarcable. Algo así como la literatura: la vida. Es decir, si lo que nos venden como arte, últimamente, no lo es… ¿de qué depende que un artista u otro sea mejor valorado, de qué que esta o aquella pintora o artista venda cuadros que valgan millones de euros?

 Lésper pone en su página varios ejemplos: La cama de Tracey Emin, los puntos de Hirst y otros. Su teoría es aplicable a la literatura, pienso.

 ¿Cuánto hay de impostura en la literatura hoy día? Mucho, me respondo.

 ¿Y cuánto de verdad? ¿Cuánto de verdad hay hoy en el negocio de la literatura, o acaso no son cuestión de dinero algunas operaciones  (extra)literarias que vemos a menudo?

 Concesiones de premios, publicaciones inconcebibles…

 Sigo pensando en el miedo a nombrar o criticar públicamente a esos literatos de poca monta: también en la valentía de Lésper.

 Existieron La fiera literaria y Addison de Witt en la red pero ya no están.

 Y también recuerdo que alguien decía por ahí, que con la cantidad de libros buenos para recomendar, reseñar o releer… ¿a qué viene perder el tiempo hablando de algo que no te gusta por su falta de calidad?

 Pero Lésper está ahí. Tampoco lo olvido.

Avelina Lésper

Las Cárceles imaginarias de Piranesi

De arte.it

 La contemplación de los grabados de Piranesi, impresionan a primera vista por su maestría, el manejo de las líneas y el buen gusto y la elegancia que predispone a la vista a sentirse “como en casa”: eso al menos me ha parecido al disfrutar detenidamente unos cuantos trabajos del genial artista del siglo XVIII.

 Al llegar a las Cárceles (Carceri d’invenzione di G. Battista Piranesi archit. vene., editado por el propio autor hacia 1761) el espectador contempla la entrada, o al menos eso supone, en otro mundo: no son estas las vistas arqueológicas de Roma, de túmulos plagados de detalles y vistas suntuosas de la ciudad eterna. Aquí abajo, entre muros de piedra carcomidos por la sangre y el sufrimiento, no parece asomarse mucho ninguna divinidad. No parece haber madres, piedad, amistosos trances que hagan dibujar una sonrisa a los jóvenes que deambulan por allí.

 Sin ser experto en aguafuertes o Historia del arte, se pueden apreciar los esfuerzos del artista por mostrarnos lo que guardaba en su privilegiado cerebro: a la par que era capaz de causarnos un placer directo con a inmortalizada villa de turno o puente perfecto, nos obnubila de sombras, nieblas y claroscuros de estas Cárceles. Faltan un par según la edición de Taschen y no están los segundos estados creo, pero en la Universidad de Leyden tienen una buena muestra. Dejo alguna aquí.

piranesicarceri14.jpg

Son espacios gigantescos, absolutamente ciclópeos que nos recuerdan a Beksinski y posteriormente a esas ignominiosas prisiones que Tolkien usaba en sus relatos, o los mundo mentales y oníricos de Randolph Carter del maestro Lovecraft.

 Podemos vislumbrar personas como hormigas: pueden ser condenados o funcionarios, visitantes o verdugos. A veces la impresión se mezcla. Piranesi deja vacío el lugar interpretativo para que nosotros lo rellenemos: nos hace partícipes así de dos espacios: el que le interesa a él, el arquitectónico, magníficamente definido, y el que puede interesar a otra persona: el del castigo físico, ya que podemos ver potros, ruedas y demás elementos de tortura.

De http://www.italianways.com/le-carceri-dinvenzione-di-piranesi/ tomo:

IW_Piranesi_Tav-V_LeoneBassorilievo

 Muy recomendablee -todo Piranesi- la edición que en 2006 edita Taschen: el texto en italiano, español y portugués es de Ficacci, especialista en Bacon también: su prólogo aclara bastante las distintas situaciones que vivió con impresores, libreros y mecenas el artista italiano y cómo llegó a permanecer en la historia como uno de los grandes.

Las Cárceles imaginarias de Piranesi

Oda Jaune

 Me dice mi amigo Luis, tras largas conversaciones sobre varios temas o quizás antes de ellas -el tiempo…- que me va a encantar la obra de Oda Jaune.

 Al comprender la magnificencia de la creación humana, lo que viene siendo un previo de lo que llegaremos -si llegamos- a ser creadores, entendemos muchas cosas de un corazón que late, de un híbrido mutante de animal moribundo que sajamos -a lo americano, yo jamás me vi en tal tesitura- y des-entrañamos como si las/los arúspices o -quiénes eran- nigromantas garciamarquesas, (es/es).

 Jaune concibe el mundo como a algunos les gustaría que fuera, no lo dudo. Las parejas debieran ser uno. Los animales, contemplar esos amores intransferibles y puros.

 Jaune tiene el poder de evocación muy desarrollado: prevé y lo que va a venir se funde con el presente: casi nada en estos tiempos de rapidez absoluta y falta de pensamiento crítico.

 Es un juego el sexo, la soledad una canción equívoca: “solo estás, ante tu espejo/ nada más que contar, solo un recuerdo…”, y de ahí la máscara, lo oculto y el qué dirán (de fondo unos amores cantados por Boris Vian).

Not alone

Constantes mutaciones de la realidad, que son la realidad misma. Similares pero diferentes, matices en conjunciones de carne, huesos y cabelleras; ríos, piedras, monos que matizan el espacio que la vista busca, sin encontrar descanso.

 Untitled: recuerdo perfectamente -de otras pinturas, de la pintura, de la mancha, del color y punto, o punto rojo sobre negro- la teoría de algunos escritores sobre los untitled. El gozo de recordar a Bacon es profundo, gozo por la carne y sus transformaciones sin el daño de la violencia contenida, sin la hipocresía que la opinión -pública, cuál si no- ejerce sobre la libertad.

Blue moon

  La perfección de contrastes. Lo sobrevenido por fuerza. El rigor de la vida, previo siempre al mortis.

 De Untitled -para que completemos, pienso: somos los últimos en dar la palabra, así que esforcémonos- a My personal pet, un poner, una idea (con el permiso de Jaune, por supuesto, que si no le puso otro título por lo que sea ese “por lo que sea”, sería lo importante y no mi opinión o propuestas):

 Así pues, sí, me gusta, me provoca pensar este tipo de pintura, y por ello, se lo ha ganado: dedicado a Luis Castellón, este enredado ajuste de cuentas con mi subconsciente, sin miramientos. Por lo que fue. Por lo que vendrá. Y por lo demás.

 Gracias por descubrirme a Jaune: todo un mundo. Toda una memoria ya.

De http://www.berliner-zeitung.de

Oda Jaune