No cantaremos en tierra de extraños, de Ernesto Pérez Zúñiga

Ernesto Pérez Zúñiga, No cantaremos en tierra de extraños, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2016

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Algunas notas sobre la lectura (o posibles lecturas) de esta espléndida novela.

1. La estructura de la novela, que la tiene y la posee y nos posee: soy muy de estructura y disfruto de la misma, no estando obsesionada con encontrarla sino al notar que el escritor o escritora, saben hacia dónde van, cómo quieren continuar y que quiere resaltar al final. Y Pérez Zúñiga piensa lo que escribe y ejecuta una excelente tarea de ficción que parece real y viceversa. Las cuatro partes son cuatro por algo y ya lo iremos descubriendo a lo largo de la deliciosa lectura.

2. Sutil e inteligente: el escritor confirma que menos es más y que las insinuaciones son las hijas naturales de todo buen discurso literario. Nos deja que a placer recorramos las sendas de los y las protagonistas, no nos da “todo mascado” y se agradece que a los lectores nos traten como adultos de vez en cuando, así que, grazie mille por regalarnos una magnífica historia sin condescendencias o reparos a un posible lector medio o enrarecimientos derivados del bien quedar y el escribir para todos.

3. La historia desde el principio es cautivadora: una aventura propuesta por un loco y otro loco que lo sigue por beneficio propio y… bueno, recuerda mucho a la famosa frase de Star Wars, esa de “¿Quién es más loco, el loco, o el loco que sigue al loco?” , porque es locura querer recuperar el pasado, ser decente y todo lo que encontraremos bello, ideal, real y temible en la novela, preñada de sorpresas y giros.

El marco es la España de la posguerra y dos personajes que se internan en el país donde podían matarte si no pertenecías al régimen o había sospechas de que que renqueabas.

4. Los temas: la miseria, la verdad y la mentira, el rencor y el odio, el amor y sobre todo, el constante uso de la memoria, el recuerdo y la nostalgia. Nada nuevo, ya ven, pero precisamente ahí es donde demuestra un escritor si la solvencia de su escritura es capaz de conmovernos, no con temas nuevos, sino con los elementos de siempre, renovados y capaces de hacer saltar en pedazos nuestras expectativas.

5. El mundo onírico: creo que merecería una reseña aparte los sueños que aparecen descritos en la novela. Puro goce, pura necesidad, el carnaval de los sentidos. No digo más: disfrútenlos porque las epifanías son para ello.

6. Mucha maestría en las transiciones de escenas y sobre todo, de personas: de la tercera a la primera y viceversa, el autor nos lleva adonde quiere y cuando quiere, sin brusquedades ni partes que nos desorienten.

7. La sensibilidad y elegancia vs lo tremendo: no es fácil desprender ternura en una narración que trata sobre años tan duros y de tanta miseria, hambre y desesperación.

Sobre todo el silencio. El gris. El miedo.

Y además hasta dónde se llega por alimentar a la familia: impresionantes insinuaciones que nos dejarán con la boca abierta, porque lo “no dicho” por Pérez Zúñiga es mucho, es un coto muy amplio: un espacio que podemos rellenar nosotros y así, el autor nos convierte en protagonistas directos de la obra. Impactante resultado, ciertamente, el logrado por las artes narrativas.

8. Interesantes paralelismos como el de la vida, pasión y muerte de Cristo. Un escritor con un olfato así, no duda en recurrir a la historia sagrada de nuestra cultura para proteger del vacío a sus personajes aportándoles más consistencia en nuestra memoria.

O el que se mantiene con el cine durante toda la historia.

O con Hamlet; o con Manrique: pura literatura.

En fin, hay mucho que decir: estos comentarios son, como siempre, para animar a la lectura de este gran libro.

Leamos: ya que No cantaremos en tierra de extraños, que al menos la lectura sea familiar y que Pérez Zúñiga sea uno de nuestros novelistas de cabecera.

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No cantaremos en tierra de extraños, de Ernesto Pérez Zúñiga

Un viaje solo para hombres: Raúl Ariza

Raúl Ariza, Un viaje solo para hombres, Barcelona, Versátil, 2017.

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Digamos que contamos en la primera página de una novela el argumento principal de la misma, la trama, los personajes, el futuro de la historia: convirtamos todo el libro en una gran anticipación y aceptemos el reto de, además, no aburrir a quien se adentre en el libro.

Pues eso consigue Ariza en 190 páginas tan ágiles como literarias, un envidiable libro, una envidiable retórica y un pulso narrativo que no decae en ningún momento.

Para los amantes de las buenas novelas, desde luego, esta se encontrará entre las que antes devoren. Lo tiene todo: literatura, testimonio, ficción, su “mijita” de metaliteratura y la auténtica droga que Ariza “cocina” en su trastienda mental y novelística: el interés, la curiosidad, las ganas de conocer al héroe o antihéroe, a las heroínas -que no hay pocas- a los falsarios que aprovechan los mass-media para constatar al cien por cien que la mediocridad ha llegado invadiendo hasta la privacidad de la muerte.

Estoy tentado a escribir que la realidad de esta historia… y sé que me equivoco; o que la ficción de la noticia… y me equivoco también.

Por ponernos en antecedentes y hablar algo de los pocos artificios que maneja el autor y exhibe -porque posee muchos y hermosos, pero no se notan: esa es la buena literatura-, Ariza nos cuenta que un amigo suyo, Jorge Canal, quería escribir la historia de un hombre sobre el que nos cuenta en la primera página que acaban de detener por asesinar a su esposa y secuestrar a su hijo. Así. Primera página. Y Ariza está ahí, es el autor, o el coautor; en fin, ficción sobre la ficción, audaz, veloz, detallista, entretenida.

Los recuerdos de Capote. Los de Milan Kundera. Las citas que el autor nos obsequia. El mundo que aparece, los mundos que desaparecen: parece que Ariza no quiere hablarnos de nada y no deja de hacerlo, pues las múltiples referencias al cine, la propia literatura, la música, la arquitectura, las noticias y los medios, el machismo, la psicología y el psicoanálisis, las relaciones personales… todo entra en el libro y todo sale de la cabeza pensante del autor, a través de personajes que se van definiendo por sus acciones y palabras, mediante unas descripciones hermosísimas que entonan una melodía de la transparencia hacia la visualización de lugares, personas o sentimientos.

Cómo describe los ojos, su color: un ejemplo es el verde nazarí que consigue.

Cómo nos recrea el físico de la algunas mujeres, la turgencia de los pechos femeninos haciéndonos recordar a Fellini.

…viste de blanco, con una falda corta por la que asoman unas piernas casi eternas que, ante los impúdicos ojos de Jorge, brillan bendecidas por las últimas luces de la tarde que entran por el ventanal del vagón…

El erotismo, las pulsiones, los celos y toda una gama deseosa y deseante de elementos que atraviesan pechos y frentes de los personajes, tanto masculinos como femeninos.

…y las ganas de un encuentro que tenía un mucho de buenos deseos y un todo de carne y sudores…

¿Por qué los son importante los personajes femeninos en esta novela de Ariza? Porque son los que aguantan una buena parte de la trama: todas las mujeres que aparecen son duras, resistentes al destino, de metal afilado para rajar la carne del otro si hace falta y si por casualidad, el otro olvida hasta dónde se puede llegar, es decir, si el respeto sufre lo más mínimo.

Cómo nos cabrea al recitar de memoria la letanía de los hombres asesinos de mujeres que no empatizan ni con el aire que respiran.

Y cómo nos maravilla la delimitación tan perfecta que realiza el escritor del tema: sabe qué, cuándo y como contarnos para convencernos, como decíamos antes, con su pizquita de magia retórica que solo veremos los que seamos como algún personaje o nos obsesione extraer detalles para compartir y animar a los demás a que lean este libro, encuéntrenlo y compartan la historia, relean, busquen e investiguen.

Es el libro de cuya lectura no se arrepentirán.

Contiene decenas de pasajes memorables y temas para no olvidar: no hoy: nunca. Como el respeto entre las personas. Como lo miserables que podemos llegar a ser.

Es un gran viaje el planteado por el escritor y quizá de difícil andadura y aceptación para algunos. Ellas nos lo harán entender rápido. O forman parte de nuestra vida con todas las consecuencias o nuestros errores nos llevarán a un mal camino. Muy malo. Pésimo. De pesadilla. Y viceversa: nosotros también tenemos que estar ahí. Parece obvio pero ya sabemos las estadísticas de mujeres asesinadas por hombre en estos primeros meses de 2017 en España.

Para esto, cómo no, para recordarnos quiénes somos y lo que mejoraremos o no, sirve la literatura. La buena literatura. Como por ejemplo, un dos tres, responda otra vez: Un viaje solo para hombres de Raúl Ariza.

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Un viaje solo para hombres: Raúl Ariza

La Cuchimilda de María Juristo

“… y las rosas seguían ignorantes de su esplendor”.

Que nada tiene que ver esta frase aparecida en la novela de María Juristo con la propia autora, lo dudo, y me explico, porque algo hay, algo hay…

Juristo es poeta, novelista, cantautora, compositora, licenciada en Filosofía y Letras y prácticamente, lo que quiera. Cuando una mujer así decide escribir una novela como esta de la que hablamos, es preocupante. No por el resultado, obviamente: ahí está la novela. No es la primera (ni la última) que predico que la elegancia de Juristo es un don que genética (o algún adjetivo así de primordial acabado en -mente, ya adverbio como…) o formativa(mente) posee esta autora.

El libro es una novela de una agilidad impresionante: una historia de ficción con todas las letras. No destripo la novela si digo que el personaje principal, La Cuchimilda, es un personaje pícaro donde los haya, rodeada esta principal actriz de la obra de teatro del mundo español que nos rodea de otros personajes más o menos buscavidas: a todos los niveles, en todos los sectores… con lo que la crítica social está servida, calentita y a punto de que el comensal literario digno -llámese lector, crítico, editor…- cate, paladee y deguste las exquisiteces y bondades literarias que la autora nos cocina y sirve de manera tan esencial.

No entretiene el discurso Juristo: la acción es pura, realizada con un lenguaje actual, corregido incluso por algún “prenda” de ese mundo creado (re-creado) por su inteligencia, reformulado por la juventud, la vejez y la madura presencia de un periodista o un abogado.

No es de extrañar que el libro esté premiado con el X Certamen de novela corta Dulce Chacón de 2014: lo raro es que no saliera antes, conforme le dieron el galardón.

Pero tampoco hay que mirar mucho -leer- la novela para darse cuenta de que atrapa desde la primera página -¿cómo se puede hacer eso?- porque el ritmo, las repeticiones, la presentación del personaje -o personajes- es de una velocidad que nos lleva hasta las páginas finales como si hubiéramos vivido en primera persona, testigos de la decadencia, los subterfugios, la bondad… del mundo, sus fisuras y engarces, en fin: los recursos utilizados imprimen una vida al relato que es difícil no pensar en La Cuchimilda, en Mateo Cuevas, en Piojo Blanco o en el Inglés. Son personajes casi de carne y hueso y como siempre, son los que sirven para una memoria literaria, así como esos personajes de canciones que con tres o cuatro rasgos, en tres o cuatro minutos, definen la esencia de un gesto, el gesto de un labio o la impresión del color de una mirada. Una gozada de libro, la verdad. Envidiable, ciertamente.

Comenzaba citando las rosas de la novela de Juristo: se que ella no es ignorante de su don, de la escritura que la acompañará hasta que ella decida dejar de escribir: pero somos ignorantes los demás, por los cánones, los premios y los libros más vendidos. Somos ignorantes al perdernos a María Juristo entre la marabunta de escritores rancios -y punto, sin un trabajo de ficción detrás-, escritor¡-as! -y punto, sin literatura-, poetas posmodernas vendidas al capital, poetas sin conocimiento de la tradición para romperla, maltrechos de publicar cada dos años un libro, hacedores de páginas y páginas como copistas del maestro o la maestra de turno.

Soy un lector con muy buena suerte, todo hay que decirlo. Conozco a escritoras maravillosas, como es el caso que nos ocupa.

Así que lean -leed malditas, leed malditos- La Cuchimilda: novela veloz, ágil, fascinante, actual, memorable, literaria. No sé qué más adjetivos se le pueden achacar sin acordarse de la envidia.

Sí, envidiable como ya dije, por su forma, estructura y lenguaje. Y por las transiciones que utiliza. Y por los personajes. Y por la trama. Y por…

La Cuchimilda de María Juristo

La lluvia amarilla de Julio Llamazares

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Julio Llamazares, La lluvia amarilla, Seix Barral, 1988.

Para quienes recuerdan a sus seres queridos

Hay escritores de los que uno recuerda la limpieza narrativa, la elegancia del contar y los pocos artificios retóricos que parecen necesitar para ejecutar una buena historia.

Esto ocurre con Llamazares y La lluvia amarilla. Si bien aparenta ser un libro de lectura ágil y fácil, que lo es, por debajo, en las entrañas o los infiernos del libro y de cada uno de sus lectores, su lectura puede convertirse en algo personal, desestimado en ocasiones porque no queremos pensar o recordar o volver a vivir ciertas situaciones al comprometer nuestra cordura, como le sucede al protagonista de la historia, último habitante de un mundo que se derrumba, excepcional testigo de un apocalipsis que por avisado, no pierde fuerza o interés.

De este libro se ha escrito mucho y mejor, pero me gustaría reflexionar sobre los grandes temas que trata Llamazares a través del personaje (y personajes, que son los que quizá organizan mejor lo sucedido y procesado en la mente del narrador) y sus semejanzas con cualquiera de nosotros: plantearse la soledad hasta extremos ignotos, la locura como alternativa a la vida tan racional que nos hacen llevar y romper las cadenas de la normalidad ¿a quién no se le ha ocurrido?

Cierto es que cuentan que la soledad no trae nada bueno, pero la enfermedad es de uno mismo, y la persona que requiere cuidados, paliativos o una muerte digna, si está en sus cabales, comprende que hay momentos en la vida en que la soledad es el único camino que nos llevará a un fin decente, porque hay momentos que no pueden ser compartidos con nadie, como cuando nos asaltan esas ideas en una reunión de amigos y callamos sabiendo que si pronunciáramos en voz alta esos pensamientos, no dudarían nuestros compañeros de tildarnos cuanto menos de locos, extravagante o peligrosos.

Y recuerdo que recordar es volver a vivir, pero también volver a morir: uno de mis peores recuerdos es el atragantarme comiendo queso; me entran sudores cada vez que recuerdo esos segundo hasta que la muerte decidió dejar de oprimirme la garganta: pasé miedo por mi vida y como tal, lo recuerdo. Así que, qué decir del dolor de la memoria, de la melancolía incrustada en las páginas de Llamazares como si fueran puntas de flecha envenenadas, cuya acción fatal fuera deshaciendo nuestro poder de aguante, horadando la capacidad de subsistir sin dejar que esos muertos nos devoren, que aquel amigo de la infancia vuelva ahora travestido de señor con mostachón, hijos rubios y hablándote desde un grasiento puro y JA JA JA, qué mayor te veo y cuántas canas tienes, o ese ser querido, que saltó la valla de la vida decidiendo decirnos adiós desde el valle lejano de los colores sin matices. En fin, que todos, todas, llevamos una crucifixión en la memoria, o más de una (ah, Vallejo, tú sí que.).

Después me dirán que para qué leer. No sé si servirá esta sarta de minucias para que la gente reflexione; ojalá sirva para que se acerquen al libro.

Así que para quien quiera más información, dejo unos cuanto enlaces sobre el libro: supongo que los análisis narrativos estarán mejor que lo que he realizado aquí, una especie de crónica del recuerdo y la memoria personal que en definitiva son mis deseos, y que un libro los alimente, despierte o enfurezca, ya es bastante: así que lean -leed, leed, malditos- La lluvia amarilla y descubrirán lo cerca que están de Llamazares, la melancolía, la desesperación a aveces, la solitaria sensación de estar acompañados y abandonadas y olvidadas y neutralizados por la pena.

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De Libros y opiniones.

De Solo de libros.

Y Jordi Pardo Pastor, firma una crítica sobre la metáfora bastante interesante

 

La lluvia amarilla de Julio Llamazares

Manual de literatura para caníbales de Rafael Reig

De www.concierge-masque.com

 

En 2006, Debate publica este curioso e hilarante libro de Reig.

 Guardaba un muy lejano recuerdo de Sangre a borbotones, libro absolutamente desquiciado y entretenido que transcurría en un Madrid totalmente cubierto de agua: tengo que releerlo porque la sonrisa me asalta cada vez que pienso en él.

De lenguadetrapo.com

 Lo que Reig consigue es escribir una historia literaria española desde el siglo XIX hasta nuestros días de manera desenfadada, argumentando posturas diversas y todo atravesado por la ficción de seis generaciones de una misma familia que están siempre en medio de la creación literaria pero cuyo destino es otro: los Belinchón vivirán desde las borracheras de los poetas románticos hasta ritos caribeños, pasando por conocer la famosa sed de Rubén Darío o el esperpento del mediático Cela por continuar siéndolo en su momento-esperpento o mediático, lo que quieran-.

 Desde los románticos y los ilustrados, pasando por los realistas y naturalistas, hasta llegar a principios del siglo XX, con la llamada Generación del 98, la de 27, el tremendismo, los escritores del 50, el boom de los latinoamericanos y nuestros días (con la eterna batalla de estilo vs argumento), Reig nos transporta mediante una historia entretenida a un mundo de ficción del que no podemos escapar pues si el destino de los personajes está sometido a la voluntad del autor, este se difumina entre los escenarios literarios que la historia nos ha mostrado y que Reig retrata de manera sencilla -aparentemente- y atractiva, cuajada de referencias literarias e históricas y anécdotas cercanas al personaje que nos narra su vida, amigo de novelistas o poetas de tal o cual siglo: por ejemplo, la anécdota entre Nervo y Unamuno (o Valle) es muy divertida: pregunta el poeta ¿cómo se llamarán esas plantas tan lindas? Nenúfares, gilipollas, lo que siempre sacas en tus poemas… algo así, contestó el otro.

 Mediante un título que ya es irónico -aunque no deja de ser verdad- y un libro estructurado como Manual verdadero -atravesado por la ficción- Reig se ocupa de desgranar los dos últimos siglos españoles, la literatura, la historia y nuestros españolísimos personajes intelectuales. La teoría de los animales me parece acertada: ornitorrincos, paquidermos, albatros,  termitas, alciones, cernícalos, anacondas… y criaturas monstruosas. Unos devoran a los anteriores hasta que llegan los siguientes y el ecosistema se restablece con la desaparición de los anteriores en favor de los que llegan: aun así, la historia de la literatura es, a veces, -o la mayoría de ellas- cíclica y más parece una carrera de fondo que de velocidad.

 Cualquiera que esté interesado en la literatura escrita en español en los dos últimos siglos, encontrará esta fórmula muy atractiva: hay aventuras, reflexiones, argumento e ironía, y sí: es un novelista patrio.

 Lo más divertido, a mi juicio, es que sigue al pie de la letra a los Manuales clásicos: hay una introducción para avisar del contenido y a quién va dirigido el libro -a qué tipo de antropófagos- y acto seguido hay unas cuantas lecciones, divididas en partes. Cada lección termina con unos ejercicios prácticos y un apéndice de bibliografía por si queremos saber más… ya digo, un delicioso volumen para reflexionar y pasárselo bien.

 Habrá que seguir leyendo a Reig cada vez más. Muy recomendable.

De criticoestado.blogspot.com

 

Manual de literatura para caníbales de Rafael Reig