Faces of death, sociedad del espectáculo o actualidad terrible

De theclinic.cl

Faces of death, John Alan Schwartz, 1978.

Quizá sea una contradicción con la vida, pero hacer de la muerte un hobby, es macabro y no deja de llamar la atención.

Hace poco volvía ver esta especie de documental, donde nos advierten del peligro que el hombre conlleva para sí mismo y los demás. Y es cierto que, macabro o no, este falso documental expone toda una serie de miserias que sin lugar a dudas, se llevan a cabo en países desarrollados o no.

Una autopsia, un manjar (recuerdo el famoso “sorbetes de sesos de mono”) en un restaurante moderno (1978) o las devastadoras consecuencias de las leyes de algunos estados -con la pena de muerte por bandera- de U.S.A.

Pero ya digo: mi reflexión, mientras no perdía detalle de las del narrador, era que cuanto más vemos el horror en la pantalla, más autorizados a hablar de la insensibilidad social nos volvemos. Así de claro.

Hace poco recordaba cómo la “sociedad del espectáculo” de Guy Debord está presente en nuestras vidas: la representación de lo vivido por otras personas forma parte de nuestro archivo visual, sin que lo tengamos que vivir. Lo que no leí en su momento, fueron las interpretaciones de la obra de Debord que posteriormente podría hacer nuestra sociedad actual (1967, Debord): es un texto corto pero no creo que lo entendiera muy bien: en Bifurcaciones lo tratan bastante bien y derivan hacia conceptos muy interesantes. Una de mis tareas es reelerlo, entenderlo, saber si es propio de esta época. Aunque el capitalismo está en auge, todavía.

Comentaba lo de ser insensible, no porque seamos incapaces de sentir nada ante un telediario, un documental o un falso documental, sino porque al repetir de palabra -oral, escrita…- las escenas o imágenes de lo visionado, creo que reproducimos la sensación aumentada de lo que sentimos como un mero narrador: una tercera persona que ya, nada tiene que ver con ese “espectáculo” del horror recibido previamente.

Soy muy capaz de ver combates de la UFC o un k.o. de boxeo si me lo muestran a través de una pantalla, pero la violencia en directo, que alguna he presenciado, me enferma: soy capaz de ver películas -ficción las llaman- o leer textos como 2666 de Bolaño por el afán de entender cómo pueden suceder ciertas truculentas historias. Para entender al hombre. Para criticar lo que no es racionalmente válido en una sociedad, llamémosla moderna, ilustrada, social o simplemente, humana.

Aunque ya digo: contradicciones y justificaciones.

De ultimorecurso.org.ar

Me pregunto qué hay si no es conocimiento imperfecto, incompleto… en visualizar los impactos narrativos que nos cuentan cada cuatro o cinco horas por televisión, radio… o leer cada día en la prensa escrita u oír la última noticia radiofónica.

Recuerdo que Mondo Cane, especulaba con la realidad y el shock que las imágenes mostradas en la cinta producía.

No sé cuántas historias de crueldad somos capaces de soportar, y más repasando un poco la historia. Sólo reconozco el hecho de que la inteligencia a veces se pone al servicio de enseñar partes de la realidad que quizá antes estaban ocultas. El inconsciente es poderoso, los sueños son fascinantes y las imágenes que recogen nuestros cerebros durante la noche son perturbadoras.

Por cierto: no sé cuánto material hay en internet con ese adjetivo. Youtube está plagado, google obviamente también y cualquier sitio por pequeño que sea, tiene una horrorosa o impactante o perturbadora historia que contar.

Lo que me perturba, el miedo a ser peor de lo que soy, es imposible afrontarlo con entereza. El saber que el hombre es el mayor virus que ha tenido este planeta desde hace ya eones, que diría el maestro Lovecraft. Y sí, pesismista es uno, qué le vamos a hacer.

De taringa.net

Faces of death, sociedad del espectáculo o actualidad terrible

Nick Cave: 20.000 días en la tierra

Iain Forsith y Jane Pollard: 20,000 Days on Earth, 2014.

Esto es una recomendación seria a toda persona interesada en el proceso de creación: es interesantísimo oír a este compositor hablar de la metamorfosis que siente al subirse a un escenario, de cómo utiliza la memoria para crear piezas que se complementan y construyen un “mundo propio” e ir conformando ficción alrededor de historias en las que aparecen preocupaciones que todos podemos sentir (ser invadidos por ellas).

Es entretenido el documental, que en algunos momentos se convierte en biografía, en mescolanza de géneros -bio musical, personal- que utilizan el hilo conductor del viaje: cuando Cave coge el coche para ir a las múltiples citas que tiene -para ir a ver a Warren Ellis, visitar el archivo con sus “recuerdos”…- en el asiento de atrás o en el del copiloto, aparecen personajes de su pasado, músicos que abandonaron sus grupos -Grinderman, Bad Seeds- resultando una expectativa cumplida para el público, que no sabe quién aparecerá, pero que se teme otra de esas conversaciones geniales, con preguntas mordaces y respuestas sinceras que documentan el trasiego mental que NIck Cave tiene en su cabeza.

La vitalidad que desprende este músico es impresionante: hace un tiempo leí Y el asno vio al ángel y me deslumbro; no hace mucho escuché a los Bad Seeds y me comentaron que tenía otra banda, los Grinderman (los vi hace unos años en Madrid, y parecían treintañeros recién nominados a los Emmy, tenían más marcha que todos los que estábamos absortos contemplándolos y después no podíamos parar de bailar… y conseguían sonidos espectaculares): escribe, compone, toca… Y tiene tiempo para dormir. El ingenio que desprenden sus declaraciones, la modestia adquirida con los años (era un bastardo pedante o similar dice de sí mismo cuando quería crear una fundación en su memoria, o un museo, o la confesión de que cuando era joven, quería triunfar en la música, y veía los discos de los demás músicos y los envidiaba) y el carácter -oscuro, preocupado, neurótico- difícil que posee, lo convierten en un irresistible personaje para cualquiera que quiera aprender algo de la música que pasará al futuro, mientras la bazofia de la repetición, el cloqueo de los voceadores autómatas y el chunda chunda de los mediocres, pasará -de moda- para olvidarse en el puro fango del olvido.

Un placer escuchar a Nick Cave. Me releeré el libro del asno y diré algo por si alguien se anima a leerlo, porque merece la pena dar a conocer un libro así, además de por supuesto la música de este productivo artista.

Nick Cave: 20.000 días en la tierra