Juan Soto Ivars, Crímenes del futuro

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Juan Soto IvarsCrímenes del futuro, Barcelona, Candaya, 2018.

 

Con el paso de los años, las democracias languidecían víctimas de la corrupción de la casta política.

¿Se puede ser injusto al nacer? ¿Podemos pretender arreglar el mundo desde nuestra posición sin contar con el azar, la sociedad y el orden establecido? ¿Sirve de algo siquiera la idea de organizar el caos que por definición encontramos cuando somos conscientes de dónde estamos?

Preguntas que sugiere el libro de Soto Ivars. Más que afirmaciones, interrogantes también sobre la propia función de la novela: ese género que es ficción pero no tanto, el género de géneros que sirva a la crítica social actualizada; conocemos el constante uso de personajes femeninos o esas extremadas voces de alrededor -una en concreto- que nos interpela a lectores, personajes y a sí mismo, parece: el autor se opone a su propia función, cuestionándose lo dicho y el espacio de lo nombrado, sabiendo desde dónde escribe siempre pero replanteando dicho lugar con alteraciones como los flashbacks, la memoria de los personajes femeninos y la utilización de ciertos tópicos que fragmentan el yo masculino e impregnan el yo femenino; como si quien dijera fuera el extraño o la extraña y no a quién se dirige ese mensaje.

Ya digo que son impresiones tras la lectura y la revisión del libro: notas hacia una mejor comprensión de una novela, formada por tres libros donde el papel de la mujer -de las mujeres: opiniones, historias, recuerdos y fragmentariamente felices momentos-, es indiscutible.

¿Quién cuenta la historia? ¿Quién la continúa? Y ¿quién la cierra?

Pensar que alguna de estas tres preguntas es fácil, quizá nos lleve a equívocos. Pero la última, si nos atreviéramos a responder a alguna, sería la más digna de todas -la respuesta, no la pregunta, que es como otra cualquiera-: esta novela la cierra el posterior trabajo de recreación de lector; las construcciones en las pistas que da Soto Ivars pero no completas que ha de realizar la lectora. Hemos de acompañar el cierre de esta función con aplausos, por el arte, y con suspiros mentales, por el trabajo que nos toca hacer tras la lectura; nadie dijo que el trabajo lector fuera fácil, para eso creo que ya está la tele, y en concreto ciertos aspectos de ella, ciertos programas que podemos matizar cuando queramos no pensar, desconectar y olvidarnos hasta de nuestro cuerpo, nuestra mente y perder la empatía totalmente: ahí están las páginas y vídeos, sin entrar en la deep web, que nos reventarán expectativas y sensibilidades medias.

De todas maneras, el libro contiene bellezas como el cante y su expresión ya que la literatura y la música se dan la mano: el libro está lleno de coplas y canciones, de citas musicales que reverberan más allá de la lectura primera, como si el autor nos quisiera guiar de otro modo, algo más dulce que sus premonitorias visiones sobre cómo se nos va a quedar el patio que ya estamos viviendo, o tenemos sensación de vivir algunos días: corrupción en todos los ámbitos y moralistas que hacen de la corrupción un traje a medida para vestir en cualquier ocasión y llamarnos estúpidos.

Lo que quiero señalar es que la violencia está por todas partes. Controlarla es imposible.

Facciones, política, revoluciones y guerra.

Olvido, feminismo y posesivos.

Tarea difícil catalogar este libro pero así ha de ser con lo que se sale y permanece al margen de lo esperado: nos mueve y saca de la zona de comodidad y a veces, nos indignamos con quien narra y las más, con lo narrado: la pasividad, el esfuerzo por denigrar la memoria de quien se empeña en que no haya movimiento: la vida misma pero hecha literatura.

Arden los templos de tal manera que el amor se diluye entre odios de caverna y sensaciones de aproximación a la muerte de toda estirpe que al cariño le tuviera pasión y deseo: qué crítica del poderoso, de los medios de comunicación; que descreimiento de todo, Soto Ivars, personajes del narrador, lecturas poliédricas que el libro ofrece.

Juan Soto Ivars parece hablarnos al oído, recomendándonos prudencia y espectáculo: veremos que los milagros se producen para ser terriblemente olvidados. Como la justicia o el amor. Como la infancia y el sosiego.

Lean este libro: lean, lean malditas criaturas acomodadas estos Crímenes del futuro.

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Juan Soto Ivars, Crímenes del futuro

Chambers, Caruso y El rey de amarillo

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El rey de amarillo, Libros del zorro rojo.

El rey de amarillo, Robert W. Chambers, Libros del zorro rojo, 2015.

Ilustraciones de Santiago Caruso.

Traducción de Marcial Souto.

Chambers es preocupante.

Aunque también lo es Caruso.

Es de imaginar que por eso el segundo ilustra -y de qué manera- lo que cuenta el primero.

Chambers es de la cuerda literaria de Lovecraft, o viceversa: es quien insinúa lo que Lovecraft después escribirá, matizará sin descanso y posteriormente abrirá puertas a escritores tan grandes como Brian Lumley.

Es un poner: es mi poner.

Volviendo a Chambers, los cuatro relatos seleccionados por Libros del Zorro rojo son:

La máscara

El reparador de reputaciones

En el patio del dragón

El signo amarillo

 

Cuatro cuentos que nos enseñan que la chispa es más potente que el fuego, la caricia que el estertor, la elegancia que las hueras alharacas.

Un libro nombrado, unos personajes obsesivos, unas situaciones oníricas… y ¡pam! cuatro relatos inolvidables. Me leeré la edición completa de diez relatos porque promete ser divertida la experiencia.

Y los títulos. El segundo es digno de mención: El reparador de reputaciones. Lo dicho: un gato (¿nos suena?), un loco, un embaucador extraño y enrarecido, un cargadísimo ambiente opresivo… ingredientes de primera, con unas bellísimas descripciones y los fieles  retratos psicológicos que no pasan de moda.

 

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Solapas con las vidas de escritor e ilustrador.

no es el primero de los trabajos de Caruso ni será el último, pero nunca había tenido nada de este artista. Una belleza recorre todo lo que inventa el argentino; una extrañeza impregna nuestra visión, un arte elevado al nivel de lo humanamente incognoscible, o eso al menos da la sensación.

Es un acierto haber elegido a Caruso ya que motiva ver la obra y releer los cuentos: los detalles, el motivo del amarillo, las expresiones dolorosas, la cubierta… Libros del zorro rojo sabe desde hace tiempo lo que quiere y cómo lo quiere.

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El amarillo es un motivo que acompaña durante la lectura.

 

Los espejos, las deformaciones, esa imaginación que es peor que la realidad… La conjugación de lo que cuenta Chambers, traducido por Souto e ilustrado por Caruso, conforma un objeto hermoso, digno de una editorial, agradable para el lector e imprescindible para el amante de los libros de calidad, las historias de terror cósmico y locura y dedicado a quien quiera descifrar lo que la pintura, la literatura y el mundo tienen en común.

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La inventiva de Caruso es apabullante.

Ese misterioso Rey de amarillo -libro, dios, personaje…-, las Híades, Carcosa o Hastur…

Velados lugares, sombras de sombras, leves fulgores de la oscuridad más absoluta.

Noches de placer asegurado leyendo y contemplando. Un lujo de libro.

 

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El despliegue técnico es impresionante, así como los recursos: vemos los rostros de los protagonistas pero no del principal personaje.

 

Chambers, Caruso y El rey de amarillo

Los viajes de Carmelo Sánchez Muros

Memorias de siete leguas

Carmelo Sánchez Muros, Memorias de siete leguas, Serendipia Ediciones, 2007.

La relectura de algunas obras, ofrece momentos maravillosos que quizá una primera lectura no aporta, porque la sorpresa de la impresión primera embarga la reflexión que posteriormente, si la obra lo merece, llevaremos a cabo como lectores.

Y he reconocer que un libro así -además la edición es preciosa- como este, es digno de mención en cualquier círculo intelectual granadino o foráneo.

Dividido en siete partes, cada una contiene siete exquisitas piezas que no sé si catalogar de prosa poética o ensayos breves, antropologías de metáforas brillantes y cantos, sin lugar a duda, al más libertino de nuestros dones: la imaginación.

Sánchez Muros es poeta y lo demuestra: pero es más que eso, es un escritor, consciente de que practica el antiguo arte de sugerir, constatar realidades, emocionar a quien lo lee o lo escucha, traspasar ese umbral de la buena escritura y ser capaz de aposentarse en sinestesias culturales, honores de reyes muertos, batallas épicas y héroes caídos en la gloria de la derrota. Los colores, aromas, sabores y la luz: Granada, Florencia, mucho México, mucha India, Sicilia, Ténez, Turquía, Ámsterdam… ciudades y países y rincones donde Carmelo Sánchez Muros si no fue feliz (que a juzgar por sus palabras fue plenamente dichoso), nos hace a los lectores serlo con sus impresiones acicaladas, limpias de polvo y paja y de una extrema y sutilísima elegancia literaria y humana.

El respeto es clave para poder discernir equívocos o aciertos entre las diferentes culturas, religiones, literaturas. Y Sánchez Muros hace un ejercicio de sumo respeto al nombrar, recordar e incluso utilizar el recuerdo y la melancolía.

Exquisita muestra, ya digo, de un libro que está en la literatura, pero no se puede clasificar para colocarlo en un estante. es literatura cuya pureza va más allá de géneros y modas. Como lo que escribe Carmelo.

Del blog de Serendipia

Los viajes de Carmelo Sánchez Muros

Septem Ediciones: Javier García Cellino

Los señores de Wall Street no comen pescado crudo, García Cellino, J.,

Septem Ediciones, abril, 2013.

Los señores de Wall Street..., garcía Cellino, Septem Ediciones
Los señores de Wall Street…, garcía Cellino, Septem Ediciones

La elegancia hecha arte: la plaquette que publicara Septem Ediciones de la obra en verso de García Cellino, no tiene desperdicio.

Obras así, breves, intensas, limpias… han de quedar en la memoria y qué mejor que celebrar el recuerdo con algo que es lustre editorial, regalo para paladares exigentes, brillante sin mácula desde el punto de vista del cuidado, el mimo y la decencia como profesionales de ese sector tan hermoso -y a veces tan oscuro- como es el de las editoriales.

Exquisito papel, calibrado, prístino. El formato magnífico, el buen gusto, en fin, en tres palabras, en lo que tendría que ser obligatoria asignatura para los editores: ensalzar la obra escrita a través de obra gráfica, táctil, auditiva…

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Septem Ediciones: Javier García Cellino