El asombro y la maravilla en la poesía de Esther Peñas: lectura de ‘El paso que se habita’

Esther Peñas, El paso que se habita, Albacete, Chamán Ediciones, 2018

No será la primera ni la última vez: ya es habitual que Peñas se cruce en mi camino de lector. Hace poco la entrevistaba, hace algo más reseñaba sus libros publicados en Devenir y ahora, abro con estupor este libro en Chamán Ediciones, que, a su vez, contiene un pórtico lírico de María Negroni condensando a la perfección lo que el interior ofrece: ternura, una alta densidad en el lirismo propuesto y una conjunción de cuerpo y materia junto a la maravillosa epifanía de encontrase viva, atenta, desmesurada Peñas en su cualidad de poeta abierta a expresiones diferentes, caminos no hollados y herramientas retóricas perfectamente dispuestas como símbolos, metáforas, personajes alegóricos como Hermes-Mercurio y sus alas talarias…

Este dios es uno de los más atractivos del panteón grecorromano: Hermes es un cachondo que se permite una hilarante intervención, por ejemplo, en una escena de cuernos entre un dios y una diosa, medio músico, medio cambista, acompañante de los muertos hacia el Hades… lo tiene todo. Aquí aparecerá en su forma mercurial, acompañando al lector a visitar diferentes partes poéticas que la estructura impuesta por Peñas, sutil como una malla delicada de posibles significados, nos va regalando para guiarnos por donde podríamos ir -un significado- e insinuando varias sendas -diferentes lectoras, lecturas, lectores, dan como posible resultado al menos dos nuevas interpretaciones, contando con que únicamente haya dos clases de lecturas-.

En fin, un libro atractivo, escrito por mano ya experta en sugerencias, carnalidad, belleza y elegancia.

Liga el inicio de la ternura de Negroni, con las primeras palabras de Peñas: la solidaridad y el amor serán un viaje constante, de aprendizaje conjunto y música eterna para quienes quieran desarrollar una relación interpersonal en este mundo.

Maneja la poeta las rupturas de las expectativas -a la manera de la que hablaba Bousoño en su ‘Teoría de la expresión poética’ como un elemento diferenciador de la poesía: el juego entre lo creado y lo esperado, nos deja en pleno estado de asombro constantemente. NO hablo de trucos y cambios gratuitos sino de esa intuición tremenda, del arrojo que entrenada la visión de quien escribe -años de lecturas, observación y síntesis de pensamiento- nos acompaña -como Hermes-Mercurio- hacia otras tierras del pensamiento, intercambiando lo esperado por la sorpresa, que solo viera la poeta pero que con arte y maestría, comparte con quienes nos acercamos a este paso habitable, tanto por la persona como por la palabra, que si bien a veces, ambas fallan y entorpecen nuestros pasos, otras en cambio allanan el terreno y hacen germinar semillas de felicidad que proliferan en jardines, prados, bosques… cada uno en graduales orden y desorden convenientes.

Así, lo memorable, la lucha entre los espacios públicos y privados, la aceptación del dolor y la escritura como forma de testimoniar esas intermedias posiciones con las que la poeta “mira” la realidad, se congregan en estas páginas, plenas de literatura que asalta nuestro consciente y nos posa con levedad en esa onírica caricia que sutilmente nos ofrece el verso

“para que las manos labren nuevos diccionarios

de los que crezcan inesperados árboles, y ramas verdes

de las que, a su vez, brote la lengua que nos hizo seres de nieve,

manos o trazos de tinta, terco golpe de cincel,

manos como escoplo

que abra formas con murmullo de universo;”

El arte, la escultura, la imagen, lo visionario, el cuerpo, el alivio, la tensión del escorzo: la plenitud poética y sus aspiraciones a comunicar (nos) con un algo que está más allá, una otra/un otro al que podemos acercarnos con la lectura de la escritura que se realiza como moldeo de barro, como esculpir la palabra: artesanalmente, con un trabajo previo, in media res y posteriormente a dicha escritura.

Insisto en que siempre, una lectura es mi lectura, como la de otra persona es diversa y quizá incluso más rica en detalles que esta que ahora realizo: el valor de la relectura, la magia de revisitar un libro permite que descubramos significados nuevos, por supuesto, nada acaba en un libro como este y pienso en la torre, el agua, las algas, el sueño y el mar, la roca, contar/cantar-hablar/escribir y en un bellísimo poema que me hace contemplar cómo Penélope, sin esperar a nadie, teje y desteje hilos como quien escribe y borra y vuelve a escribir, precisando aún más lo que quiere decir, mudez y preñez a la vez, no acercarse a lo definitivo apareándose con un significado plural, perfilando la talla sin sentir que se acaba ese trabajo porque queda quien lee, interpreta, relee, se maravilla y cae en el estupor de la contemplación de epifanías que gracias a la poeta podemos disfrutar.

Versos tan primitivos como los siguientes:

“La raíz explica el porqué

de lo visible

pero permanece oculta…”

La poeta parece haber llegado a ese lugar al que aspira quien escribe: condensación, humildad y sabiduría. Para qué más, me pregunto ante tanta estrellita fugaz, juvenil esperanza de las letras patrias o extranjeras: tanto añejo maestro, tanta estulta figura que aborrece los clásicos.

Y recordar es unir.

Poco a poco recogemos lo que sembramos en la lectura: poco a poco se adensa la forma, los significados recolectan lo que se diseminó a la par de nuestra lectura, y los párrafos aparecen, condensados y sin espacios, lo blancos se van ocultando en esa maleza de frases, de estirpes que irán concretándose en los vástagos simbólicos que la poeta aporta y cada vez más, con un contraste bestial que vuelve a sorprendernos, hollaremos mejor ese paso que se habita, el que nos proporciona la habilidad de la poeta para referirse a la vida, al amor y a todo lo que intenta que visualmente adquiramos, tanto en al página como en la mente: transforma la cantidad de información en calidad, belleza y posibilidad.

Qué maravilla de poemas. Qué asombrosa poeta.

El asombro y la maravilla en la poesía de Esther Peñas: lectura de ‘El paso que se habita’

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