Una historia de la lectura, Alberto Manguel

Alberto Manguel, Una historia de la lectura, Círculo de lectores, 1998

De Alberto Manguel y su larguísima trayectoria como autor, rescato hoy su faceta como amante de libros, lector, bibliófilo, un poco loco por las páginas escritas desde que era muy pequeño y aprendió a leer para poder disfrutar historias, aventuras, dramas y experiencias ajenas: porque sobre todo, si de algo sirve leer, puede ser para tener la capacidad de decirle a alguien que no conoce a esta autora o a aquel autor: “qué suerte, vas a poder leer sus libros, conocerlos, vivirlos por vez primera” y eso, que a todo el mundo nos ha pasado con algún escritor, es ciertamente una suerte.

La edición de este libro es una maravilla: cuidada, ilustrada con ilustraciones tanto en texto como en páginas completas, de tapa dura, con sobrecubierta también ilustrada y con unas maravillosas guardas queya avisan de lo que vamos a ir encontrando en su interior.

Manguel es especialista en libros y aporta muchísimos datos, bastantes fechas y contrastadas interpretaciones que serán relevantes y fundamentales para saciar nuestra curiosidad como lectores, tanto si queremos recopilar información o simplemente somos enfermos de la lectura, de esa ralea que piensa que a veces un libro es mejor que una conversación depende de con quién.

Guardas del libro

Las partes del libro son ‘La última página’, ‘Lecturas’, ‘Los poderes del lector’, y ‘Las guardas del libro’; se incluyen unas Notas plagadas de reflexiones y lo más interesante, una bibliografía que nos ayudará a investigar o curiosear más el tema por Manguel estudiado; el libro termina con un Índice onomástico que facilita la tarea de buscar nombres, que en el libro los hay y muchos, de todas las épocas, categorías y pelaje.

EL autor escribe una historia de la lectura, desde los orígenes hasta hoy, pasando por la parte oral -y fundamental- de la historia literaria hasta la invención de la imprenta, lo popular llevado al libro -o viceversa- y los libros electrónicos. Aquí aparece el antiguo Egipto y Oscar Wilde, las perdidas y desparecidas y quemadas bibliotecas de la antigüedad y Borges, concilios cristianos y la Inquisición, fetuas y nazis, bombardeos y páginas exquisitas de escritoras desconocidas.

Un escritor ha de contar su historia y Manguel la describe con elegancia y sin pedantería: cómo aprendió a leer, cómo trabajo en librerías y cómo oh, Borges le pidió que le leyera. Quizá eso sea lo más llamativo. Lo profundo es cómo alguien escribe un libro como este: cuánta lectura hay que tener detrás para recordar vívidamente cuando se aprendió a leer, cuando se empezó a escribir y cómo disfrutamos enterándonos de algo más sobre el cerebro, las capacidades cognitivas, qué significó la lectura en las diferentes épocas de la humanidad y sobre todo, la importancia -o no- de la figura de quien escribe.

James Hillman y los cuentos infantiles -conocidos en nuestra niñez-: Maguel afirma que vuelve una y otra vez a esas lecturas. La literatura conocida en nuestra verdadera patria, como afirmaba el poeta Rilke, que también deambula por estas páginas, hace mella en nuestra cabeza y Hillman afirma como psicólogo que es, que quien se acerca a lecturas desde temprano se enfrenta a la vida de otra manera, con otra disposición.

Ilustraciones magníficas que ejemplifican las actividades lectora y escritora

La manera de leer también aparece en el libro: las maneras de leer sería más apropiado escribir, la del disfrute y la del análisis, por resumirlas pronta y quizá groseramente: dejarse llevar o escudriñar cada palabra, cada frase, cada combinación de párrafos o estrofas y versos, intentando dilucidar lo que esa persona ha querido decir en lo más profundo del significado. Lo ideal, como siempre, es hacer copular estas dos maneras para que den a luz una nueva manera de leer.

Qué supone leer, tener un libro u otro en la mano, una edición u otra: este papel, ese crujido de cubierta: ese aroma a nuevo, que es divino, o a viejo, que es más divino todavía como decía Bradbury, alguien a quien -como afirma el mismo autor en el prólogo a Crónicas marcianas-, los libros electrónicos no le preocupaban lo más mínimo pero sí los libros físicos, la lectura, el tacto, el olor, la vista. Y de la vista habla Manguel también: de los anteojos y gafas que ayudan, y la ceguera y las enfermedades que impiden. Pero también de escuchar: equizá fue Bradbury del que Fresán cuenta que aprendió a leer a los siete años, no por pereza sino por el disfrute de escuchar y escuchar cómo le leían las historias que en breve él conocería por sí mismo.

Manguel nos habla de cómo recordamos al leer: de cómo revivimos nuestra vida, otras lecturas, fenómenos que no conocemos y partes de nuestra existencia que quizá fueran de otra manera, escenas de otras novelas, partes de ese poema que brilla en lo más oscuro de nuestro pecho y que salta como una pantera en la noche de nuestros sentimientos. De la memoria y sus complejos mecanismos: de sus palacios, brillantes y elevados, de sus húmedas mazmorras que se hunden.

Y nos habla, entre otras muchas cosas, de cómo el poder está enfrentado con la cultura, la literatura, la lectura: del control que ejercen sobre nuestra libertad lectora quienes no nos quieren bien. De la censura, de la falta de pensamiento libre. Del poderoso que teme más un libro que una contestación.

A nosotros, los lectores de hoy, todavía nos queda por aprender qué es la lectura.

Un libro que es muchos libros: donde aparecen las primeras manifestaciones de la escritura y las últimas adquisiciones de libros por parte de bibliófilos de manos largas; donde los reyes y los papas se codean con Sherezade, Italo Calvino aparece con cuentos metaliterarios o Umberto Eco desfila entre sus ejemplares: yo, desde que vi en un documental el piso del italiano atestado de libros, no dejo de imaginarme al autor de El nombre de la rosa o Baudolino recorriendo esos pasillos enormes con estanterías a un lado y a otro, buscando un ensayo de la Sontag o encontrando el Godot de Beckett.

De Durero, para La nave de los locos de Sebastian Brant

Una invitación magnífica a conocer la pasión de la escritura y la lectura, un libro exquisito y amable, de difusión bibliófila y de advertencias severas contra el poder; de rescate de algunas escritoras omitidas por la historia y la animación a su descubrimiento y lectura: un ejercico espléndido de recuperación de la memoria donde Flaubert, Mansfield, la literatura japonesa femenina o el poder de la palabra, son unos pocos de los cientos de temas que toca Manguel.

Una historia de la lectura, Alberto Manguel