Jan Saudek (II): A burden y Zdena

“Jan Saudek, se convierte así, en alguien cuya mirada. En alguien que. Y por supuesto… del tirón: tiene que ser, no rescatado, porque a la vista está que ni cumplo con los que tengo a mi alrededor, pero no me jodáis”, que decía la voz:

A burden, 1987
Zdena, 1962

“…en aquella época vivíamos felices en nuestro pequeño piso compartido: comíamos pan y queso y nos bebíamos todo el tinto, por muy horroroso que fuera, que caía en nuestras manos. Ella pintaba, yo la fotografiaba, éramos felices, ya digo.”

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Jan Saudek (II): A burden y Zdena

Jan Saudek, fotografía pura

No sé cómo llegué a hypérbole por alguna de las redes sociales o buscando fotógrafos. Es igual: la página merece la pena: hay que echarle un vistazo porque tiene literatura, fotografía, imagen, ciencia… un poco de todo, bien seleccionado.

Así, descubrimos a Jan Saudek: en esta dirección, por cierto podemos elegir entre su obra y la de Sára Saudková.

Para la vida de Saudek, remito a hypérbole: no quiero repetir lo que ya está bien expuesto. Sólo reitero una idea que se cuenta: este checo de 1935, estuvo en el campo de Theresiendstadt junto a su hermano gemelo, escapó del nazismo y conoció el discurso único del comunismo. Y contra esto se rebeló.

Pero las fotos, que comentaré a continuación hablan por sí solas. Creo que es la impresión de verlas, lo que me hace ser osado y compartir lo que es una opinión de alguien apasionado con el lenguaje fotográfico, pero que no es un erudito en la materia.

 A ver qué es todo lo que hallamos, entre nosotros, ante nuestros ojos: miedo a irse y a quedarse, deseos de dañar bondades ajenas (bondage, sadomaso, amor).

Bueno, vuelvo. No sé si con v, o con b. Pero vuelvo.

Jan Saudek, fotografía pura

Steven Arnold y la fotografía surrealista

Autorretrato de 1983, tomado de wikipedia

1943-1994: 50 años que le dieron para las más variadas diversificaciones en el arte: fue fotógrafo, pintor, dibujante, preocupado por el cine, director de cortos (dicen que uno de ellos impresionó a Dalí y a Warhol) e influyente icono de lo visual.

Lo que encuentro en la red -como siempre buscando otras cosas- me maravilla. La página de Steven Arnold es una muestra del gusto del artista. Se nos muestran sus trabajos pictóricos, sus dibujos y por supuesto, sus fotomontajes.

Encontramos que fue el protegido de Dalí: nada extraño si tenemos en cuenta los motivos que Arnold utilizaba en sus visiones. Probó el LSD, el opio, la marihuana. Dice que encontraba en el uso de estas sustancias, caminos mentales que es de imaginar, le conducían a explorar lugares ocultos libre y alegremente.

Así, lo onírico, la crítica al consciente, la liberación sexual o la revisión de los mitos, son algunos de los temas recurrentes de este artista: desde muy joven, las metamorfosis fueron fundamentales en su formación y la concepción del mundo que fue arraigando en sus ideas estéticas se encuentra enriquecida por una particular visión de la imagen.

UNTITLED (Nikki Excuses Himself) ©The Steven Arnold Trust

Como no podía ser de otra manera, el transformismo, el maquillaje, la vestimenta insinuante, de brillos y matices equívocos, le da pie a conformar un mundo propio, plagado de personajes oscuros, extraños en su esplendor.

UNTITLED (Wizard Clown) ©The Steven Arnold Trust

Animo a ver la página: encontrarán mucho más de los que se imaginan, ya que si contemplamos con la tranquilidad suficiente las fotografías o montajes, iremos descubriendo que los detalles completan la visión y que nada, de manera sutil e inteligente, está dejado al azar: la propuesta es muy atractiva, y hemos de reconocer que la composición, los juegos de los contrastes y las líneas tienen un objetivo común: no pasar desapercibidas. Pero el arte deja paso a la curiosidad y no decae el personaje retratado en pos del artificio.

DREAMS OF TRANSFORMATION ©The Steven Arnold Trust

Las máscaras, el doble juego con el uso y la muestra de las mismas, el perder al personaje en beneficio de la nada, una nada sugerente y rica en interpretaciones que se llena de contenido al posar el espectador la mirada en los contrastes entre los blancos y los negros.

DOPPELGANGER ©The Steven Arnold Trust
Steven Arnold y la fotografía surrealista

Y sí: Diane Arbus, fotógrafa.

Diane-Arbus-1949.jpg

Conocí a Diane Arbus, gracias a Juan Bonilla. Nada nuevo, ya que Bonilla se dedica a esparcir conocimiento, a sembrar semillitas de curiosidad en un libro tras otro.

La fotografía, ese difícil arte de captar una verdad inmutable en un más que mutable mundo veloz, siempre llamó mi atención. Pero nunca he sido buen recolector de imágenes: o quizá viceversa, he sido muy buen recolector, pero no de imágenes buenas, sino de cantidad de imágenes de manera compulsiva más que artística.

Este retrato de Diane Arbus es de Allan Arbus (Wikipedia). Ella se llamaba Diane Nemerov, y tomó el apellido de su marido, a quien conoció con 14 años.

Diane Arbus aprovechó sus 48 años para regalar al mundo una visión de la vida que puede ser incómoda para algunas personas que esperan de la fotografía color, pasividad, tranquilidad o sosiego. Arbus se centró en muchos temas, pero lo social, la preocupación por los demás y por los más marginados de la sociedad, son los puntos de su trabajo que personalmente más me interesan.

Los rostros que recuerdan a algún protagonista de Pasolini. Los cuerpos que hacen pensar

en los retratos de Velázquez: la diferencia mostrada sin tapujos y con elegancia y claridad, sin miedo al “qué dirán”: buscaba que sintiéramos temor y vergüenza, y en mi humilde opinión, lo consiguió con creces: pero también consiguió mucho más. Arbus centró su mirada en los diferentes por un interés personal, e imagino que ella también se sentía así: apartada, a veces freak, muchas veces sola por lo que le rodeaba… ¿nos suena de algo?

Rodrigo Rivas expone de manera interesante (y sensata) algunas ideas sobre Diane Arbus y al ser fotógrafo, sabe bastante mejor que yo de lo que habla.

Diane Arbus tiene que ser conocida, vista, expuesta: nos recuerda lo que somos y lo que podemos ser. Nos avisa de la adversidad de olvidar nuestra mortalidad, nuestra humildad.

Es una artista comprometida con el futuro.

Y sí: Diane Arbus, fotógrafa.