The Atticus Institute, otra de posesiones, paranormalidad, Seguridad Nacional…

The Atticus Institute, Chris Sparling, 2015.

Como un falso documental y de los productores de The conjuring, se presenta esta película de engaños, poderes paranormales, científicos, militares y seguridad nacional. La dirige el que fuera el guionista de Buried (Enterrado), película que sorprendía -además del homenaje a Edgar Allan Poe- por saber mantener un guión durante una hora y pico con un tío enterrado vivo. Aunque la tengo que volver a ver, porque francamente, no recuerdo casi nada: agobio, un móvil y creo que una lucecilla: ya digo, será mejor volver a verla.

La metáfora del poder que quiere a toda costa, como reza el slogan “Poseer la posesión”, cazar al cazador, adueñarse del dueño. El control ejercido por Judith Winstead sobre los demás (y no viceversa como creísn), desemboca en un final predecible, y que nada tiene que ver con la otra película citada, The conjuring, que fue una de las últimas -no asiáticas- que logró estremecerme.

Nada más que decir. Para fanáticos del cine de terror, entre los que me incluyo. Pero poco más. Alguna escena digna como la que aquí dejo y mucho monólogo en cámara. ¿Dónde están los recursos que M. Night Shyamalan -entre otros- utiliza en El bosque o El sexto sentido?

The Atticus Institute (Judith Winstead)

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The Atticus Institute, otra de posesiones, paranormalidad, Seguridad Nacional…

Un film serbio: del horror a la pederastia.

Srdjan Spasojevic, Srpski film, (A serbian film, Una película serbia), 2010.

El rodaje de una snuff-movie, siempre ha llamado mi atención, ya que la crítica de las películas realizadas sobre este estilo, lleva implícita la marca del poder económico, ya que las cintas no están al alcance de todos los bolsillos. Pero esto puede llevarnos a una reflexión: se ha democratizado, con el uso de internet, el acceso a la información -todo tipo de búsquedas, como luego comentaré-.

Es una excusa, dirán algunos, para poder contemplar imágenes violentas, sangre y situaciones poco recomendables mentalmente. Y estoy de acuerdo.

Recuerdo, sin orden ni concierto, algunas películas como Holocausto caníbal, Tesis, Saló y otras tantas. Digamos que la primera impactó visualmente por algunas escenas y se salvaba la idea gracias a la ferocísima crítica al hombre blanco. La de Amenábar estaba bien desarrollada y mostraba que había mercado y la de Pasolini es una cuenta pendiente con la historia, con el horror, con la decadencia que vivimos.

Entre otras cosas, en internet, podemos encontrar historias macabras referentes a necrofilia, pederastia y esclavismo sexual: nada nuevo dirán los entendidos en sadismo, masoquismo o pornografía dura. Y estoy de acuerdo. Hoy, es un recuerdo del límite hasta donde el hombre es capaz de llegar: contemplamos lejos el abismo y nos acercamos lenta, parsimoniosamente, como aquel Sam Neill de ojos desencajados llegaba a la puerta abisal recreada por el escritor de historias de terror Sutter Cane (Jürgen Prochnow, en un papel alucinante y esquizoide) de donde iban a salir todas y cada una de las pesadillas que pintara Bekzinski, que escribiera Lovecraft, que soñara cualquier persona una mala noche inolvidable.

Extraño, reflexiono a veces, que la gente quiera buscar, entrar, visitar la llamada deep web, esa siniestra hermana de la web que podemos contemplar el resto de los mortales. Algunos de los peores vídeos que he contemplado en mi vida están a disposición del que los busque en youtube; algunas descripciones de escenas violentas, sádicas y nada recomendables para el que todavía tenga fe en la raza humana, se encuentran en blogs dedicados al sado, a las imágenes gore… mediante palabras concretas en el buscador de google.

Creo que habría que revisar conceptos como crueldad, libertad y deseo.

Esta película de imágenes impactantes y relaciones laborales y familiares nada normales, me sirve de excusa intelectual para reflexionar sobre preocupantes gustos.

Las filias -al igual que las fobias- siguen siendo impulsos incontrolables por parte de quien las padece. Es decir, si a alguien le gusta tener sexo con animales -problemas mentales aparte, que pueden ser discutidos- o gusta de disfrutar tacones, lencería, brazos enyesados, muñones o maquillajes… quién es nadie para decir nada, si no hace daño al otro.

Lo que no entiendo, lo que no soy capaz de asumir, es la pederastia. No hablo de una relación de dos chicos, dos chicas, de 18 años y de 16, por ejemplo. No hablo de la mujer que se enamora de un chico joven, ni viceversa: intento dejar a un lado los tópicos “naturales”, esos que conforman la historia del machismo y feminismo: qué bien por el hombre, qué mal por la mujer… Intento descifrar el enigma que cada pareja homo, hetero, bi… propone. Pero pienso que si esa pareja, con respeto y códigos bilaterales de entendimiento, se acepta como es, yo qué pinto en todo eso. Hay cosas que no entiendo y otras que sí: nadie puede tener mi nivel de comprensión, por educación, formación, vivencias, lugar, familia… al igual que los demás, tienen otros parámetros de vida, por supuesto: no hay que buscar quién está equivocado, quién lleva una mejor vida, quién es sano o cuerdo… sino intentar entender que la diferencia es la característica principal en asuntos de amor, de sexo, de gustos, de colores, de arte… El límite está en la violación, el abuso, la imposición de la fuerza.

No entiendo la pederastia porque el juego no es justo, la seducción es inexistente o unilateral, el abuso es mayúsculo y las consecuencias devastadoras para la víctima (a estas alturas, quién duda de que algo en la cabeza del pederasta no conecta bien). No entiendo la pederastia porque se esconde tras amenazas, falacias, máscaras, nombres falsos, edades inventadas, fotos de expectativas mentirosas… y esto, por hablar de lo visto en noticias sobre redes, internet, archivos encontrados por la policía… sin nombrar las atrocidades cometidas con bebés, como algún caso de extremo terror que conocimos en España.

Hay algo en la red de mujeres pederastas pero la verdad es que siempre salen noticias donde son hombres los que abusan de menores. Creo que la ley marca los trece años del menor para ser abuso sexual, habla de personas privadas del sentido y por supuesto sobre las personas con minusvalías psíquicas.

Hace poco vi la obra terrible de Luis Urquiza: Obediencia perfecta.

Hace poco volvía a ver el documental de Jarecki, Capturing the Friedmans (2003).

Hace poco, pude contemplar Mea maxima culpa. Silencio en la casa de Dios (2013) de Alex Gibney.

Tres ejemplos donde la religión y la enseñanza están presentes. Tres ejemplos de lo que vivimos hoy día, sin buscar demasiado, sin perder el norte sobre lo que el hombre es capaz de hacer.

El turismo sexual, el esclavismo, la violencia de género, la explotación infantil. Hay donde elegir para seguir preocupado.

Creo que empecé hablando de la película de Spasojevic. Lo que no recuerdo es que la haya recomendado. Como película de ficción, tiene que ser vista con tranquilidad.

Pero cómo pedir tranquilidad a un público concienciado de que en cualquier momento la trama puede llevarnos a remover nuestras conciencias.

Cómo pedir a unos padres que no piensen en la pena de muerte.

Cómo entender que cambien de parroquia a un cura culpable de pederastia sin más consecuencias. Algunos sí han sido condenados.

Pedofilia en la iglesia

Un film serbio: del horror a la pederastia.

Las colinas tienen ojos: Wes Craven/Alexandre Aja: darle forma a la América profunda

The hills have eyes, Wes Craven, 1977. Remake a cargo de Alexandre Aja, 2006.

Definitivamente, me quedo con el remake de Aja: como película -de este tipo. con familias más que desestructuradas, en ambientes solitarios y sórdidos, antropófagos locos…- me parece mejor secunciada y más coherente.

No olvido que Aja recoge la materia que Craven deja a su disposición: la idea es bastante atractiva: una familia en soledad, insinuaciones de locura y unos hijos desestabilizados mentalmente, con nombre de dioses romanos: Júpiter, Plutón, Marte, Mercurio…

Pero prefiero la idea de Aja: el gobierno no hace pruebas con aviones y bombas, sino con material radiactivo y nuclear; los mineros que trabajan en la zona no quiere dejar sus casas, sus calles, los niños, no quieren abandonar sus columpios: el gobierno rechaza la idea de que permanezcan allí: las pruebas nucleares se llevan a cabo, y el final es desastroso. La reivindicación en la película de Aja, no pasa desapercibida, y los malos no son tan malos, ni tan extremos: aunque son hijos de puta con patas, “somos productos de vuestro sistema”, o algo parecido dice con toda la razón del mundo, un megahidrocefálico que nunca sale de casa, que como otras, se encuentra en un lugar al que se llega tras atravesar los túneles del infierno: las casas, con maniquíes colocados para las pruebas, son lugares por donde pasa el viento que por las calles arrastra polvo, plantas desérticas, soledad en masa.

Obviamente, repito que Aja, retoma y reconduce una historia -hay casi 30 años entre ambas, hay mejoras respecto de lo propuesto por Craven, existen más adelantos técnicos…- que creo que Craven corta bruscamente, coloca a unos personajes-caricatura en exceso predecibles, en un escenario no demasiado logrado -la locación de Aja asusta de día, y da pavor de noche-: y son malos malísimos, con la excepción de Ruby: pero simplemente -que no es poco- están locos. Aja, da una explicación social del problema de la locura de unos desalmados, implicando a las personas que forman la estructura de poder de un país como es U. S. A., donde unos trabajadores de las minas, sufren las consecuencias del abuso de poder por parte de las autoridades y organismo competentes (es decir, todo el que no sea minero, y ostente cargo en un despacho o en su defecto, aparezca con su familia perfecta por un desierto como el que se refleja en la película).

Y échenle un vistazo a esta página.

Así que hay que ver las dos y luego comparar.

Y más tarde, reflexionar sobre:

-nuestro sistema democrático, que permite que los que tienen poder, sigan, pervivan y se mantengan al margen y por encima de leyes, personas u opiniones.

-el canibalismo: comerse al enemigo era síntoma de querer alcanzar lo que éste tenía en su interior, a saber: fuerza, valor, energía, inteligencia… Hoy se practica la gerontofagia con los artistas por parte de aquellos interesados en recaudar los beneficios que pudieran generar sus obras, y comienza a haber movimientos con algunos ya que nos indican la prisa que algunos tienen; ademas el síndrome de Peter Pan, hace unos años, nos llevó a reconocer a ciertos artistas quinceañeros como auténticos rimbauds de la palabra. Y bueno, por favor, reflexionemos sobre estas majaderías.

-las pruebas nucleares de U. S. A., (y en Japón), Rusia, China, Francia, U.K., China, Israel, India…

-las películas que son remakes, mejores que las originales, y producidas por los creadores de la primera parte; no es tan grave como el anterior punto, pero necesario para poder recoger el tema de estas palabras sin que nos perdamos demasiado: hablo de mí y del otro que convive conmigo, aquí, en mi cabecita.

Las colinas tienen ojos: Wes Craven/Alexandre Aja: darle forma a la América profunda

The twilight zone: the film: los años 80 y la memoria.

Landis, Spielberg, Dante y Miller. Cuatro directores para cuatro historias y un prólogo.

Dimensión desconocida o En los límites de la realidad de 1983.

Sinceramente, me atraen este tipo de películas. Me recuerdan mi infancia y si no soy del todo injusto, algún episodio de los cuatro está hasta bien contado (Spielberg no es moco de pavo, y la historia de los nazis-Ku-kux-Klan-judíos es llamativa). Dicha historia es un cuento con moraleja, pero el desarrollo del cambio que sufre el personaje no permite casi ni reflexionar.

La segunda historia es la emoción en estado puro: la edad, el deseo de rejuvenecer, el juego. La infancia perdida llevada a la pantalla de la mano de Spielberg, como él sabe hacerlo: un guión sobrio, sin lujos, pero directo y con los medios que tenían entonces: interpretación, emoción y actuaciones medidas.

Y Tas, el diablo de Tasmania, cuyos cabreos eternos aparecen en el tercer capítulo, donde un niño aparentemente bueno, tiene el poder de conseguir todo lo que desea. Kathleen Quinlan, en el papel de una profesora, será la encargada de “controlar” al nene. Conejos, dibujos animados, machadas y derivados de una sociedad enrarecida, como los ajustes que hacemos al televisor si no funciona, como no darnos cuenta de que esos ajustes habría que hacérselos a la sociedad, no al aparato que la retransmite.

Recuerdo -y no recuerdo nada- 64 kas de negra potencia en una consola para que Tas se cabreara con todo el mundo -en aquel mundo amarillo y marrón, divertidísimo-, donde todos los aparatos e ingenios preparados para hacer daño y escapar después, eran de la marca Acme. Ya digo, los recuerdos te asaltan y como diría Panero nos acorralan y son jauría en las noches oscuras del ama, o son coronas de espinas que llevamos eternamente.

Y el repaso estadístico -la memoria- para conjurar lo que vendrá, e intentar mediar en el ataque de pánico que asalta las defensas del raciocinio: primera y joven fotógrafa, criaturas que hablan a través de otros y recorren zonas imposibles…

Creedence Clearwater sonando, recordando a Rodrigo Fresán que recuerda a Rod Serlick. Despegamos:

“Hay una quinta dimensión…

The twilight zone: the film: los años 80 y la memoria.

La casa de los 1000 cadáveres y el subsuelo norteamericano.

La casa de los 1000 cadáveres, Rob Zombie, 2003.

Rob Zombie, aparte de músico y artista audiovisual dirige y escribe la historia de una familia bastante especial, como es la de los Firefly (personajes femeninos), Otis B. Driftwood o el Capitán Spaulding (los masculinos).

La insistencia de unos muchachos en realizar una investigación sobre los sitios más oscuros de los pueblos recónditos de la América profunda les lleva a un infierno particular de payasos con museos extraños, la leyenda del Doctor Satán y los asesinos en serie más famosos del lugar y la historia del Árbol del Ahorcado.

No podemos negar que la estética de Zombie es atractiva: el punk y el pop aparecen, desde el principio de la cinta con esa intro a lo documental donde los créditos se mezclan con la música e imágenes reales hasta fundirse en una especie de videoclip con transiciones solarizadas y planos en negativo, jugando con los colores para dejar intranquilo al espectador y llevarlo hasta un guión salpicado de humor negro, palabras malsonantes y rituales arcanos que dan vida a la vez que la absorben.

Musicalmente, es de una potencia arrebatadora, quizá porque Zombie tiene un ojo puesto en lo efectista de lo que narra y el otro (ojo) en lo que puede sugerir el contaste musical que incrusta para que sus personajes no dejen respirar al espectador: la banda sonora está elegida para acompañar en todo momento esas sugestivas imágenes que no dejan de hacer guiños a la historia del cine de terror.

la puesta en escena, teatral y cabaretera de Baby cantando por Helen Kane (Betty Boop) un poco más pálida que Marilyn Monroe, como una novia cadáver que busca atrapar hombres, como una enfermiza enfermera de enfermos condenados.

El momento en el que suena I remember you de Slim Whitman, con lo que supone de descubrimiento y la herramienta (que no es nueva pero está bien utilizada) de la cámara lenta, es uno de los más emocionantes que podemos contemplar de lo que se cuenta en la parte superior de la parcela de esta especial familia.

Y sí, leí por ahí (hay mucha gente interesada en esta película, por lo visto) que, los homenajes a personajes de los Hermanos Marx (ahí están algunos nombres) es patente. Una nota más del interés de Zombie por integrarse en la historia del cine, además de las referencias a La matanza de Texas, por ejemplo, de la que ya comentaré algo en un futuro para matizar algunas notas sobre la familia norteamericana.

Recomendable por no quedarse, como otras, en grupo de jóvenes asesinados por familia desquiciada. Recomendable por la escena del ritual que no desvelaré, por si alguien se anima a verla. Recomendable por conocer una pequeña parte del subsuelo de ese país que es Norteamérica.

Y es que Norteamérica atrae más que por lo que es, por que no vemos que es y que algunos artistas se atreven a mostrar.

 

La casa de los 1000 cadáveres y el subsuelo norteamericano.