Fiambres, de Mary Roach

Mary Roach, Fiambres. La fascinante vida de los cadáveres, Biblioteca Maledicta, 2007.

Desde el título, este fascinante libro hace honor a su título.

Como fascinante es el punto de vista de la escritora.

Alex Gibert, el traductor de la obra, imagino que se lo pasaría en grande, porque es una obra la de Mary Roach, divertida, amena e impredecible. No escatima en contar lo que no queremos oír pero es uno de esos libros que, sabiendo el final, sabiendo las consecuencias de lo que cuenta la autora, el cómo lo cuenta se impone y nos asalta, nos hace sonreír, reflexionar y sentir.

Aunque el tema de la muerte es siempre interesante y llamativo, cómo se tocan los diferentes y numerosos aspectos es delicado: Roach, cuya documentación es impresionante, la investigación de campo, las entrevistas y charlas que ha mantenido, el acto de reflexión y análisis realizado y la propia escritura y corrección del manuscrito, le ha llevado a publicar un libro curioso e imprescindible al menos para quine escribe estas líneas: cuando atenaza la muerte, la idea irracional de nuestro final, nada mejor que recordar con unos divertidos párrafos de Roach sobre el proceso de documentación del libro, por ejemplo, en la biblioteca de Medicina de la Universidad deCalifornia, en San Francisco.

El joven bibliotecario que me atendía se detuvo a consultar los libros que ya tenía en mi cuenta: Principios y procedimientos de embalsamamiento, La química de la muerte, Heridas de bala[…] No me dijo nada, pero tampoco hizo falta. Bastó con su mirada. A menudo, cuando pedía prestado algún libro de la biblioteca, temía que los bibliotecarios empezaran a hacerme preguntas: ¿Para qué quieres este libro? ¿Qué andas tramando? ¿Qué clase de persona eres?

No se ríe de los muertos, consigue que nos riamos de la muerte. Por eso pienso que es un libro necesario: conoceremos las emociones de una autora que, en mi opinión, sufre, se emociona y tiene la necesidad de contagiarnos una tranquilidad sobre el tema difícil de lograr a través del humor. Uno de los rasgos que caracterizan el discurso de Roach es el respeto por los muertos. Otra cosa es cómo contar los diferentes elementos que quiere conjugar y que consigue enlazar para construir un puzle realmente impresionante.

Encontraremos crímenes, accidentes, batallas. Experimentos, descripciones macabras, ternura, canibalismo, cremaciones. Y lo que es más importante: ¿qué hará con sus restos la autora cuando muera? La sonrisa aparece cuando se introduce en el discurso, desde una posición risible, la propia escritora: mujer viva que en un futuro sabe que será criatura muerta, corrupta… o no: la donación de órganos existe y aparece también, así como los estudios que se realizan en el campo forense.

Una de las escenas que más me llamaron la atención fue un campo de cuerpos que parecía estar tomando al sol, en una de las universidades dedicadas a estudiar el fenómeno de la muerte: los cuerpos al sol se corrompían mientras el tiempo pasaba y los investigadores iban tomando notas sobre el proceso. Aprender de la muerte ayuda a combatirla, o al menos, a saber más de ella, sus puntos flacos, si los tiene, las características, los hallazgos médicos.

Aparecerán prolapsos, placentas y necrofilia: Knoxville, la India y la China. Irresistible.

Apocalípticos, síncopes andantes, víctimas de la hipocondría… este es vuestro libro. La risa -lo siento, venerable Jorge- nos hace libres. Al menos eso dicen los impulsos nerviosos que nos llegan cuando leemos este libro.

Fiambres, de Mary Roach