En renuncia de Eros, Carmelo Sánchez Muros

En renuncia de Eros, Carmelo Sánchez Muros, Port Royal, 2013.

La última entrega poética de este granadino de la generación del 70 hace honor a su poética: elegante, profunda y de intensas emociones personales. Las imágenes parecen brotarle de lo más interno de su intimidad, de ahí la valentía que practica Sánchez Muros en este volumen y que recibimos con gozosa sorpresa un conjunto de experiencias hermosas, tristes y emotivas, tamizadas por efectos líricos, metáforas y un rico lenguaje de comparaciones que nos transportarán a ese estado donde el poeta nos quiere colocar.

Aunque lógicamente esto no es lo importante, sino si el libro funciona bien poéticamente, cosa que sucede desde el principio: ya el título es una apuesta por estar en contra de ese maldito diosecillo que no deja ni a sol ni a sombra a los futuros enamorados.

Armado con una estructura en cuatro partes, un poema introductorio y uno final, el libro se alza como un canto visiblemente dolorido por la pérdida del amor, la renuncia consciente al mismo y a las ganadas debacles que la edad va imponiendo.

Ven y acaríciame. Tú, sí. Tócame ahora

y méceme en la nada en que transcurro.

sin amor, pero en luz. Pleno de resplandor.

Puro, lavado, etéreo.

Esta va a ser una de las constantes líricas del libro: la pureza asociada -o igual- a la luz, lo puro, lo limpio, lo blanco, lo fulgurante.

Streap-tease frutal o Deseo caníbal dicen así:

Hiende en su cáscara el filo indiferente

del cuchillo lunar que a la noche asesina.

No detengas tu lengua. Paladea mi secreto.

Y: “¡Bésalo ya!¡Lame el músculo vivo!”

Sánchez Muros domina perfectamente la insinuación, el erotismo y la retórica del carne, el pecado y el amante subyugado por la belleza.

Ante la constatación de que el tiempo pasa y se sucede, la afirmación del yo poético:”…envejezco.” para trasegar la segunda parte donde la cita de L. M. Panero da paso al mundo de la imaginación, el agua, el sur y poemas como Oda furtiva o Síndrome de Estocolmo o la revisión de la Odisea dan rienda suelta a los contrastes entre ofrecimientos y pérdidas, al amor y el olvido: a los cuerpos que fueron y serán, tras estos versos, pasto del recuerdo.

La hondura que consigue el poeta en la tercera parte hace que la lectura sea profunda, ensimismada, reflexiva: pocas veces, hoy, leemos algo tan hermoso y de resonancia tan antigua, como los ladridos de esos perros que corren por las venas del que habla por seguir a la amada.

¡Cuánto perro voraz ladrando por mis venas

al escuchar tus pasos y no poder seguirte!

Termina el libro con una parte -aunque el poema final es Hamelin- que introduce , para ser limpiada, la suciedad de las cloacas, el íntimo agujero negro que nos corroe en memoria y acto, en olvido y traición: después volverá el resarcirse de la fulguración, ya que el poeta es un ser de “cuerpo bañado en pureza” o “de luz acumulada”.

Si alguien quiere saber, qué puede ser la poesía social hoy, la empatía con el otro sin perder la elegancia ni hablar de objetos sin lírica, que lea el poema Qué.

Eros y Tánatos, la vida y la muerte, las dos caras de nuestra moneda: poema bellísimo con homenaje a Lorca y que será uno de los poemas inolvidables de este libro.

Un acierto el de Port-Royal publicar este libro.

Y cómo no, el del poeta al entregárselo a un editor como Ángel Moyano.

Un gran poemario de Carmelo Sánchez Muros.

En renuncia de Eros, Carmelo Sánchez Muros

Los viajes de Carmelo Sánchez Muros

Memorias de siete leguas

Carmelo Sánchez Muros, Memorias de siete leguas, Serendipia Ediciones, 2007.

La relectura de algunas obras, ofrece momentos maravillosos que quizá una primera lectura no aporta, porque la sorpresa de la impresión primera embarga la reflexión que posteriormente, si la obra lo merece, llevaremos a cabo como lectores.

Y he reconocer que un libro así -además la edición es preciosa- como este, es digno de mención en cualquier círculo intelectual granadino o foráneo.

Dividido en siete partes, cada una contiene siete exquisitas piezas que no sé si catalogar de prosa poética o ensayos breves, antropologías de metáforas brillantes y cantos, sin lugar a duda, al más libertino de nuestros dones: la imaginación.

Sánchez Muros es poeta y lo demuestra: pero es más que eso, es un escritor, consciente de que practica el antiguo arte de sugerir, constatar realidades, emocionar a quien lo lee o lo escucha, traspasar ese umbral de la buena escritura y ser capaz de aposentarse en sinestesias culturales, honores de reyes muertos, batallas épicas y héroes caídos en la gloria de la derrota. Los colores, aromas, sabores y la luz: Granada, Florencia, mucho México, mucha India, Sicilia, Ténez, Turquía, Ámsterdam… ciudades y países y rincones donde Carmelo Sánchez Muros si no fue feliz (que a juzgar por sus palabras fue plenamente dichoso), nos hace a los lectores serlo con sus impresiones acicaladas, limpias de polvo y paja y de una extrema y sutilísima elegancia literaria y humana.

El respeto es clave para poder discernir equívocos o aciertos entre las diferentes culturas, religiones, literaturas. Y Sánchez Muros hace un ejercicio de sumo respeto al nombrar, recordar e incluso utilizar el recuerdo y la melancolía.

Exquisita muestra, ya digo, de un libro que está en la literatura, pero no se puede clasificar para colocarlo en un estante. es literatura cuya pureza va más allá de géneros y modas. Como lo que escribe Carmelo.

Del blog de Serendipia

Los viajes de Carmelo Sánchez Muros