Nick Cave: 20.000 días en la tierra

Iain Forsith y Jane Pollard: 20,000 Days on Earth, 2014.

Esto es una recomendación seria a toda persona interesada en el proceso de creación: es interesantísimo oír a este compositor hablar de la metamorfosis que siente al subirse a un escenario, de cómo utiliza la memoria para crear piezas que se complementan y construyen un “mundo propio” e ir conformando ficción alrededor de historias en las que aparecen preocupaciones que todos podemos sentir (ser invadidos por ellas).

Es entretenido el documental, que en algunos momentos se convierte en biografía, en mescolanza de géneros -bio musical, personal- que utilizan el hilo conductor del viaje: cuando Cave coge el coche para ir a las múltiples citas que tiene -para ir a ver a Warren Ellis, visitar el archivo con sus “recuerdos”…- en el asiento de atrás o en el del copiloto, aparecen personajes de su pasado, músicos que abandonaron sus grupos -Grinderman, Bad Seeds- resultando una expectativa cumplida para el público, que no sabe quién aparecerá, pero que se teme otra de esas conversaciones geniales, con preguntas mordaces y respuestas sinceras que documentan el trasiego mental que NIck Cave tiene en su cabeza.

La vitalidad que desprende este músico es impresionante: hace un tiempo leí Y el asno vio al ángel y me deslumbro; no hace mucho escuché a los Bad Seeds y me comentaron que tenía otra banda, los Grinderman (los vi hace unos años en Madrid, y parecían treintañeros recién nominados a los Emmy, tenían más marcha que todos los que estábamos absortos contemplándolos y después no podíamos parar de bailar… y conseguían sonidos espectaculares): escribe, compone, toca… Y tiene tiempo para dormir. El ingenio que desprenden sus declaraciones, la modestia adquirida con los años (era un bastardo pedante o similar dice de sí mismo cuando quería crear una fundación en su memoria, o un museo, o la confesión de que cuando era joven, quería triunfar en la música, y veía los discos de los demás músicos y los envidiaba) y el carácter -oscuro, preocupado, neurótico- difícil que posee, lo convierten en un irresistible personaje para cualquiera que quiera aprender algo de la música que pasará al futuro, mientras la bazofia de la repetición, el cloqueo de los voceadores autómatas y el chunda chunda de los mediocres, pasará -de moda- para olvidarse en el puro fango del olvido.

Un placer escuchar a Nick Cave. Me releeré el libro del asno y diré algo por si alguien se anima a leerlo, porque merece la pena dar a conocer un libro así, además de por supuesto la música de este productivo artista.

Nick Cave: 20.000 días en la tierra