La casa de los 1000 cadáveres y el subsuelo norteamericano.

La casa de los 1000 cadáveres, Rob Zombie, 2003.

Rob Zombie, aparte de músico y artista audiovisual dirige y escribe la historia de una familia bastante especial, como es la de los Firefly (personajes femeninos), Otis B. Driftwood o el Capitán Spaulding (los masculinos).

La insistencia de unos muchachos en realizar una investigación sobre los sitios más oscuros de los pueblos recónditos de la América profunda les lleva a un infierno particular de payasos con museos extraños, la leyenda del Doctor Satán y los asesinos en serie más famosos del lugar y la historia del Árbol del Ahorcado.

No podemos negar que la estética de Zombie es atractiva: el punk y el pop aparecen, desde el principio de la cinta con esa intro a lo documental donde los créditos se mezclan con la música e imágenes reales hasta fundirse en una especie de videoclip con transiciones solarizadas y planos en negativo, jugando con los colores para dejar intranquilo al espectador y llevarlo hasta un guión salpicado de humor negro, palabras malsonantes y rituales arcanos que dan vida a la vez que la absorben.

Musicalmente, es de una potencia arrebatadora, quizá porque Zombie tiene un ojo puesto en lo efectista de lo que narra y el otro (ojo) en lo que puede sugerir el contaste musical que incrusta para que sus personajes no dejen respirar al espectador: la banda sonora está elegida para acompañar en todo momento esas sugestivas imágenes que no dejan de hacer guiños a la historia del cine de terror.

la puesta en escena, teatral y cabaretera de Baby cantando por Helen Kane (Betty Boop) un poco más pálida que Marilyn Monroe, como una novia cadáver que busca atrapar hombres, como una enfermiza enfermera de enfermos condenados.

El momento en el que suena I remember you de Slim Whitman, con lo que supone de descubrimiento y la herramienta (que no es nueva pero está bien utilizada) de la cámara lenta, es uno de los más emocionantes que podemos contemplar de lo que se cuenta en la parte superior de la parcela de esta especial familia.

Y sí, leí por ahí (hay mucha gente interesada en esta película, por lo visto) que, los homenajes a personajes de los Hermanos Marx (ahí están algunos nombres) es patente. Una nota más del interés de Zombie por integrarse en la historia del cine, además de las referencias a La matanza de Texas, por ejemplo, de la que ya comentaré algo en un futuro para matizar algunas notas sobre la familia norteamericana.

Recomendable por no quedarse, como otras, en grupo de jóvenes asesinados por familia desquiciada. Recomendable por la escena del ritual que no desvelaré, por si alguien se anima a verla. Recomendable por conocer una pequeña parte del subsuelo de ese país que es Norteamérica.

Y es que Norteamérica atrae más que por lo que es, por que no vemos que es y que algunos artistas se atreven a mostrar.

 

La casa de los 1000 cadáveres y el subsuelo norteamericano.

Zdzisław Beksiński: el pintor de reinos olvidados.

Beksinski

Beksinski (24 de Febrero 1929, Sanok, Polonia – 21 de Febrero de 2005, Varsovia, Polonia) es uno de esos artistas preocupantes, de esas preocupaciones del arte que algunos tenemos -y tendremos- pendientes por ahí.

Tomo la foto del artista de un interesante sitio.

Mi amigo Luis Castellón Quesada, tejemanejes aparte en una página de Polonia -no hay nada como ir a la fuente-, me consiguió uno de los libros más bellos que he visto sobre un artista, y la verdad, es que he tenido la suerte de ver algunos ejemplares bellísimos, ediciones cuidadas de artistas que acompañan a escritores y viceversa, antiguos volúmenes con grabados de maestros…

Zdzisław Beksiński 1929–2005, libro de Wieslaw Banach
Zdzisław Beksiński 1929–2005, libro de Wieslaw Banach

Valdemar, que ilumina con oscuros brillos las mentes de sus lectores, tuvo el acierto de publicar la obra completa de H. P. Lovecraft, en dos volúmenes (la prosa de ficción): me quedé sobrecogido cuando vi las cubiertas, ilustradas con sendas pinturas de Beksinski. Qué envidia de editorial.

Desde entonces, lo último antes y lo primero después, he ido conociendo poco a poco la obra de este artista, y me acompaña en mis días, como Durero, Velázquez, Bacon, Clarke, Beardsley, Brueghel, El Bosco, y otros que no nombro porque olvido o porque aún no los conozco.

Invito, como hacen ya otros muchos, a quien no lo conozca, a asomarse al abismo que propone este pintor: hay oníricos dilemas, paisajes de terror y entrañas de la vida misma. Esto en una primera impresión: después vienen las preguntas, las dudas sobre el estado mental, las comparaciones con algún cuento de Lovecraft, pasajes de Brian Lumley o desatinos carnales que podemos ver en alguna película de, sin ir muy lejos, Rob Zombie.

Dicen que esto es la posmodernidad. La verdad es que el nombre es lo de menos. Los artistas nos avisan, sigo pensando, de lo que fue y también de lo que será.

Animo a contemplar los desolados paisajes que Beksinski consigue con ese color tierra; las perspectivas equiparables al descubrimiento de nuestra pequeñez en el mundo; su mirada sobre el amor y lo que significa una fusión carnal como puede ser un abrazo, plasmado de elegante manera con una depurada técnica.

Mucha información en la red, como siempre: dejo aquí otro enlace; el de la magnífica página realizada por Belvedere Gallery.

Volveré a Beksinski, claro.

Zdzisław Beksiński: el pintor de reinos olvidados.