El Mirador de Akasha. Granada.

Un espectacular sitio: empezamos subiendo al Albaycín, buscando las Veredillas de San Cristóbal: el paseo ya promete, porque vamos a ver Granada desde diferentes perspectivas y alturas. Una espléndida compañía al resuello que ofreceremos a Helios si andandito hacemos el camino, que, pienso, es como se debe hacer, al menos alguien como yo, granaíno y con tanto que conocer de uno de los barrios más representativos de la ciudad nazarita.

Daniela y María viven en el Mirador de Akasha, una casa muy particular, porque la vistamos como si fuera nuestra: es un lujo poder convivir con tantas personas durante un concierto como el que vivimos el domingo pasado; por cierto, no tengo fotos de  Trigo sucio porque me dediqué a escuchar -como dicen los flamencos, “vamos a escuchar”- y los muchachos cordobeses tocaron de manera excepcional: recuerdo entre otras la canción sobre Palestina, y el buen rollo que su música propagaba por este sitio mágico.

Lo que es de admirar, repito, es la confianza de las dueñas: podemos recorrer el lugar de varias plantas, de varios sentidos, sin temor: de hecho te indican dónde está esto o lo otro, así que el espacio es una delicia si quieres integrarte o estar de solateras.

Dejo unas fotos, y la promesa de que volveré: quizá este domingo, que hay música mediterránea.

Los viernes y domingos realizan conciertos pero durante la semana quizá encuentres un taller de cerámica, de encuadernación…

Un lujo y no es un vacuo elogio. Una casa de ensueño que además, tiene a tu disposición, si eres artista, de una habitación abuhardillada para ti.

Mi admiración y mi ánimo para ellas dos: incluso Mario está por ahí, tremendo juglar y transformista, divertido y amable: me trató como si me conociera de toda la vida: ahí una foto. Otra foto, sin la calidad de las que hace ella, es la que aparece el grupo y una chica de perfil: es Serena, italiana y fotógrafa que no dejó de trabajar la imagen de la tarde y noche (detrás del flash total de la otra foto).

Ya digo, un grupo muy chulo, normal y encantador: conocí a Rubén Darío, que también está por ahí, en el grupo.

Los pelos de Daniela, inconfundibles: como la amabilidad de María y ella.

¡Salud y que por lo dioses, dure el Mirador de Akasha!

 

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El Mirador de Akasha. Granada.

ABASTOS & VIANDAS, MARBELLA.

Ahora, buscando el vermú mejor del mundo -en mi humilde opinión- recalé en lo que es uno de los mejores sitios para disfrutar, comer y beber en Marbella: Abastos y Viandas.

Frente a la Pastelería Goyo de toda la vida, y en lo que -algunos con años recordamos- era el Cine Alfil -pleno centro-, encontramos lo que Begoña Castillo y Francisco Gómez han ideado tras recorrer mercados por toda España y elegir cuidadosamente, como me contaban, lo mejor de lo mejor.

No es fácil concentrar en un mismo espacio lo que estos dos empresarios han conseguido: puestos de comidas, con lo mejor de la gastronomía nacional e internacional, el servicio en mesas y una gente profesional atendiendo a cada petición de la clientela. Que la hay variada, variopinta, extranjera y nacional: lo sé porque yo he formado parte de ella, que ya es decir.

La parte central, la de las bebidas, está regida durante el día por Marina, que es la mirada de este mercado gourmet: unos ojos azules y una sonrisa te dan la bienvenida, entre quien llegue por uno u otro lado. La amabilidad es la tónica general de camareras y camareros y bueno, se agradece, por supuesto. En un momento dado, necesitamos cargar el móvil, la tablet o lo que llevemos indispensable para vivir, y ahí siempre hay una Coca-Cola, o algo preparado para que conectemos nuestros dispositivos. Cateto de mí, mis ojos fueron el dos de oros obviamente cuando me dijo Marina que podía llevarme ese invento del diablo a la mesa donde estuviera. Como esto va de turnos, Juan Carlos, simpático y picarón, recoge a media tarde el testigo de la anterior y nos sirve también cervezas variadas, refrescos… no sé, chupitos de Jager…

Entre quienes atienden en terraza -que tiene dos este espacio genial- un argentino llamado Maxi te hará la vida y la carta más fácil: porque esa es otra, la carta. Tienen más de una decena de puestos y cada uno con un tipo de comida diferente, o hasta de bebida -Divinísimo, de vinos, es para quedarse a vivir allí.

Fuera recorre Jorge -peligroso experto en sushi- mesas, o Jose -muy atento- o dentro están Lisette, Ali o Javi, que pendientes de lo que necesitamos nos buscan con la mirada e interrogan sobre las viandas que necesitamos con un gesto, o MariCarmen que está en todo, o el simpar Dani que, si lo dejamos, nos recomendará un viaje gastronómico por lo más variado que el local le permite: aparte de que derrocha simpatía y su sonrisa cautiva, es un profesional -como todos y todas- que si lo dejamos, realizará su trabajo si un ápice de rubor y nos dedicará los minutos suficientes para que degustemos algo -en mi caso, comprobado- que no habíamos probado jamás.

Todo esto, aderezado por campanillas y timbres de los diferentes puestos: toque que avisa del plato preparado y que habíamos pedido previamente.

Podemos llegar y pedir y pagar. Y llevarlo a una mesa o quedarnos de pie, o salir o movernos. Sentarnos y que nos traigan la comida y la bebida. Es lo mejor: la libertad otorgada por el sitio.

Y acercarnos y preguntar a la gente que trabaja en los diferentes puestos, qué tienen de tapa del día, cuál es el vinillo que nos recomiendan o qué carne -Roni sabe de lo que hablo- es la que nos puede interesar.

Cada semana organizan menús diferentes, cartas especiales de diferentes puestos y che, que dirían mis amigos argentinos: si hay que esperar un poco, se espera. No todo llega cuando se pide, porque además de que lo hacen en directo, a veces las comandas pueden coincidir y bueno, todos somos humanos, la gente del sushi -cada una, cada uno, tienen dos manos- y Da Bruno tiene a uno o dos cocineros allí, no cinco. Quiero decir que la organización es buena, pero como todo, hay momentos en que la hora de comer y beber -las horas- reúnen a muchas personitas, y todos queremos a la vez muchas cosas.

Que se puede esperar y no pasa nada, sería el mensaje.

De La celioteca, por decir algo: el rollo -a mi manera, mejor mirar la carta- de calabacín con brandada de bacalao, la pata de cordero o los postres -pijama 2.0 o la tarta de ron, sin no recuerdo mal- ni probarlos, que ya sabéis: se acaban y no hay para quien escribe sobre ellos y los adora; del puesto del jamón ni hablamos, al igual qu el de los quesos: la maravilla de variedad, y el disfrute en el paladar de las tablas o la cecina… son otra historia.

He descubierto el sushi -nada para quienes tengan costumbre- gracias a la insistencia sana de Dani, pero Jorge me enseñó cómo coger los palillos como un auténtico comedor de pescado crudo y arroz envuelto en algas. El pez mantequilla es un hallazgo.

Las cocinas tradicional y saludable son exquisitas: cordobeses y gente de bien, ei, comparten un espacio donde las croquetas y las ensaladas son protagonistas -y más cosas: probé una ensalada griega que Juan aderezó al punto y una quinoa que buena, buena, sembró en mí una ilusión de probador de alimentos desconocidos. Las croquetas líquidas, creo que era su nombre, eran espectaculares, tradicionales, imperativas en boca, restallantes. Me quedo sin adjetivos.

Soy de carne y la entraña o las diferentes piezas, o las diversas vacas o el buey que te sirven en el puesto de carne, es para pegar fotos, enmarcarlas, comerte la imagen y después pedirte una de las hamburguesas que tienen: la chile burguer o la doble steak palace, no digo más.

Pescaíto frito no falta al igual que el marisco que queramos.

Hay helado de la Casa Mira que ya es decir y Almudena tiene un puesto de postres también.

A ver, esto es mi impresión. Comí más, bebí más y sentí mucho. Porque no solo de pan vive el hombre ni la mujer y las épocas raras se compensan con extrañas delicadezas.

Bebí vino. Que ya es decir. Y lo disfruté. Que es decir mucho más.

Con Paco y Begoña tengo que hablar otra vez. Hay algo que puede surgir de nuestro encuentro.

Dejo unas fotos con quienes más me relacioné esos días y cómo no, les pido excusas a todos y todas -que vi- y trabajan allí y no nombro.

Esto va especialmente dirigido a Dani por los comentarios que oí, dije y escuchamos, y Jorge (por verme más en el mercado algunos días que tú a tu gente), Jose (por las atenciones recibidas) y Juan Carlos (por tu rostro de amable profesional y tu amplia sonrisa): nadie sabe si nos dedicaremos a esto eternamente, a hacer lo que hacemos, pero desde fuera os puedo decir que lo que hacéis hoy, sea o no lo vuestro, hay gente que lo recibe como una inmensa alegría. Y punto.

Un abrazo.

ABASTOS & VIANDAS, MARBELLA.

Un viaje solo para hombres: Raúl Ariza

Raúl Ariza, Un viaje solo para hombres, Barcelona, Versátil, 2017.

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Digamos que contamos en la primera página de una novela el argumento principal de la misma, la trama, los personajes, el futuro de la historia: convirtamos todo el libro en una gran anticipación y aceptemos el reto de, además, no aburrir a quien se adentre en el libro.

Pues eso consigue Ariza en 190 páginas tan ágiles como literarias, un envidiable libro, una envidiable retórica y un pulso narrativo que no decae en ningún momento.

Para los amantes de las buenas novelas, desde luego, esta se encontrará entre las que antes devoren. Lo tiene todo: literatura, testimonio, ficción, su “mijita” de metaliteratura y la auténtica droga que Ariza “cocina” en su trastienda mental y novelística: el interés, la curiosidad, las ganas de conocer al héroe o antihéroe, a las heroínas -que no hay pocas- a los falsarios que aprovechan los mass-media para constatar al cien por cien que la mediocridad ha llegado invadiendo hasta la privacidad de la muerte.

Estoy tentado a escribir que la realidad de esta historia… y sé que me equivoco; o que la ficción de la noticia… y me equivoco también.

Por ponernos en antecedentes y hablar algo de los pocos artificios que maneja el autor y exhibe -porque posee muchos y hermosos, pero no se notan: esa es la buena literatura-, Ariza nos cuenta que un amigo suyo, Jorge Canal, quería escribir la historia de un hombre sobre el que nos cuenta en la primera página que acaban de detener por asesinar a su esposa y secuestrar a su hijo. Así. Primera página. Y Ariza está ahí, es el autor, o el coautor; en fin, ficción sobre la ficción, audaz, veloz, detallista, entretenida.

Los recuerdos de Capote. Los de Milan Kundera. Las citas que el autor nos obsequia. El mundo que aparece, los mundos que desaparecen: parece que Ariza no quiere hablarnos de nada y no deja de hacerlo, pues las múltiples referencias al cine, la propia literatura, la música, la arquitectura, las noticias y los medios, el machismo, la psicología y el psicoanálisis, las relaciones personales… todo entra en el libro y todo sale de la cabeza pensante del autor, a través de personajes que se van definiendo por sus acciones y palabras, mediante unas descripciones hermosísimas que entonan una melodía de la transparencia hacia la visualización de lugares, personas o sentimientos.

Cómo describe los ojos, su color: un ejemplo es el verde nazarí que consigue.

Cómo nos recrea el físico de la algunas mujeres, la turgencia de los pechos femeninos haciéndonos recordar a Fellini.

…viste de blanco, con una falda corta por la que asoman unas piernas casi eternas que, ante los impúdicos ojos de Jorge, brillan bendecidas por las últimas luces de la tarde que entran por el ventanal del vagón…

El erotismo, las pulsiones, los celos y toda una gama deseosa y deseante de elementos que atraviesan pechos y frentes de los personajes, tanto masculinos como femeninos.

…y las ganas de un encuentro que tenía un mucho de buenos deseos y un todo de carne y sudores…

¿Por qué los son importante los personajes femeninos en esta novela de Ariza? Porque son los que aguantan una buena parte de la trama: todas las mujeres que aparecen son duras, resistentes al destino, de metal afilado para rajar la carne del otro si hace falta y si por casualidad, el otro olvida hasta dónde se puede llegar, es decir, si el respeto sufre lo más mínimo.

Cómo nos cabrea al recitar de memoria la letanía de los hombres asesinos de mujeres que no empatizan ni con el aire que respiran.

Y cómo nos maravilla la delimitación tan perfecta que realiza el escritor del tema: sabe qué, cuándo y como contarnos para convencernos, como decíamos antes, con su pizquita de magia retórica que solo veremos los que seamos como algún personaje o nos obsesione extraer detalles para compartir y animar a los demás a que lean este libro, encuéntrenlo y compartan la historia, relean, busquen e investiguen.

Es el libro de cuya lectura no se arrepentirán.

Contiene decenas de pasajes memorables y temas para no olvidar: no hoy: nunca. Como el respeto entre las personas. Como lo miserables que podemos llegar a ser.

Es un gran viaje el planteado por el escritor y quizá de difícil andadura y aceptación para algunos. Ellas nos lo harán entender rápido. O forman parte de nuestra vida con todas las consecuencias o nuestros errores nos llevarán a un mal camino. Muy malo. Pésimo. De pesadilla. Y viceversa: nosotros también tenemos que estar ahí. Parece obvio pero ya sabemos las estadísticas de mujeres asesinadas por hombre en estos primeros meses de 2017 en España.

Para esto, cómo no, para recordarnos quiénes somos y lo que mejoraremos o no, sirve la literatura. La buena literatura. Como por ejemplo, un dos tres, responda otra vez: Un viaje solo para hombres de Raúl Ariza.

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Un viaje solo para hombres: Raúl Ariza