CATALOGO DE LIBROS EXCESIVOS, RAROS O PELIGROSOS QUE HA DADO A LA IMPRENTA JUAN BONILLA Y EDITA LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA EN MMXII

Juan Bonilla, CATALOGO DE LIBROS EXCESIVOS, RAROS O PELIGROSOS QUE HA DADO A LA IMPRENTA JUAN BONILLA Y EDITA LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA EN MMXII, Sevilla, Universidad de Sevilla, 2012.

9788447214631
De la Casa del Libro

Dice Miguel Albero en la Addenda (que es un Addendum, por ser solo un libro el que se añade y recomienda al final) que una de las principales características de la prosa de Juan Bonilla, así como una de las principales cualidades del escritor es la curiosidad: la que practica Bonilla y la que nos provoca al resto de lectores.

Este escritor es novelista, cuentista, poeta y crítico literario: se mueve entre los géneros como si no le importaran demasiado las etiquetas o ser etiquetado, y de ahí la diversión de sus textos, el entretenimiento que consigue y la insaciable paradoja de leer textos pensando en escribir otros, es decir no sentir el disfrute presente (el que causa la lectura de Bonilla) porque se quiere disfrutar con otro futuro (personal) que puede escribir uno mismo: aunque me despierta esta sensación gente como Fresán, el propio Bonilla o Thomas Pynchon, suelen obviamente ganar ellos y al tiempo, escribo algo parecido a esto.

Bonilla fascina en la prosa que utiliza, ya sea novela o cuento o estas reflexiones sobre otros libros que tratan sobre todo o casi todo o esto y aquello (Julio Camba, a quien por cierto descubrí por el gaditano): la lucha de forzudos en Senegal, el erotismo que esconde la Historia de O, el impresionante Erik Satie o la feroz crítica a Leopoldo María Panero y más concretamente a su maniera de escribir poemas.

No estoy de acuerdo en lo de Panero, claro: ha sido mi poeta durante muchos años y cuesta que le critiquen a uno sus escritores, pero he de confesar que cada vez me cuesta más no pensar que los veinte primeros años de Panero son los más útiles de su bibliografía, una vez que se ha intentado dilucidar lo que quería decir en algunos de sus tres o cuatro libros que publicaba al año a partir de principios del siglo XXI.

El descubrimiento que realiza Bonilla es admirable ya que él mismo sufre -vive- esta admiración por temas variados, estilos diversos y la propia metaliteratura que utiliza se convierte en la herramienta más eficaz para conquistarnos: sabiendo que el jerezano -por especificar más la tierra- trabajó como librero, es normal que nos regale un Catálogo como este, y más si uno mismo ha trabajado con uno de los más grandes libreros anticuarios que ha dado España como es Ignacio Martín Villena, cuyas enseñanzas llevo a gala y de quien guardo muy buen recuerdo e intento aprender cada día que lo veo por Granada.

Bonilla despierta interés y curiosidad porque atraviesa la simple reseña literaria para aposentarse en la invención, la reflexión, el cuento puro o el recuerdo de cuando pudo tener el libro sobre el que escribe y dónde lo encontró o cómo conoció a su autor o autora.

Nada mejor que recordar –Je me souviens– los orígenes periodísticos de algunos protagonistas de sus fichas, o las disquisiciones filosóficas de época e incluso leer sobre Touring y la computación, así como disfrutar de esas ficciones sobre la infancia y juventud que tan lúcidamente ficciona el escritor.

Elogios a muchos y muchas: me quedo con el de mi maestro -y de tantos y tantas- Miguel d’Ors: dice Bonilla que su poesía es una de las más influyentes, ingeniosa y profunda de los últimos treinta años del panorama poético español y quién soy yo para contradecirlo, con lo bien que me lo paso leyendo al gallego y lo que echo de menos que esté por tierras granadinas: en fin, que otros u otras no se pierdan por la geografía española y que d’Ors arribara a tierras gallegas es una de esas cosas que entre los amigos comentamos a menudo o quizá no tan a menudo, pero que siempre tenemos en mente.

Hay libros de poesía, manuscritos, ediciones especiales y separatas en este raro catálogo que Bonilla nos presenta: encontraremos hombres y mujeres esenciales en su momento y en el futuro, partes curiosas y otras preocupantes de las literaturas e historias europeas e hispanoamericanas, y en todo logra el escritor cautivarnos gracias a su implicación intelectual, literaria y estilística.

Muy recomendable como cualquier libro de este tipo de Bonilla, que roza géneros y transgrede las fronteras de las etiquetas: divertido y soñador, el Catálogo se convierte en una herramienta -como todos los libros de Bonilla que son de este tipo, ya digo- para lectores y lectoras que quieran curiosear por extraños lares literarios o históricos.

La holandesa errante o La plaza del mundo, son dos títulos más que recuerdo por si alguien quiere leer otros dos maravillosos ejemplos de lo que es capaz un literato de olfato y sagacidad narrativa de muy alto nivel.

Una de las alegrías encontradas en una de mis tiendas favoritas fue el ya citado Je me souviens: no podía creer que estuviera ahí, a ese precio y que nadie se lo hubiera llevado antes que yo. En fin, cosas que pasan si eres un huellas sucias y te dedicas a revolver libros, cuadernos, atlas, revistas, pedazos de tomos o tomos completos en librerías de segunda mano.

Este Catálogo junto con otros de Bonilla, me los mandaron de Sevilla, de Renacimiento que son poseedores de gran parte del arsenal literario del jerezano.

Animo a echar un vistazo a la bibliografía de Juan Bonilla, que es amplia, diversa y entretenida: despierta interés, causa curiosas complicidades entre nosotros y el escritor y los libros y nos encariñamos con su modo de expresar su amor por los libros, personajes o situaciones que vivieron ciertos escritores, algunas narradoras o ese músico o filósofo.

Lean el Catálogo de libros excesivos, raros o peligrosos…: aprenderán a disfrutar de la literatura y el arrepentimiento de no estar haciendo algo más productivo no sobrevendrá de golpe. Porque lo siguiente más provechoso será que La biblioteca en llamas nos seduzca por igual.

Juan-Bonilla-por-Jesús-MarchamaloJ. B. por Jesús Marchamalo

Anuncios
CATALOGO DE LIBROS EXCESIVOS, RAROS O PELIGROSOS QUE HA DADO A LA IMPRENTA JUAN BONILLA Y EDITA LA UNIVERSIDAD DE SEVILLA EN MMXII

No cantaremos en tierra de extraños, de Ernesto Pérez Zúñiga

Ernesto Pérez Zúñiga, No cantaremos en tierra de extraños, Barcelona, Galaxia Gutenberg, 2016

WP_20170509_19_22_02_Pro

Algunas notas sobre la lectura (o posibles lecturas) de esta espléndida novela.

1. La estructura de la novela, que la tiene y la posee y nos posee: soy muy de estructura y disfruto de la misma, no estando obsesionada con encontrarla sino al notar que el escritor o escritora, saben hacia dónde van, cómo quieren continuar y que quiere resaltar al final. Y Pérez Zúñiga piensa lo que escribe y ejecuta una excelente tarea de ficción que parece real y viceversa. Las cuatro partes son cuatro por algo y ya lo iremos descubriendo a lo largo de la deliciosa lectura.

2. Sutil e inteligente: el escritor confirma que menos es más y que las insinuaciones son las hijas naturales de todo buen discurso literario. Nos deja que a placer recorramos las sendas de los y las protagonistas, no nos da “todo mascado” y se agradece que a los lectores nos traten como adultos de vez en cuando, así que, grazie mille por regalarnos una magnífica historia sin condescendencias o reparos a un posible lector medio o enrarecimientos derivados del bien quedar y el escribir para todos.

3. La historia desde el principio es cautivadora: una aventura propuesta por un loco y otro loco que lo sigue por beneficio propio y… bueno, recuerda mucho a la famosa frase de Star Wars, esa de “¿Quién es más loco, el loco, o el loco que sigue al loco?” , porque es locura querer recuperar el pasado, ser decente y todo lo que encontraremos bello, ideal, real y temible en la novela, preñada de sorpresas y giros.

El marco es la España de la posguerra y dos personajes que se internan en el país donde podían matarte si no pertenecías al régimen o había sospechas de que que renqueabas.

4. Los temas: la miseria, la verdad y la mentira, el rencor y el odio, el amor y sobre todo, el constante uso de la memoria, el recuerdo y la nostalgia. Nada nuevo, ya ven, pero precisamente ahí es donde demuestra un escritor si la solvencia de su escritura es capaz de conmovernos, no con temas nuevos, sino con los elementos de siempre, renovados y capaces de hacer saltar en pedazos nuestras expectativas.

5. El mundo onírico: creo que merecería una reseña aparte los sueños que aparecen descritos en la novela. Puro goce, pura necesidad, el carnaval de los sentidos. No digo más: disfrútenlos porque las epifanías son para ello.

6. Mucha maestría en las transiciones de escenas y sobre todo, de personas: de la tercera a la primera y viceversa, el autor nos lleva adonde quiere y cuando quiere, sin brusquedades ni partes que nos desorienten.

7. La sensibilidad y elegancia vs lo tremendo: no es fácil desprender ternura en una narración que trata sobre años tan duros y de tanta miseria, hambre y desesperación.

Sobre todo el silencio. El gris. El miedo.

Y además hasta dónde se llega por alimentar a la familia: impresionantes insinuaciones que nos dejarán con la boca abierta, porque lo “no dicho” por Pérez Zúñiga es mucho, es un coto muy amplio: un espacio que podemos rellenar nosotros y así, el autor nos convierte en protagonistas directos de la obra. Impactante resultado, ciertamente, el logrado por las artes narrativas.

8. Interesantes paralelismos como el de la vida, pasión y muerte de Cristo. Un escritor con un olfato así, no duda en recurrir a la historia sagrada de nuestra cultura para proteger del vacío a sus personajes aportándoles más consistencia en nuestra memoria.

O el que se mantiene con el cine durante toda la historia.

O con Hamlet; o con Manrique: pura literatura.

En fin, hay mucho que decir: estos comentarios son, como siempre, para animar a la lectura de este gran libro.

Leamos: ya que No cantaremos en tierra de extraños, que al menos la lectura sea familiar y que Pérez Zúñiga sea uno de nuestros novelistas de cabecera.

WP_20170509_19_22_18_Pro

No cantaremos en tierra de extraños, de Ernesto Pérez Zúñiga

Un viaje solo para hombres: Raúl Ariza

Raúl Ariza, Un viaje solo para hombres, Barcelona, Versátil, 2017.

WP_20170306_19_51_44_Pro

Digamos que contamos en la primera página de una novela el argumento principal de la misma, la trama, los personajes, el futuro de la historia: convirtamos todo el libro en una gran anticipación y aceptemos el reto de, además, no aburrir a quien se adentre en el libro.

Pues eso consigue Ariza en 190 páginas tan ágiles como literarias, un envidiable libro, una envidiable retórica y un pulso narrativo que no decae en ningún momento.

Para los amantes de las buenas novelas, desde luego, esta se encontrará entre las que antes devoren. Lo tiene todo: literatura, testimonio, ficción, su “mijita” de metaliteratura y la auténtica droga que Ariza “cocina” en su trastienda mental y novelística: el interés, la curiosidad, las ganas de conocer al héroe o antihéroe, a las heroínas -que no hay pocas- a los falsarios que aprovechan los mass-media para constatar al cien por cien que la mediocridad ha llegado invadiendo hasta la privacidad de la muerte.

Estoy tentado a escribir que la realidad de esta historia… y sé que me equivoco; o que la ficción de la noticia… y me equivoco también.

Por ponernos en antecedentes y hablar algo de los pocos artificios que maneja el autor y exhibe -porque posee muchos y hermosos, pero no se notan: esa es la buena literatura-, Ariza nos cuenta que un amigo suyo, Jorge Canal, quería escribir la historia de un hombre sobre el que nos cuenta en la primera página que acaban de detener por asesinar a su esposa y secuestrar a su hijo. Así. Primera página. Y Ariza está ahí, es el autor, o el coautor; en fin, ficción sobre la ficción, audaz, veloz, detallista, entretenida.

Los recuerdos de Capote. Los de Milan Kundera. Las citas que el autor nos obsequia. El mundo que aparece, los mundos que desaparecen: parece que Ariza no quiere hablarnos de nada y no deja de hacerlo, pues las múltiples referencias al cine, la propia literatura, la música, la arquitectura, las noticias y los medios, el machismo, la psicología y el psicoanálisis, las relaciones personales… todo entra en el libro y todo sale de la cabeza pensante del autor, a través de personajes que se van definiendo por sus acciones y palabras, mediante unas descripciones hermosísimas que entonan una melodía de la transparencia hacia la visualización de lugares, personas o sentimientos.

Cómo describe los ojos, su color: un ejemplo es el verde nazarí que consigue.

Cómo nos recrea el físico de la algunas mujeres, la turgencia de los pechos femeninos haciéndonos recordar a Fellini.

…viste de blanco, con una falda corta por la que asoman unas piernas casi eternas que, ante los impúdicos ojos de Jorge, brillan bendecidas por las últimas luces de la tarde que entran por el ventanal del vagón…

El erotismo, las pulsiones, los celos y toda una gama deseosa y deseante de elementos que atraviesan pechos y frentes de los personajes, tanto masculinos como femeninos.

…y las ganas de un encuentro que tenía un mucho de buenos deseos y un todo de carne y sudores…

¿Por qué los son importante los personajes femeninos en esta novela de Ariza? Porque son los que aguantan una buena parte de la trama: todas las mujeres que aparecen son duras, resistentes al destino, de metal afilado para rajar la carne del otro si hace falta y si por casualidad, el otro olvida hasta dónde se puede llegar, es decir, si el respeto sufre lo más mínimo.

Cómo nos cabrea al recitar de memoria la letanía de los hombres asesinos de mujeres que no empatizan ni con el aire que respiran.

Y cómo nos maravilla la delimitación tan perfecta que realiza el escritor del tema: sabe qué, cuándo y como contarnos para convencernos, como decíamos antes, con su pizquita de magia retórica que solo veremos los que seamos como algún personaje o nos obsesione extraer detalles para compartir y animar a los demás a que lean este libro, encuéntrenlo y compartan la historia, relean, busquen e investiguen.

Es el libro de cuya lectura no se arrepentirán.

Contiene decenas de pasajes memorables y temas para no olvidar: no hoy: nunca. Como el respeto entre las personas. Como lo miserables que podemos llegar a ser.

Es un gran viaje el planteado por el escritor y quizá de difícil andadura y aceptación para algunos. Ellas nos lo harán entender rápido. O forman parte de nuestra vida con todas las consecuencias o nuestros errores nos llevarán a un mal camino. Muy malo. Pésimo. De pesadilla. Y viceversa: nosotros también tenemos que estar ahí. Parece obvio pero ya sabemos las estadísticas de mujeres asesinadas por hombre en estos primeros meses de 2017 en España.

Para esto, cómo no, para recordarnos quiénes somos y lo que mejoraremos o no, sirve la literatura. La buena literatura. Como por ejemplo, un dos tres, responda otra vez: Un viaje solo para hombres de Raúl Ariza.

WP_20170306_19_52_57_Pro

Un viaje solo para hombres: Raúl Ariza

La vuelta al día de Hipólito G. Navarro

wp_20161212_21_46_19_pro

La vuelta al día, Hipólito G. Navarro, Madrid, Páginas de espuma, 2016.

Es cierto lo que escriben de Hipólito G. Navarro: es de los mejores relatistas que se puede echar uno a la cara.

Había leído algunos cuentos suyos en antologías y me habían atraído, tanto por la técnica (o técnicas) como por los temas, las variedad de tono, el humor y cómo no, la imaginación y el uso de la memoria.

Este último volumen imprime en el lector, como saben hacer los mejores, los sentimientos de placer y pena: y es que el placer se va reduciendo conforme avanzamos en su lectura pues la pena de acabarlo nos embarga sabiendo que oh, sí, llega el fin cada vez más rápido. Pero gracias a la sabiduría del escritor, llegamos a la conclusión de que tendrá -seguro- una doble lectura.

Los cuentos y microcuentos que componen esta obra están muy logrados y trabajados: el mismo autor nos cuenta en el prólogo de dónde surgen, cuánto le llevó conseguirlos y cómo el editor le animó a darlos a imprenta. Una experiencia lectora de todos los colores: invención, supuesta autobiografía con una primera y terceras personas totalmente controladas, una ambientación verosímil y un puñado de personajes que retozarán cómodos en nuestra cálida memoria.

El último volumen de relatos de Navarro provoca tanto placer al devorarlo con fruición lectora, como pena al ir leyendo las últimas piezas y saber que hasta cuándo y por qué y cuánto falta para que llegue el siguiente libro de Hipólito G. Navarro y…

Un cuentista ya consolidado no necesita elogios gratuitos así que me conformaré con animar a la lectura del libro proporcionando unos cuantos ejemplos del buen hacer literario del onubense por si algún lector quiere leerlos: aunque mejor haría lo propio con el libro de Navarro.

Antes del que me mencionaré a continuación, hay varios relatos que por sí solos ya merecen la pena: pero en el conjunto hay uno, Los artistas cautivos, en el que podemos encontrar una técnica y un compendio de opiniones sobre el arte y la literatura que junto con la trama nunca olvidada, pueden hacernos disfrutar bastante. Quizá esa tercera parte sea la que más me ha llegado, además del último cuento “La poda y la tala de los árboles frutales” y el emotivo y precioso juego doble de “Tantas veces huérfano” y “Rifa” que me ha prendido en el corazón, emocionándome ambos -por lo que ya sabrá el lector cuando los aborde- como pocos relatos.

Qué gran verdad esa de los relatistas de que la síntesis y la elipsis son dos armas fundamentales, herramientas preciosas en la construcción de tramas e historias. Diría que este libro es un ejemplo de lo que todo buen cuentista ha de hacer, pero no creo que nadie pueda copiar a Navarro, como nadie puede imitar a Fresán o Vila-Matas o cualquier otro reputado escritor de ficciones más o menos cortas de hoy, ni de ayer. Se pueden copiar pero nunca, ya sabemos, será el mismo aroma de la copia que el que desprende el original.

Es muy atractiva la propuesta de Navarro, la verdad. El uso continuado de la memoria, los recuerdos que se entreveran con el presente -como el jamón de su tierra, Jabugo, Cortegana, Aroche… y toda la zona de los pueblos serranos de Aracena hasta Rosal, y de ahí el salto luso, con su geografía tan esplendente y su verde tan rotundamente esmeralda- y adquieren tonalidades melancólicas unas vetas mientras que otras se defienden de la tristeza del paso del tiempo con una alegría arrebatadora, enarbolando la bandera de un buen humor que se siente sincero y una ironía que trata de remedar los malos tragos infantiles o la desazón de la adolescencia y sus puñales amorosos.

El humor le lleva a escribir a Navarro, sobre la castidad de una monja de avanzada edad: ‘de las ansias por romper una doncellez digamos ya gran reserva por aquel entonces’ o la crítica sutil a la España de entonces cuando relata:

‘…a un tipo desgraciado le han robado un vehículo movido por tracción animal, un carro…’

… o en otro cuento dice que hay ‘un profesor nuevo que luce un bigote en la nuca de una cabeza bien brillante’.

Para terminar, no olvidaré el placer estético que sin duda provoca la cuarta parte del libro: el teatro -antes la música tiene otro cuento exquisito- y la observación como metáfora del ascenso y descenso vital, social… y el sexo, la pintura y la invención, como parte integrante de las ansias de vivir y perdurar que, al fin y al cabo, sea a través de los hijos o la literatura o el arte, o sin más, la memoria, es de lo que se trata.

Este libro, La vuelta al día, en el que los delicados y elegantes homenajes a los maestros que Navarro, como Borges -‘exhausta galería’- o Cortázar -desde el título- respeta y admira, es un libro memorable. Y por eso hay que leerlo, recomendarlo y hacerlo llegar por ahí, a los lectores y lectoras que quedan, que alguno habrá.

¡Lean, pues, malditos y malditas, lean a Hipólito G. Navarro!

La vuelta al día de Hipólito G. Navarro

La palabra y la carne. Javier Díaz Gil.

Javier Díaz Gil, La palabra y la carne, Madrid, Ruleta Rusa Ediciones, 2016.

wp_20161130_08_23_46_pro

No es la primera vez que escribo sobre Javier Díaz Gil y sé que no será la última, ya que es un poeta de formas atractivas, imaginación poderosa y como otros y otras a quienes frecuenta por Madrid, dotado del inteligente vuelo de la elegancia.

El libro contiene un prólogo de José Cereijo, poeta que demuestra entender el mensaje, las sugerencias y lo que hay detrás del velo de las palabras de Díaz Gil.

Comunicativamente el libro es de una construcción asombrosa: la estructura consta de tres partes amplias, un poema brevísimo a manera de entrada y un poema final: un soneto.

Así, desde el primer poema nos atrapa el autor:

Sé los nombres que importan

y el lugar donde está

mi carne sepultada

Ya está el título enunciado: los nombres -las palabras- dirigen su mirada -o Díaz GIl las quiere mirar así- hacia lo básico. La carne está aquietada en un lugar que él conoce. Y a partir de aquí, el arranque, la precisión del camino y las armas retóricas que conoce y utiliza el poeta.

Esta parte, con esta breve incisión en la conciencia, se llama Antepalabra: después, las tres partes más amplias se titulan El verbo, La carne y La negación de la carne; el poemario se cierra con un estupendo soneto que forma la Palabra-Materia. Como avisa el prologuista la conjunción de ambos elementos será lo primordial en la consecución de los objetivos -comunicativos del poeta.

Insisto en la comunicación, la estructura y el público: la recepción del mensaje poético, sabemos que la mayoría de las veces no es fácil.

Díaz Gil utiliza para estar al lado del lector la memoria y el silencio. Recuerda a Valente y experimenta con la emoción sentida, transmitiéndola fuera de su piel -de poeta-. La luz -sangre amarilla de las farolas-, el agua y el náufrago oel viento, serán símbolos o elementos cercanos al símbolo que el poeta utilice para matizar su realidad, la que puede escribir y la que necesita insinuar. En poética y EL recién llegado, pienso que pueden estar las claves de lo que el artista se plantea a veces: el absoluto dejar de realizar arte, el silencio, las sombras, las oscuridades que nos ciegan -ya sean la vanidad, el egoísmo o la falta de generosidad…-

La memoria y el recuerdo de un hecho -el poético cierran esta parte, que al igual que el libro al principio y al final, contiene otro elemento de estructura para que el lector esté cómodo: Díaz Gil construye una décima que es un alegato al trabajo del intelectual, Contra el silencio.

La segunda parte acaba también con una décima: esta parte se titula Carne como decía, y es una bellísima recolección de los temas anteriores, ampliándolos gracias a la seguridad y la falta de dudas que provoca el amor -sí, algo paradójico, pero de ahí la “verdad” que administra el autor-, tamizando el vivir día a dí. Así, escribe el poeta:

Reducir todos

los símbolos

a un símbolo.

                             Tu cuerpo,

la única certeza que me queda.

Y en otro fragmento -este anterior es el poema 17-, diez poemas después dice “Que no te encuentren llorando/los últimos ángeles/de la noche.”, con lo que significan los ángeles en esta parte desde el principio.

Negación de la carne se compone de un poema -por la temática- dividido en piezas breves, llamado Anorexia. Es dura esta parte, directa, llena de olvidos, dolores y sombras. Es la partida del todo que se anunciaba, como avisó Cereijo, en la parte anterior. El cuerpo destrozado y mutilado de conciencia, la piel insensible.

El soneto final es el cierre perfecto a un libro como este: en él desprende la mejor poesía que posee Díaz Gil. EL amor se une a la palabra y la expresión realista y duradera, pervive en la memoria.

Lean, lean malditos.

No se arrepentirán de conocer a un poeta verdadero. Aunque sea de vez en cuando: y en este caso, Díaz Gil vuelve a demostrar que lo es.

La palabra y la carne. Javier Díaz Gil.