David Roas: sobre Poe y la literatura fantástica en España en el siglo XIX.

David Roas, La sombra del cuervo. Edgar Allan Poe y la literatura fantástica española del siglo XIX, Devenir, 2011.

Desde el título, este libro ya promete lo que va a ser: un gran estudio sobre la influencia del genial escritor estadounidense Edgar Allan Poe en la literatura española del siglo XIX, en concreto, en el género fantástico, en el que es especialista el autor, David Roas, cuyos trabajos se recogen en otros volúmenes en solitario, volúmenes en conjunto y obras que recogen colaboraciones varias como las que tiene publicadas en E.D.A. Libros o aquella tremenda recopilación de artículos de autoras y autores diversos sobre el monstruo. Son ejemplos del trabajo de Roas, que además de creador, es crítico: hace poco, recordaba en una charla cómo se siente algo Jekyll & Hide al enfrentarse a sus dos posiciones, la de crítico y la de escritor.

En este caso, comentamos un ensayo muy completo: tiene cualidades como ser informativo, entretenido y además anima a la lectura. Encontraremos a Poe, y si no lo hemos leído, Roas hará que nos entren ganas de conocer a Berenice, Morella y compañía, Usher o el Maelström. Además nos contará cómo la crítica se volcó en comentar los relatos del escritor de Boston y cómo recogieron el guante, tanto en recursos como ambientación, los escritores que quisieron aportar ese toque extraño, esa atmósfera que dibujan los relatos fantásticos y cómo fue la recepción de esas obras por el público de nuestro país durante esa época. Y hasta encontraremos, si estamos atentos, algún guiño irónico marca de la casa, con los que Roas despeja el velo de la seriedad en muy contadas ocasiones: porque este libro es riguroso, pero no por eso, pienso que piensa Roas, debe ser la literatura gris e insípida.

En la introducción nos hablará sobre las primeras recepciones de Poe y de paso tratará de cierta crítica mientras nos habla de los objetivos de su investigación al compartir sus hallazgos sobre la recepción de la obra de Poe, y como decíamos antes, cómo se trató esa obra, diferenciando a críticos que aportan más bien poco y a quienes se centran en rasgos importantes de los cuentos del americano y que influirán realmente en los escritores españoles. También nos introducirá en la literatura fantástica española antes de que Poe ejerciera su influencia: otros países y otras literaturas, como El monje de Lewis o Melmoth el errabundo de Maturin, serán grandes historias que serán de gran importancia entonces.

Así escribe sobre las revistas especializadas del momento que publicaban a los autores y traductores españoles —algunos homenajeaban y otros por lo que se entiende, se acercaban demasiado al texto ajeno—nos explicará el cuento gótico y las características de lo fantástico legendario y nos contará algo maravilloso como fue la aparición de E.T.A. Hoffmann —del que por cierto, Roas tiene un trabajo escrito también—; la transgresión amenazante será muy bien explicada como la característica fundamental de lo fantástico y conoceremos también conceptos como lo pseudofantástico.

Bécquer, Serrano Alcázar, Alarcón y Escamilla serán tratados en profundidad cuando se llegue a España, pasando antes por lo que Poe pensaba sobre lo fantástico y cómo lo practicaba, así como las versiones y adaptaciones que del mismo se hicieron. Las traducciones y las imitaciones ya comentadas y las influencias completan este valioso ensayo.

No quiero dejar pasar la ocasión para hablar de la edición, a manos de Juan Pastor, editor de Devenir: el libro es una belleza, como siempre que este editor se pone manos a la obra.

Y por último, elogiar la sabiduría —ya conocida— del autor: Roas se empeña es esclarecer tanto que las notas a pie de página por sí solas son como microensayos de lo tratado; añade unos apéndices con un catálogo de traducciones españolas —con alguna traducción de relato apócrifo y adaptaciones— de las obras de Poe y el listado de títulos traducidos. Y concluye con una bibliografía que hará las delicias de aficionados y especialistas del tema.

Un hermoso libro que contiene un magnífico estudio y que, a poco que nos guste la literatura, disfrutaremos: si ya, como es el caso, nos gusta Poe, la literatura fantástica y sus códigos, y de dónde venimos en España y hacia dónde nos dirigimos, será un verdadero estímulo intelectual su lectura.

David Roas: sobre Poe y la literatura fantástica en España en el siglo XIX.

Penumbra, Esther Peñas

Penumbra, Esther Peñas, Devenir, 2011.



Cada libro es un aventurarse, luminosa, oscuramente, hacia un destino por conocer.

Esther Peñas lo sabe y en esa sabiduría radica la perfección jamás hallada mas siempre buscada, ansiada.

Peñas consigue hacer poemas con conceptos básicos pero olvidados: la belleza consiste en aplicar el día a día, la piel, los labios, el húmedo afecto de unas manos que acarician, empujan, sostienen, alientan.

Penumbra es la historia de la luz y la oscuridad, hermanas queridas y odiadas a partes iguales por la conciencia lúcida que a veces se oscurece por el alrededor y la historia: leer es un ejercicio de responsabilidad que parte de la escritura responsable, consciente, autónoma de una persona que ejerce el poder que cada palabra otorga: Peñas selecciona con mimo el léxico, aplica su rigor amoroso al contexto y nos hace visitar prados yermos o páramos frondosos. Su guía es excelente: el amor, el desamor a veces; la luz, la oscura semblanza del rostro que no tenemos: una odisea sin nombra pues nos deja libertad suficiente para reconocernos o no mirar el espejo por miedo a nosotros mismos, a no oír los cantos de sirenas por temor a qué nos dirán, a cómo nos nombrarán y cómo no, a obviar labios que pueden nombrarnos, haciéndonos así partícipes de una verdad incognoscible: nuestro verdadera mirada.

La ascensión hacia la luz, la caída ante la oscuridad.

El libro está perfectamente divido en dos pico de interés, siendo la parte central la que nos sirve de alas angélicas para poder admirar el verdadero fulgor con el que cierra la poeta este libro. Son páginas de fuego líquido, lava en estado puro y emocional, contrastes de amor y odio, de comprensión y terror: todo lo abarca el brillo de la vida.

Decir algo obvio antes de continuar: espléndido prólogo de Lostalé. bellísimo elogio a la poesía de Peñas, que no merece menos y el prologuista es otro afortunado de la palabra como sabemos quienes hemos leído sus poemas.

Umbra, Vislumbre, Resplandor, Opaco, Fulgor. Cinco partes como cinco soles: que ciegan o son ciegos, porque todo recoge el verso de Peñas que ella amaestra con diamantina claridad o pétrea y robusta oscuridad.

Elementos que nos suenan como ese eco que atraviesa el poemario serían los pasos, que resuenan desde el amor al desamor, desde esa amistad y honor y sentidos homenajes al estupor ante la maravilla y lo terrible del mundo. Andar, como diría el maestro Machado.

Tantísimo despierta este libro que el estupor, la melancolía y el dolor en diferentes grados (para lo que no duda la artista de la palabra en jugar con la tipografía), frente al silencio que ocupa a veces nuestro diario devenir, frente a no nombra por impotencia o elección, termina preguntando, con la osadía que el valor de saberse invoca: “¿Quién dijo miedo?”.

Libro decididamente bello, hermosamente valiente y de unas relecturas muy potentes, fogonazos de brillos lindos, limpios y -dios, cómo se hace eso- honestos, sinceros, límpidos de alma (con lo que esto quiera significar).

Hay presencias titánicas,

envolventes como arrugas de elefante

que hacen que lo bueno se perpetúe

aunque sea un instante,

un segundo, un parpadeo de tiempo

cuyo fruto resulta infinito.

Hay seres fascinantes

que se rebosan en cada gesto

y nos inundan;

personas

cuyo efecto es permanente.

Su ánimo auténtico,

hercúleo,

obstinado en bondad,

su hechura templada,

como un patrón a medida alzada que nos encaja,

su corazón discreto

los delata.

hacen posible que uno no se rinda

ante el desastre

y sostienen el cuerpo.

Sin embargo

coinciden en fragilidad,

convienen en no sentirse legítimos,

se pierden, se desangran

e ignoran cómo pedir auxilio.

Débiles ante sí mismos,

nos rescatan del asombro

porque existen,

se atestiguan en lo que son,

mas concuerdan en destruirse.

Sé de algunas de estas naturalezas,

las reconozco.

Te vi antes,

creí en ti siempre.

Hoy te tengo.

No te me alejes.

Me he permitido transcribirlo entero porque este texto es de una belleza arrolladora.

Y para terminar: un poemario como este es feminista. Convendría que alguien con mejor preparación, desarrollara una lectura así.

Gran libro. Y terrible, como todos los libros hermosos.

A leer a Esther Peñas.

Penumbra, Esther Peñas