Lunas de hiel: amor, obsesión, sexo.

Bitter moon, Roman Polanski, 1992

Quien no haya visto esta película que vaya haciendo un hueco en su apretada agenda.

 Es digna de recordar, con planos memorables, bellísima fotografía y una historia que -por qué eligió Polanski a Hugh Grant… oh, dioses- si no fuera por la sempiterna cara de panoli de uno de los protagonistas -aunque funciona, en contraste con la satánica faz de Peter Coyote- sería casi perfecta.

 Emmanuelle Seigner -primera parte- es la loba reconcentrada, la perfecta inocencia y el dulce amanecer sexual del futuro no escritor. La obsesión -Kundera, Sade…- saturada por la pasión, convierte a una vulgar pareja en especial y viceversa: ya todo está contado, creado, visionado, hemos de volver al nacimiento para diferenciar el renacimiento: cuestión de prioridades, ya que el amante busca lo mejor en el otro. La mirada de Seigner no sé cómo definirla: triste, vampírica, melaza escarchada o veneno puro. Tengo dudas.

De criticacurva.blogspot.com

 El recurso de la historia contada al voyeur de turno, implicándolo directamente con un giro inesperado, funciona como una perfecta máquina de relojería: nos revienta las expectativas como espectadores, nos sorprende y matiza un final de cine, nunca mejor dicho.

De foros.vogue.es

 Ya digo, salvo a Coyote, Seigner y Scott Thomas: lo mío con el inexpresivo Grant no tiene arreglo: debo ver más películas suyas, la verdad; y leerme el libro, porque quizá esté bien escrito: al menos la obsesión, siempre me parece estimulante como tema, y aderezada con amor, desprecio, bdsm, humillación, injurias y maldad… bueno, es una mezcla poderosa y Polanski lo sabía: la potencia de los dos protagonistas, animal e intelectual, pasional y machista, de una y otro llega a una metamorfosis excepcional: el derroche de los sentidos hacia el abismo puro y sinsentido: la humanidad liberada.

De tehparadox.com

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Lunas de hiel: amor, obsesión, sexo.