Contemplación de lo oscuro: poema de Isaías Gálvez

“Querido amigo, espero que satisfaga tu curiosidad por lo que ahora realizo esta serie de versos: como siempre, eres libre de utilizarlos, enseñarlos o quemarlos…”

     Contemplación de lo oscuro

                                                la jauría atroz de los recuerdos

                                                                             L. M. Panero

Hubo un tiempo de rosas y de espinas,

de aquelarres y ciencia:

el hijo no volvió los ojos ávidos

al látigo que lame los recuerdos

de azul vinagre y tierna sementera.

 

Entonces los castigos competían

por el roce del beso de la madre,

esa leve caricia urdida al aire

-el desdén de la muerte,

la sinrazón del lobo-

y la noche llegaba

desoladora y niebla.

 

Suerte que falleció el rosal ahogado

por manos de rocío incombustible;

suerte que limpia la memoria y lima

a dentelladas limpias

los ecos de la desesperación.

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Contemplación de lo oscuro: poema de Isaías Gálvez

Cómo triunfar como poeta joven (en España)

He recibido, tras unos meses de espera, una carta de Isaías Gálvez: nada dice de Jesús Montalvo, mi atrevimiento último ni del penúltimo: la transcribo tal cual. El título es el de arriba.

“Da igual ser bueno o malo, poseer calidad, tener técnica, dominar los metros clásicos o hacer una relectura posmoderna de los mitos clásicos.

Da igual haver leido más o menos, escrivir con mas o menos faltas de hortógrafia.

Realmente, da igual de todo.

Da igual llamarse Pérez que Segismundo que ser de Ávila. Da igual si te gusta Bob Dylan, Madonna o la física cuántica, los temas son lo de menos, las influencias son lo de menos: brota, nuevo, de la nada cual vate feliz.

En realidad, da igual de todo, no te preocupes, futuro aspirante a poeta. Da igual de todo, excepto una cosa: procura que no te hagan el vacío, pues es la táctica que utilizarán los que tienen (o creen tener) más poder que tú: elogia a los que consideres indignos de tal elogio, pues suelen ser los que posteriormente van a ser tus valedores.

Si hay algo que no perdonan los maestros es la ingratitud, el olvido, los devaneos con quienes ellos consideran sus “enemigos”.

Procura salir en antologías -entérate de cuándo, cómo, dónde-, reseña sólo a gente que te pueda proporcionar ayuda material, no que te corrija los versos o te recomienden buenas lecturas. Pégate al aroma de la mediocridad, pues será el que te acompañe en el periplo. Degusta la poesía fácil, sin rimas ni hostias que distraigan del mensaje.

Expulsa de tu interior esa idea de reconocimiento tardío, postmortem, futuro.

Una vez que tengas tus versos terminados (no corrijas, pues pierden frescura, espontaneidad, la siempre bendita inspiración) repite machaconamente que eres poeta, poeta, poeta, escritor, artista.

Procura estar presente en reuniones de popes, pero que tengan mano en editoriales: no perdamos el tiempo en escuchar a los sabios maestros que pululan por el mundo, no leas al diferente, al barroco, al inventor de mundos: lee lo de siempre, lo que te digan los que te acompañan en el camino.

No te presentes a concursos a menos que sepas que lo vas a ganar, tampoco es cuestión de ir tirando el dinero por ahí, hombre, mujer.

Y ante todo, explica bien tus poemas, repite los tópicos manidos sobre tus referentes,una vez que tengas tu libro en la calle, repite hasta la saciedad dónde se puede comprar, sal en la tele, la radio, los periódicos, repítete, multiplícate, acepta cualquier invitación a leer hasta en el salón de la casa del capellán: recuerda que da igual lo que escribas, cómo lo escribas, si no corriges… lo importante es figurar y dar las gracias una y otra vez -anáfora tras anáfora tras anáfora tras…-al maestro que te presentó a ese editor que ha decidido por unanimidad, trocar tus 100 vv. por 6000 €.

Nada más. Recuerda que triunfar implica sacrificios. Pero a quién le importa tener amigos, ser honesto, provocar envidias.

El premio es la fama.

La fama es lo que importa en realidad, sea merecida o no.”

Cómo triunfar como poeta joven (en España)