El Ávila II: una segunda casa en Granada.

Sé que es una obviedad para quien me conozca un poco, decir que me gustan los bares, las tascas, las tabernas, los tugurios, los garitos…

Hace ya años, conocí el Bar Ávila donde se citaba uno de los mejores grupos de poetas de Granada, a quienes tuve la suerte de conocer y mantengo todavía en la nómina de amistades: entre ellos se encuentran los poetas Enrique Morón, y Fernando de Villena, estuvo el entrañable Juan J. León y también el novelista Gregorio Morales o el editor de Port Royal Ángel Moyano, José Ortega Torres, José Gutiérrez, José Rienda… el mago Miguel Aparicio o el librero y anticuario Ignacio Martín Villena… en fin, hubo más, como hoy los hay pero cito con los que más me relacioné yo.

Por aquel entonces, hace ya veinte años, Juanmi no trabajaba allí, pero unos años después sí. Yo conocía a sus padres pero era joven y tímido el que escribe y era un saludo simple el que cruzábamos.

Hoy, Juanmi lleva el bar Ávila II, sigue poniendo el mejor jamón asado de Granada -como sus padres- y es un personaje a tener en cuenta: sincero, claro y directo, como le toques mucho la moral te mandará adonde picó el pollo en un abrir y cerrar de ojos. Ah, y la nueva generación, su hermano Fernando aparece de vez en cuando, cuando se escapa del Ávila para tratar de sosegar los encendidos ánimos de los clientes que colapsan el Ávila II.

Pero esto -carácter o gentío- que no amilane al personal: el otro día, precisamente hablábamos de la malafollá granaína y realmente Juanmi -cara simpática, currante como el que más y metralleta de chistes andante- no cuadra en las esquinas de este nuestro tópico: como tampoco quienes le echan una mano, Gonzalo y Emilio, Emilio y Gonzalo que son como los serviciales y divertidos lugartenientes del jefe, los que organizan y a quienes os tenéis que camelar para que os busquen una mesa si no conocéis a Juanmi o está -como es costumbre- ocupado. Aunque nadie os asegura que estos lugartenientes estén descansando u os puedan guardar mesa ya que si no llegáis pronto -a la una a mediodía, a las ocho por la tarde…- tendréis que estar en una mesa alta, en la barra o en segunda o tercera fila, que la verdad, para lo que nos vamos a encontrar, tampoco es mala opción.

Todo escrito desde el cariño. Se nota, ya, que diría aquella. Se me ve el plumero que diría aquel. Y la verdad, a mucha honra: me siento cómodo en este sitio, en compañía, solo, a horas intempestivas o en su justo momento. Así te tratan cuando te conocen, así los tratas cuando los conoces

Una tapa de jamón asado, otra de rejos (patas fritas de calamar) con guarnición de col (cuyo secreto es su sabor), la carne en salsa o la ensaladilla rusa… ricos platos y populares. Las croquetas de cabrales, por ejemplo, son una delicia si nos gusta de vez en cuando saborear algo cremoso y como sabemos, intenso. De la cocina se encargan Serafín y Nono, que si uno tiene nombre de ángel, el otro de Papa noveno y es que este símil religioso me sirve para ilustrar la baba que se me cae cuando diez o quince minutos antes de llegar al Ávila II, pienso en los celestiales manjares que me van a poner debajo de las barbas estos profesionales de la cocina.

Entre cervezas y tintos -o copas si ya es la hora- conocemos gente, música -sesiones privée, para qué nos vamos a engañar, que DJ Kinki muy de cuando en cuando perpetra-, historias extrañas y contadas con gracejo y además, nos podemos reír y quedar con amigos o amigas si estamos por el centro de Granada, ya que el bar se encuentra en la calle San Isidro: es una calle pararela a la de El Corte Inglés y la calle San Antón. Muy cerca, a dos minutos, por si alguien quisiera conocer el germen, está el Ávila también.

En fin, una selección de cervezas granadinas y de vinos de diferentes procedencias, amén de otras tapas por supuesto como comprobaremos en la carta, seguro que levantan expectación entre quienes no lo conozcan, asienten la certeza de los que probaron y no diga nada nuevo para los habituales del local.

Pero era una cuestión de honor y justicia decir -escribir- todo esto.

Y obviamente, está dedicado al Ávila y a Juanmi y Priscila (y a Emma), los ya nombrados (Gonzalo, Emilio, Nono y Serafín) y a los hermanos cuatreros Carlos y Andrés; a Elena y Hugo, mujer y niño del segundo cuatrero y claro, a Alejandro.

Ea.

El Ávila II: una segunda casa en Granada.

La tranca: tapeo, música y buena gente.

Después de años sin recorrer el centro de Málaga, ciudad que ha crecido bastante en los últimos tiempos, medio perdido y con sed de mar, Los toreros muertos en los oídos y un sol de justicia intentando atentar contra mis ojos protegidos por gafas de sol, el jueves recalé, tras atravesar la Plaza de San Pedro de Alcántara, en un bar por el que había pasado antes, de esos que te dices… ummm, alguna vez tengo que probar… y ese fue el día.

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 Un barra en ele, una esquinita muy agradable a la izquierda nada más entrar y un par de barriles en las dos puertas donde se puede conversar fumando para los viciosos del humo.

 En la barra se exhiben las tapas que preparan Teo y compañía como tortillas de acelgas, albóndigas o ensaladillas. También preparan diferentes tostas o podemos pedir los montaditos, de lomo con pimiento (La Tranca) o de pata asada: este último es una jugosa maravilla cuyo toque de mayonesa le procura la sabrosa chispa a un bocado que no se olvidará fácilmente. Dejo abajo la carta para conocer la variedad gastronómica que tienen.

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 La clientela, del barrio o gente que trabaja cerca o que aparece especialmente a pasarlo bien, en un ambiente agradable, con un camarero como Pedro -nombro a los que conocí y que gentilmente me permitieron masacrar el lugar a fotos y preguntas-, solícito y amable, que nos explicará lo mejor del bar, qué tapas podemos  disfrutar, los horarios y los “miércoles sabineros”.

 Porque dejo para el final de mi elogio, las paredes del local y la música: lo más llamativo es la historia de la música española que allí se expone: carátulas de discos de todo cantante que se haya preciado, popular, payo, gitano, folclóricas… de todo. En lo más alto, tras Rafaella Carrá, Julio Iglesias, la Jurado a lo Bowie (…) o Manolo Escobar, esta gente, la gente de La Tranca, le tiene reservado el cielo de sus paredes al grandísimo Rafael: ya digo, sorpresa y casi veneración, un respeto que embarga la médula, aderezado con una Cruzcampo, escuchando de pronto a los Delinqüentes y contemplando la esquina derecha, donde Bambino, -otro vermouth, por favor- abre camino a Pata Negra y Lole y Manuel que “abrazan” al impresionante Camarón en un tributo de altarcito pagano, de los mejores que podemos encontrar para corroborar que el flamenco, la rumba y el guitarreo, forman parte insustituible de la música española, de nuestra cultura y de la cultura de los bares que se precien de ser auténticos.

 Y no puedo olvidar el vermouth que -un par de veces- me sirvió Pedro: de tonelete y rico de sabor, sin sifón -porque quise probarlo solo-, hará las delicias de los gaznates de cualquier bebedor que se deje caer por allí a la hora del aperitivo.

 Un buen garito ya digo: frente a las Antigüedades el Martinete, podemos escuchar desde carnavales y pitos de caña a Martirio, desde un tango a unas bulerias. Tan pronto escuchamos “Precaución, amigo conductor…” como al señor Kiko Veneno “atrapado por el Blues de Memphis” y como este, nos quedamos sin poder salir, embebidos en lo español de una música que puede gustar más o menos, pero al ser reconocible -nada de guanchiflai ni franchigüeil- hace que la mente la siga, los pies se muevan, el corazón lata acompasadamente, de pura alegría.

 Así que ya sabéis: si tenéis tiempo y queréis ver cómo os hacen la cuenta en la barra de madera, delante de vuestros ojos y a lo antiguo, con una tiza, id a la Calle Carretería: beberéis y comeréis de lujo -probad el caldo de pintarroja- escuchando una música cojonuda, alegre, variada.

 Si coincidís con Pedro y Teo, dadle un beso de parte de un granaíno que echó un par de horas en ese garito tan especial. Y si están trabajando otros compañeros, imagino que serán también simpáticos y atentos, así que entrad, contemplad…

 Y rápidamente escuchad la música, pediros algo de beber y degustad la comida.

La tranca: tapeo, música y buena gente.