Ray Bradbury, again: Crónicas marcianas

Ray Bradbury, Crónicas marcianas, Minotauro, 2020

Esta edición es una maravilla para amantes de la bibliofilia porque además de Les Edwards, que hace unas ilustraciones maravillosas, recoge cuatro textos, cada uno con su sal y su pimienta, diferentes, sugerentes, maravillosos. Colocados antes de las Crónicas, funcionan perfectamente como unos complementos muy interesantes para conocer mejor esta obra magnífica, entretenida y literaria de Bradbury. Estos textos son interpretaciones, experiencias, explicaciones, resoluciones:

Apuntes para una teoría del marciano crónico, por Rodrigo Fresán.

Prólogo, por Jorge Luis Borges.

A los doce años un mago visitó mi ciudad, por John Scalzi.

Green Town, en algún lugar de Marte; Marte, en algún lugar de Egipto, por Ray Bradbury.

El libro puede funcionar perfectamente como una novela o un conjunto de relatos. Bradbury utilizó inteligentemente algunas herramientas a lo largo de los años, como cuenta Fresán, para que el libro pudiera ser tomado por una u otra cosa. Las fechas de los relatos, cronológicamente, avisan de qué ocurre antes y qué después: viajes, expediciones, visitas, vivencias, destrucciones. Los nombres repetidos de algunos personajes, las acciones cometidas o no por estos, las sobreentendidas consecuencias.

El libro esta cargado de símbolos, el primero y más llamativo, como no podía ser de otra manera es la misma escritura: poner de manifiesto que Marte y sus habitantes, significa habla de las personas de la Tierra, y hablar de quienes ya sabemos trae consecuencias, o mejor, las consecuencias se derivan de nuestras posturas, acciones, palabras.

Quién querría ser visitado por una raza que solo piensa en su propio beneficio, egoístas en plena degeneración cuando hemos alcanzado las maravillas intelectuales y tecnológicas que nos permiten enorgullecernos de nuestra sabiduría. No importa: si aquí abajo tenemos holocaustos inhumanos (racismo, imposición de pensamiento único, ataque a minorías) o contra la naturaleza (tala indiscriminada, quema de bosques, polución disparatada) por supuesto allá arriba no seremos menos.

Les Edwards acompaña con maravillas así el movimiento de las Crónicas estupendamente

Es divertida la incorrección sutil y elegante que practica Bradbury: nos critica hasta la saciedad con movimientos imperceptibles, lingüísticamente hablando. Nos remueve lento, insistente. Hasta que caemos en la cuenta de que sería irrisorio si no dijera tantas verdades, si no produjéramos más daño del que somos capaces de recibir.

Hay canciones, poemas, diálogos efectivos para conocer a los personajes, cosa que como sabemos es difícil e imprescindible para que un libro gane enteros.

-¿No ha oído hablar de América? ¡Dice que es de la Tierra y no conoce América!

La capacidad maravillosa de crítica, de sátira absoluta, la consigue Bradbury ajustando al máximo el sentido del humor, por lo que, inteligente como es, la crítica recae en sí mismo, la recoge y la ofrece a quien lea estos cuentos, capítulos o partes de una misma historia.

Burocracia, ecología y enfermedades mentales se dan cita entre otras muchas cosas en este libro: a visibilización de ciertos temas que posteriormente se consideran capitales para nuestra vida convierten al libro en importante representante del género de la ciencia-ficción y lo mejor, no sentimos que nos arrastre una moralina sobre qué tenemos que hacer para mejorar o cambiar o dejar un (posible) futuro mejor a quienes vienen detrás. No hay como parecer neutral para no serlo: o leer de esa manera, y para esto, Bradbury se las pinta solo. Aunque nos sirven de ayude los textos preliminares para comprender el alcance del logro de este libro como él mismo explica.

Un libro divertido que puede tener muchas y dispares lecturas, como toda buena obra literaria: envidiable y de relectura -en mi opinión- obligada.

Ray Bradbury, again: Crónicas marcianas

Ciencia-ficción, internet y Cerdo Venusiano

Aquí. Cerdo Venusiano. Ni cinco mil palabras más: a leerlo.

Cosas que pasan en la red: se acuerdan de uno y uno tiene que ser agradecido.

Herreiere es alguien que escribe textos con una divertida pasión de comunicar la extrañeza sobre mundos posibles, imposibles o improbables.

Lo han nominado desde Misterio los viernes, para un premio (Liebster awards) en el que nombra a cinco blogs: copio y pego para que se conozcan estas páginas, con los comentarios de herreiere, claro: con su permiso.

Y ahí se acordó de todo lo que ignoro. En agradecimiento, contesto a sus preguntas muy amablemente realizadas:

  • ¿Quién ganaría una pelea entre Godzilla y Van Hallen?

La ciudad donde se celebrara el combate: sin duda alguna, la Banda Sonora Original será el canto que las sirenas de policía y ambulancia, usarán desde ese momento para las parturientas, los gatitos que mueren en la red y los niños que por fin aprueban matemáticas y lengua.

  • ¿Cuántos números primos felices de dos dígitos existen?

Pocos, según los datos oficiales. Extraoficialmente, el incesto numérico se da. Y se quita.

  • ¿Existe una correlación entre la lencería y la ambición política?

Más de lo que imaginamos: más que correlación, relación estrecha, de cuchillos y cintas de cuero.

  • ¿Te has golpeado con un martillo?

Más veces de las que recuerdo.

  • ¿Cuál es tu opinión respecto a las micronaciones?

Una opinioncita: mínima. Ahora, si hablamos de individuos… enorme respeto.

  • ¿Quién vigila a los vigilantes?

Siempre tuve la esperanza de que se vigilaran las neuronas vivas, unas a otras: es de esperar que los momentos de lucidez que tienen las personas de vez en cuando, puedan estar presentes a nivel interno. Pero ya está dicho: esperanza.

  • ¿Has intentado usar un Jetpack?

Sí, una vez: los motores funcionaban con cerveza. La resaca no fue tan mala como nos esperábamos muchos de los que allí estábamos: el bar quedó hecho una pena, eso sí.

Creo que la fórmula de las preguntas la utilizaré con algunos que pululan por la red.

Un abrazo a Herreiere.

Corto y cambio.

Ciencia-ficción, internet y Cerdo Venusiano