Las Didascalias de Emilio Ballesteros

Didascalias de Emilio Ballesteros, Monema, 2016

 

Extraño libro que como dice el propio autor no es poesía, no es microrrelato ni es teatro. Así pues, ¿qué nos encontramos ante una obra de este tipo?

El mismo autor, didácticamente, explica que las didascalias son acotaciones en teatro y poemas que pretender ser útiles, si nos referimos al género poético.

Personalmente me parecen muy atractivas estas propuestas: textos breves, teatrales, con la forma aparente de narraciones breves y que líricamente son una delicia. Personajes que descubren, frases que alimentan intelectualmente y finales que al lector cuanto menos, hacen reflexionar.

Me interesa mucho ese género ambiguo, o géneros, donde no aspiran los textos a empotrarse en la concreción de un molde, en los que no sirven las etiquetas pero completan vacíos sociales, poéticos, teatrales…

Además hay varias preocupaciones clásicas en el libro, ya que Ballesteros no descuida el mensaje. El tiempo, la preocupación por el prójimo, el amor sin paliativos y todo ensalzado por la belleza de la palabra, utilizando epifanías como la sorpresa y la maravilla de la infancia, la juventud o la madurez siendo consciente de que la vida es un pasar y transcurrir de necedades, bondades y derivados de la complejidad que es el vivir y el morir.

17 Escenario: un mirador.

EL HOMBRE mira a lo lejos la cumbre de

una montaña en la que hay una ermita.

Grupos de nubes corren sobre la ermita

como un telón de fondo que se desplazara.

EL HOMBRE se siente espectador del

teatro de la vida.

Es solo un ejemplo: el número de textos asciende a 71. Más un acertijo. El autor consigue transportarnos mediante la melancolía, la hermosura de la contemplación y las veladuras insinuantes a un terreno de pensamiento, imaginativo, cercano y a veces de una complejidad espectacular porque lo planteado no está alejado de nuestras vidas cotidianas, sino que precisamente por tener algo cerca -una palabra, un objeto, un espacio público, una lectura…- quizá no lo observamos de manera constante y perdemos de vista la sorpresa que a nuestro alrededor sonríe: sorpresa miseria, sorpresa sonrisa, sorpresa historia.

En el texto 54 Escenario: un estadio, el ESPECTADOR, tras escuchar un himno, reflexiona sobre los escuchados en su infancia y juventud y reflexiona:

… Se da

cuenta de que todos lo emocionaron con

ideas de patria, fronteras y muerte. Ahora

necesitaría uno que hablara de matria,

infinitud y vida para poderse emocionar.

Pero de eso no hablan los himnos.

Sin palabras.

Isabel Fernández Aparicio es la autora de las ilustraciones: las, porque hay una en el interior, de una abrumadora potencia al igual que subyuga la de la cubierta: los textos merecían unas ilustraciones así de espléndidas.

Emilio Ballesteros ha conseguido mostrar nuestras incoherencias, desnudar la retórica de la vida y hacer pensar a través de elegantes y breves textos.

Un acierto en la propuesta, la brevedad y la belleza.

La vida puede ser lenta -piensa- pero acaba por vencer a

la muerte y el abandono.

 

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Las Didascalias de Emilio Ballesteros

Las mujeres siempre sobreviven: reflexiones sobre el teatro de Morón

Antonio César Morón, Monólogos con maniquí: Herencia de la desidia, Dauro, 2012.Morón, Monólogos con maniquí

Tomo esta obra por ejemplo, para reflexionar sobre lo que pienso que piensa el autor, Antonio César Morón, sobre las mujeres y la puesta en escena, pero advierto que no creo ser ordenado sobre este dramaturgo, poeta, crítico, intelectual… en definitiva, humanista del siglo XXI, que es Morón Espinosa, así que al final hay un vínculo para quien desee ir a su obra y vida: también hay artículos de especialistas sobre su teatro.

Aclaro lo de humanista: engrandecerse como persona intentando que los demás disfruten de ese crecimiento personal, desarrollado mediante el trabajo intelectual de la lectura, la reflexión, la escritura y la corrección de lo escrito: el proceso natural de trabajo sometido a discusión interna, con uno mismo, como creador de algo cuyo nivel de exigencia está sometido a la capacidad del autor, a no plantearse más incisos en su obra (No le toques ya más/ que así es la rosa“, que diría el maestro JRJ) cuando tras el detallado escrutinio final, da una obra por terminada.

Dejémonos de imágenes, porque en sí, ya lo es el intelectual del que tratamos, como todo intelectual. La cercanía que se impone al conocer a Morón, es franca, directa y sentida por ambos bandos, pienso, con la sorpresa de “encontrarse”. Así, la elaboración del trabajo intelectual de Morón, permite un “encontronazo” con la materia expuesta, sea texto teatral, poético, crítico… Dicha cercanía, es doble: personal y profesional. Saber, hoy, de lo que se habla, escribir sobre lo que se sabe y transmitir lo que necesitamos oír, es complejo, difícil, audaz, raro y factible para Antonio César Morón.

Es un compendio práctico para el buen lector, la obra de Morón: sobre la estética cuántica, sobre la teoría y práctica teatral, sobre la poesía clásica, sobre el cuento… Opinión, ficción, rigor, preocupación.

¿Quién conjuga hoy, estas cuatro pautas? A saber:

  1. Opinión: tengo un amigo que siempre me recuerda que opinión, todos tenemos una, sí, como agujeros del culo: qué cansancio de que el asumido predique, qué rubor interno ha de sentir su sangre… en fin: el asumido dice lo que quiere oír el público; Morón, al no querer ser devorado, deglutido, ni convertirse en saltabalates literario, prefiere el instrumento estudiado y aprehendido: descubre el vacío de otros al proponer un conjunto poético, repleto de elementos provechosos y aprovechables por el público.
  2. Ficción: la mentira es un arte, y como tal, el que sepa transmitirla, ha de hacerlo bajo esta premisa. Si no, eres banquero, arrendatario, mecánico, profesor, vendedor en definitiva de algo, pero no artista, creador. Borges con o sin razón, pero con “fricción” mundana: “La tierra que habitamos es un error, una incompetente parodia. Los espejos y la paternidad son abominables porque la multiplican y afirman. El asco es la virtud fundamental.” Morón va conociendo al milímetro dicha parodia: se la encuentra cada día, cada hora, casi a cada minuto suceden cosas alrededor de Morón que precisan una atención insoslayable. Bajo una máscara llamada “ficción” esconden, los que saben, la realidad más cruel que podamos vivir. El día es muerte, la noche es vida, la literatura es un camino interminable, la impostura, una condenación para la especie.
  3. Rigor: necesitamos saber más. Mi persona y yo, necesitamos de una estructura, un orden, una explicación de Dios. Y estudiando la forma de transmisión de conocimiento, podemos aprender algo, ya digo, mi persona y yo. Recuerdo a Miguel Beas, profesor de la Universidad de Granada, enseñándonos a enseñar. A Miguel d’ Ors aleccionándonos en historia, política, religión, teatro, sociedad y unos cuatro millones de materias más (que nos, no sabíamos que existían), en una asignatura cuyo “anodino” título era Literatura 3 o 4 o… Recuerdo la irónica sabiduría de José Ortega Torres en el curso de doctorado hablando de Cernuda. Recuerdo a Ignacio Cabrero, con el que aprendimos Historia e Historia del Arte, en los Maristas. No digamos, pues, quiénes son los referentes intelectuales de Morón: los poetas Enrique Morón, José Lupiáñez, Fernando de Villena, Juan J. León o el polifacético Antonio Enrique, el dramaturgo Martín Recuerda, profesores de facultad que fueron o son ejemplos , el crítico Dámaso Alonso, el impresionante Valle-Inclán… Elegante y magnífica lista, presumo.
  4. Preocupación: en mis citas más usadas, entra la definición clásica: “la preocupación es el estado en el que nos encontramos alerta, antes de que llegue la ocupación real, es decir, un tratamiento del futuro, más o menos, preventivo, sin llegar a las altas cotas de quemar arbustos si hay una colilla mal apagada en un cenicero”. Algo así, practica Morón, pero más fino, algo más elegante. Deja espacio y margen para que el tiempo (que somos nosotros) asimile bondades y maldades, relegando a un segundo la timidez propia del preocupado “de boquilla”: hablar poco, trabajar mucho. Quizá hoy, Morón hable poco. Quizá mañana nos sorprenda con una nueva obra.

De lo mejor que me ha pasado hace poco, fue descubrir que una obra de teatro me había impresionado hasta el punto de tener una opinión crítica, más o menos formada, pero de primera mano y conociendo el texto previamente, de uno de los problemas que mantenemos en nuestra sociedad. Momentos que no se olvidan y quedarán en la memoria más allá de la anécdota del momento.

De lo mejor que me ha pasado es admitir, que las mujeres siempre sobreviven, si las dejan, si las dejamos… y la verdad, es que este año (como los anteriores) no nos estamos portando como hombres, algunos, sino más bien, como auténticos animales.

Cambien “mujeres” por “literatura”… cambien literatura por “persona”… De lo que se trata al final, es de la construcción de un personaje, que genere por sí mismo -con el lenguaje- el ambiente que vamos a contemplar -activamente- por lo que dejaremos de ser meros espectadores y nos implicaremos en el desarrollo de las situaciones -tremendas- que Morón nos propone.

Morón tiene una amplia bibliografía que hay que ir paladeando poco a poco: lo último son dos libros de teatro (si no olvido nada) en la editorial Fundamentos: Ahora os esclavos y Elipses. El espejo más frío. Estas reflexiones surgen después de leer algo, una mínima parte, y haber vivido un par de obras de teatro.

Antonio César morón en uno de los múltiples actos a los que es invitado

Así que lean, o mejor, si pueden y pasa por su ciudad (Granada, Madrid, París, New York…), vean la obra en vivo, en un teatro, en un espacio escénico, con los actores y actrices trabajando los personajes y Morón en una esquina atento a que todo salga según lo planeado, lo escrito, lo ensayado.

Las mujeres siempre sobreviven: reflexiones sobre el teatro de Morón