La Cuchimilda de María Juristo

“… y las rosas seguían ignorantes de su esplendor”.

Que nada tiene que ver esta frase aparecida en la novela de María Juristo con la propia autora, lo dudo, y me explico, porque algo hay, algo hay…

Juristo es poeta, novelista, cantautora, compositora, licenciada en Filosofía y Letras y prácticamente, lo que quiera. Cuando una mujer así decide escribir una novela como esta de la que hablamos, es preocupante. No por el resultado, obviamente: ahí está la novela. No es la primera (ni la última) que predico que la elegancia de Juristo es un don que genética (o algún adjetivo así de primordial acabado en -mente, ya adverbio como…) o formativa(mente) posee esta autora.

El libro es una novela de una agilidad impresionante: una historia de ficción con todas las letras. No destripo la novela si digo que el personaje principal, La Cuchimilda, es un personaje pícaro donde los haya, rodeada esta principal actriz de la obra de teatro del mundo español que nos rodea de otros personajes más o menos buscavidas: a todos los niveles, en todos los sectores… con lo que la crítica social está servida, calentita y a punto de que el comensal literario digno -llámese lector, crítico, editor…- cate, paladee y deguste las exquisiteces y bondades literarias que la autora nos cocina y sirve de manera tan esencial.

No entretiene el discurso Juristo: la acción es pura, realizada con un lenguaje actual, corregido incluso por algún “prenda” de ese mundo creado (re-creado) por su inteligencia, reformulado por la juventud, la vejez y la madura presencia de un periodista o un abogado.

No es de extrañar que el libro esté premiado con el X Certamen de novela corta Dulce Chacón de 2014: lo raro es que no saliera antes, conforme le dieron el galardón.

Pero tampoco hay que mirar mucho -leer- la novela para darse cuenta de que atrapa desde la primera página -¿cómo se puede hacer eso?- porque el ritmo, las repeticiones, la presentación del personaje -o personajes- es de una velocidad que nos lleva hasta las páginas finales como si hubiéramos vivido en primera persona, testigos de la decadencia, los subterfugios, la bondad… del mundo, sus fisuras y engarces, en fin: los recursos utilizados imprimen una vida al relato que es difícil no pensar en La Cuchimilda, en Mateo Cuevas, en Piojo Blanco o en el Inglés. Son personajes casi de carne y hueso y como siempre, son los que sirven para una memoria literaria, así como esos personajes de canciones que con tres o cuatro rasgos, en tres o cuatro minutos, definen la esencia de un gesto, el gesto de un labio o la impresión del color de una mirada. Una gozada de libro, la verdad. Envidiable, ciertamente.

Comenzaba citando las rosas de la novela de Juristo: se que ella no es ignorante de su don, de la escritura que la acompañará hasta que ella decida dejar de escribir: pero somos ignorantes los demás, por los cánones, los premios y los libros más vendidos. Somos ignorantes al perdernos a María Juristo entre la marabunta de escritores rancios -y punto, sin un trabajo de ficción detrás-, escritor¡-as! -y punto, sin literatura-, poetas posmodernas vendidas al capital, poetas sin conocimiento de la tradición para romperla, maltrechos de publicar cada dos años un libro, hacedores de páginas y páginas como copistas del maestro o la maestra de turno.

Soy un lector con muy buena suerte, todo hay que decirlo. Conozco a escritoras maravillosas, como es el caso que nos ocupa.

Así que lean -leed malditas, leed malditos- La Cuchimilda: novela veloz, ágil, fascinante, actual, memorable, literaria. No sé qué más adjetivos se le pueden achacar sin acordarse de la envidia.

Sí, envidiable como ya dije, por su forma, estructura y lenguaje. Y por las transiciones que utiliza. Y por los personajes. Y por la trama. Y por…

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La Cuchimilda de María Juristo

La elegante y fértil nada de María Juristo

OLYMPUS DIGITAL CAMERAMaría Juristo, Descifrando la nada, Madrid, Devenir, 2006.

1.Retórica de la nada

Desde el mismo título, el riesgo es evidente. Lo que intentamos los lectores desde el principio mismo de la lectura, como epicentro de algo llamémoslo cultural, es dilucidar de qué nos habla el que escribe. El lector, desbordado de teorías que ya padecieron los autores, se enfrenta hoy al subjetivismo anunciado ya por los teóricos del posmodernismo, afamado movimiento que algunos denuncian como extremado rictus de la nada cumplida Ilustración. O al menos eso entiendo yo, cuando alguien que sin tener por qué publica en Devenir su pasmo, expresado en verso, ante lo que nos rodea. Si el libro es de 2006, la idea, como sabe Juristo, no es nueva, y ella desmonta la posible mitificación, originalidad vacua o transgresora norma moderna de la nada.

El libro no da alegría, no es su función, pero sí arrebatos. Los poemas no ordenan a la mente residir en un poso de tranquilidad aunque nos aposentan en una paz relativa. El verso, como en estos poemas lo entiende Juristo, es un trabajo que a veces, no compensa al no llegar al resultado que con la búsqueda, apoyada en otros maestros, podría resultar fructífera.

Poemas que se empeñan desde el título en contradecir la retórica de algunos popes: la retórica de la nada.

2.Instrumentos de uso

Si algo hay en este libro es poesía en estado puro. La comunicación, otra, es en sí misma un estado de epifanía permanente durante toda la obra. Al referirme a epifanía, demuestro que el lector no está tan lejos de la concepción ideal del posible transmisor de la propia poesía: yo, un lector cualquiera, he transmitido lo que conozco a través de la lectura de Juristo. Juristo hace lo propio con otros escritores, residiendo la principal diferencia, en que la interpretación de los otros poetas, no es la mera repetición de espacios comunes.

La luz, el agua, el tiempo, la palabra, la mudez, la sombra. Seis constantes en este libro. Seis partes de una misma expresión, que, si ya es difícil conjugar en una obra, mucho más comunicar a un lector.

3.Los otros

Gamoneda abre el libro. Juan Ramón y el mar lo continúan; por si fuera poco, María Juristo conoce a Valente y la concepción del vacío más palabra, posiblemente igual a poesía pura. Pessoa, Lovecraft, Poe, la duda y nuestra mente, acompañan la música húmeda de este poemario. La noche, las sombras, la visión fallida de ciertas expectativas completan lo que la citada mudez, el falso atino lingüístico o el balbuceo  ya anunciaban: la deriva de la famosa nave “riesgo poético” de publicar (hacer público para el lector más o menos informado, pongamos por caso como yo) un conjunto de versos.

Los gritos –intentos desesperados de la poeta- elegantes a que nos tiene acostumbrados con sutiles voces, durante el poemario, se van convirtiendo en diferentes voces acompasadas al mensaje de extrañeza que nos quiere regalar.

4.Práctica de la poesía

La contención y el éxtasis -¿conjugables para los demás poetas?-, sorprendentes:

Rayo perdido,

tierra húmeda, lejos,

bordeada de pardas rocas

como lengua que alargara el soplo

de los dioses

nos conmueven.

El lenguaje propiciatorio, lenguaje semilla, lengua madre que dará a luz en nuestra mente:

 

¿Partimos?… hay pájaros arriba

donde mora el aire atribulado,

y sus alas tristes

apuñalan la arteria del deseo

fijando clamor en las entrañas.

Hay versos estruendosamente memorables, que se salvan del olvido:

por corredores de luz de mi memoria

Me soy en la nada

ella se es yo, yo ella,

espejo de lluvia sin agua

dejada en tierra equivocada…

5.Oficio de poeta

Si el lector tuviera la mala fortuna de estar obligado a seleccionar un poema, por su emoción y trabajo literario, podría, en plena libertad escoger cualquiera, como por ejemplo, escoger el azar de leer uno extenso, para apreciar el rigor poético de la autora: si ese posible lector, ante un posible poema eligiera “Cuando al fin te alcance” no se decepcionaría: contenido, pleno de símbolos, lenguaje sutil, verdades llamativas, sencillez aparente y poso en la memoria. Poema total, en resumen. Un acierto que no es de extrañar si precisamos la labor del poeta, que no es gracias a la inspiración ni gracias al diablo recordando al granadino Lorca, que afirmaba que el trabajo, la constancia y el rigor, es fundamental para llevar a buen puerto la encallada, a veces, nao de la poesía.

Impresiones, nada más. Pero animo al lector a enfrentarse a este dulce libro. La sonrisa de la inteligencia aflorará algunas veces; las más, la mirada intelectual de la curiosidad será la encargada de hacer que nuestros dedos pasen otra página, y otra, hasta que lleguemos al epílogo, un soneto, que disfruto en soledad,  sin comentarios, para deleite del lector voraz de buenos poemas.

La elegante y fértil nada de María Juristo