Entrevista a Esther Peñas

Ha mantenido conversaciones con cantautoras como Rosana o Julieta Venegas, “folklóricas” como Martirio o escritores como Vila-Matas, políticos como Leguina, poetas como Chantal Maillard, filósofos como Savater, escritoras y directoras de cine… Luis Mateo Díez, Merino o Silvio Rodríguez han charlado con ella, Chema Madoz, Gioconda Belli, Luis Aguilé… gente tan diversa de la cultura española como Pasión Vega, Luis Alberto de Cuenca, Javier Ruibal, Mayte Martín o Rosa Montero forman parte de la estupenda serie de Entrevistos, un monumento al arte de entrevistar; escribe sobre personas con discapacidad, mantiene el espíritu de la curiosidad vivito y coleando, es novelista, poeta y disfruta con la lectura como nadie. En su obra narrativa visibiliza la homosexualidad, el respeto y la tolerancia por la diferencia y de sus páginas emanan el jazz, la copla o la música clásica, cosa que hacen que se se le alegren las pajarillas.

En el poema que da título al poemario El paso que se habita (Chamán Ediciones) pide:

Puentes de algas,
de melancólica sospecha,
de paisaje con savia de bruma
y afilados dientes.
Puentes
para este pequeño reino de la fiebre,
puentes.
También primavera.

De su novela La vida, contigo (Editorial Adeshoras) dice Daniel J. Rodríguez en Zenda que “es un libro con la anatomía de un cesto de esparto; natural y antiguo, de centenares de extremos en diálogo, una historia de esquejes verdes de existencia.”

Poco más que añadir, salvo que tiene mucho realizado y aquí no cabe todo.

Las fotos de la escritora son de Lurdes Martínez.

Es un honor para este que escribe que haya accedido a ser entrevistada y formar parte de la galería de honor de este Me no know nothing que hoy, es mucho más grande y feliz y crece como blog.

Con todas y todos ustedes: Esther Peñas.

-Querida Esther, muchísimas gracias por prestarte a esta entrevista: la primera pregunta es obligada después del añito que llevamos: ¿cómo estás, cómo está tu gente?

Qué extraño se me hace contestar en vez de preguntar, querido Juan. Permíteme estas palabras iniciales de agradecimiento por tu generosidad y tu (deliciosa) insensatez de entrevistarme… Estoy… en contemplación de prodigio, a pesar de todo, manteniendo la lumbre de lo alegre. Y mi familia y aquellos a quienes quiero está razonablemente bien, que no es pequeña la trucha…

-Me hacía especial ilusión repasar tu trabajo: eres periodista, tienes ensayo publicado, novelas, libros de poemas… ¿hay algo en la escritura que se te resista?

Sonrío ante esa ilusión tuya y envido: sí, el cuento. Soy una pésima zurcidora de relatos.

-Cuéntame lo importante que es y ha sido la lectura en tu vida. ¿Cómo empiezas a leer y qué libros lee la Esther niña y adolescente?

Leer me salva. Salva el amor, la fe, la belleza, y la lectura. Pocas cosas más. Recuerdo mi primer libro, cortesía del Ratón Pérez, un libro extraño, con ilustraciones, que hablaba de la importancia de mantener vínculos con la naturaleza. Pero el texto con en el que descubrí la fascinación de la lectura, su poder redentor, seductor, vivificador fue un libro que me prestó mi amiga Silvia Botán, con diez u once años, El hombre que compró un automóvil, de Wenceslao Fernández Flórez, editado por Espasa Calpe, un texto divertidísimo, que me llevó en mi adolescencia a autores para mí vitales Jardiel, Mihura, Neville, Castelao, Camba…

-¿Por qué tu interés en el periodismo?

No sabría qué decirte… Cuando aguardaba turno para matricularme en la universidad, aún no había escogido qué estudiar… me gustaba Antropología, Psicología, Filología… y de pronto vi allí esa carrera, Periodismo, con un ramillete de asignaturas variadísimas y pensé que eso era lo que quería estudiar, para aprender un poco de todo… En esos años aprendí a caldear el amor a las palabras y a las historias. Y a reconocer la verdad del cuento.  

-Empiezo destacando el Cermi, ¿puedes explicar qué es para quien no lo conozca?

En su acrónimo, Comité Español de Representantes de Personas con Discapacidad (en origen, de Minusválidos), es una entidad que representa al movimiento asociativo y preserva sus derechos. Estoy vincula a él desde hace años, por motivos laborales, políticos y sentimentales.

-De esa época salieron varias publicaciones: un trabajo en el que contabas qué quería conseguir el Cermi y tres libros de entrevistas (Entrevistos I, II y III).

Sí, Hoy empieza todo que, tomando en préstamo el título de la maravillosa película de Tavernier, conté, como dices, no solo el devenir de la institución sino a grandes rasgos el de las personas con discapacidad en nuestro país. Entrevistos, juego de palabras entre el adjetivo de la misma grafía y la palabra «entrevista», recogen las conversaciones aparecidas en el periódico del Cermi, en la sección ‘Cuarto de invitados’ que regento mensualmente desde 2003, y por la que han pasado tantísimos escritores, fotógrafos, actores, cantantes…

-Cómo y cuánto ha cambiado, desde la terminología hasta el trato, nuestra relación con las personas con discapacidad: pero queda mucho camino, ¿qué destacas de los avances y dónde tenemos que mejorar?

España es uno de los países más adelantados en materia normativa referida a derechos de personas con discapacidad. Me asombra cuando la realidad se impone y tiene su reflejo en el lenguaje. Sin carga alguna, fueron cayendo de nuestro vocabulario términos como «subnormal», «tullido», «inválido», porque habíamos desterrado a las personas con discapacidad de la esfera vocativa del paternalismo. Creo que el esfuerzo ahora hay que concentrarlo en la formación del colectivo, en estimular su inclusión en los estudios superiores.

-¿Qué piensas de películas como Campeones o series como American Horror Story, o el último anuncio de la ONCE de Campeonas, por citar algunos ejemplos, donde se visibiliza la discapacidad?

Me parece que todavía queda la rémora en ellos de ciertos tics que remiten a convencionalismos o tópicos… la mayor parte de las apariciones de personas con discapacidad en el mundo audiovisual y literario resaltan bien su «capacidad de héroes», bien su lado menos luminoso (como el binomio discapacidad-cierta amargura de personajes como House, por ejemplo). Ambas son extremos de los que hay que huir, ni todos los autistas son Dustin Hoffman en Rain Man, ni los ciegos son seres perversos como los que retrató Sabato en su Informe. Pero esta inclusión de personas con discapacidad como representación de la diversidad existente terminará más pronto que tarde en una normalización del colectivo, con sus bondades y sus impertinencias, propias de cualquier grupo humano.

-¿La entrevista es una manera de conocer a la otra persona?

La entrevista es una manera de entrever (de ahí, entrevistos) a alguien, es una maravillosa forma de practicar la escucha activa, un privilegio, ya que de qué otro modo uno podría conversar con determinadas personas, y una danza sutil en la que todo el tiempo se ponen en juego intuiciones, conocimientos y afectos.

-Te lo preguntaba porque tu manera de entrevistar es, por momentos, personal y directa, nada de objetiva: pasional, si me lo permites, como diciéndole al otro “confíame un secreto”.

Por lo general, conozco bastante bien al entrevistado, ya sea porque hayamos coincidido en otras ocasiones (eso me recuerda la de años que llevo ejerciendo…), ya porque he leído, escuchado o visto la obra que defiende. Eso me permite conseguir pronto el ingrediente indispensable para una buena entrevista: que el entrevistado confíe en ti, que se abandone a las respuestas que le broten, no a las que acciona como resorte. Salvo excepciones de rigor, los asuntos limítrofes con lo sensacionalista, la casquería, el amarillismo, no me interesan los más mínimo; eso ayuda mucho, tanto como suspender cualquier juicio de valor previo, y tener claro que todos podemos tener un mal día (y, por tanto, que alguien sea áspero en la entrevista no significa que sea hirsuto en su día a día).

-De Entrevistos, de esos cientos de conversaciones con personas como Chantal Maillard, Jordi Savall, Joaquín Leguina, Martirio… ¿cuál es el mejor recuerdo si puedes salvar solo uno?

Lo mucho que me han enseñado y las amistades profundas que han surgido de ellas. La vez en que Susana Rinaldi me cantó un trocito de Porque vas a venir, ese tema colosal de Mandy, o cuando en casa de Martirio cantamos por Soledad Bravo, cuando Carmen Calvo me envío al cabo de los días una litografía suya o Mingote me hizo un dibujo en el cuaderno… El modo en cuenta atrás de la emoción absoluta cuando Buero Vallejo me abrió la puerta de su casa disculpándose por recibirme en batín (fue mi primera entrevista), que Hugo Mujica me ungiera la señal de la cruz en la frente, compartir un cigarro con Jaime Urrutia… o un desayuno con Teresa Salgueiro… hay tantos momentos así de bellos, Juan…

-Poetas como Ernesto Cardenal o Jenaro Talens, escritores de la talla de Vila-Matas o José María Merino, poetas como Julia Uceda, directoras como Coixet… ¿cómo se consigue preguntar lo importante a cada quien en su disciplina?

Suponiendo que sea capaz de eso que dices, conociendo bien al personaje, y en mi caso, como marca de la casa, forjando preguntas que le lleven al confín. Por supuesto, teniendo claro que el protagonista no es quien pregunta sino siempre quien responde.

-De tu trabajo de narrativa, destaco la libertad de tus historias, la frescura en el tratamiento de temas como la homosexualidad, las tramas tan cambiantes… ¿qué referentes sigues al escribir tus historias?

Hay dos escritoras que me fascinan, Martín Gaite y Rosa Chacel, a quienes dediqué mi última novela, La vida, contigo. Toda la narrativa de Menchu Gutiérrez me parece un don, como la de Gabriela Llansol, y Mil mamíferos ciegos, de la Isabel González, un templo. Bobin, Quignard, Modiano… sin olvidar Tirano Banderas, las Sonatas, o los pecios impagables de Sánchez Ferlosio. Y después de todo ello, Cortázar, siempre.

-En la novela Los silencios de Babel de 2008, aparecen el engaño y la traición como parte de una historia cotidiana que se convierte en toda una aventura para la protagonista: ¿cómo consigues ser tan natural en ese mencionado cambio de registros?

Pues… gracias por el requiebro… de ser así, como dices, supongo que confiando en mi inconsciente, en todo momento. No sé pensar, en el sentido de que no hago fichas, ni cuando escribo un reportaje ni para una novela, mucho menos para un poema. Tampoco esbozos, ni esquemas, ni borradores. Hay una antorcha que se enciende de pronto en algún lado de mi cabeza y que me habla. Yo transcribo. Ex caelis oblato. Un regalo del cielo. De alguna manera. Pero el poema es la vida misma, es allí donde uno (yo, en este caso) se juega.

-Las mujeres siempre protagonistas, fuertes, decididas, proteicas, sensibles… como en la vida misma, con sus negros y sus blancos.

Las amo, qué le voy a hacer… también porque son frágiles, y están llenas de ternura y sensualidad.

-En El peso de una sombra, novela de 2010, la memoria juega un papel fundamental: ¿es lo que nos queda cuando todo arde, la memoria y el recuerdo?

«Cuando nuestra riqueza sea solo la memoria…», canta Fernando Márquez, el Zurdo, en la canción de La Mode ‘En cualquier fiesta’, un antídoto musical para prevenir la soberbia y egolatría, por cierto. La memoria, sí, nuestro único patrimonio inalienable porque, como dice el poema de Gottfried Benn, «En esta casa no se puede entrar/ en esta casa hay que haber nacido».

-Entre ambas novelas también sobresale el uso de la música como parte de las descripciones, del ambiente y de la constitución de los personajes: el jazz, las grandes señoras de voz negra y deje reconocible, la copla nuestra: el amor, en general, por la canción, el sonido, la otra realidad que significa la música.

Ay, es que soy muy coplera…Es algo que tengo pendiente, escribir un acercamiento a la copla… hay tantísimas imágenes bellas en sus textos… “que se me paren los pulsos si te dejo de querer”, “y así, mirando y mirando, así empezó mi ceguera”, “miente más que parpadea”, “con carbones encendidos, que le quemen esa boca”, “por mi salud yo te juro que eres para mí lo primero, y me duele hasta la sangre de lo mucho que te quiero…” Qué intensidad… qué bien lo dijo Carlos Cano, «se llama copla y cabe dentro la vida». Y la música, así, en general, creo que no sabría, ni podría ni querría vivir sin ella. Como toda belleza, la música hace que la vida merezca la alegría de ser vivida.

-Las relaciones familiares difíciles también aparecen en esta novela: como cuando señalas, nombras y escribes sobre el mundo femenino ¿es una manera de visibilizar ciertos elementos sociales que damos por hecho y que en cambio son más complicados?

No descubro nada si digo que todo es mucho más sencillo y complejo de lo que parece. Seis años de psicoanálisis me han enseñado a escuchar lo que no se dice y a ver lo que no se muestra.

-En 2011, publicas Sesión continua, una divertida historia de personas que hablan y hablan con una profesional de la mente para que les ayude a superar traumas referentes a la homosexualidad, a ver si superan ese “lío” personal y social que su cabeza no es capaz de desenredar por sí sola: aparte de los disparates que pones en boca de algunos personajes, con los que nos reímos mucho, ¿lo más importante son las metamorfosis de los pacientes?

Una de las cosas más importantes, de eso habla esta novela, es el humor. El humor nos coloca allí donde las cosas son (o pueden ser) de una manera muy distinta a como las pensamos. El humor resta gravedad y dignifica derrotas. El humor, etimológicamente, nos abrocha a la tierra. Creo que Sesión continua, junto con La vida, contigo, son los textos narrativos en los que más me reconozco, siendo casi antitéticos. Y sí, se trata de cambiar aquello que nos aleja de nosotros mismos, de cambiar aquello que nos mantiene en el engaño. El cambio lo produce el asombro. Después, uno sonríe. «Ah, era esto», piensa…

-En Una vista inesperada, nouvelle de tema y ambientación griegos, míticos, aparece más acusadamente el tejido de la novela, el texto como tapiz con esa imagen tan hermosa de tejer con hilo púrpura: ¿son importantes los clásicos en nuestra formación lectora? ¿La metaliteratura es una manera de advertir la belleza, la importancia de la disciplina literaria?

Además de esto que dices, que ilumina la belleza, en lo que concuerdo, la metaliteratura nos recuerda que antes de nosotros estuvo Cervantes, y Quevedo, y Unamuno, y Machado, y Gerardo Diego, y Cirlot, y Bachelard… nos ayuda a no perder la cabeza. Y a ser agradecidos. A eso también nos enseña la metaliteratura, al tiempo que es un reflejo del modo en que en el universo queda interrelacionado, en un inmenso rizoma, en el que todo se habla y se contesta.

-No me resisto a reconocer lo sutil, la hermosura, la alegría y la elegancia en las escenas amatorias de cualquier libro tuyo, como si el erotismo fuera tan sagrado que fuera un deber ser tierna y salvaje, feliz y heroica al describirlo literariamente.

Ay, que me sacas los colores… pues sí, soy una rijosa, qué le vamos a hacer… el cristianismo me enseñó que el cuerpo es templo, y que si dios, el dios al que venero, se hizo cuerpo, hombre, el mundo entero alberga constantemente la posibilidad del encuentro con lo sagrado. Dicho esto, ¿qué sería el amor sin el erotismo, sin la fuerza enloquecida, desquiciada, desaforada del sexo?

Espectacular ilustración de Luis Ortega para La vida, contigo

-¿Te parece que hablemos algo sobre tu poesía? Qué libros tan bien construidos: ¿te resulta natural cambiar de género?

Con humildad te digo que me parece que, en la medida en la que eso es posible, mi «género», mi «modo de estar en el mundo» es la poesía. Todo el tiempo. Hay una voluntad poética y un instinto poético en todo aquello que hago. Un peso de lo inútil como brújula, y un paso que busca constantemente el otro lado, habitar el naufragio, escuchar las ruinas, cantar el salmo.

-En 2005, Juan Pastor, en la Editorial Devenir publica De este ungido modo con prólogo de José Jiménez Lozano… Vaya bienvenida.

Jiménez Lozano me fascinaba por sus escritos sobre Simone Weil, especialmente analíticos con el aspecto político de la filósofa judía. Gracias a él conocí el modo en que Weil hace de la clase obrera el epicentro de su palabra y de su acción. Y la vida, como siempre, me regaló la oportunidad. Cuando le dieron el Cervantes, me mandaron a entrevistarle, a Valladolid. Y fue una no-entrevista muy atribulada, dificilísima, en la que al final terminamos hablando de poesía (en concreto de Szymborska). Antes de regresar a Madrid, me pidió que le enviara aquel manuscrito; lo hice, y él me contestó escribiéndome ¡el prólogo!

-…y el epílogo bellísimo también de Ubach Medina.

Ah, Antonio. Un fantástico profesor de los que te hace amar la lectura, los libros. ¡Y que, además, te hace reír! Fue de las mejores cosas que me deparó la universidad, conocerle.

-Este libro pertenece a un yo lírico que, desconcertado, atraviesa la realidad y se pierde pero mantiene un hálito de esperanza siempre.

El hombre es un ser esperanzado, de esto escribió mucho (y de un modo bellísimo) Laín Entralgo. Y como soy una mujer de fe, custodio lo que queda de esa tinaja ovalada que abrió Pandora.

-Esos dioses inactivos, contempladores que aparecen en estas páginas… ¿tienen algo que ver con nuestros deseos, nuestras frustraciones?

Me intriga el hecho de que siendo monoteísta los dioses que aparecen en mis poemas y en mi prosa tienden a ser ramillete… una vez, hablando con un filósofo marxista que admiro mucho, Jacobo Muñoz, me comentó: «qué suerte la suya que puede creer en la divina providencia al tiempo que en el libre albedrío sin que entren en colisión». Pues eso mismo.

-Años después, en 2011, repites con la editorial y aparece Penumbra, un libro de luz y oscuridad, con un rigor léxico tremendo y un despliegue de recursos bellísimos: ¿qué supuso este libro en tu carrera literaria?

Ja, ja, ja, ¡madre mía, «carrera literaria», qué grande me viene la expresión…! en cualquier caso, Penumbra supuso una manera distinta de decir la palabra. Más sencilla, menos maniquea, más libre, mucho más frágil.

-Aparecen la maravilla y lo terrible del mundo: ¿necesitabas nombrar esa doble conciencia que nos habita, la lucha eterna entre la realidad y el deseo como ya escribiera Cernuda?

Los antropólogos hablan de la tendencia de la mente humana a entenderse con esferas binarias de significado, y aunque ahora se habla mucho de que hay que quebrar lo binario me parece que a estas alturas aún no hemos asimilado que todos, en grado distintos, somos una cosa y su contraria. Sí, la realidad y el deseo, el ser y el deber ser kantiano. Las obras y los amores.  

-¿Qué poetas te emocionan?

Juan de la Cruz, María Negroni, Antonio Gamoneda, José Ángel Valente, Lurdes Martínez, Vicente Huidobro, Rafael Soler, Javier Lostalé, Julio Monteverde, Alejandra Pizarnik, Javier Gálvez, Francisco Javier Guerrero, Ina Olvera, Noelia Illán, Olga Orozco, Leticia Vera, Pedro Salinas, Ulalume González de León, Juarroz…

-¿En qué andas metida ahora? Veo tus entrevistas en Youtube, no dejas de escribir: ¿algún poemario a punto, alguna novela en desarrollo?

Estoy muy contenta porque hay tres proyectos hermosísimos para este año, uno, la plaquette Visto así, con la poeta Lurdes Martínez, a quien tanto admiro; el poemario Historia de la lluvia, que editará Chamán, escrito en prosa poética, que creo es lo mejor que he escrito, un prontuario de hallazgos y fulgores, y un sorprendente ensayo sobre amazonas, que aparecerá en Wunderkammer, bajo la advocación de Elisabet Riera, después de verano.

-¿Algún deseo para este año 2021, o “Virgencita, Virgencita que me quede como estoy…”?

Hay una canción de Ángela Muro que dice «Ay, Virgencita bonita (…) yo no te pido nada más que su boca cerquita, arrullando de amor…», pues algo así. Que no me falte nunca el espliego de los días. Eso pido.

 -Quería agradecerte tu magnífica disposición hacia este intento de entrevista: después de leer tus libros y escucharte, sé que es de principiante, pero aun así quería extraer parte de todo lo que sabes sobre la escritura y la lectura: es siempre un privilegio contar contigo, querida Esther.

Juan… has sido tremendamente generoso conmigo desde el primer momento que nos conocimos… y parece mentira, con lo poco que nos hemos visto, lo cerquita que hemos ido estando a través de los años… qué ganas de abrazarte hasta que se ponga el sol… ¡y de brindar con un buen brandy!

Entrevista a Esther Peñas

Entrevista a Patricia Esteban Erlés (A propósito de ‘Fondo de armario’, Editorial Contraseña).

Patricia Esteban Erlés, foto de Josián Pastor

Patricia Esteban Erlés nace en Zaragoza en 1972, es profesora y escritora: ha tocado el cuento, el microrrelato y la novela y en los tres géneros ha conocido las mieles del triunfo. Su última obra, una apuesta de Editorial COntraseña, se titula ‘Fondo de armario’, lleva una pedazo de ilustración de cubierta de Elisa Arguilé y es un hermoso libro donde se recogen algunas de las columnas que publica en el Heraldo de Aragón, donde como veremos, habla de todo lo que le gusta, detesta, apasiona o sorprende: feminismo, educación, literatura, defensa de los animales, violación de los derechos humanos, arte, música, cine… parece que nada escapa al interés de una mujer preocupada por lo que le rodea, consciente de la situación actual y el mundo en el que vivimos y con muchísimas ganas de transmitirle a su alumnado recursos y herramientas para pensar por sí mismo y defenderse ante el mundo que llega.

-Querida Patricia: vaya ‘Fondo de armario’ que tienes: no hay mejor presentación que la contraportada de tu libro, en la que escribes que ciertos ropajes, estilos, tonos y armas se repiten.

Muchas gracias, Juan. Es un texto el de la contraportada que define lo que puede encontrarse dentro del libro antes de abrir el armario que en realidad es. Se me ha dado la posibilidad desde Contraseña de elegir las prendas que quería mostrar a modo casi de manifiesto personal. Lo que pienso, lo que siento, lo que percibo al mirar a mi alrededor. Hay “ropa” que me define como ser social, como individua que vive en un determinado tiempo y en ocasiones se rebela contra lo que ocurre o aplaude a determinados héroes de lo cotidiano porque muestran justamente la actitud vital que más admiro: la rebeldía justificada. También prendas más personales, que tienen que ver con mis gustos, mi admiración hacia determinados hombres y mujeres que han ido conformando una mitología íntima para mí. Me alegra que te guste.

-El Heraldo de Aragón es el medio en el que escribes. Las personas que lo leen: estarán contentas contigo, ¿no?

Habrá de todo, imagino, creo que los lectores y lectoras de periódicos  vamos encontrando en ellos aquellas voces que sentimos próximas. La columna de opinión es un espacio que te permite mostrarte en una versión exprés de ti misma, son muy poquitos caracteres pero procuro que cada texto sea significativo, que me represente. Me pasa con frecuencia que en charlas o en las ferias del libro se acerquen personas a las que no conozco para saludarme y hacerme saber que me leen cada semana. Esa fidelidad es conmovedora y reconfortante, porque realmente quien escribe no sabe nunca si hay alguien al otro lado hasta que ese público lector te comenta que está ahí, que a veces recorta una columna para uso y disfrute propio o, en el caso de colegas profesores, la llevan a clase y la comentan con sus estudiantes. Siempre defiendo que la literatura es diálogo. Cuando conversas de esta forma con tus lectores y lectoras, si tu voz llega aún más lejos gracias a que difunden el racimo de palabras que cabe en ese espacio quincenal del que dispongo en Heraldo, me siento plenamente satisfecha.

-Editorial Contraseña ha creado una belleza de libro con ilustración de portada de Elisa Arguilé. Cuenta lo que quieras de esa híbrida y maravillosa criatura cérvida con tacones.

Así es. Elisa Arguilé es una talentosa creadora aragonesa que en cada una de sus obras es capaz de crear una red de sentido a partir de una ilustración. Es habitual en las cubiertas de Contraseña encontrar su trabajo, que siempre encierra un pequeño enigma, una clave que debes desentrañar. En el caso de mi gacela, Elisa reflejó claramente la importancia que tiene en el interior del libro la figura del frágil, del personaje vulnerable, de aquel o aquella que puede convertirse en víctima, en “presa” de predadores varios. Esa gacela que mira al frente es cualquier indefenso, cualquier mujer, niño o niña, cualquier animal maltratado en este país supuestamente desarrollado pero que todavía no ha encontrado, o no ha aceptado que necesita, mecanismos para controlar y penalizar la violencia que se ejerce sobre colectivos que aún, y es lamentable decirlo, necesitan protección. Pero creo que además esa pequeña gacela mira desde la confianza y la resistencia, mira plantado cara a quienes se acercan al  libro, casi como en una toma de postura, casi interrogándoles. “¿Qué vas a hacer ante esto, cómo vas a actuar ante lo que se te cuenta en estas páginas?”, me da la sensación que pregunta. Me gustaría mucho que cada persona que lee Fondo de armario fuera capaz de responder de alguna forma a esta gacela preguntona. Por otro lado, esa naturaleza híbrida, esa apariencia a medio camino entre el animal y la mujer puede explicarse también. La falda estrecha, los tacones altos, son los impedimentos que no dejan a cualquiera de esas víctimas sociales echar a correr, librarse de sus verdugos, escapar ilesa. Es una obligación moral de todos y todas, creo, facilitar instrumentos de defensa a quienes los necesitan tanto, en lugar de ponerles trabas. 

Como comentábamos hay temas que te preocupan y eres capaz de inflamar dulcemente tu voz en algunos pero en otros no: ¿cuál es el límite de la columnista?

Supongo que en ocasiones me puede la pasión del momento, la cercanía de una noticia, su impacto emocional, lo que me lleva a escribir como desahogo. Entonces la columna es alguien que me escucha y al que le puedo contar mi rabia, mi tristeza, el dolor que causa el abuso del indefenso, el asco que me produce la injusticia tolerada, normalizada por la sociedad, compuesta por ciudadanos respetables y no azotados por esas situaciones, que, me incluyo, tantas veces nos limitamos a encogernos de hombros. Otras veces he descubierto que el mejor tono para escribir es una aparente frialdad, la distancia que te permite mirar y contar sin que se interpongan filtros. De alguna forma cuando redacto una columna entran en juego diferentes parámetros, el tema, el tono, yo misma, que se van combinando y dan diferentes resultados.

-Imaginabas mundos, infancias, amores y adolescencias: ¿tenías fe en tu escritura al empezar a publicar? ¿Hay actos de fe en esto de escribir, es trabajo, inspiración…?

Tenía unas interminables ganas de contar. Mi afición favorita siempre ha sido que me cuenten y contar. No hay nada más placentero para mí que sentarme y dejar que la escritura fluya hacia alguna parte que casi siempre desconoces. Y desde luego cuando alguien me relata una gran historia, un cuento acerca de su vida, una anécdota que quizás le parece trivial, siempre ando a la caza de detalles, de personajes, de tramas. Más que fe yo lo llamaría una circunstancia necesaria, algo sin lo que mi vida sería desde luego mucho más aburrida.  Publicar es un escalón que subes después, cuando querías escribir y has escrito. Nunca me lo he planteado como objetivo central, es algo que se dio, que ha sucedido y que me ayuda a seguir, porque el diálogo que entiendo es la literatura se completa cuando encuentras a un lector al otro lado de tu libro. Sin el trabajo previo, sin la angustia, el bloqueo, la historia que se te despista o se esconde, sin la ilusión, la fiebre que te invade cuando sabes que ya la tienes, que es tuya, escribir sería menos divertido, menos apasionante, menos adictivo. Pero es necesaria también esa revelación que ocurre a veces, ese leer una palabra o ver a un desconocido en un café haciendo un gesto, mantener una conversación telefónica, que hace que sepas que ahí está alguien que merece ser contado. Y junto a todo ello, la suerte, la dosis exacta de fortuna o azar que hace que a un libro le vaya bien en ese camino que empieza cuando tú entregas las pruebas corregidas al editor y te separas de él. 

-Las mujeres siempre, las niñas, las actrices, las escritoras, las protagonistas femeninas.

Sí, pero si supieras que ni siquiera hay una voluntad consciente de hablar de ellas en exclusiva. Me ocurre que desde hace años leo, sin habérmelo planteado como tarea, a muchas más autoras que autores. Y que seguramente en sus universos encuentro puntos en común, lugares interesantes que analizo mientras disfruto de la lectura. Por otro lado, me salen al paso infinidad de casos reales protagonizados por mujeres que viven situaciones extremas, que mueren a manos de un agresor, o que mueren metafóricamente como creadoras porque no se les da el prestigio, la zona iluminada que merecerían. De esta forma lo no intencionado y la repulsa, la tendencia natural que me lleva a hablar de ellas, junto con la protesta hacia cualquier violencia ejercida sobre la mujer simplemente por serlo, es lo que hace que predomine como asunto nuclear de mis columnas, pero también de mi novela o mis cuentos.

-Una de las maravillas que cualquiera puede encontrar en los textos son el par principio-final: abres y cierras como una auténtica maestra del interés, la curiosidad y el informar. ¿Quiénes son tus referentes en estas enormes reflexiones breves?

Quizás ese interés por el principio y el final eficaces  tenga que ver con mi filiación al microcuento, que es un género que no puede permitirse desperdiciar ni una conjunción. El efecto que produce el inicio y la conclusión en una historia que avanza contra el tiempo y el espacio es parecido al que busca producir cada una de mis columnas. Una frase de arranque que haga que el lector decida quedarse contigo las líneas que siguen. Un final de viaje que le  lleve a pensar que valió la pena. Yo dispongo de 1750 caracteres y ahí debe estar contenido todo lo que quiero contar. Podría decirte que hay muchos autores de microrrelatos que parecen partir del mismo angustioso límite, por lo brillante que es su capacidad de síntesis que no tiene nada que ver con la simplicidad, sino con la sugerencia, con la sustancia narrativa oculta, con el misterio de la elipsis que el lector es el encargado de resolver. Cuando lees un texto hiperbreve hay muchas palabras que no se han dicho y sin embargo están. Cuando acabo una columna quiero pensar que dejo al lector completando el sentido por su cuenta. En ese sentido, me valdría cualquiera de los grandes nombres del género, como Arreola por ejemplo, para responder a tu pregunta acerca de referentes. Ya en el medio propiamente periodístico podría nombrarte a autoras muy interesantes, como Leila Guerriero, que en sus crónicas hibrida muy bien la autobiografía con la actualidad, contando historias muy breves que tiran de ti desde el título, o en Aragón Cristina Grande, una gran autora de relato que usa la sutileza, el final abierto, como reclamo, e Irene Vallejo, que mezcla pasado y presente en unos textos adictivos en los que un ejemplo del mundo clásico sirve para establecer un paralelismo con algún asunto contemporáneo. Ambas son columnistas en Heraldo y unas maestras en el arte de agarrarte de las solapas y arrastrarte al interior de sus textos.

-Hay una posición clara respecto a la belleza impostada. Tu énfasis es terrible en pos de la naturalidad, el envejecimiento sin operaciones recauchutadas… ¿hay alguna manera de contar una vejez digna?

Deberíamos encontrarla si no partiéramos de la idea de que lo mejor de la vida ha pasado y de que en la última etapa no puede darse una evolución, no hay proyectos, emociones, vida que merece la pena disfrutar. El problema parte de ese culto a la juventud como época gloriosa, de esa simplificación del valor de alguien por su aspecto físico, la tersura de la piel o la belleza de un cuerpo. Pareciera que nada memorable ni enriquecedor puede ocurrir cuando ese periodo acaba y el mundo del espectáculo es un ejemplo claro que yo trato en mis columnas, muy gráfico, pero no el único. Resulta difícil en el caso de la mujer conseguir un papel protagonista a una determinada edad. Da la sensación de que las actrices estén condenadas a desaparecer del mapa cuando envejecen, de que la vida de una mujer madura o directamente anciana no puede resultar de interés. Y eso lleva, en el cine pero también fuera de él, a intentar que la juventud sea más larga, que la vejez no llegue nunca a golpe de bisturí. Admiro la belleza de las arrugas que no ocultó Audrey Hepburn, por ejemplo, su dignidad al afrontar el paso del tiempo. Continuó siendo hermosa y atesoraba toda una vida de experiencia, pero ellas, en general,  lo tienen más difícil que sus compañeros, que siguen encontrando su hueco en los repartos, papeles interesantes, como los que protagonizó Paul Newman en la recta final de su vida. El hombre técnicamente más guapo del mundo del cine pudo despedirse de su profesión como un actor formidable. Ninguna edad de la vida del ser humano es poco interesante, nos concierne el paso del tiempo como tema, como asunto filosófico y artístico. No tiene sentido hacer como que no ocurre, como que no envejecemos del mismo modo que una vez crecimos y otra maduramos. Ese veto a la vejez se proyecta a la vida de las mujeres en todos los ámbitos y no debería suceder.

M.M es un texto sobre una fascinante mujer como fue Marilyn Monroe que también fascina a Esteban Erlés. Casualidad que otra mujer sobre la que escribe y a quien admira muchísimo sea María Moliner, cuyas iniciales son las mismas que las de la actriz.

-Te lo preguntaba porque para tratar cualquier tema, recurres a la palabra y sus recovecos, su enseñanza como profesora, su práctica como ficción ya que eres cuentista, y hasta llegar a este libro en que la usas para opinar y posicionarte en ciertas latitudes, crees que es la mejor de las armas que poseemos como animales racionales.

Sin dudarlo. La palabra es el arma más eficaz con la que contamos, para ordenar nuestro mundo interior, para expresarlo, para protestar, para reivindicar, para gustar, para atacar, para ser. Siempre les digo a mis alumnos y mis alumnas que pensamos con palabras, que las necesitan para muchos más cometidos de los que creen, que deben aprender a valerse de ellas para defenderse, para matizar, para negar o afirmar, para argumentar. Cada acto de nuestra vida es puro verbo. No tenemos por qué desperdiciar o infravalorar ese tesoro que es el lenguaje.

-La defensa de los animales que no hablan como nosotros pero se comunican. Algo que se nota al leer tu libro: ¿somos conscientes de lo que puede aportar un perro, un gato respecto al daño que se le hace a un caballo porque no gana una carrera?

Creo que los animales son nuestros compañeros de vida. Se les trata muchas veces como objetos, como instrumentos y eso me cuesta soportarlo. Yo los veo como secundarios de lujo, como vidas que acompañan las nuestras. No confiaría nunca en alguien que maltrata a un animal porque esa vileza revela un fondo siniestro, una crueldad gratuita, extensiva a otros seres. Querría en especial que en nuestro país se empezara a tomar en serio que la cobardía y la maldad del maltrato animal merece penas estrictas y todo un proceso de reeducación en el respeto. Mi galgo aún tiembla de miedo en la calle, cuando ve a un hombre con algo en la mano. Ese terror se lo ha producido alguien porque sí, porque seguramente no es capaz de sentir algo al mirar a los ojos a un perro, porque necesitará tal vez sentir que en algún lugar, con alguien, es el amo de la situación. Me parece intolerable, miserable, que se mire a otro lado, que no se detecte la gravedad del problema que padecemos en España, lo atrasados que estamos en algo tan elemental como el respeto a cualquier criatura. Me avergüenza que se llame espectáculo a una matanza lenta y perversa de un becerro, que se llame tradición a las corridas de toros o a la matanza de cerdos. Me aterra el nivel de perversidad, la ingeniería del mal que se aplica en mataderos, en granjas. Y hay pocas cosas tan espantosas como el final que espera a miles de galgos al final de la temporada de caza.

-Querría saber tu opinión sobre las redes sociales. ¿Cómo llevas lo de que cualquiera pueda hablar sobre cualquier tema? ¿Es democracia, tiranía o el bienestar que pretenden desmontar unos sectores, tan defendido por otros?

Creo que internet ha concedido un terreno de libertad inaudita que muchas veces se utiliza mal, para dañar, para atormentar, para abusar de otros. El insulto, la difusión de imágenes privadas, los bulos… Hay todo un repertorio de conductas inaceptables que devienen de esa falta de límites, de la facilidad con la que accedemos a un mundo dentro de nuestro mundo, muy poderoso, útil tantas veces y productivo si se suman fuerzas. Pero este poder  infinito tiene la contraprestación de una impunidad también infinita.

Una de las columnas más tremendas escritas por la autora donde narra la historia de un caballo que no llegó
primero a la meta.

-¿Qué te sugieren plataformas como youtube, liveleaks…?

Apenas las conozco, la verdad, la primera en todo caso para escuchar música de fondo mientras trabajo. No soy adicta a ningún youtuber ni consigue interesarme demasiado. Observo con curiosidad los efectos que despiertan en las nuevas generaciones, quizás porque logran empatizar con esa necesidad de ser visto, fotografiado, a tiempo real. Casi todo el mundo parece tener algo fundamental que decir, que enseñar, que compartir, con una cámara delante. Creo que muchas veces eso convierte la información en trivial, se le concede un espacio insólito a actos banales de la vida, a rituales cotidianos. No soy lo suficientemente “voyeur” para hacerme adepta de ese nuevo canal de comunicación que casi entiendo más como mera exhibición, la mayoría de las veces.

-Es importante, porque escribes sobre algunos medios, como si te fuera la vida en ello, por lo que dicen y sobre todo, por cómo lo dicen. ¿Seguimos pensando que lo que se cuenta es más importante que cómo se cuenta?

Creo que los medios están pervirtiendo en muchas ocasiones su función. Hay intereses que hacen que la información sea un instrumento de poder y que se “photosopee” a voluntad lo que se cuenta y cómo se cuenta. Esto deja al espectador, al lector, al usuario de internet, en una indefensión e incertidumbre absoluta. Muchas veces no sabemos cuál es la verdad, o qué parte de ella se muestra o se oculta. Ya en un plano lingüístico, el maltrato que sufre la palabra en beneficio de esta dictadura de la imagen como explicación autosuficiente me parece preocupante. Titulares ambiguos, faltas ortográficas sangrantes, inexactitudes… Todo vale con tal de ser el primero que lanza la bomba informativa.

-Metámonos en honduras si no lo estamos ya: ¿feminazis, feministas o “yo no soy ni feminista ni machista” como alguien de la clase política quiere darnos a entender?

Soy feminista porque creo que no se puede dejar de serlo en un mundo donde cada derecho, cada libertad, no se da por supuesta, sino que ha habido que  conquistarla (y así seguirá siendo, me temo), enfrentándose a una oposición frontal por parte de un sistema que se ha basado en el desequilibrio entre los sexos para monopolizar el poder. Cada vez que hablo con una amiga, con una compañera, acerca de episodios en los que hemos sufrido el  machismo de alguna manera me doy cuenta de hasta qué punto es algo general, algo que nos ha afectado en asuntos tan simples como los juegos infantiles, la ropa que usamos, las palabras que empleamos y las que nos son vedadas, las conductas que mantenemos con miembros del sexo opuesto, la concepción del amor, la maternidad, el trabajo… Y podría seguir. Vivimos en un mundo en el que se nos concedió un lugar secundario cuando somos tan primordiales, tan protagonistas, como el varón. Y no debemos permitir que se nos haga creer lo contrario.

-Hay una lucha desde tus escritos por enseñar sin dogmatismos: expones casos de violaciones, abusos y maltratos. ¿Cómo es que no se impone la lógica de una vez en ciertos temas? En el 8M uno de los lemas era “El patriarcado me da patriarcadas”. ¿Cómo no ponerse de acuerdo en algo básico como es la violencia machista? Hablo de partidos políticos, claro.

Creo que todos y todas hemos recibido una educación patriarcal de la que cuesta librarse. O de la que no interesa librarse, porque de esta forma se hace perpetuo un modo de entender las relaciones humanas basado en el poder de unos sobre otras. Y hay partidos que presumen de su visión tradicional, que rechazan frontalmente que existe un problema llamado violencia de género, así, con toda su desvergüenza del mundo.

-No puedo terminar esta sarta de preguntas que tan amablemente contestas sin decir que las metáforas, las imágenes y los símiles, acompañan las descripciones y las situaciones que comentas: ¿es la literatura el camino, o al menos tu camino para defender, atacar o compartir?

La literatura es una de las grandes felicidades de mi vida. Creo que es primordial entender que contar la realidad no tiene por qué implicar descuido en la forma, ni un desdén de la belleza formal. A mí me atrapa el ropaje en que está envuelta una historia, su textura verbal, igual que el propio fondo, que el asunto del que habla. Defiendo que eso se puede hacer en periodismo, ofrecer un contenido usando una metáfora, cuidando los adjetivos, la tensión de la prosa, haciendo que suene bien incluso un mensaje meramente informativo. Sin perder de vista la claridad, la necesidad de que se entienda, pero sin caer en la simpleza o la incorrección.

-‘Silencio de mujer’ es la hermosa pieza narrativa que abre el libro: con tu permiso recomiendo emocionado ‘Nagore’, ‘Bowie’, ‘Casa de muñecas’ y ‘Follarse a alguien’. Sin olvidar ‘La dama de los monstruos’ en la que hablas de Diane Arbus. Como ves, esto no ha terminado: ¿qué textos son los que más te han elogiado y cuáles son tus preferidos –si es que puedes elegir entre tantas criaturitas?

A mí me gusta mucho M.M, la semblanza que escribí sobre uno de mis mitos más queridos, Marilyn Monroe. Me gusta el repaso a datos de su vida que siempre me han estremecido y que reflejan que nunca dejó de ser una criatura desvalida, una niña de orfanato a la que nadie se llevaba a casa, una joven despampanante en un mundo en el que se obvió su inteligencia, su sensibilidad y talento, una mujer deseada pero nunca amada del todo que murió sola, aferrada a un teléfono. Capote, uno de mis escritores favoritos, escribió un cuento sobre ella con una ternura casi paradójica en un mal bicho como él que me sirvió de modelo. Hay otras muchas columnas que me gustan, como la dedicada a María Moliner, que demostró cómo una mujer es capaz hasta de construir un diccionario ella solita, sentada en su jardín, con toda la paciencia y la ambición de saber del mundo. Me gustan aquellas en las que denuncio el silencio como arma mortífera que nos ha anulado durante siglos, que ha opacado nuestra sensibilidad, nuestra capacidad de trabajo, nuestras inquietudes, nuestra creación. Esas me parecen, sin duda, las más necesarias.

“Las palabras casi siempre cuentan una historia…” frase inicial de la autora
para la contraportada.

-Homenajeas a mujeres capaces, criaturas hermosas y elegantes damas del celuloide; nombras atroces actos cometidos contra vosotras y matizas frustraciones de algunas por los sometimientos de la época y el poder masculino que les tocó vivir. Le pegas duro a los violadores, a la ignominia de no aprender o al desprecio de la cultura y la lectura, criticas a los maltratadores de animales y no dejas de acordarte de Mary Shelley, los monstruos, lo horripilante, la belleza, la literatura como discurso sutil de la memoria para no repetir ciertas abominaciones…  ¿qué es lo que no le interesa a Patricia Esteban Erlés?

Pienso que casi todo puede interesarme, hacer que surjan preguntas, búsqueda de respuestas. Cuando un tema tiene que ver con el ser humano siempre encuentro un aspecto que me parece atractivo, sugerente. Todo lo bueno y lo malo, la suma de luz y sombras que somos me atrae. Prefiero creer que somos más luminosos que oscuros, pero en el mal, en la perversidad, encuentro un ingrediente que nos define, que es parte de nosotros mismos. Que es necesario admitir hasta para combatirlo. Podría decirte que no me interesa el fútbol, pero si pienso en un partido contado por Valdano, que casi convertía en literatura la retransmisión de una jugada,  eso ya no sería cierto. Si me planteo la pregunta de qué tiene ese juego para resultar tan trascendente me encuentro sin más interesada en ello, en su potencia colectiva, en su parecido con la guerra, en su capacidad para calmar dolores o preocupaciones y convertirse en el centro de la vida de mucha gente. Así que cualquier día me ves hablando de un mundial.

-Disculpa si ha sido más larga esta entrevista de lo normal: muchos son tus intereses y aprovechando que has sido tan amable, quería compartir con quien lea esto, las curiosidades que surgen de mi lectura. Gracias eternas.

-Gracias a ti, siempre, por tu lectura tan detallada y las preguntas que me han hecho pensar tanto en el porqué de algunas cosas.

Entrevista a Patricia Esteban Erlés (A propósito de ‘Fondo de armario’, Editorial Contraseña).