Antonio Blanco: el antiguo poeta moderno

A Fernando Soriano Bensusan, que me introdujo en

Pe Cas Cor, como en tantos otros.

Antonio Blanco, Poesía, Ediciones Libertarias, 1994.

Antonio Blanco, de ediblan

Prólogo de Juan Manuel Bonet y nota previa de Antonio Rubio. Epílogo de Leopoldo María Panero.

Es una poesía antigua, caballeresca, con notas de instrumentos medievales y campañas por las florestas en busca de unos enemigos poderosos por invisibles.

Es una poesía pura, hermosa, en plenitud de belleza, por la capacidad de sugerencia, por la transmisión candente de vitalidad y derrota y desesperación.

Con un prólogo de Bonet donde cuenta la vida de Blanco, sus lecturas, sus compañías y los infernales (para algunos) años 80 en España. Con una nota previa de Rubio donde escuetamente nos dice que no importa demasiado la cronología de los poemas recogidos.

Lo que importa es que hay poemas desde los 17 años (últimos recogidos) de Blanco hasta casi los 35.

Porque quince días antes de cumplir los 35, Blanco (1956-1991) desaparece, como tantos otros que se quedaron por el camino.

Mi historia si bien aquí termina
no tiene principio ni fin
por lo cual en el morir no creo
ni creo que el rastro que dejé viviendo
sea tan hermoso como desde aquí lo veo
pero quédense a un lado todas estas dudas
y vayamos al fondo de las cosas
que la cicuta dulcemente amarga surta su efecto
mientras crece en mi corazón
                                  como en las ruinas
el amarillo jaramago

La lectura de Un hombre no debe ser recordado de Juan Carlos Suñén  Vivo extramuros de Javier Díaz Gil, entre otros vino a mi memoria: pero sobre todo, no tengo muy claro todavía, vino Pe Cas Cor: Pedro Casariego Córdoba, con su Maquillaje (Letanía de pómulos y pánicos).

Y es que Antonio Blanco se dedicó a recoger la marchita hojarasca de la vida y convertirla mediante un discurso acertado en pura belleza: el amor, la muerte, la figura del héroe, del guerrero, del mago… Ese mundo huidizo del medievo, que podría ser otro, porque en fin, ¿dónde no resuenan los tambores de la guerra hoy, quién no azuza los lebreles del miedo contra el desarmado, cuál de nuestros representantes no esgrimen las banderas del odio en el ocaso?

Una lectura enriquecedora. Nueva. Antigua. En el poema Introducción:

Os narraré mi primer paseo por el silencio,
territorio del ser (allá se ofrece
una flor para los caballeros, hermosa
y semejante a los campanarios de las iglesias cristianas),
y brota como la historia de un imposible olvido
de la rima, aletargada tras sensacionales gestas.

Qué maravilla encontrar esos sustantivos tan concretamente adjetivados, pienso. Qué encabalgamientos. Qué arte poética. Además de lo que dice, por supuesto.

En fin, volveré a Antonio Blanco: realiza una poética fascinante, al menos para mí. La libertad y pureza con la que se expresa, sin concesiones a la vulgaridad (desde jovencísimo), creo que son dos de los pilares que podríamos tomar algunos (de los que estamos, de los que estuvieron, de los que estarán), para empezar la base del edifico artístico que nos gustaría habitar.

Lean, pues (leed, leed, malditos) a Antonio Blanco: no es fácil conseguir información en la red: esto es lo que encontré, buscando un poco. Y en un par de librerías de Madrid, tienen su libro.

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