Desesperación de Nabokov

De http://www.brainpickings.org

Nabokov es sorprendente.

 No es muy original el comienzo, me digo, pero cierto como una nevada barroca -una de las sensaciones que produce la lectura de este escritor, al menos a mí: diseminación-recolección, hielo, frío, Rusia, Alemania, pensamientos objetivamente calculadores…- sobre el rostro de los que estamos preocupados porque la literatura puede y debe ser el lenguaje utilizado para hacer pensar. No sé si al individuo o a la masa, a las clases sociales estas -ya sin acento- o aquellas -…-, si a jóvenes para introducirlos en algo o a mayores para reconvertirlos en alguien.

 Me dejo llevar por las narraciones de Nabokov, como su Desesperación: puede verse esta novela como un recurrente tema del doble. Pero es una novela de locos, o al menos de un loco: el protagonista. Aunque su mujer… bueno, y si hablamos del cuñado artista…

 Veamos: el doble, el tema del asesinato, la confesión, el orgullo del criminal, las descripciones ricas en detalles y reflexión “extrañada”. El doble es un tema fascinante, y por más que se diga de él o se escriba, nunca acaba como motivo de inspiración para los buenos narradores: todos hemos de tener a alguien como nosotros, aunque no sea tan parecido, sí lo suficiente como para desencadenar la aventura que Nabokov nos cuenta.

 El narrador cambia de punto de vista, reflexiona sobre la literatura y la confesión que todo diario y su degenerada forma adquiere, y nos muestra hallazgos divertidos, metaliterarios, sin abusar de la teoría, que conoce y demuestra fingiendo hacer hablar al personaje.

 El personaje principal es una “joyita”: poderoso egocéntrico, genio según su propia definición, práctico hasta decir basta y amante insensible a dolor de los demás. La displicencia exhibida por sus palabras nos lo alejan como las avispas cuando se acercan demasiado a la uva que nos vamos a introducir en la boca y a la vez, sus erróneos juicios -según la moral imperante- nos lo acercan como la fruta prohibida deseada por los volátiles alados ya muertos por el ataque.

 El ingenio de Nabokov y sus metáforas e imágenes travestidas de reflexiones en su relato:

“…que no soy yo quien lo escribe, sino mi memoria…”

“…maldita sea la fantasía que no vaya acompañada por el ingenio .”

 Al introducirnos en sus sortilegios literarios, el protagonista adquiere tinte de hermano de sangre: sangre que nos lleva a perdonar sus deslices, sangre que compartimos en sus divagaciones que más que perdernos, nos suavizan la dureza de lo contado y sí: compartido cono nosotros hasta sus últimas consecuencias.

 Decir que esta novela, como vemos, trata del tema del doble es quedarse muy corto, ser superficial: habla de las relaciones humanas y de la inteligencia derrochada por uno de los personajes -¿cuántos habrá?- nabokovianos -¿existe este adjetivo? ¿cómo sería para Gogol, Don DeLillo, Bolaño…?- memorables -ya sabemos en qué sentido que el maestro creó.

 Decir que el título de esta novela es acertado es poco: él, nosotros, el escritor que escribe sobre el escritor que escribe y el lector que lee lo que lee el lector del protagonista… Sí, francamente acabamos desesperados y fraudulentos nos sentimos al acompañar a un ser tan despreciable y repito, memorable.

 Los cuentos son magistrales. De Lolita ni hablamos. El hechicero es un raro preludio a la obsesión mayor, un plan primerizo que trama el dueño del mundo obsesivo, y nos regala en una historia envenenada. Tengo que leer más a Nabokov.

 Porque Nabokov es sorprendente.

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Desesperación de Nabokov