La saga del Sordo: Víctor Sosa o de cómo vencer a la nada que nos embarga mediante la literatura

Magnífica edición de la Editorial Praxis de México

Genes dormidos que germinan mundos…

Víctor Sosa

La saga del Sordo, Víctor Sosa, Editorial Praxis, 2006.

Impresionante, estremecedor, deslumbrante, ilusión y fe en la palabra escrita o recitada, sonido, color, divinidades, misterios, música pura, gozo total.

Todo es el libro La saga del Sordo de Víctor Sosa. Su lectura provoca ataques de ansiedad por conocer al protagonista, de felicidad por desconocer lo que no interesa pues la selección -a pesar de lo frondoso de su lenguaje- está realizada con mimo, con desproporción, con la alegría de ofrecer referentes múltiples a los lectores que quieran adentrarse en esta selva absoluta e imperdonable que causa estupor e indignación, envidia y un insufrible gozo ante la realidad vista de otro modo, la maravillosa vida y muerte y complejidades humanas, mostradas desde el exquisito punto de vista de -enviado por el que escribe- Sosa,

Los deslumbramientos ante algunas imágenes nos dejan mudos, solo capaces de seguir leyendo la riada de adjetivos, sustantivos y verbos coloridos, profundos, dramáticos, sensuales, americanos, españoles, quechuas, italianos, alemanes…

Todo es posible acercarlo a la escritura: desde el violento punzón del terror hasta la sexualidad más plena, con un vocabulario florido o de un nivel coloquial pues Sosa los domina: domina el arte de saber matizar el matiz, colorear de nuevo el brillante color que él mismo nos mostró. Desmonta los tópicos a fuerza de metáforas, de imágenes que ciegan al lector mientras se introduce mentalmente en otra nueva… ya digo, un prodigio que nos deja boquiabiertos.

El Sordo es el personaje que recorre -o se tumba, o hace el amor, o pelea o se metamorfosea en risa- nuestra visita a los mundo que propone Víctor Sosa, plagados de sentidos infinitos, aliteraciones, juegos de palabras, sonidos renqueantes, hermosas repeticiones y magistrales interconexiones que abarcan desde la prehistoria hasta hoy.

Aparece Japón, Pound, Góngora e Italia, Carroll y las amanitas muscarias, los mares y Dios: la mujer, el hombre y la naturaleza; las despedidas y los nacimientos, las filias y las fobias: las obsesiones, los delitos, la guerra, el orgasmo, el lenguaje y las malformaciones.

El amor, la tormenta cuyos rayos nos hacen vibrar de pasión.

El teatro japonés (Noh, kabuki), la poesía japonesa. Artaud, e teatro de la crueldad, Cravan, Borges y Vallejo y Darío (revival del cisne). Van Gogh. Van der Goes.

La India, Francia, el lodo y los animales. Predice Nagasakipanema y recuerda a los nazis; no olvida Tlatelolco ni la “conquista” ni a Cortés ni a los que arrasaron las esperanzas del ser humano.

La palabra es luz, fulgor, destello eterno. Dejo unas perlas:

“…será el cianuro de la sangre letal del homicida[…];

será el suspiro de Dios que empuja sin sombrero hacia el abismo la sombra del suicida”

“Coprófago por la gracia divina (y ni la difteria lo detiene) desde el cunilinguo de Marie (Mme. Curie) hasta el acné de las suaves azafatas (eso no se nota en la foto).”

“Ah, Mauritania, le dice, y le toca la mejilla con el pelo enguantado (cabritilla) del garfio (oxidado en Lepanto) que le rasura en un desliz hasta el terciopelo del pinzón. ELla maúlla. Élla le sorbe el madrigal con la ventosa interesando el ulcerado tejido de la hernia, la estalagmita de la histeria en arco, el géiser…”

“Tomen, aún vivo, un cisne y espúlguenlo primero hasta que pifie o piafe, fiel a la intravenosa narcolepsia suministrada en dosis genocida. Maltrátenlo hasta el asma en el infeccioso sarmiento de los óxidos, y si suda, sal y paulatina orina en las heridas.”

Víctor Sosa

La saga del Sordo: Víctor Sosa o de cómo vencer a la nada que nos embarga mediante la literatura

Lodos lotos de Víctor Sosa

Cubierta de lodos lotos

Víctor Sosa, lodos lotos: 40 poemas sobre dibujos de Francisco dos Santos, Lumme Editor, 2011.

Este es el tipo de trabajo conjunto en el que no se sabe cuál de los dos trabajos está más al límite si el de la línea o el del verso.

Poema de Sosa y dibujo de dos Santos
esas deshilvanadas líneas sobre la oscuridad…

Sosa consigue llegar a parte de nuestros enterrados miedos solo con el apoyo de los grandes -y preocupantes- dibujos de dos Santos.

contraste b/n
Contraste entre blanco y negro

Efraín Rodríguez Santana, al final de libro, nos da doce pistas para poder interpretar, leer o disfrutar aún más, la lectura de este bello poemario y cómo conjugan ambos artistas la obra del otro, integrándola plenamente en la composición de una obra artística con carácter y volumen: cuando leemos el poema de Sosa, página derecha-aliteraciones, Goya y Argos o David Lynch pululando por las páginas- teniendo el dibujo de turno a nuestra izquierda, nuestra mente está pendiente de las transformaciones que prevemos que pueden sufrir esas criaturas a través de la palabra, y por el rabillo del ojo, somos conscientes de que pueden moverse en el verso, de que Sosa imprime vida a las proteicas singularidades que pinta dos Santos, al igual que dos Santo sabía perfectamente quién iba a ser el nigromante poético que les insuflaría vida más allá de las dos dimensiones a sus obras..

En las palabras de Sosa hay juegos fónicos, cargas semánticas de profundidad, cine, mitología, preocupación por el hombre y por las criaturas que puede esculpir el trazo que pinta y redobla dos Santos.

...sucumbe a Saturno, lucha, ciego...
…(flamígeras pesadillas de Fuseli)…

La naturaleza íntima se rebela contra la externa y viceversa: los animales y las plantas, el hombre y el cosmos aparecen para ser engullidos en dos adjetivos, una línea, un blanco sobre negro.

IMG_20150224_082102
un cuerpo cubierto de manos como de ojos Argos…

Y, para casi terminar, con permiso de los autores, dejo una muestra de cómo se vería el poema 34, con mis anotaciones donde doy cuenta de los sonidos y las repeticiones de sílabas, del predominio de las vocales “a” y “u”: de cómo se transforma en RAta o RIsa, aRRugándose esa MUeca de MUñeca de VUdú, maléVOla

IMG_20150224_090751 IMG_20150224_090829

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 Porque para terminar quiero mostrar algo: en el poema 19, lean y si tienen dos minutos más de tiempo, relean paladeando estas sílabas y marcas que les dejo, para que terminen ustedes, oyéndose decir el destino que Sosa vislumbra en este animal: disfruten…

pulpo en su alta

estima de tentáculos:

ventoso Wang Wei a propulsión.

si el mero o la morena merodea

simula ser matón y agranda

sus azules tiroideos, pero no

asusta así al loto del estanque.

es, en el fondo, un tierno que lee a Ovidio,

un monstruo sin chancleta y con bombín,

un mimo invertebrado que remeda

con bracitos lampiños al león.

octopus –le susurran las sirenas

pero -sordo el molusco- ni se entera.

Lodos lotos de Víctor Sosa

Víctor Sosa, uno de los maestros de la lírica contemporánea

Causa respeto pensar en Víctor; incluso, a veces, me atemoriza no llamarlo “don” Víctor, aunque él supongo que decirle “Víctor Sosa” estará contento.

Víctor Sosa es uruguayo-mexicano y con todo el cariño, español. Es hijo -o padre- de su tiempo y su mundo, dueño de un universo propio al que deberíamos asomarnos todos más a menudo. Llamarlo poeta se queda corto. Humanista, quizá: maestro, escritor… todos esos títulos por los que luchan a menudo algunos que no pasarán, él ya los consiguió hace rato.

Bajó de un tren, en le otoño de 2011, y lo recogimos Fernando Soriano y yo en la estación de Granada. Aquella noche, sin que nosotros sospechásemos nada, marcaría un antes y un después con la poesía, con Hispanoamérica y nuestra forma de leer: ahí comenzaron los Encuentros Literarios.

Las prosas de Nagasakipanema (tomo la foto de mario-sketchbook-mario.blogspot.com). Las reflexiones sobre el arte. Su Saga del Sordo. Sus Lodos Lotos. Su mundo.

Yo pensaba en los textos de Pablo Acevedo, en las vanguardias que me faltaban por leer, en la sorpresa que provocaba aquel hombre de bufanda a cuello, barbado, alto, delgado, de penetrante mirada y sonrisa amable.

Paseamos por el Albaycín y tomamos unas tapas en una plaza. Víctor era accesible, un conversador especial, un culto lector. Venía de la Tertulia Rascamán, de estar con Javier Díaz Gil y María Juristo y Rocío Díaz Gómez, y María Antonia Copado, entre tantos otros.

Estos recuerdos están dedicados a todos ellos, por supuesto.

Presentamos a Víctor con la in-consciencia de tener entre nosotros a alguien especial, cuya prosa poética fluía a raudales, con un acento limpio y característico, con un barroquismo surrealista o viceversa, con un alto estilo poético de la prosa o viceversa, en intervenciones respetuosas con la tradición y aprovechando la palabra como si fuera el último reducto del ser humano, lo que nos salvaría a todos del Apocalipsis que pronto sobrevendrá si nos seguimos comportando como lo hacemos.

Aquí conoció a Jesús Santana, Enrique Vercher y José Ortega Torres, por ejemplo.

Aquel 19 de octubre de 2011, Soriano y yo, tuvimos el privilegio de presentar un libro, una obra, a una persona, que está todavía -y o que queda- muy presente en nuestras vidas.

Hoy es premio Sabines, por ejemplo, por Gladis Monogatari del que el jurado dijo: “Delirante compendio de realidades y voces, un ejemplo gozoso de la libertad poética que sólo el rigor otorga. De Voluntad ecuménica, incorpora temas y retóricas aparentemente irreconciliables que, por un logrado efecto de oposición, le descubre a los lectores la verdadera naturaleza del poema”; mantiene Zona uno; escribe si cesar y denuncia las injusticias que se producen en México.

Aquella noche me permitió comenzar algo con Fernando Soriano (parecido a lo que tantos años ha, realicé junto a otro gran amigo, el dramaturgo y poeta Antonio César Morón, que a finales de los 90, en el Rara Avis, se animó a homenajear -conmigo a su vera- a poetas como Egea, Juan J. León, Enrique Morón, Fernando de Villena, Lupiáñez y otros).

Lo que realizamos Fernando y yo, lo seguimos manteniendo, sin actos ya, pero con la amistad encendida: gracias a Soriano por aguantarme a su lado en este camino de lírica trasnochada.

Víctor Sosa prendió la mecha y la explosión se siente a través de los años. Soriano no deja de leerlo; yo no dejo de repasarlo: no dejamos de buscar sus libros en la red.

Así que ¡salud y poesía, maestro!

Y un abrazo fuerte.

                                                                       VII

Goya mirando majas ve caprichos
y ve desastres, guerras y destierro
en ilustrados monstruos razonables.
sonsaca el pus del mármol de Minerva
amasándolo en manicomio, en aquelarre.
ni duquesa ni alba en su negrura
lo salva de ese instinto de la especie
saturnal y antropófaga: santo hospicio
de España. ve un perro semihundido
sin un dios que le ladre y averno ve
y cuchillos -con Buñuel— en el aire.
¡qué mundo tan goyesco y descendientes!
viéndolo bien Quevedo nos lo advierte:
“fantásticas escorias eminentes”.

                                                  De Lodos lotos
Víctor Sosa, uno de los maestros de la lírica contemporánea