FrICCIONES, Pablo Martín Sánchez, en E.D.A.: literatura, juego, diversión.

Pablo Martín Sánchez, FrICCIONES, Benalmádena, E.D.A libros, 2011

No es la primera vez que comento algo de E.D.A. libros, ya que tienen libros interesantes y propuestas como la que traigo hoy y que tenía muchas ganas de leer.

Pablo Martín Sánchez —‘El anarquista que se llamaba como yo’, por ejemplo— es un escritor preocupado por la forma que le da a sus textos y por cómo esta puede hacer que nos lleguen a quienes lo leemos. Hasta aquí, parecería que hay gente que se dedica a escribir a la que no le importa la forma: muy bien, hemos llegado a la misma conclusión. No es este el caso, decía, porque el lenguaje le sirve al autor para, desde el mismo título, crear sensaciones: sé que es amante de palabras y significados y juegos y variaciones y permutaciones -digno miembro de OuLiPo- así que empezaremos haciendo algo que creo intentó él mismo: la palabra FrICCIONES atenta contra la unilateralidad de significado. Restregar, rozar (se) dos cuerpos: mucha fricción provoca calor y ahí lo dejo. Pero ¿y el cálido roce de la inventio, la dispositio y la elocutio? La ficción, el relato, la historia, el placer de contar, una vez pensado un argumento y derivar hacia la lengua y la literatura todo el interés probable. De esos roces, ya se encarga Martín Sánchez -al igual que de la calidez, lo sensual que acecha en el libro en espera de que lo hallemos y lo hagamos nuestro- en la estructura del libro, dividido en tres partes, quizá de menor a mayor intensidad: me refiero a los términos, no a calidad o importancia de lo tratado, porque en esto, nos ha salido exquisito don Pablo: cuida hasta el último detalle, sin pedantería ni aspavientos, el lenguaje, sus múltiples funciones y las tramas y finales de los cuentos.

27 piezas, si no me fallan las cuentas, entre Roces, Caricias y Abrazos. Es una relación de amor la que intenta entablar el autor mediante la vía de la literatura hacia quien lo está leyendo, y viceversa: nos entrega amorosamente el lenguaje -pulcro, literario, listo para fascinar- para arroparnos hasta que el libro concluye. Así, consigue un libro digno, entretenido, inverosímil, divertidísimo en ciertos momentos absolutamente desquiciados y muy literario.

Para empezar con lo irónico cita a Monterroso, como prologuista, con un texto de este escritor como es La letra e. Algo sobre la unidad, y su imposición en la obra de arte. Por si todo lo anterior que escribí no sirviera para nada, empezamos la reseña de nuevo.

Tras Monterroso -¿dijimos que prologa el libro hablando de la unidad que ciertos elementos de ficción han de poseer para realizar una tarea mayor como (dice Monterroso) si la vida fuera de tal manera y no nos sorprendiéramos de lo deslavazado que es todo?- comienza la juerga literaria, el festival de palabras, tramas, personajes y finales.

No destripo por costumbre, no lo voy a hacer ahora: nombraré solo algunas de las maravillas que logra Pablo Martín Sánchez para encandilarnos mediante FrICCIONES cada vez más certeras, porque en esto hay gradación, y la técnica aparece para conseguir que nos impresionemos del placer literario que sentimos.

Casi todo lo peor que le pueda pasar a alguien aparece en la primera parte, temáticamente hablando: los recursos son diversos y el autor no deja que decaiga en ningún momento la acción y los conflictos a lo que someten: la soledad y Borges, hasta dónde podemos llevar un texto en su interpretación, la infancia y sus momentos, la memoria y sus lagunas queridas o la composición de un beso integran esta parte. Hay mucho más, pero hay que leerlo y descubrirlo: los engranajes están perfectamente engrasados y unos ayudan a girar a otros, una delicia descubrir recovecos que ha ido abriendo el escritor por los que nos podemos asomar para ver al protagonista sonriendo extrañado que no corresponde en ese cuento mientras que respira en su pieza de manera normal. Uno de los recursos que más me fascinan, la historia dentro de otra historia, dentro de otra…, el de la mise en abyme, aparece en De sueños y versos, y por favor, retengamos versos, retengamos sueños. Por eso son Roces, a veces duelen, a veces cicatrizan.

En Caricias, aparece una ironía tremenda, un buen humor que nos invade como suponemos que poseyó al autor: los nombres, las metamorfosis, los hechos que padecen personajes y ambientes surgen en una bacanal literaria: Vila-Matas, la composición de la obra literaria, rodrigo Fresán asoma el ojo, Carpentier el nacimiento y las citas, la metaliteratura y los apoyos, verdaderos o ficticios, recordados o nuevos, dejan paso a la teoría de cómo ha de escribirse un relato. O no. Al final de alguna pieza, pensé muerto de risa: qué poca vergüenza, qué humor qué derroche de simpatía como una corriente común que compartimos, mediante palabras y frases, tramas y soluciones magistrales, quien escribe y quien lee: esto, como antes, retengámoslo también. El tiempo y erotismo cobran protagonismo: del roce a la caricia hay unas páginas.

Los Abrazos son la constatación de la buena intencionalidad del autor: armar un pequeño puzle literario-lingüístico para que nos lo pasemos muy bien desarmándolo y volviéndolo a armar en nuestra (s) lectura (s): por ejemplo, en Faustine, la fabulación es bilateral y va desde el narrador a la narrataria, que se convierte en narradora para hacer narratario al narrador. Más metamorfosis, más juego, más literatura. Encontramos cuentistas de lo que otros contaron, revistas literarias, humorismo, el lenguaje diverso y sus usos, y la pieza Accidente, que hay que leerla, releerla y ponerle un piso en el Parnaso.

El volumen concluye con Entropía, -el tiempo de nuevo, o siempre- otra pieza para enmarcar.

Todo lo escrito se resume, y mejor, en la ilustración de cubierta de Chema Lumbreras: un conejo escuálido vestido como un runner atraviesa un espejo que a la vez es un reloj, que ha sido de-fragmentado de una pared donde hay un agujero negro, y a sus pies un cubo de Rubik. El conejo introduciéndose, acción pura, y debajo, o detrás o ahí, el hueco de una pieza de puzle.

Eso es la literatura. Al menos esa es la que escribe Pablo Martín Sánchez. Y ahora, leo por ahí con alegría, que los franceses dicen que oui, monsieur Martín: c’est la grande littérature!

FrICCIONES, Pablo Martín Sánchez, en E.D.A.: literatura, juego, diversión.

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