Entrevista a Patricia Esteban Erlés (A propósito de ‘Fondo de armario’, Editorial Contraseña).

Patricia Esteban Erlés, foto de Josián Pastor

Patricia Esteban Erlés nace en Zaragoza en 1972, es profesora y escritora: ha tocado el cuento, el microrrelato y la novela y en los tres géneros ha conocido las mieles del triunfo. Su última obra, una apuesta de Editorial COntraseña, se titula ‘Fondo de armario’, lleva una pedazo de ilustración de cubierta de Elisa Arguilé y es un hermoso libro donde se recogen algunas de las columnas que publica en el Heraldo de Aragón, donde como veremos, habla de todo lo que le gusta, detesta, apasiona o sorprende: feminismo, educación, literatura, defensa de los animales, violación de los derechos humanos, arte, música, cine… parece que nada escapa al interés de una mujer preocupada por lo que le rodea, consciente de la situación actual y el mundo en el que vivimos y con muchísimas ganas de transmitirle a su alumnado recursos y herramientas para pensar por sí mismo y defenderse ante el mundo que llega.

-Querida Patricia: vaya ‘Fondo de armario’ que tienes: no hay mejor presentación que la contraportada de tu libro, en la que escribes que ciertos ropajes, estilos, tonos y armas se repiten.

Muchas gracias, Juan. Es un texto el de la contraportada que define lo que puede encontrarse dentro del libro antes de abrir el armario que en realidad es. Se me ha dado la posibilidad desde Contraseña de elegir las prendas que quería mostrar a modo casi de manifiesto personal. Lo que pienso, lo que siento, lo que percibo al mirar a mi alrededor. Hay “ropa” que me define como ser social, como individua que vive en un determinado tiempo y en ocasiones se rebela contra lo que ocurre o aplaude a determinados héroes de lo cotidiano porque muestran justamente la actitud vital que más admiro: la rebeldía justificada. También prendas más personales, que tienen que ver con mis gustos, mi admiración hacia determinados hombres y mujeres que han ido conformando una mitología íntima para mí. Me alegra que te guste.

-El Heraldo de Aragón es el medio en el que escribes. Las personas que lo leen: estarán contentas contigo, ¿no?

Habrá de todo, imagino, creo que los lectores y lectoras de periódicos  vamos encontrando en ellos aquellas voces que sentimos próximas. La columna de opinión es un espacio que te permite mostrarte en una versión exprés de ti misma, son muy poquitos caracteres pero procuro que cada texto sea significativo, que me represente. Me pasa con frecuencia que en charlas o en las ferias del libro se acerquen personas a las que no conozco para saludarme y hacerme saber que me leen cada semana. Esa fidelidad es conmovedora y reconfortante, porque realmente quien escribe no sabe nunca si hay alguien al otro lado hasta que ese público lector te comenta que está ahí, que a veces recorta una columna para uso y disfrute propio o, en el caso de colegas profesores, la llevan a clase y la comentan con sus estudiantes. Siempre defiendo que la literatura es diálogo. Cuando conversas de esta forma con tus lectores y lectoras, si tu voz llega aún más lejos gracias a que difunden el racimo de palabras que cabe en ese espacio quincenal del que dispongo en Heraldo, me siento plenamente satisfecha.

-Editorial Contraseña ha creado una belleza de libro con ilustración de portada de Elisa Arguilé. Cuenta lo que quieras de esa híbrida y maravillosa criatura cérvida con tacones.

Así es. Elisa Arguilé es una talentosa creadora aragonesa que en cada una de sus obras es capaz de crear una red de sentido a partir de una ilustración. Es habitual en las cubiertas de Contraseña encontrar su trabajo, que siempre encierra un pequeño enigma, una clave que debes desentrañar. En el caso de mi gacela, Elisa reflejó claramente la importancia que tiene en el interior del libro la figura del frágil, del personaje vulnerable, de aquel o aquella que puede convertirse en víctima, en “presa” de predadores varios. Esa gacela que mira al frente es cualquier indefenso, cualquier mujer, niño o niña, cualquier animal maltratado en este país supuestamente desarrollado pero que todavía no ha encontrado, o no ha aceptado que necesita, mecanismos para controlar y penalizar la violencia que se ejerce sobre colectivos que aún, y es lamentable decirlo, necesitan protección. Pero creo que además esa pequeña gacela mira desde la confianza y la resistencia, mira plantado cara a quienes se acercan al  libro, casi como en una toma de postura, casi interrogándoles. “¿Qué vas a hacer ante esto, cómo vas a actuar ante lo que se te cuenta en estas páginas?”, me da la sensación que pregunta. Me gustaría mucho que cada persona que lee Fondo de armario fuera capaz de responder de alguna forma a esta gacela preguntona. Por otro lado, esa naturaleza híbrida, esa apariencia a medio camino entre el animal y la mujer puede explicarse también. La falda estrecha, los tacones altos, son los impedimentos que no dejan a cualquiera de esas víctimas sociales echar a correr, librarse de sus verdugos, escapar ilesa. Es una obligación moral de todos y todas, creo, facilitar instrumentos de defensa a quienes los necesitan tanto, en lugar de ponerles trabas. 

Como comentábamos hay temas que te preocupan y eres capaz de inflamar dulcemente tu voz en algunos pero en otros no: ¿cuál es el límite de la columnista?

Supongo que en ocasiones me puede la pasión del momento, la cercanía de una noticia, su impacto emocional, lo que me lleva a escribir como desahogo. Entonces la columna es alguien que me escucha y al que le puedo contar mi rabia, mi tristeza, el dolor que causa el abuso del indefenso, el asco que me produce la injusticia tolerada, normalizada por la sociedad, compuesta por ciudadanos respetables y no azotados por esas situaciones, que, me incluyo, tantas veces nos limitamos a encogernos de hombros. Otras veces he descubierto que el mejor tono para escribir es una aparente frialdad, la distancia que te permite mirar y contar sin que se interpongan filtros. De alguna forma cuando redacto una columna entran en juego diferentes parámetros, el tema, el tono, yo misma, que se van combinando y dan diferentes resultados.

-Imaginabas mundos, infancias, amores y adolescencias: ¿tenías fe en tu escritura al empezar a publicar? ¿Hay actos de fe en esto de escribir, es trabajo, inspiración…?

Tenía unas interminables ganas de contar. Mi afición favorita siempre ha sido que me cuenten y contar. No hay nada más placentero para mí que sentarme y dejar que la escritura fluya hacia alguna parte que casi siempre desconoces. Y desde luego cuando alguien me relata una gran historia, un cuento acerca de su vida, una anécdota que quizás le parece trivial, siempre ando a la caza de detalles, de personajes, de tramas. Más que fe yo lo llamaría una circunstancia necesaria, algo sin lo que mi vida sería desde luego mucho más aburrida.  Publicar es un escalón que subes después, cuando querías escribir y has escrito. Nunca me lo he planteado como objetivo central, es algo que se dio, que ha sucedido y que me ayuda a seguir, porque el diálogo que entiendo es la literatura se completa cuando encuentras a un lector al otro lado de tu libro. Sin el trabajo previo, sin la angustia, el bloqueo, la historia que se te despista o se esconde, sin la ilusión, la fiebre que te invade cuando sabes que ya la tienes, que es tuya, escribir sería menos divertido, menos apasionante, menos adictivo. Pero es necesaria también esa revelación que ocurre a veces, ese leer una palabra o ver a un desconocido en un café haciendo un gesto, mantener una conversación telefónica, que hace que sepas que ahí está alguien que merece ser contado. Y junto a todo ello, la suerte, la dosis exacta de fortuna o azar que hace que a un libro le vaya bien en ese camino que empieza cuando tú entregas las pruebas corregidas al editor y te separas de él. 

-Las mujeres siempre, las niñas, las actrices, las escritoras, las protagonistas femeninas.

Sí, pero si supieras que ni siquiera hay una voluntad consciente de hablar de ellas en exclusiva. Me ocurre que desde hace años leo, sin habérmelo planteado como tarea, a muchas más autoras que autores. Y que seguramente en sus universos encuentro puntos en común, lugares interesantes que analizo mientras disfruto de la lectura. Por otro lado, me salen al paso infinidad de casos reales protagonizados por mujeres que viven situaciones extremas, que mueren a manos de un agresor, o que mueren metafóricamente como creadoras porque no se les da el prestigio, la zona iluminada que merecerían. De esta forma lo no intencionado y la repulsa, la tendencia natural que me lleva a hablar de ellas, junto con la protesta hacia cualquier violencia ejercida sobre la mujer simplemente por serlo, es lo que hace que predomine como asunto nuclear de mis columnas, pero también de mi novela o mis cuentos.

-Una de las maravillas que cualquiera puede encontrar en los textos son el par principio-final: abres y cierras como una auténtica maestra del interés, la curiosidad y el informar. ¿Quiénes son tus referentes en estas enormes reflexiones breves?

Quizás ese interés por el principio y el final eficaces  tenga que ver con mi filiación al microcuento, que es un género que no puede permitirse desperdiciar ni una conjunción. El efecto que produce el inicio y la conclusión en una historia que avanza contra el tiempo y el espacio es parecido al que busca producir cada una de mis columnas. Una frase de arranque que haga que el lector decida quedarse contigo las líneas que siguen. Un final de viaje que le  lleve a pensar que valió la pena. Yo dispongo de 1750 caracteres y ahí debe estar contenido todo lo que quiero contar. Podría decirte que hay muchos autores de microrrelatos que parecen partir del mismo angustioso límite, por lo brillante que es su capacidad de síntesis que no tiene nada que ver con la simplicidad, sino con la sugerencia, con la sustancia narrativa oculta, con el misterio de la elipsis que el lector es el encargado de resolver. Cuando lees un texto hiperbreve hay muchas palabras que no se han dicho y sin embargo están. Cuando acabo una columna quiero pensar que dejo al lector completando el sentido por su cuenta. En ese sentido, me valdría cualquiera de los grandes nombres del género, como Arreola por ejemplo, para responder a tu pregunta acerca de referentes. Ya en el medio propiamente periodístico podría nombrarte a autoras muy interesantes, como Leila Guerriero, que en sus crónicas hibrida muy bien la autobiografía con la actualidad, contando historias muy breves que tiran de ti desde el título, o en Aragón Cristina Grande, una gran autora de relato que usa la sutileza, el final abierto, como reclamo, e Irene Vallejo, que mezcla pasado y presente en unos textos adictivos en los que un ejemplo del mundo clásico sirve para establecer un paralelismo con algún asunto contemporáneo. Ambas son columnistas en Heraldo y unas maestras en el arte de agarrarte de las solapas y arrastrarte al interior de sus textos.

-Hay una posición clara respecto a la belleza impostada. Tu énfasis es terrible en pos de la naturalidad, el envejecimiento sin operaciones recauchutadas… ¿hay alguna manera de contar una vejez digna?

Deberíamos encontrarla si no partiéramos de la idea de que lo mejor de la vida ha pasado y de que en la última etapa no puede darse una evolución, no hay proyectos, emociones, vida que merece la pena disfrutar. El problema parte de ese culto a la juventud como época gloriosa, de esa simplificación del valor de alguien por su aspecto físico, la tersura de la piel o la belleza de un cuerpo. Pareciera que nada memorable ni enriquecedor puede ocurrir cuando ese periodo acaba y el mundo del espectáculo es un ejemplo claro que yo trato en mis columnas, muy gráfico, pero no el único. Resulta difícil en el caso de la mujer conseguir un papel protagonista a una determinada edad. Da la sensación de que las actrices estén condenadas a desaparecer del mapa cuando envejecen, de que la vida de una mujer madura o directamente anciana no puede resultar de interés. Y eso lleva, en el cine pero también fuera de él, a intentar que la juventud sea más larga, que la vejez no llegue nunca a golpe de bisturí. Admiro la belleza de las arrugas que no ocultó Audrey Hepburn, por ejemplo, su dignidad al afrontar el paso del tiempo. Continuó siendo hermosa y atesoraba toda una vida de experiencia, pero ellas, en general,  lo tienen más difícil que sus compañeros, que siguen encontrando su hueco en los repartos, papeles interesantes, como los que protagonizó Paul Newman en la recta final de su vida. El hombre técnicamente más guapo del mundo del cine pudo despedirse de su profesión como un actor formidable. Ninguna edad de la vida del ser humano es poco interesante, nos concierne el paso del tiempo como tema, como asunto filosófico y artístico. No tiene sentido hacer como que no ocurre, como que no envejecemos del mismo modo que una vez crecimos y otra maduramos. Ese veto a la vejez se proyecta a la vida de las mujeres en todos los ámbitos y no debería suceder.

M.M es un texto sobre una fascinante mujer como fue Marilyn Monroe que también fascina a Esteban Erlés. Casualidad que otra mujer sobre la que escribe y a quien admira muchísimo sea María Moliner, cuyas iniciales son las mismas que las de la actriz.

-Te lo preguntaba porque para tratar cualquier tema, recurres a la palabra y sus recovecos, su enseñanza como profesora, su práctica como ficción ya que eres cuentista, y hasta llegar a este libro en que la usas para opinar y posicionarte en ciertas latitudes, crees que es la mejor de las armas que poseemos como animales racionales.

Sin dudarlo. La palabra es el arma más eficaz con la que contamos, para ordenar nuestro mundo interior, para expresarlo, para protestar, para reivindicar, para gustar, para atacar, para ser. Siempre les digo a mis alumnos y mis alumnas que pensamos con palabras, que las necesitan para muchos más cometidos de los que creen, que deben aprender a valerse de ellas para defenderse, para matizar, para negar o afirmar, para argumentar. Cada acto de nuestra vida es puro verbo. No tenemos por qué desperdiciar o infravalorar ese tesoro que es el lenguaje.

-La defensa de los animales que no hablan como nosotros pero se comunican. Algo que se nota al leer tu libro: ¿somos conscientes de lo que puede aportar un perro, un gato respecto al daño que se le hace a un caballo porque no gana una carrera?

Creo que los animales son nuestros compañeros de vida. Se les trata muchas veces como objetos, como instrumentos y eso me cuesta soportarlo. Yo los veo como secundarios de lujo, como vidas que acompañan las nuestras. No confiaría nunca en alguien que maltrata a un animal porque esa vileza revela un fondo siniestro, una crueldad gratuita, extensiva a otros seres. Querría en especial que en nuestro país se empezara a tomar en serio que la cobardía y la maldad del maltrato animal merece penas estrictas y todo un proceso de reeducación en el respeto. Mi galgo aún tiembla de miedo en la calle, cuando ve a un hombre con algo en la mano. Ese terror se lo ha producido alguien porque sí, porque seguramente no es capaz de sentir algo al mirar a los ojos a un perro, porque necesitará tal vez sentir que en algún lugar, con alguien, es el amo de la situación. Me parece intolerable, miserable, que se mire a otro lado, que no se detecte la gravedad del problema que padecemos en España, lo atrasados que estamos en algo tan elemental como el respeto a cualquier criatura. Me avergüenza que se llame espectáculo a una matanza lenta y perversa de un becerro, que se llame tradición a las corridas de toros o a la matanza de cerdos. Me aterra el nivel de perversidad, la ingeniería del mal que se aplica en mataderos, en granjas. Y hay pocas cosas tan espantosas como el final que espera a miles de galgos al final de la temporada de caza.

-Querría saber tu opinión sobre las redes sociales. ¿Cómo llevas lo de que cualquiera pueda hablar sobre cualquier tema? ¿Es democracia, tiranía o el bienestar que pretenden desmontar unos sectores, tan defendido por otros?

Creo que internet ha concedido un terreno de libertad inaudita que muchas veces se utiliza mal, para dañar, para atormentar, para abusar de otros. El insulto, la difusión de imágenes privadas, los bulos… Hay todo un repertorio de conductas inaceptables que devienen de esa falta de límites, de la facilidad con la que accedemos a un mundo dentro de nuestro mundo, muy poderoso, útil tantas veces y productivo si se suman fuerzas. Pero este poder  infinito tiene la contraprestación de una impunidad también infinita.

Una de las columnas más tremendas escritas por la autora donde narra la historia de un caballo que no llegó
primero a la meta.

-¿Qué te sugieren plataformas como youtube, liveleaks…?

Apenas las conozco, la verdad, la primera en todo caso para escuchar música de fondo mientras trabajo. No soy adicta a ningún youtuber ni consigue interesarme demasiado. Observo con curiosidad los efectos que despiertan en las nuevas generaciones, quizás porque logran empatizar con esa necesidad de ser visto, fotografiado, a tiempo real. Casi todo el mundo parece tener algo fundamental que decir, que enseñar, que compartir, con una cámara delante. Creo que muchas veces eso convierte la información en trivial, se le concede un espacio insólito a actos banales de la vida, a rituales cotidianos. No soy lo suficientemente “voyeur” para hacerme adepta de ese nuevo canal de comunicación que casi entiendo más como mera exhibición, la mayoría de las veces.

-Es importante, porque escribes sobre algunos medios, como si te fuera la vida en ello, por lo que dicen y sobre todo, por cómo lo dicen. ¿Seguimos pensando que lo que se cuenta es más importante que cómo se cuenta?

Creo que los medios están pervirtiendo en muchas ocasiones su función. Hay intereses que hacen que la información sea un instrumento de poder y que se “photosopee” a voluntad lo que se cuenta y cómo se cuenta. Esto deja al espectador, al lector, al usuario de internet, en una indefensión e incertidumbre absoluta. Muchas veces no sabemos cuál es la verdad, o qué parte de ella se muestra o se oculta. Ya en un plano lingüístico, el maltrato que sufre la palabra en beneficio de esta dictadura de la imagen como explicación autosuficiente me parece preocupante. Titulares ambiguos, faltas ortográficas sangrantes, inexactitudes… Todo vale con tal de ser el primero que lanza la bomba informativa.

-Metámonos en honduras si no lo estamos ya: ¿feminazis, feministas o “yo no soy ni feminista ni machista” como alguien de la clase política quiere darnos a entender?

Soy feminista porque creo que no se puede dejar de serlo en un mundo donde cada derecho, cada libertad, no se da por supuesta, sino que ha habido que  conquistarla (y así seguirá siendo, me temo), enfrentándose a una oposición frontal por parte de un sistema que se ha basado en el desequilibrio entre los sexos para monopolizar el poder. Cada vez que hablo con una amiga, con una compañera, acerca de episodios en los que hemos sufrido el  machismo de alguna manera me doy cuenta de hasta qué punto es algo general, algo que nos ha afectado en asuntos tan simples como los juegos infantiles, la ropa que usamos, las palabras que empleamos y las que nos son vedadas, las conductas que mantenemos con miembros del sexo opuesto, la concepción del amor, la maternidad, el trabajo… Y podría seguir. Vivimos en un mundo en el que se nos concedió un lugar secundario cuando somos tan primordiales, tan protagonistas, como el varón. Y no debemos permitir que se nos haga creer lo contrario.

-Hay una lucha desde tus escritos por enseñar sin dogmatismos: expones casos de violaciones, abusos y maltratos. ¿Cómo es que no se impone la lógica de una vez en ciertos temas? En el 8M uno de los lemas era “El patriarcado me da patriarcadas”. ¿Cómo no ponerse de acuerdo en algo básico como es la violencia machista? Hablo de partidos políticos, claro.

Creo que todos y todas hemos recibido una educación patriarcal de la que cuesta librarse. O de la que no interesa librarse, porque de esta forma se hace perpetuo un modo de entender las relaciones humanas basado en el poder de unos sobre otras. Y hay partidos que presumen de su visión tradicional, que rechazan frontalmente que existe un problema llamado violencia de género, así, con toda su desvergüenza del mundo.

-No puedo terminar esta sarta de preguntas que tan amablemente contestas sin decir que las metáforas, las imágenes y los símiles, acompañan las descripciones y las situaciones que comentas: ¿es la literatura el camino, o al menos tu camino para defender, atacar o compartir?

La literatura es una de las grandes felicidades de mi vida. Creo que es primordial entender que contar la realidad no tiene por qué implicar descuido en la forma, ni un desdén de la belleza formal. A mí me atrapa el ropaje en que está envuelta una historia, su textura verbal, igual que el propio fondo, que el asunto del que habla. Defiendo que eso se puede hacer en periodismo, ofrecer un contenido usando una metáfora, cuidando los adjetivos, la tensión de la prosa, haciendo que suene bien incluso un mensaje meramente informativo. Sin perder de vista la claridad, la necesidad de que se entienda, pero sin caer en la simpleza o la incorrección.

-‘Silencio de mujer’ es la hermosa pieza narrativa que abre el libro: con tu permiso recomiendo emocionado ‘Nagore’, ‘Bowie’, ‘Casa de muñecas’ y ‘Follarse a alguien’. Sin olvidar ‘La dama de los monstruos’ en la que hablas de Diane Arbus. Como ves, esto no ha terminado: ¿qué textos son los que más te han elogiado y cuáles son tus preferidos –si es que puedes elegir entre tantas criaturitas?

A mí me gusta mucho M.M, la semblanza que escribí sobre uno de mis mitos más queridos, Marilyn Monroe. Me gusta el repaso a datos de su vida que siempre me han estremecido y que reflejan que nunca dejó de ser una criatura desvalida, una niña de orfanato a la que nadie se llevaba a casa, una joven despampanante en un mundo en el que se obvió su inteligencia, su sensibilidad y talento, una mujer deseada pero nunca amada del todo que murió sola, aferrada a un teléfono. Capote, uno de mis escritores favoritos, escribió un cuento sobre ella con una ternura casi paradójica en un mal bicho como él que me sirvió de modelo. Hay otras muchas columnas que me gustan, como la dedicada a María Moliner, que demostró cómo una mujer es capaz hasta de construir un diccionario ella solita, sentada en su jardín, con toda la paciencia y la ambición de saber del mundo. Me gustan aquellas en las que denuncio el silencio como arma mortífera que nos ha anulado durante siglos, que ha opacado nuestra sensibilidad, nuestra capacidad de trabajo, nuestras inquietudes, nuestra creación. Esas me parecen, sin duda, las más necesarias.

“Las palabras casi siempre cuentan una historia…” frase inicial de la autora
para la contraportada.

-Homenajeas a mujeres capaces, criaturas hermosas y elegantes damas del celuloide; nombras atroces actos cometidos contra vosotras y matizas frustraciones de algunas por los sometimientos de la época y el poder masculino que les tocó vivir. Le pegas duro a los violadores, a la ignominia de no aprender o al desprecio de la cultura y la lectura, criticas a los maltratadores de animales y no dejas de acordarte de Mary Shelley, los monstruos, lo horripilante, la belleza, la literatura como discurso sutil de la memoria para no repetir ciertas abominaciones…  ¿qué es lo que no le interesa a Patricia Esteban Erlés?

Pienso que casi todo puede interesarme, hacer que surjan preguntas, búsqueda de respuestas. Cuando un tema tiene que ver con el ser humano siempre encuentro un aspecto que me parece atractivo, sugerente. Todo lo bueno y lo malo, la suma de luz y sombras que somos me atrae. Prefiero creer que somos más luminosos que oscuros, pero en el mal, en la perversidad, encuentro un ingrediente que nos define, que es parte de nosotros mismos. Que es necesario admitir hasta para combatirlo. Podría decirte que no me interesa el fútbol, pero si pienso en un partido contado por Valdano, que casi convertía en literatura la retransmisión de una jugada,  eso ya no sería cierto. Si me planteo la pregunta de qué tiene ese juego para resultar tan trascendente me encuentro sin más interesada en ello, en su potencia colectiva, en su parecido con la guerra, en su capacidad para calmar dolores o preocupaciones y convertirse en el centro de la vida de mucha gente. Así que cualquier día me ves hablando de un mundial.

-Disculpa si ha sido más larga esta entrevista de lo normal: muchos son tus intereses y aprovechando que has sido tan amable, quería compartir con quien lea esto, las curiosidades que surgen de mi lectura. Gracias eternas.

-Gracias a ti, siempre, por tu lectura tan detallada y las preguntas que me han hecho pensar tanto en el porqué de algunas cosas.

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Entrevista a Patricia Esteban Erlés (A propósito de ‘Fondo de armario’, Editorial Contraseña).

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