David Pérez Vega, again: El bar de Lee I: Móstoles.

David Pérez Vega, El bar de Lee, Ediciones de Baile del Sol, 2013

Hace poco hablábamos como si yo fuera alguien sobre poesía, poéticas y trabajo literario. Cada vez me fío menos de mí, de mis lecturas -no de los libros, sino de mi capacidad lectora- y de que esto, la literatura, los libros, todo lo que rodea al mundillo literario, que se sabe a sí mismo extraliteratura, sirva para algo más que opinar, hablar y blablablá.

Leer a Pérez Vega, su poesía, sus versos, impone mucho si quien prologa es Alejandro Céspedes, poeta curtido, reconocido y que escribe los límites de la escritura propios y ajenos. Así que pienso, adentrémonos en algunos textos, a ver qué sucede, si me conmueven o reconozco algo del mundo propuesto por este escritor.

Como la muerte acecha, seré breve: El bar de Lee -que incluye el verbo de la lectura, ja- se compone de un par de libros: el primero se titula ”Móstoles era una fiesta” de 1998 y “El calvo del Sonora” de 2008. Me centro en el primero.

“Móstoles…” dedica a la infancia el primer poema, y de la belleza del recuerdo, Pérez Vega consigue trasladarnos sin temor a nuestro pasado, repleto de llamadas a juegos y ese moroso tiempo en el que la patria chica era nuestra existencia. Me gusta la frase aquella de Panero, esa de que en la infancia se vive y después se sobrevive. Crecer, a largo plazo -si tenemos suerte- es morir. Podría ir poema por poema, pero no es el objetivo: lo que sí hay que leer son las asociaciones que realiza el poeta, los recuerdos clásicos -procedimentales y métricos- que impone el oído y la vista, la capacidad de matizar el apagón vital de una muerte.

El alcohol, la literatura y el deseo representan tres elementos que persisten en los textos, a veces helados témpanos que trastocan la realidad cuando el yo lírico pretende describir la melancolía y en otros momentos candentes pasos de un joven de su tiempo -1998-, cuando la poesía de la experiencia para algunos eran otros y para mí, Javier Egea, pero qué poesía no es de la experiencia, recitaban los mayores como Pepe Ortega, Enrique Morón, Juan J. León, José Lupiáñez y o, aterido de frío y calimocho hartaba de voces la madrugada embriagado de yoísmo y derivados de ficciones y estúpidos y ajenos premios y 20 años. Y Lorca y Hernández, y JL Panero, y pensar que Bukowski terminaba con esos poemas que ya estaban hechos y sí: Góngora era el dios de cíclopes que tanto nos influirían al final a unos cuantos.

Existe la noche, y la calle vibrante; la voluntad literaria de descripciones, enumeraciones necesarias y una comprometida contienda consigo mismo: al menos eso veo yo. Una personal guerra con la certidumbre de que esto vaya a mejorar en un tiempo, cuyo paso, a los 23 o 24 años, Pérez Vega vislumbraba demasiado bien.

Me veo de nuevo buscándote camino de la biblioteca,

comprendiendo lo ridículo de mis quimeras de polen,

la intangible ausencia de mis palabras

no pronunciadas.

Y además, existe la inevitabilidad (?) de la desacralización de la poesía: hay una fuerte voluntad de ruptura de lo esperado, lo lírico, lo poético: es superior al poeta, a la vez, no ser poeta (es de suponer que para no alejarse de nos, digo yo). Decide entonces ser escritor y utiliza todos los recursos mencionados y más. Una brújula rota decidiendo el destino de los versos, un destino colmado de desdicha y feliz por sus diente rotos, un alzamiento urbano ante el palacio de la poesía. Y, extrañamente, consigue captar la atención, recurre a la poética norma de romper las expectativas, como dije, atrayendo nuestra mirada a uno y otro y otro elemento que la coctelera precisa como rarezas de vitrina, encerradas tras el soplado cristal del poeta mas vivas para quienes nos acercamos a su mundo.

Poemas que son homenajes a literaturas, literaturas personales y referencias reconocibles, que quizá sea lo más difícil: ser comunicativo y esperar alguna trascendencia, sabiendo que no hay futuro, aunque el futuro sea lo único que poseamos en la memoria.

Y releo esto y me corrijo para, en fin, sí, decirme “te ha gustado esta fiesta, a ver si vas a Móstoles, y bueno, encontramos el bar de Lee”.

Anuncios
David Pérez Vega, again: El bar de Lee I: Móstoles.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s