ABASTOS & VIANDAS, MARBELLA.

Ahora, buscando el vermú mejor del mundo -en mi humilde opinión- recalé en lo que es uno de los mejores sitios para disfrutar, comer y beber en Marbella: Abastos y Viandas.

Frente a la Pastelería Goyo de toda la vida, y en lo que -algunos con años recordamos- era el Cine Alfil -pleno centro-, encontramos lo que Begoña Castillo y Francisco Gómez han ideado tras recorrer mercados por toda España y elegir cuidadosamente, como me contaban, lo mejor de lo mejor.

No es fácil concentrar en un mismo espacio lo que estos dos empresarios han conseguido: puestos de comidas, con lo mejor de la gastronomía nacional e internacional, el servicio en mesas y una gente profesional atendiendo a cada petición de la clientela. Que la hay variada, variopinta, extranjera y nacional: lo sé porque yo he formado parte de ella, que ya es decir.

La parte central, la de las bebidas, está regida durante el día por Marina, que es la mirada de este mercado gourmet: unos ojos azules y una sonrisa te dan la bienvenida, entre quien llegue por uno u otro lado. La amabilidad es la tónica general de camareras y camareros y bueno, se agradece, por supuesto. En un momento dado, necesitamos cargar el móvil, la tablet o lo que llevemos indispensable para vivir, y ahí siempre hay una Coca-Cola, o algo preparado para que conectemos nuestros dispositivos. Cateto de mí, mis ojos fueron el dos de oros obviamente cuando me dijo Marina que podía llevarme ese invento del diablo a la mesa donde estuviera. Como esto va de turnos, Juan Carlos, simpático y picarón, recoge a media tarde el testigo de la anterior y nos sirve también cervezas variadas, refrescos… no sé, chupitos de Jager…

Entre quienes atienden en terraza -que tiene dos este espacio genial- un argentino llamado Maxi te hará la vida y la carta más fácil: porque esa es otra, la carta. Tienen más de una decena de puestos y cada uno con un tipo de comida diferente, o hasta de bebida -Divinísimo, de vinos, es para quedarse a vivir allí.

Fuera recorre Jorge -peligroso experto en sushi- mesas, o Jose -muy atento- o dentro están Lisette, Ali o Javi, que pendientes de lo que necesitamos nos buscan con la mirada e interrogan sobre las viandas que necesitamos con un gesto, o MariCarmen que está en todo, o el simpar Dani que, si lo dejamos, nos recomendará un viaje gastronómico por lo más variado que el local le permite: aparte de que derrocha simpatía y su sonrisa cautiva, es un profesional -como todos y todas- que si lo dejamos, realizará su trabajo si un ápice de rubor y nos dedicará los minutos suficientes para que degustemos algo -en mi caso, comprobado- que no habíamos probado jamás.

Todo esto, aderezado por campanillas y timbres de los diferentes puestos: toque que avisa del plato preparado y que habíamos pedido previamente.

Podemos llegar y pedir y pagar. Y llevarlo a una mesa o quedarnos de pie, o salir o movernos. Sentarnos y que nos traigan la comida y la bebida. Es lo mejor: la libertad otorgada por el sitio.

Y acercarnos y preguntar a la gente que trabaja en los diferentes puestos, qué tienen de tapa del día, cuál es el vinillo que nos recomiendan o qué carne -Roni sabe de lo que hablo- es la que nos puede interesar.

Cada semana organizan menús diferentes, cartas especiales de diferentes puestos y che, que dirían mis amigos argentinos: si hay que esperar un poco, se espera. No todo llega cuando se pide, porque además de que lo hacen en directo, a veces las comandas pueden coincidir y bueno, todos somos humanos, la gente del sushi -cada una, cada uno, tienen dos manos- y Da Bruno tiene a uno o dos cocineros allí, no cinco. Quiero decir que la organización es buena, pero como todo, hay momentos en que la hora de comer y beber -las horas- reúnen a muchas personitas, y todos queremos a la vez muchas cosas.

Que se puede esperar y no pasa nada, sería el mensaje.

De La celioteca, por decir algo: el rollo -a mi manera, mejor mirar la carta- de calabacín con brandada de bacalao, la pata de cordero o los postres -pijama 2.0 o la tarta de ron, sin no recuerdo mal- ni probarlos, que ya sabéis: se acaban y no hay para quien escribe sobre ellos y los adora; del puesto del jamón ni hablamos, al igual qu el de los quesos: la maravilla de variedad, y el disfrute en el paladar de las tablas o la cecina… son otra historia.

He descubierto el sushi -nada para quienes tengan costumbre- gracias a la insistencia sana de Dani, pero Jorge me enseñó cómo coger los palillos como un auténtico comedor de pescado crudo y arroz envuelto en algas. El pez mantequilla es un hallazgo.

Las cocinas tradicional y saludable son exquisitas: cordobeses y gente de bien, ei, comparten un espacio donde las croquetas y las ensaladas son protagonistas -y más cosas: probé una ensalada griega que Juan aderezó al punto y una quinoa que buena, buena, sembró en mí una ilusión de probador de alimentos desconocidos. Las croquetas líquidas, creo que era su nombre, eran espectaculares, tradicionales, imperativas en boca, restallantes. Me quedo sin adjetivos.

Soy de carne y la entraña o las diferentes piezas, o las diversas vacas o el buey que te sirven en el puesto de carne, es para pegar fotos, enmarcarlas, comerte la imagen y después pedirte una de las hamburguesas que tienen: la chile burguer o la doble steak palace, no digo más.

Pescaíto frito no falta al igual que el marisco que queramos.

Hay helado de la Casa Mira que ya es decir y Almudena tiene un puesto de postres también.

A ver, esto es mi impresión. Comí más, bebí más y sentí mucho. Porque no solo de pan vive el hombre ni la mujer y las épocas raras se compensan con extrañas delicadezas.

Bebí vino. Que ya es decir. Y lo disfruté. Que es decir mucho más.

Con Paco y Begoña tengo que hablar otra vez. Hay algo que puede surgir de nuestro encuentro.

Dejo unas fotos con quienes más me relacioné esos días y cómo no, les pido excusas a todos y todas -que vi- y trabajan allí y no nombro.

Esto va especialmente dirigido a Dani por los comentarios que oí, dije y escuchamos, y Jorge (por verme más en el mercado algunos días que tú a tu gente), Jose (por las atenciones recibidas) y Juan Carlos (por tu rostro de amable profesional y tu amplia sonrisa): nadie sabe si nos dedicaremos a esto eternamente, a hacer lo que hacemos, pero desde fuera os puedo decir que lo que hacéis hoy, sea o no lo vuestro, hay gente que lo recibe como una inmensa alegría. Y punto.

Un abrazo.

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