Carlos de la Fé y su Maldito vicio (I)

…y por qué de la Fé, y por qué cuentos y claro, por qué microficciones.

 Es de imaginar que la prosa, últimamente de pequeño formato, concentrada, está ganando adeptos en nuestro país: editoriales especializadas en micorrelatos, microcuentistas por todos lados y ya animados, aunque practican otra disciplina como es la poesía, con sus elementos técnicos, su retórica y métrica (…), individuos escribiendo micropoemas, o algo así, inventando un género que nadie había practicado antes (¿sarcasmo?, preguntaría el doctor Sheldon Cooper… nooo, le contestaría Leonard, por ejemplo).

 Acabo de leer Vidas cruzadas de Raymond Carver, con una intro del director Robert Altaman. La película es altamente recomendable. El libro, siento disentir con los carverianos, para nada: mi opinión es que son historias sencillas, directas, simples y con un par de destellos, nada más. Lo comento desde la información que recibo sobre el realismo sucio, cuyo creador -o al menos de los primeros en practicarlo,dicen que- fue Carver.

 Nombro a Carver porque no olvido los relatos de Carlos de la Fé: los de Carver los olvidaré pronto, al menos estos de la antología en la que se basa Altman para su gran película. Los cuentos del canario, al igual que la película no los olvidaré en mucho tiempo, entre otras cosas, porque dan ganas de releerlos, aportan algo que se nos escapa y deseamos buscar y tal como le dije en su momento al propio de la Fé: están bien escritos, su diseño es interesante y moderno -pos, no lo sé, quizá- y hace trabajar al lector de una manera natural, promoviendo la curiosidad, sorprendiéndose con las tramas y haciéndonos sentir que en apariencia esto de escribir es muy fácil.

 Las oposiciones propias -quién narra, a quién le narra- de todo creador, las sutiles meteduras de pata del que escribe y los telones de fondo -rojos, como le gustan a David Lynch- o los brillos de lso finales y principios sin orden pero con concierto de jazz, Cortázar o Panero, decoran las páginas de este libro.

  ¿Supieron acaso los responsables de la Editorial Nazarí lo que publicaban? ¿Se hacen responsables de ello? Curioso el prólogo y las palabras finales que abren y cierran el libro: Zavala y Olgoso. Casi ná, que diríamos en mi pueblo.

 Lo que es fascinante es la capacidad creativa que exhiben -por naturaleza, necesidad o terapia- algunos escritores. La creatividad está sujeta a ciertas normas del género que se elige. Las rupturas del mismo, me parecen cada vez más interesantes: de la Fé practica la metaliteratura. Hasta aquí nada nuevo, pero al leer multitud de ejemplos y haber estudiado el género de la microficción, desarrolla tramas con el argumento de la pequeña historia en las que se plantea -y mina desde dentro- las técnicas, las soluciones y los personajes -entre otras cosas.

 Yo, tú, él… son pronombres que cobran sentido en la disolución narrativa-corrosiva y de la Fé -alquitaras, marmita, desesperos y muchas lecturas tamizadas por el buen gusto- produce textos, corrige, acierta, vuelve a corregir y prueba el guiso, los sirve con una sonrisa preocupante y lo tragamos queriendo más, pues aromas a clásicos y texturas modernas son infalibles.

 El humor mostrado, la autocrítica contada es harina de otro costal: sin duda, de la Fé, como tantos otros ha vivido experiencias paranarrativas: premios, concursos, talleres de escritura creativa -los hay que no lo son ¿eh?-, charlas, birras, café, copa y puro… con otros escritores, y lee de manera regular a esa cuentista fascinante o escucha la conferencia del último no premio de novela en la ciudad que le toque. Contar con palabras no es cualquier cosa, es un arte: practicar el humorismo sensato, también. La sorpresa que encuentra el lector es que Carlos de la Fé se ríe hasta de la sombra de su sombra y transmuta la realidad vivida en un universo atractivo, adictivo porque despierta el interés mediante golpes de efecto premeditados como el planteamiento y replanteamiento de la misma situación, agradeciendo al lector o lectora su buena disposición a atender los cuentos que -sin saber qué es un cuento- comparte con nosotros vaya usted a saber por qué, plagados de dudas -literatura- y soluciones inacabadas -imaginación, finales abiertos, múltiples posibilidades…

  (Si hay (I) en el título, lo dejo aquí; tampoco hay que ser ansiosos. Pero vayan leyendo a de la Fé, por lo que viene.)

 Lean a de la Fé, por si entre tanta palabrería, olvido recomendarlo.

 Como diría Rodrigo Fresán, detalles sórdidos, más adelante

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