Bullet Park, John Cheever

De badrain.com.br

 Siguiendo a Rodrigo Fresán, por aquello de aprender algo, conseguí La geometría del amor, una antología anotada por el argentino de los cuentos de Cheever. Me quedé, digamos, traspuesto. nada que ver con lo poco -de ahí, mi ignorancia y nada amor por- Carver. Con Carver me quedaba igual, pero ya digo, será desinformación porque después de leer a Chejov -sacrificadme en el altar de los cuentistas, oh, cuentistas del mundo- me cuesta entender cómo se admira a este escritor: insinúa, claro, qué menos, pero no “me llega a la patata” que diría David Guapo de algún cantautor comeniños de por ahí. Tendré que leer más al ruso, está claro.

De metalocus.es

 De Cheever me quedo con el regusto tan apocalíptico que deja en mi boca. De Cheever adquiero el tranquilo resumen de la época que nos toca vivir, con sus zarandajas y minucias, con sus clases medias -o bajas, o medias-bajas, o trabajadoras- y sus clases altas, sin necesariamente ser clases. Y de lo que va a venir y ya está aquí: el no saber, el no darnos cuenta, la ignorancia de la que presumimos y el poco comedimiento del que hacemos gala.

 Lo que narrativamente es poderoso en Cheever es la estructuración que de sus historias realiza. El describir con dos frases lo más llamativo de un personaje: el reforzar su carácter con dos diálogos. O un monólogo o carta a sí mismo. El poder que las mujeres -poder- o los maricones, o los neuróticos -poder, repito- poseen en sus narraciones puestas al servicio del arte de contar no de la ideología. Sus personajes son esperanzadores. Tremendamente deslavazados, nubosos como una tarde en Londres, nublados de por vida, sin la adquisición de una etiqueta que pueda borrarlos de la rareza. No son raros sino en proceso de rareza -rarificación, supongo-.

 Querría que Bullet Park fuera, después de Falconer y los cuentos ya citados, un libro en el que se contara una historia. Pero hay religión, economía, matrimonios, paternidades -resueltas y no tanto- maternidades, amistad y alcohol, lujos, muertes y vidas… Está todo.

 Si nos atrae este hombre de abajo y Cheever fue capaz de contarlo en un cuento, imaginemos que se empeña en escribir alguno historia más larga y nos dice como si nada que bueno, empezamos en Bullet Park, vengan, vengan: un padre rasura el césped mientras piensa que los demás piensan lo bueno que será como vecino, hay una fiesta donde un hijo aparca coches, y algún personaje que no es psicoanalista, tiene el poder de curar con la palabra. Las copas y los entremeses están servidos.

 Y sí, claro: aquel de la esquina, el que solo observa, es Cheever.

 Se irá de la fiesta y escribirá algo: si lo publica y lo encuentran, ya saben…

De flavorwire.com
Anuncios
Bullet Park, John Cheever

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s