Tiersen en directo: al menos, una vez en la vida

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 En un ambiente privilegiado, el castillo de Fuengirola, una tórrida noche de julio y en la mejor compañía posible contemplé a uno de los compositores que más me atraen desde hace años: Yann Tiersen.

 Con su banda al completo, y el escenario lleno de teclados enfrentados, batería, voces, audios, sintetizadores y un sinfín de instrumentos como guitarras, melódicas, campanillas y bajos, Tiersen realizó un eléctrico concierto, potente, que es de suponer que para los seguidores del músico que compuso La valse des monstres, o la BSO de Amélie fue sorprendente. A mí al menos me lo pareció aunque ya en Les retrouvailles dejara signos de que la expansión de las guitarras era cuestión de tiempo. Así como la comunicación buscada y las partes vocales de las canciones, más numerosas de lo que yo recordaba.

 Las campanas de colores que su equipo no dejaba de tocar, a la vez que Tiersen reinventaba el piano o las cuerdas, dieron un toque de armonías celestiales que tan bien sabe transmitir el francés.

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 Intercalando canciones reconocibles de sus primeros discos, fue desgranando lo menos conocido por mí -piezas de sus últimos discos como The lighthouse o Infinity- concretando sonidos limpios, perfectos acabados y elegantes melodías, como ya conocemos algunos que llevamos años escuchando sus discos.

 Tiersen es un hombre maduro, de nevada barba y concentrada actitud: todo estaba medido y creo que había poco dejado al azar, lo que se agradece porque la profesionalidad no ha de chocar con la entrega del artista: verlo en directo fue comprobar cómo el paso del tiempo hace mella, en este caso para bien, pues esperaba repeticiones que no hubo: Tiersen sigue una evolución que lo ha llevado a confiar en un grupo de gente que sigue precisas instrucciones del cerebro musical que comparte escenarios y deja partes vocales fundamentales en personas que no estarían ahí si el francés no los sintiera casi como propios.

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 Brevedad, sencillez y elegancia: una hora y poco duró el concierto. Salieron tras los aplausos finales, si no recuerdo mal para tocar un par de piezas y cómo no deja a Tiersen solo con su sempiterno violín y que nos pusiera los pelos como escarpias con “Sur le fil” que es un tema principal para comprender la maestría que imprime a su música este portento creativo.

 Creo que al menos, una vez, habría que contemplar un directo de este tipo. Y si no se puede, escuchar algunas de sus canciones, sus discos, sus directos que están en la red. No es perder el tiempo y es emocionante comprobar que la música remueve algo tan profundo que, aunque suene a tópico, no podemos expresar con palabras: nos sentimos plenos, para qué decir nada.

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