Animación a la lectura (II): libros e ilustración

Joaquin Carbó, de lletra.com

 Así como hay libros que marcan cuando llegamos a la edad adulta, disfrutándolos quizá de otra manera a la que lo hicimos cuando éramos jóvenes o puede que tiernos infantes, hay lecturas que recordaremos toda la vida. Creo que algunos de estos libros, han sido recuerdos que han contribuido a mi formación como lector, al igual que algunas de las divertidas ilustraciones que acompañaban al relato, que configuraban una especie de mundo acabado al que mi imaginación se plegaba o añadía elementos, reconstruyendo lo imaginado por este que escribe.

 La lectura. No es la primera vez que intento escribir sobre esta apasionante actividad, y pienso en editoriales, ilustradoras, escritoras y autores casi olvidados.

 Anaya, con Frankenstein, Drácula y El gato negro de Poe (con ilustraciones de Harry Clarke -exquisitas-, Rackham o en impresionante Aubrey Beardsley) fue una de las editoriales que recuerdo con más cariño y todavía hoy busco esa colección llamada “Tus libros”, que tan bien me lo hacía pasar.

 Recuerdo los libros de El pequeño Nicolás, de Sempé y Gosciny, y por supuesto recuerdo  a Angela Sommer-Bodenburg y su inolvidable serie de El pequeño vampiro. Ese Der kleine vampir y Anton y Ana y el matón de Lumpi… y la serie de ilustraciones (las primeras) me acompañaron muchos días en mi infancia.

 Los libros de Mif, el mifense, Fray Perico, Gretchen… Los libros de aventuras, primero los rojos de Timun Mas, luego los azules, después los de fichas: Spiderman, Dungeons and Dragons…

 Los de detectives, algunos con los que había que usar un espejo para descubrir la solución; los de pruebas, espías e inventos… Qué época.

 Olvido muchos porque quiero hacer un repaso mental y más adelante, fotografiaré -contra el olvido, siempre- algunas ilustraciones, cubiertas y subiré fotos de algunos autores.

 Sigo enganchado a Felipe Malot, versión del clásico de Carbó e ilustrado por Mónica Echeverría. Quién me iba a decir que me llevaría a disfrutar de mayor, después de conocer el original, como si fuera, no para niños, sino para adultos que conociendo a los grandes autores de novela negra -algo, no tanto- volvieran a releerlo con pasión.

 Ya sigo.

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