Herida, poema de Jesús Montalvo

Herida

A Isaías Gálvez

Es lejana y disiento de la cicatriz,

la daga es síntoma no enferma calidez:

uníos, insensatas memorias,

corred solas, leves criaturas del perdón.

 

El recuerdo muere entre pagodas de cristal.

 

Felicitad al órgano que respira

las condecoraciones salinas del otro,

porque escozor, tremebundia y resurrección

son los nombres

del bronce que avisa el cortejo,

del hombre, la mujer y el niño:

en definitiva

el animal que posee nuestro germen,

lleva tiempo avisando del fin.

 

Sordos a la naturaleza,

meditamos guerras y heridas más profundas.

 

Nada cambia si la palabra es sangre infecunda

y el ojo silencia la flecha

sin la solidaria complicidad el gesto.

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Herida, poema de Jesús Montalvo

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