Exilio III

 …y lo sabía desde hace un tiempo. nos pusieron lecturas incomprensibles que trataban de abandonos, viajes, despedidas.

 no temimos ninguno, alguna preguntó algo, otro pidió fechas, pero ni una voz se rasgó en cobres salados ni una mano acarició el cuchillo del destino. aplacamos a cánticos esas horas hasta que llegaron los lectores, tras el aviso, tras nuestros epitafios.

 los hijos que leen a los padres sin que los nietos dejen de jugar con la tierra: esa es la imagen que guardamos en la poca memoria que nos va quedando.

 ya no hay lacerantes agonías de recuerdos malformados

ni penumbras de rencorosas alegrías olvidadas.

 puede que añada algo pues están transcribiendo mis palabras, adustos, yertos, sin una miserable lengua misericordiosa que detenga el futuro.

 avisan, eso sí, de las fieras o carroñeros o temperaturas o falta de ungüentos. como si no supiéramos nuestro final, y estuvieran despertando a la paternidad ya conocida.

 nos adentraremos, sí, hasta que nos desluzca el rostro el oro de la ceguera que ansiamos o el zafiro rasgue nuestros cerebros. la belleza murió y no quedan manos para esculpirla, pues no hay memoria que riegue la desesperanzada muestra de humanidad que nos ofrecen los que nos proporcionan camino.

 nadie nos despide. nadie deja de mirar sus arrastrados pasos, nadie gime, gira la cabeza, gimotea un rezo.

 todo quedo atrás. nos enfrentaremos a lo pactado.

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