Granada, Rimbaud, mundo

De leodelatorre.net. Sus fotografías son excelentes, y el blog elegante.

…y aquí, en un pueblito como quien dice, suceden y se registran hechos normalizados por lo extraño. Ver los últimos premios literarios de la comunidad, escuchar las conferencias entre enemigos lamiéndose las jorobas el uno al otro, prescindir de los buenos poetas y escritores en pos de la fama inmerecida como autor, pero más que merecida como mascabulbos. En plural, sí, porque no se conforman con uno: ya saben, como diría Fresán, “por si las moscas”: imaginemos que uno se le escapara y no hubiera plan b. ¿Literatura? No, no… no se confunda, señor: hablamos de dinero, mercancía, objeto, negocio (ya sabe, señor: nec-otium)… nada de arte por aquí, aportaciones valiosas o regeneraciones literarias, no, no, por favor: aquí no.

El horror, el horror… decía Brando: ah, qué sabiduría. Excelencias de la no-nicotina, me da por pensar que una humareda de egos penetra todas las noches por el Paseo de los Tristes, sempiterno río, claudicado público, frío que constriñe la calle Reyes y de paso, tómate algo en la tertulia de turno.

Obispos que opinan del mundo. Mundo y cine que opina de religiosos.

La poesía y sus benefactores. La lectura del poema ha de ser personal, aunque no está de más, tener algo de ayuda: un buen lector, sin duda, es lo mejor; un prologuista acertado, un epiloguista divertido. Qué ganas de vivir leyendo el primer libro de Javier Egea, que ganas de beber y fumar y gritar leyendo a Rimbaud: Javier del Prado realiza una exquisita edición para Cátedra, nada nuevo si tenemos en cuenta la lectura atenta, traducción, comparaciones y notas a pie de página que consigue este crítico. Qué no consiguió el jovencísimo Arthur Rimbaud en su momento: Verlaine, Mallarmé… todos observaban cómo moría por sí mismo el estado que ellos se empeñaban en aniquilar.

Y para más inri, quedaron vivos, escribiendo. Rimbaud volaba -andando, andando- por ahí, comerciando y peleando, perdiendo miembros y amistades. Curiosa la vida de algunos genios: duró 37 años -demasiados, conociéndolo y recordando por ejemplo, el tiro que le pegó, desesperado, Verlaine, en un brazo: ¿por qué no en el pecho?- y dejó un puñado de poemas, ni una “miajita” de pudor ante su obra o la de los demás, y un sinfín de problemas interpretativos, filias, fobias y obsesiones en sus versos.

Qué envidia saber francés y poder leerlo -como a los citados, y a otros, Francia tiene para mucho más- en su lengua original: retomar esas visiones con metáforas imposibles y entenderlas quizás, un poco mejor, en el contexto rimbaldiano -palabra que usa del Prado-.

Muy recomendable leerse desde el principio a este poeta, y dejarse guiar por la sabiduría de la edición bilingüe de Javier del Prado.

Tercer soneto de los Stupra (trad. de Javier del Prado):

Tan oscuro y fruncido como un clavel morado,
respira, humildemente, entre el musgo, al abrigo ,
húmedo aún de amor, con dulzura escurrido
entre las blancas nalgas hasta su centro orlado.

Hilillos semejantes a lagrimones lácteos
han llorado en el viento cruel, que al no admitirlos
los lanza entre los cuajos de unos lodos rojizos
hasta perderse donde han sido convocados.

Mi sueño se embocó, tenaz, a su ventosa;
mi espíritu, envidioso del coito material,
hizo de él lagrimal y nido de sus quejas.

Es la oliva convulsa, es la flauta mimosa,
el tubo por do baja la almendra celestial
Canaán femenino que la humedad apresa.

De http://www.revistaenie.clarin.com
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